Para los amantes de las suculentas y cactus, uno de los momentos más fantásticos y especiales es cuando florecen. Muchos de nosotros tenemos dudas sobre qué hacer con las flores de las suculentas. Antes...
Aeonium tabuliforme es una suculenta de la familia Crassulaceae endémica de Tenerife que forma una roseta plana, casi sin tallo, con las hojas dispuestas en espiral tan apretadas que parecen un plato. Es de las pocas suculentas que se cultivan mal a pleno sol y bien en sombra luminosa, y esa es la primera cosa que hay que entender de ella.
La segunda es su ciclo. Como el resto de los aeonios canarios, crece en otoño, invierno y primavera, y en verano se para. Quien la riega como a una crasa de verano y la deja al sol de julio en Madrid o en Sevilla la pierde en una temporada. Adaptando el riego a ese calendario invertido, es una planta agradecida y muy longeva mientras no florezca.
Cómo es la planta y de dónde viene
La roseta es aplanada hasta el extremo, con decenas de hojas espatuladas superpuestas, de verde claro y con el margen finamente ciliado. En buenas condiciones puede superar los 30 centímetros de diámetro y quedarse prácticamente al ras, sin levantar el centro. No suele ramificar: lo normal es una roseta única, y ahí se acaba la planta.
Esa forma tan rara tiene una explicación en su hábitat. Vive en acantilados y paredes rocosas del norte de Tenerife, en enclaves sombríos y con humedad de niebla, aferrada a superficies verticales. Colocada de plano contra la pared y perpendicular a la luz rasante, la roseta capta lo que puede de un sol que nunca le llega de frente, y a la vez el agua de lluvia y la condensación resbalan por encima en lugar de acumularse en el centro. Cuando se cultiva en horizontal, en una maceta y con el sol cayendo a plomo, la planta pierde las dos ventajas y responde arqueando el centro hacia arriba y quemando los bordes.
Al ser endémica de una isla y de un tipo de enclave muy concreto, sus poblaciones naturales son limitadas y frágiles. No se recolecta en el medio natural: se compra en vivero o se obtiene de semilla y de plantas ya cultivadas, que además es lo más fácil.
Luz y temperatura
Sombra luminosa o sol filtrado. En interior, junto a una ventana muy clara pero sin sol directo en las horas centrales. En exterior, bajo la sombra de otra planta, en un patio orientado al norte o bajo malla. Un poco de sol de primeras horas de la mañana en invierno no le hace daño; el de una tarde de julio en el interior peninsular sí.
Los síntomas de exceso de luz y calor son muy reconocibles y aparecen antes de que el daño sea grave: bordes de hoja amarillentos que pasan a marrón, y una tendencia a formar cúpula, es decir, a que el centro de la roseta se levante en lugar de quedarse plano. Si ves eso, cambia la planta de sitio antes que de riego.
Por el otro lado, no tolera la helada. Su clima de origen es oceánico y sin heladas, así que en la meseta y en el interior debe cultivarse en maceta para poder entrarla a un lugar fresco y luminoso durante el invierno. Un porche cubierto, un invernadero frío o una galería sin calefacción son mejores que el interior de una casa caldeada, porque necesita frescor para crecer. En el litoral mediterráneo y en el sur suele pasar el invierno fuera sin problema, protegida de las heladas puntuales.
Riego y sustrato: el punto donde se pierden
La regla general de las suculentas se aplica aquí con una vuelta de tuerca: lo que mata a Aeonium tabuliforme no es la falta de agua, es el riego a destiempo sobre un sustrato que retiene. Y su temporada de crecimiento es la contraria a la que cabría esperar.
- De otoño a primavera, que es cuando crece, se riega cuando el sustrato se ha secado en profundidad, empapando bien y dejando escurrir.
- En verano, cuando la planta está parada por el calor, se reduce mucho el riego. Un aporte ligero de vez en cuando, si las hojas se ven muy blandas, basta para que no se deshidrate del todo.
- Nunca se riega por encima de la roseta. Esta es la particularidad de la especie: siendo plana y con las hojas apretadas, el agua que cae en el centro se queda ahí y pudre el ápice. Se riega al sustrato, por el borde de la maceta.
El sustrato tiene que drenar deprisa. Una mezcla para cactus y suculentas comercial, aligerada con una parte de material mineral grueso (arena de sílice de grano grueso, puzolana o perlita), funciona bien. La maceta debe tener agujeros libres y no conviene que sea mucho más grande que la planta: un volumen de sustrato desproporcionado se queda húmedo durante semanas. La maceta de barro ayuda porque pierde humedad por la pared.
No necesita abonados fuertes. Un aporte muy diluido de fertilizante para suculentas una o dos veces durante la temporada de crecimiento es suficiente. El exceso de nitrógeno le da un crecimiento blando, propenso a pudrirse y a estropear la forma compacta de la roseta.
Floración: la planta muere después
Es monocárpica. Cuando la roseta llega a la madurez, o cuando el estrés la empuja a ello, emite desde el centro una inflorescencia larga y ramificada con muchas flores pequeñas y amarillas, y al terminar la floración la roseta muere. No es un fallo de cultivo: es su ciclo.
Puedes retrasarlo evitando el estrés (calor, sequía extrema, cambios bruscos), pero no evitarlo indefinidamente. Lo que sí conviene es aprovecharlo: dejar madurar la inflorescencia y recoger semilla, porque en esta especie la propagación por semilla es la vía principal precisamente porque no suele producir hijuelos. Las formas crestadas, que sí generan rosetas laterales, se propagan fácilmente separando esas rosetas, que enraízan aunque sean pequeñas; por eso quien quiere mantener la especie mucho tiempo en su colección suele tener también una crestada.
Problemas habituales
Podredumbre del centro. Casi siempre por regar sobre la roseta o por sustrato encharcado en invierno. Es la causa de muerte número uno y no tiene marcha atrás una vez avanzada.
Cochinilla algodonosa. Se esconde en la base de las hojas, donde no se ve, y en las raíces. Revisa la planta al trasplantar. En una infestación pequeña se retira mecánicamente, con un bastoncillo, planta a planta.
Ácaros. Atacan sobre todo en invierno bajo cubierta, en ambiente seco y sin ventilación, y afectan a las hojas más jóvenes del centro dejando un anillo de borde descolorido. Mejorar la ventilación es la primera medida.
Cicatrices. Las hojas de esta especie se marcan con mucha facilidad, y la marca no desaparece: se queda ahí el resto de la vida de la roseta, que puede ser de años. Manipula la planta por la maceta, no por las hojas, y evita moverla de sitio continuamente.
Si necesitas tratar una plaga, ten en cuenta que en jardinería particular solo pueden usarse productos autorizados para jardinería exterior doméstica, que se consultan en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio, y que la dosis y los plazos son los de la etiqueta del envase. Antes de eso, el aislamiento de la planta afectada y la retirada manual resuelven la mayoría de los casos en una colección doméstica.
En resumen
Aeonium tabuliforme pide lo contrario que la suculenta media: sombra luminosa en vez de pleno sol, y agua en otoño e invierno en vez de en verano. Sustrato muy drenante, maceta ajustada al tamaño de la planta, riego por el borde y nunca sobre la roseta, y protección frente a las heladas y frente al sol fuerte del verano interior. Con eso se mantiene plana, verde y creciendo durante años.
Es monocárpica, así que la floración marca el final de la roseta. Recoge semilla cuando llegue ese momento, porque no produce hijuelos con facilidad, y si quieres asegurar el relevo, ten a mano una forma crestada, que sí da rosetas laterales con las que reponer los ejemplares que florecen o se estropean.