La pruina es la capa de cera epicuticular que recubre las hojas, los tallos y a veces las flores de muchas suculentas y cactus, y que se ve como un polvillo blanquecino, mate y azulado. No es suciedad, no es una plaga y no es un hongo: la fabrica la propia planta, se deposita por fuera de la cutícula y forma cristales microscópicos de cera que dispersan la luz. Por eso una Echeveria pruinosa parece gris azulada aunque su tejido sea verde.

Lo que hay que saber en la práctica cabe en una frase: se borra con tocarla y no vuelve a esa hoja. La marca del dedo se queda ahí para siempre, verde brillante sobre el gris. La planta seguirá produciendo cera en las hojas nuevas, pero las manchadas no se recuperan. De ahí que las plantas con pruina se manipulen por la maceta y nunca por las hojas.

Para qué le sirve a la planta

La cera epicuticular no es un adorno, es equipamiento de supervivencia y hace varias cosas a la vez.

  • Reduce la pérdida de agua. Añade una barrera al vapor por encima de la cutícula y baja la transpiración que se escapa por la superficie, no por los estomas. En una planta que vive de su reserva de agua, eso cuenta.
  • Filtra la radiación. Al reflejar y dispersar parte de la luz que llega, incluida la ultravioleta, baja la carga que recibe el tejido y la temperatura de la superficie. Es un protector solar, y funciona como tal.
  • Repele el agua. La superficie es fuertemente hidrófoba: la gota rueda y arrastra polvo y esporas en lugar de quedarse encharcada sobre la hoja. Ese drenaje inmediato es una defensa contra los hongos, que necesitan agua parada para germinar.
  • Dificulta la vida a los insectos. Sobre una capa de cera suelta y cristalina las patas de muchos insectos pequeños agarran mal.

La pruina no es exclusiva de las suculentas. Es la misma capa que da su aspecto empañado a la uva, a la ciruela, al arándano o a la col lombarda, y que se quita al frotar la fruta con la mano.

Pruinoso, glauco, farinoso

En las descripciones botánicas aparecen tres términos que no significan lo mismo. Pruinoso describe la capa de cera en sí, esa película desprendible. Glauco describe el color resultante, verde grisáceo o azulado, que puede deberse a la cera o simplemente a la estructura del tejido. Farinoso describe un recubrimiento de aspecto harinoso, más granular y con frecuencia de composición distinta de la cera lisa. Un epíteto como pruinosa, glauca o farinosa en el nombre de una especie suele venir precisamente de ahí.

Con qué se confunde

Este es el motivo real por el que mucha gente estropea sus plantas: ve blanco sobre la hoja, piensa en plaga y se pone a limpiar. Cuatro cosas se parecen y se distinguen bien.

  • Pruina. Uniforme, sigue toda la superficie de la hoja incluidas las zonas nuevas, y por debajo el tejido está sano y firme. Al pasar el dedo queda una huella limpia y brillante.
  • Cochinilla algodonosa. No es uniforme: son masas algodonosas concentradas en las axilas de las hojas, en el centro de la roseta y en la base de las espinas. Si se aparta una con un palillo, debajo hay un insecto ovalado que se mueve, y a menudo melaza pegajosa.
  • Oídio. Manchas de polvo blanco en parches que crecen, avanzan de una hoja a otra y suelen aparecer con humedad ambiental alta y poca ventilación. La pruina no avanza ni se contagia.
  • Cal del agua. Salpicaduras irregulares, con forma de gota seca, que aparecen justo después de haber pulverizado o regado por encima con agua dura. Se notan al tacto y no siguen el contorno de la hoja.

Cómo no borrarla

Casi todo el daño se hace en tres momentos: al comprar la planta, al trasplantarla y al tratarla.

En el transporte, la envoltura de papel o de plástico frota las hojas y deja la roseta marcada; conviene abrir el paquete con cuidado y no ir sujetando la planta por arriba. En el trasplante, se sujeta siempre por el cepellón o por la base del tallo, nunca por las hojas, y si la planta es grande y espinosa se usan guantes y unas pinzas o una tira de papel doblada alrededor del cuerpo.

En los tratamientos está el problema menos evidente. El aceite de neem, los jabones potásicos y cualquier producto con mojante disuelven o desplazan la cera, que para eso están hechos. No significa que no se puedan usar contra una plaga real, significa que se usan cuando hay plaga y no de forma preventiva sobre una Echeveria pruinosa a la que le quedará el color estropeado. Lo mismo vale para pulverizar agua sobre las hojas: no aporta nada a estas plantas y sí deja cal y marcas.

Y una consecuencia práctica que se pasa por alto: una hoja que ha perdido la pruina ha perdido también su filtro solar, así que es más fácil que se queme si la planta está al sol fuerte. Si se ha manipulado mucho una planta, conviene darle unos días de luz intensa pero sin sol directo en las horas centrales.

Luz y pruina

La cantidad de cera no es fija: la planta la produce en respuesta a la luz que recibe. Un ejemplar cultivado en un interior poco luminoso saca hojas verdes y casi sin capa, y el mismo ejemplar en el exterior aclimatado saca hojas cada vez más blancas. Por eso una planta de vivero que llega muy pruinosa puede ir perdiendo ese aspecto en casa, sin que haya ninguna enfermedad de por medio: simplemente las hojas nuevas nacen con menos cera.

El camino de vuelta existe, pero se recorre despacio. Aumentar la exposición de golpe es la forma más rápida de quemar la planta, precisamente porque todavía no tiene la protección puesta. Se sube la luz de forma gradual a lo largo de dos o tres semanas y la cera aparece en el crecimiento nuevo.

Especies donde se ve mejor

Entre las suculentas de roseta, el género Echeveria es el escaparate del asunto, con especies de capa muy densa como Echeveria laui y Echeveria cante. También son claramente pruinosos Graptopetalum paraguayense, Pachyphytum oviferum, Kalanchoe thyrsiflora y Kalanchoe luciae, varios Sedum y Dudleya, y los agaves de aspecto azulado.

Entre las cactáceas, los ejemplos más llamativos son Copiapoa cinerea, del desierto costero chileno, y los grandes columnares del género Pachycereus, donde la diferencia entre un tallo cubierto y otro rozado se aprecia a metros. Conviene recordar que todas las cactáceas están incluidas en el Apéndice II del convenio CITES, y algunas en el Apéndice I, así que estas plantas se compran en vivero con su documentación y no se recolectan en el medio natural. Varios de los cactus más pruinosos son también de los más expoliados.

En resumen

La pruina es una capa de cera epicuticular que la planta fabrica para reducir la pérdida de agua, filtrar la radiación, repeler el agua líquida y dificultar la adherencia de insectos. Da ese color gris azulado característico, no es un problema y no hay que limpiarla; el polvo blanco que sí hay que tratar es el de la cochinilla algodonosa y el del oídio, y se distinguen porque son irregulares, avanzan y llevan un organismo debajo.

Como se borra al menor roce y no se regenera en la hoja afectada, las plantas pruinosas se cogen por la maceta, se trasplantan sujetando el cepellón, no se pulverizan y no se tratan con aceite de neem ni con jabones salvo que haya una plaga que lo justifique. La cera se produce en respuesta a la luz, así que una planta que la ha perdido la recupera en las hojas nuevas si se le sube la exposición poco a poco.


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