Un buen sustrato para suculentas se define por una sola cosa: cuánto tarda en secarse. Si al regar el agua sale por el agujero en pocos segundos y la maceta vuelve a pesar poco al cabo de unos días, la mezcla es correcta, aunque no se parezca a ninguna receta. Si el agua tarda en pasar y la tierra sigue oscura y fría una semana después, la mezcla está mal por muy caro que fuera el saco.
Como punto de partida sirve una proporción de mitad árido mineral y mitad materia orgánica, con un tamaño de partícula grueso, entre tres y seis milímetros. A partir de ahí se sube la parte mineral para los cactus y para las suculentas de raíz gruesa, y se baja un poco para las que crecen a media luz. Lo que mata a estas plantas no es la falta de riego, es el riego de invierno sobre un sustrato que retiene agua.
Qué tiene que hacer la mezcla
Las raíces de una suculenta necesitan oxígeno tanto como agua. En un sustrato compacto y encharcado los poros se llenan de agua, la raíz deja de respirar, muere por asfixia y sobre ese tejido muerto entran los hongos del suelo, que son los que acaban pudriendo el cuello de la planta. Cuando alguien dice que "se le pudrió por exceso de agua", el orden real de los hechos es ese.
De ahí salen los cuatro requisitos: que el agua atraviese la maceta deprisa, que quede aire entre las partículas cuando el agua se ha ido, que la mezcla no se compacte con los riegos y que sujete a la planta. Retener nutrientes es el quinto y el menos urgente, porque estas plantas comen poco.
La parte mineral
Es la que da estructura y la que no se degrada. En España se consiguen sin dificultad varios materiales que valen:
- Piedra pómez y picón o lapilli volcánico. Los mejores para este uso: son porosos, retienen algo de agua dentro de la partícula, pesan poco y no se deshacen. El picón canario y la puzolana se venden por sacos en jardinería.
- Arcilla expandida triturada (arlita). Buena si se rompe a tamaño de gravilla; entera deja huecos demasiado grandes.
- Arena de sílice de grano grueso, lavada. Aporta peso y drenaje. Tiene que ser gruesa y de río o de cantera, nunca fina.
- Akadama y kiryu, de la jardinería de bonsái. Funcionan muy bien y son caros; se reservan para colecciones.
- Zeolita y gravilla de cuarzo. Correctas como parte del árido y como acabado de superficie.
Tres materiales que conviene descartar. La arena de playa lleva sal y no se lava del todo. La arena fina de construcción rellena los huecos entre las partículas gruesas y cementa la mezcla, que es exactamente lo contrario de lo que se busca. La vermiculita retiene agua, que es su función y aquí un problema. La perlita sí sirve, pero flota hacia arriba con cada riego y se pulveriza con el tiempo; si hay pómez o picón a mano, son mejores.
La parte orgánica
Aporta la reserva de agua y de nutrientes que la planta usa en su temporada de crecimiento. Sirven la turba rubia, la fibra de coco y el compost o mantillo bien hecho.
La turba tiene un defecto que hay que conocer: cuando se seca del todo se vuelve hidrófoba y el agua resbala por encima sin mojarla, con lo que la maceta parece regada y la planta sigue seca. Se recupera regando despacio y en varias pasadas. La fibra de coco no da ese problema y es más sostenible, pero la que no viene lavada trae sales, así que conviene comprarla tratada o enjuagarla antes.
Lo que no vale es el sustrato universal de saco tal cual, muy fino, muy abonado y pensado para plantas de temporada, ni la tierra de jardín sin más, que en cuanto entra en una maceta se apelmaza.
Cuánto mineral según la planta
| Grupo | Parte mineral |
|---|---|
| Echeveria, Sedum, Crassula, Graptopetalum, Aeonium, Kalanchoe | 50 a 60 % |
| Haworthia, Gasteria, Sansevieria y otras de media luz | alrededor del 50 % |
| Cactus globulares y columnares, Euphorbia suculentas, Agave | 60 a 70 % |
| Lithops, Conophytum, Ariocarpus y cactus de raíz napiforme | 80 % o más |
El criterio de fondo es sencillo: cuanto más gruesa y carnosa es la raíz y menos hojas tiene la planta, menos agua puede evaporar y más rápido tiene que secarse la maceta. Las plantas de sombra parcial, con hoja fina y crecimiento continuo, admiten algo más de materia orgánica.
