Una especie endémica es la que existe de forma natural en un solo sitio y en ningún otro: un continente, un país, una isla, una sierra o incluso un barranco concreto. Aplicado a los cactus y a las suculentas, saber que una planta es endémica de un lugar te da dos cosas muy prácticas: la receta de cultivo, porque conoces el clima exacto al que está adaptada, y una advertencia, porque las especies endémicas suelen tener poblaciones pequeñas y son las más vulnerables a la recolección.

La diferencia con otros términos que se usan como sinónimos importa. Nativa no es lo mismo que endémica, e introducida no es lo mismo que invasora. Y en España el asunto tiene una vuelta interesante: tenemos endemismos suculentos propios en Canarias, y a la vez tenemos suculentas traídas de fuera que se han convertido en un problema serio en la costa.

Hábitat no es lo mismo que hábito

El hábitat es el lugar donde una planta vive, crece y se reproduce de forma natural, con todo lo que ese lugar implica: latitud, altitud, régimen de lluvias, temperaturas, tipo de roca, exposición, niebla. Es la información que de verdad necesitas para cultivarla, mucho más que cualquier tabla genérica de cuidados.

El hábito, en cambio, es la forma de crecer: hierba, mata, arbusto, árbol, planta colgante, columna. Se confunden a menudo porque suenan parecido, pero responden a preguntas distintas. Una Copiapoa del desierto de Atacama y una Rhipsalis de la selva atlántica brasileña pueden compartir familia, y sin embargo pedir cuidados opuestos, porque lo que las separa es el hábitat.

Nativa, introducida, endémica

Una especie nativa está en un territorio por procesos naturales de distribución y evolución, sin intervención humana. Una especie introducida ha llegado por acción humana, deliberada o accidental, a un sitio donde no era nativa. Y una especie endémica es una nativa que además no existe de forma natural en ningún otro lugar del mundo.

El endemismo aparece donde hay aislamiento o condiciones ambientales poco frecuentes: islas, macizos montañosos, desiertos costeros, suelos de composición rara. Las poblaciones quedan encerradas, evolucionan por su cuenta y se especializan tanto que después no pueden colonizar otros sitios. Esa misma especialización es lo que las hace frágiles: si se degrada su hábitat, si aparece un depredador nuevo o si se recolectan para coleccionismo, no tienen otro lugar al que retirarse.

Dónde se concentra el endemismo en cactus y suculentas

La familia Cactaceae es americana con una sola excepción, Rhipsalis baccifera, que tiene poblaciones naturales en África, Madagascar y Sri Lanka. Todos los demás cactus que ves fuera de América, incluidas las chumberas del paisaje mediterráneo, llegaron traídos por el ser humano.

Dentro de América, los países con mayor diversidad de cactáceas son también los que tienen una proporción más alta de especies endémicas: México, Brasil, Perú, Chile, Bolivia y Argentina concentran la mayor parte del grupo, y buena parte de sus especies no crecen de forma natural en ningún otro país. En algunos casos el área natural de una especie cabe en unos pocos kilómetros cuadrados.

Con las suculentas no cactáceas ocurre algo parecido en otros focos: el sur de África y Namibia para Lithops, Haworthia, Conophytum y muchas crasuláceas y aizoáceas; Madagascar para buena parte de las Kalanchoe y las euforbias suculentas; y la península arábiga y el Cuerno de África para otro conjunto de euforbias y aloes.

Las suculentas endémicas de España están en Canarias

El archipiélago canario es uno de los grandes focos de endemismo suculento del mundo, y es territorio español. El género Aeonium tiene ahí su centro de diversidad, con especies repartidas isla por isla y, en muchos casos, restringidas a una sola: Aeonium tabuliforme es endémica de Tenerife, y buena parte del género no crece de forma natural fuera del archipiélago. Lo mismo pasa con géneros emparentados como Monanthes y Aichryson.

Entre las euforbias suculentas, el cardón (Euphorbia canariensis) es un endemismo canario y una de las plantas más reconocibles del paisaje de las islas, con sus columnas verticales agrupadas en matas. La tabaiba dulce (Euphorbia balsamifera) forma parte del mismo conjunto de vegetación xerófila costera.

Que estas plantas estén a mano no significa que se puedan coger. Las poblaciones naturales están en espacios protegidos y su recolección está prohibida. Además, en el caso de las euforbias hay un motivo de seguridad añadido: el látex blanco que sueltan al romperse es irritante para la piel y muy peligroso si alcanza los ojos. Ante un contacto de ese tipo, la consulta es al médico.

La otra cara: suculentas introducidas que se han vuelto invasoras

Una especie introducida no es necesariamente un problema, y muchas conviven sin más. Pero algunas encuentran condiciones tan favorables que desplazan a la flora local, y ahí dejan de ser una curiosidad de jardín.

El caso más claro en España es la uña de gato o hierba del cuchillo, Carpobrotus edulis, una aizoácea sudafricana que se plantó durante décadas para fijar taludes y arena y que hoy cubre kilómetros de costa atlántica y mediterránea. Forma un tapiz denso que impide germinar a cualquier otra cosa, altera el suelo y arrasa la vegetación de duna y de acantilado, precisamente donde viven muchos endemismos costeros. Está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, aprobado por el Real Decreto 630/2013, lo que implica que su introducción en el medio natural está prohibida, así como su posesión, transporte, tráfico y comercio, con las excepciones que el propio real decreto contempla. En la práctica: no se planta, no se regala un esqueje y no se tira un resto de poda al monte o a la playa.

Hay otras suculentas introducidas con comportamiento agresivo en la costa mediterránea y en Canarias, como varias chumberas del género Opuntia y algunos agaves, que forman colonias densas en laderas y barrancos a partir de fragmentos desprendidos. Aunque no todas figuran en el catálogo, la regla práctica es la misma: los restos de poda de una suculenta no se abandonan en el campo, porque muchas rebrotan a partir de un trozo de tallo o de una sola hoja.

Qué implica todo esto al comprar

Toda la familia Cactaceae está incluida en el Apéndice II de CITES, y varias especies concretas en el Apéndice I. Entre las suculentas no cactáceas, las euforbias suculentas y el género Aloe (con la excepción de Aloe vera) están también en el Apéndice II. Eso significa que su comercio internacional está regulado y necesita documentación, y que un ejemplar recolectado en el medio natural no tiene cabida en una colección doméstica.

La consecuencia práctica es sencilla. Compra plantas propagadas artificialmente, en viveros que puedan decirte de dónde viene el material. Desconfía de los ejemplares adultos de especies raras a precios llamativos, sobre todo si son de crecimiento lentísimo, porque un cactus globoso de tamaño considerable de una especie endémica no se cría en dos años. Y si consigues semilla o esquejes de una especie endémica, propágala y compártela: la mejor forma de que una planta rara no acabe arrancada de su barranco es que haya material cultivado circulando.

En resumen

Endémica significa que la planta solo existe de forma natural en un sitio. Ese dato te da la receta de cultivo, porque te dice a qué clima está adaptada, y te avisa de su fragilidad, porque una especie con un área diminuta no soporta la presión de la recolección. Nativa, introducida y endémica no son sinónimos, y conviene usarlos con precisión.

En España la cuestión tiene dos caras. Canarias es un foco mundial de endemismos suculentos, con los Aeonium y el cardón como ejemplos, que se protegen no recolectando. Y en la costa peninsular tenemos el problema inverso con suculentas introducidas como Carpobrotus edulis, incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013, cuya plantación y comercio están prohibidos. Comprar material propagado artificialmente y no abandonar restos de poda en el campo resuelve casi todo lo que está en nuestra mano.


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