No hay una respuesta única, pero sí hay órdenes de magnitud útiles. Un Sedum rastrero puede cubrir un palmo de sustrato en una temporada. Una Echeveria pasa de esqueje a roseta adulta en uno o dos años. Un Agave tarda una década o más en alcanzar su tamaño final. Y un cactus globular del tipo Echinocactus grusonii puede necesitar veinte o treinta años para llegar a los tamaños que se ven en los jardines botánicos.
La diferencia entre unos y otros no es casual: tiene que ver con la estrategia de cada grupo. Las suculentas de hoja blanda y crecimiento rápido apuestan por colonizar terreno y multiplicarse; las cactáceas globulares y los agaves invierten en tejido denso, reservas y longevidad. Y en ambos casos, la velocidad real depende de lo que tú controles: luz, temperatura, sustrato, tamaño de maceta y riego.
Qué determina la velocidad de crecimiento
La luz es el factor limitante en la mayoría de los cultivos domésticos. Una planta con luz insuficiente crece, pero crece mal y despacio, alargándose. En una terraza bien orientada las mismas especies pueden ir tres o cuatro veces más rápido que en un salón.
La temporada de crecimiento marca el resto. Fuera de ella la planta se para o casi, así que el tiempo real de crecimiento útil al año es limitado: para la mayoría de las suculentas de jardinería en España, la primavera y el principio del otoño, con un parón en pleno verano por calor y otro en invierno por frío y falta de luz.
El tamaño de la maceta influye más de lo que parece. Muchas suculentas crecen en proporción al espacio radicular disponible, así que una planta que lleva años en la misma maceta pequeña se queda estancada. Trasplantar a un recipiente algo mayor, al principio de la temporada de crecimiento, suele reactivarla.
El sustrato y el riego cierran el cuadro. Una mezcla drenante que permita regar a fondo con frecuencia durante la temporada activa acelera notablemente el crecimiento respecto a un sustrato compacto que obliga a regar poco por miedo a la pudrición. La idea de que las suculentas crecen mejor con sed es un malentendido: en su temporada de crecimiento agradecen agua abundante, siempre que el sustrato se seque entre riegos.
El abonado ayuda de forma moderada. Un fertilizante bajo en nitrógeno, aplicado en la temporada de crecimiento y a la dosis que indica el envase, favorece el desarrollo. El exceso de nitrógeno produce lo contrario de lo deseable: tejidos hinchados, blandos y más vulnerables a plagas y podredumbres.
Suculentas de crecimiento rápido

Las Echeveria están entre las más agradecidas. Con luz suficiente forman hojas nuevas de manera continua durante la primavera y el otoño y pueden pasar de hoja suelta a roseta reconocible en pocos meses. Emiten además hijuelos laterales con facilidad, así que una planta se convierte pronto en un grupo.

Las Graptoveria son híbridos intergenéricos entre Echeveria y Graptopetalum, y heredan el vigor de ambos padres. Son de las suculentas más fáciles de multiplicar por hoja y de las que antes rellenan una jardinera.

Varios Kalanchoe crecen muy deprisa. Entre los más rápidos están Kalanchoe daigremontiana, Kalanchoe delagoensis (antes K. tubiflora) y Kalanchoe pinnata, que producen plántulas ya enraizadas en el borde de las hojas y las sueltan al menor movimiento. Ese mecanismo las hace prácticamente imparables: una sola planta llena de brotes todas las macetas cercanas.
Ese mismo vigor las convierte en un problema fuera de la maceta. En Canarias y en zonas cálidas del litoral mediterráneo estas especies se han naturalizado y compiten con la vegetación autóctona en roquedos y taludes. No conviene plantarlas en suelo ni tirar restos de poda al campo o al contenedor de orgánica: cualquier fragmento con una plántula enraíza. Lo prudente es mantenerlas siempre en maceta y desechar los restos secos por completo.
Kalanchoe tomentosa, la de hojas afelpadas con puntas marrones, es mucho más comedida y no plantea ese problema.

Entre los Aloe, los de crecimiento más rápido son Aloe arborescens, que forma matas grandes en pocos años en el litoral mediterráneo, y Aloe vera, que multiplica sobre todo por hijuelos: en dos o tres temporadas una planta madre rodea la maceta de descendencia. Otros aloes arborescentes, como Aloe dichotoma, van muchísimo más despacio.

Los Sedum rastreros son probablemente el grupo más veloz. Enraízan por cualquier nudo que toque el suelo y cubren superficie con rapidez, lo que los hace útiles para cubiertas vegetales, taludes y jardineras de bajo mantenimiento. Un fragmento caído al suelo se convierte en planta sin intervención de nadie.

Entre las cactáceas, Opuntia microdasys es de las que más rápido añaden palas nuevas. Sus areolas no tienen espinas grandes pero sí gloquidios, esos penachos de pelillos diminutos y barbados que se clavan en la piel al menor roce y son muy molestos de extraer. Se manipula con guantes gruesos o con pinzas, nunca a mano desnuda.
Los lentos
En el extremo opuesto están las cactáceas globulares y columnares, muchos Lithops y otros mesembriantemos, las Haworthia, los Agave grandes y algunas Euphorbia arbustivas. En estos grupos el crecimiento anual puede ser de pocos milímetros, y eso es completamente normal.
Esa lentitud tiene una consecuencia comercial importante: los ejemplares grandes de especies lentas son caros y llevan décadas de cultivo detrás. También es la razón por la que la recolección en el medio natural resulta tan destructiva, porque una planta arrancada no se sustituye en pocos años. Todas las cactáceas están incluidas en el Apéndice II de CITES, y varias suculentas de otros grupos también, de modo que su comercio internacional está regulado y los ejemplares deben adquirirse en viveros con documentación.
La lentitud también tiene ventajas en cultivo. Una planta lenta rara vez desborda la maceta, mantiene su forma durante años, no exige trasplantes frecuentes y encaja bien en interiores y espacios pequeños.
Cuándo la lentitud es un síntoma
Distinguir entre una planta lenta y una planta parada es lo que de verdad importa. Una especie lenta crece poco pero crece: emite hojas o cuerpo nuevo, aunque sea mínimo, y lo hace con el mismo tamaño y color que el anterior.
Una planta con problemas se comporta de otra manera. Las hojas nuevas salen visiblemente más pequeñas que las viejas, el color se apaga, el crecimiento se alarga hacia la ventana o la planta lleva más de una temporada completa sin cambio alguno. Las causas habituales son falta de luz, raíces que ya no caben en la maceta y no encuentran sustrato, sustrato agotado y compactado, o cochinilla de raíz. Todas se comprueban sacando la planta del tiesto y mirando.
En resumen
La velocidad varía muchísimo entre grupos: los Sedum, Kalanchoe, Echeveria, Graptoveria y algunos Aloe y opuntias crecen deprisa y llenan un espacio en una o dos temporadas, mientras que las cactáceas globulares, los Lithops, las Haworthia y los agaves grandes van a un ritmo de años o décadas.
Lo que puedes controlar es luz suficiente, sustrato drenante que permita regar con generosidad durante la temporada activa, maceta con espacio y trasplante al comenzar el crecimiento. Y con las especies rápidas del grupo de Kalanchoe que forman plántulas en las hojas, conviene ser especialmente cuidadoso: mantenerlas en maceta y no dejar que sus restos lleguen al suelo ni al campo.