La capa de grava del fondo no drena
Es la costumbre más repetida y no funciona. Al poner grava bajo el sustrato no se crea un desagüe: se crea un cambio de textura, y el agua no pasa de un material fino a uno grueso hasta que el fino está saturado. El resultado es que la franja de sustrato empapado, que siempre se forma en la parte baja de cualquier maceta, sube unos centímetros en lugar de bajar, y además se pierde volumen útil para las raíces.
Lo que drena es el agujero de la maceta y la mezcla entera. Si hace falta que no se escape sustrato, basta un trozo de malla o un tiesto roto sobre el agujero.
Agua dura, cal y sales
En buena parte del este y del sur peninsular el agua del grifo es dura y deja carbonatos. En maceta eso se nota de dos maneras: una costra blanca en la superficie y en el borde del tiesto, y una acumulación de sales en el sustrato que con los años estropea la raíz.
La mayoría de las suculentas y cactus tolera bien un pH neutro o ligeramente alcalino, así que el problema práctico casi nunca es el pH en sí, sino esa acumulación. La forma de evitarlo es regar de arriba y con abundancia cuando toca, dejando que salga agua por el agujero y arrastre las sales, en vez de dar sorbos pequeños que las concentran. El agua de lluvia recogida es la mejor opción cuando se puede. Corregir el agua con vinagre a ojo, que es lo que circula por ahí, no se sostiene: sin medir no se sabe qué se está haciendo y se puede empeorar.
Cubrir la superficie con árido
Rematar la maceta con una capa de gravilla, picón o cuarzo de tres a ocho milímetros no es solo estético. Mantiene seco el cuello de la planta, que es por donde entran las podredumbres; evita que el riego salpique tierra sobre las hojas; frena la compactación de la superficie y le pone difícil la puesta a la mosca del sustrato, que necesita materia orgánica húmeda a la vista.
El inconveniente es que ya no se ve si el sustrato está húmedo. Se resuelve con el peso de la maceta, que es de todos modos el mejor indicador, o metiendo un palillo de madera hasta el fondo.
La maceta forma parte de la mezcla
El mismo sustrato se comporta de forma distinta según el tiesto. El barro cocido sin esmaltar transpira por la pared y seca antes, lo que perdona errores de riego y va bien en interior y en climas húmedos. El plástico y el barro esmaltado retienen más, lo que en el verano seco del interior peninsular puede ser una ventaja en exterior.
El tamaño importa igual: una maceta muy grande para una planta pequeña queda con mucho sustrato sin raíces que lo seque, y ese volumen permanece húmedo semanas. Mejor ajustada, con un par de centímetros de margen alrededor del cepellón. Y el agujero de drenaje no es negociable; si la maceta bonita no lo tiene, se usa como cubremacetas y se saca la planta para regar.
Comprobar la mezcla y renovarla
La prueba de campo de toda la vida sigue valiendo: se humedece un puñado, se aprieta y se abre la mano. Si la bola se deshace sola, la mezcla está bien. Si se queda formada como plastilina, falta árido.
Ningún sustrato dura para siempre. La parte orgánica se mineraliza, la mezcla pierde estructura y se compacta, y a los dos o tres años riega igual que una tierra corriente. Las señales son un secado cada vez más lento, agua que tarda en entrar y una planta que se para sin motivo aparente. Ahí toca trasplantar, revisar raíces y renovar la mezcla, mejor a la salida del invierno o a principios de otoño, evitando el trasplante en pleno agosto.
En resumen
La mezcla ideal para suculentas y cactus no es una receta cerrada sino un comportamiento: drenar deprisa, quedarse aireada y secarse en pocos días. Mitad árido mineral grueso (pómez, picón, arlita triturada o arena de sílice gruesa) y mitad materia orgánica (turba, fibra de coco o compost) es un punto de partida que funciona para casi todo, subiendo el mineral hasta el 70 u 80 % en cactus, agaves y plantas de raíz napiforme.
Se descartan la arena fina, la arena de playa, la vermiculita y la capa de grava en el fondo, que no drena nada. Se remata con una capa de árido en la superficie para mantener seco el cuello, se riega abundante y de arriba para lavar las sales del agua dura, se usa maceta ajustada y con agujero, y se renueva la mezcla cada dos o tres años, cuando deje de secarse a la velocidad de siempre.