Propagar suculentas en agua funciona, y funciona bien, aunque parezca contradecir todo lo que se dice sobre no encharcarlas. El truco es que un esqueje sin raíces no se pudre por el agua, se pudre por lo que vive en la tierra húmeda: hongos y bacterias del suelo que entran por la herida del corte. En un vaso con agua limpia esa presión no existe.

El procedimiento cabe en cinco pasos: elegir la planta adecuada, tomar el esqueje, dejar que cicatrice, ponerlo en agua y decidir después si lo pasas a sustrato o lo dejas donde está. La parte que más gente se salta es la tercera, y es justo la que marca la diferencia entre un esqueje que enraíza y uno que se deshace en una semana.

1. Elige bien la planta

No todas las suculentas responden igual. Las que mejor funcionan son las crasuláceas: Echeveria, Sedum, Graptopetalum, Crassula, Sempervivum, Kalanchoe y sus híbridos. Son además las que más material regalan, porque una sola planta da un montón de hojas y de puntas de tallo, y eso permite probar sin miedo a estropear nada.

Con otros grupos el resultado es peor. Las hojas de Aeonium rara vez enraízan, y las de Aloe y Haworthia prácticamente nunca: en esos géneros la multiplicación va por hijuelos, no por hoja. Los cactus columnares se propagan por esqueje de tallo, pero en sustrato seco, no en agua.

La época también cuenta. En España, la primavera y el principio del otoño son los mejores momentos, con la planta en crecimiento activo y temperaturas moderadas. En pleno verano del interior peninsular el agua se calienta y se enturbia en dos días; en pleno invierno el enraizamiento se para.

2. Toma el esqueje

Puedes trabajar con hoja o con punta de tallo. La punta de tallo da una planta presentable mucho antes; la hoja es más lenta pero permite obtener muchas plantas de una vez.

Con tallo: corta una punta de unos ocho a quince centímetros con una hoja limpia y afilada, y retira las hojas de la parte baja, la que quedará cerca del agua.

Con hoja: aquí la clave es que la hoja salga entera, con su base intacta. Sujeta la hoja con el pulgar y el índice y muévela suavemente a un lado y a otro hasta que se desprenda limpiamente del tallo. Si la base se queda pegada al tallo, o si la hoja se rasga, ese esqueje no va a enraizar: descártalo y coge otro. Elige hojas sanas y llenas, no las deshidratadas, arrugadas o deformadas del final del tallo.

3. Deja cicatrizar el corte

Este paso no es opcional. El esqueje recién cortado tiene una herida abierta que absorbe agua sin control y por la que entra cualquier cosa. Se deja sobre una bandeja o un plato, en un sitio ventilado y a la sombra, hasta que el corte se seque y forme una costra.

El tiempo depende del grosor: una hoja de Sedum puede estar lista en un par de días, y una punta de tallo gruesa necesita una semana o más. No hay prisa, y las suculentas aguantan perfectamente ese tiempo fuera del sustrato viviendo de sus reservas.

4. Al agua

Busca un recipiente del tamaño adecuado, mejor estrecho de boca para que el esqueje se sostenga solo, y llénalo de agua. Hay dos formas de colocarlo, y las dos funcionan:

  • Justo por encima del agua, sin tocarla. La humedad del aire en ese espacio pequeño es lo que dispara la emisión de raíces, que crecen buscando el agua. Es la opción más segura para esquejes gruesos.
  • Con el extremo tocando el agua. Más rápido, y perfectamente válido para hojas y tallos finos.

Colócalo en un sitio muy luminoso pero sin sol directo. El sol de mediodía recalienta el agua de un vaso pequeño y favorece las algas y el enturbiamiento. Un recipiente opaco o de vidrio oscuro reduce mucho ese problema.

Cambia el agua cada semana o dos, o antes si se enturbia. El agua quieta pierde oxígeno y ahí sí empiezan los problemas. No hace falta hormona de enraizamiento ni ningún aditivo: en este grupo de plantas no aportan nada.

Las primeras raíces suelen aparecer en dos o tres semanas, aunque hay especies que tardan más. En las hojas, además de raíces sale una pequeña roseta en la base; la hoja madre irá consumiéndose hasta secarse del todo, y eso es lo normal, no un fallo.

5. Decidir: agua o sustrato

Llegado este punto tienes dos caminos.

Dejarlo en agua. Los esquejes pueden vivir así indefinidamente, que es en la práctica un cultivo hidropónico. Requiere cambiar el agua con regularidad y, si la planta va a estar años, un aporte de nutrientes muy diluido, porque el agua sola no alimenta. Es una opción decorativa y limpia, y se ve crecer la raíz.

Pasarlo a sustrato. Aquí conviene saber una cosa que casi nunca se cuenta: las raíces formadas en agua no son iguales que las formadas en tierra. Son más finas, más frágiles y con más tejido aireado, y muchas de ellas mueren al pasar al sustrato, donde la planta tiene que emitir raíces nuevas. Por eso un trasplante brusco a un sustrato seco suele dar un susto.

La transición se hace así: se sacan los esquejes, se dejan secar unas horas, se plantan en un sustrato para suculentas apenas húmedo y se mantienen en luz brillante indirecta. Durante las primeras semanas se riega poco pero con más frecuencia de lo que se regaría a una planta adulta, pulverizando la superficie o dando riegos pequeños cada pocos días, para que el cepellón no se seque del todo mientras se forma la raíz definitiva. Después se va espaciando hasta el ritmo normal de una suculenta, que es empapar y dejar secar.

Los primeros meses de la planta nueva

Luz. Nada de sol directo al principio. Una planta recién enraizada se quema con facilidad, y la quemadura deja marca permanente. Se aumenta la exposición poco a poco a lo largo de varias semanas, hasta la que corresponda a su especie.

Riego. Un poco más de humedad que una planta adulta al principio, y reducción progresiva. En cuanto la planta esté establecida, riego de suculenta: a fondo y solo cuando el sustrato se ha secado.

Maceta. Pequeña, ajustada al tamaño del esqueje y con agujeros de drenaje libres. Un tiesto grande retiene sustrato húmedo que nadie consume.

Abono. Ninguno durante los primeros meses. Después, muy diluido y solo en temporada de crecimiento.

Qué hacer si algo sale mal

Si un esqueje se ablanda y se vuelve translúcido en el agua, casi siempre es que no cicatrizó lo suficiente o que el agua llevaba demasiado tiempo sin cambiarse. Se descarta y se empieza de nuevo, esta vez con más días de secado.

Si una hoja se arruga pero no enraíza, dale tiempo: puede tardar semanas. Si se seca por completo sin emitir nada, probablemente su base no salió entera.

Y si el esqueje procede de una planta que ya tenía problemas, comprueba antes que el material esté sano: no tiene sentido propagar desde una planta en pleno proceso de podredumbre sin cortar bien por tejido limpio.

En resumen

La propagación en agua funciona con crasuláceas sobre todo, y su ventaja es que evita los patógenos del suelo mientras el esqueje no tiene raíces. Toma hojas enteras con la base intacta o puntas de tallo, deja cicatrizar el corte varios días, coloca el esqueje rozando la superficie del agua o justo por encima, en luz brillante sin sol directo, y cambia el agua cada una o dos semanas.

Cuando haya raíces, elige: dejarlo en agua como cultivo hidropónico, o pasarlo a sustrato sabiendo que las raíces de agua son distintas y que hará falta una transición de varias semanas con riegos pequeños y frecuentes antes de volver al ritmo normal de una suculenta. La primavera y el principio del otoño son los momentos del año en que todo esto sale mejor en España.


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