Un clavel de floristería casi nunca huele, y la razón no es el transporte ni la refrigeración. Durante décadas la mejora genética del clavel comercial persiguió tres objetivos: tallo largo y recto, duración en jarrón y resistencia a enfermedades. El aroma no entraba en la lista, y como los genes que lo producen no aportaban nada a esos criterios, se fueron perdiendo por el camino. Las variedades antiguas de jardín y las clavelinas de rocalla siguen oliendo; las de vara larga de la floristería, en su mayoría, no.
Ese olor perdido es, además, el que dio nombre a la planta. El género Dianthus reúne unas 340 especies de la familia de las cariofiláceas, con su centro de diversidad en la cuenca mediterránea y Asia occidental, y España tiene una buena colección de especies silvestres. Florecen de mayo a julio en el jardín, con una segunda tanda en septiembre si se recortan a tiempo, y son plantas de sol, sequía y suelo con cal.
El nombre viene del clavo de especia
El compuesto responsable del aroma del clavel es el eugenol, el mismo fenilpropanoide que domina el olor del clavo de especia, la yema floral seca del Syzygium aromaticum. Esa coincidencia química explica la etimología en varios idiomas a la vez: clavel procede de clavo, en inglés se llamó clove pink y en catalán clavell. La planta se bautizó por parecerse en olor a una especia carísima que llegaba de las Molucas.
El nombre científico es más antiguo y más grandilocuente. Dianthus viene del griego dios, de Zeus, y anthos, flor; se le atribuye a Teofrasto y viene a significar flor de los dioses.
Si el aroma te importa, hay que buscarlo por variedad, no por color. Las clavelinas del grupo plumarius, los claveles antiguos de jardín y algunas series modernas seleccionadas expresamente por perfume lo conservan intacto; conviene olerlos antes de comprar, porque en la etiqueta rara vez lo pone.
Cómo se reconoce una cariofilácea
Las Caryophyllaceae reúnen unas 2.600 especies y son fáciles de reconocer en el campo una vez sabes qué mirar. Aquí van las cinco marcas de la casa, todas presentes en cualquier clavel.
Los nudos hinchados. El tallo tiene articulaciones muy marcadas, engrosadas, como pequeñas rodillas, y entre ellas los entrenudos son lisos. Al doblar un tallo de clavel, se parte por el nudo con un chasquido limpio. Este rasgo tiene aplicación práctica y volveremos a él al hablar de esquejes.
Hojas opuestas y enteras. Salen de dos en dos en cada nudo, enfrentadas, sin dientes ni divisiones, y en el clavel son además estrechas, lineales y glaucas, de un verde azulado por la cera que las cubre.
Pétalos con uña. Cada pétalo tiene dos partes bien diferenciadas: una base estrecha y alargada, la uña, escondida dentro del tubo del cáliz, y una parte superior ensanchada, el limbo, que es la que se ve. Ese diseño obliga a los polinizadores a tener trompa larga, y por eso los claveles silvestres son flores de mariposas y esfinges.
El borde recortado. En muchos géneros de la familia el limbo del pétalo aparece dentado, escotado o flecado. En el clavel es un dentado fino; en la Silene puede llegar a estar partido en dos lóbulos profundos.
Cáliz soldado en tubo y cápsula con dientes. Los sépalos forman un tubo rígido que envuelve la flor, y el fruto es una cápsula que se abre por dientes en el ápice, dejando caer semillas pequeñas y numerosas desde un eje central libre.
La misma familia incluye a la Gypsophila o velo de novia, a la saponaria o jabonera, a las silenes de nuestros ribazos y también a la pamplina y a la oreja de ratón, esas dos malas hierbas de nudos hinchados que salen en cualquier maceta.
Los claveles que no son claveles
Hay dos nombres populares que despistan de forma sistemática y conviene desactivarlos antes de seguir.
El clavel de la India, o clavel moro, o clavelón, no es un Dianthus: es un Tagetes, una compuesta mexicana emparentada con las margaritas y las dalias, con flor anaranjada y olor fuerte a follaje que se usa en huerto contra nematodos. Nada que ver ni en familia ni en cultivo. Tienes su ficha en clavel de la India.
El clavel del aire tampoco lo es: son Tillandsia, bromeliáceas epífitas americanas que viven sobre ramas y absorben la humedad del ambiente por escamas de las hojas. Puedes verlas en clavel del aire.
El clavel del poeta, en cambio, sí es un Dianthus auténtico, D. barbatus, aunque su aspecto en corimbo apretado lo disimule.
Los cuatro Dianthus que vas a encontrar
| Especie | Nombre común | Ciclo | Altura | Floración | Dónde va bien |
|---|---|---|---|---|---|
| D. caryophyllus | Clavel común, de floristería | Vivaz de vida corta | 40-80 cm | Mayo a julio y septiembre | Arriate soleado, flor cortada |
| D. chinensis | Clavel chino | Anual o bienal | 20-35 cm | Junio a octubre | Macetas y borduras, sin aroma |
| D. barbatus | Clavel del poeta, minutisa | Bienal | 40-60 cm | Mayo a junio | Se siembra un año y florece al siguiente |
| D. plumarius | Clavelina, clavel plumoso | Vivaz | 15-30 cm | Mayo a julio | Rocalla, muros, muy aromática |
El clavel del poeta tiene un detalle de manejo que conviene saber: se siembra en junio o julio para que florezca la primavera siguiente. Sembrado en marzo hace roseta todo el año y no da flor. Tenemos ficha propia de clavel del poeta y de clavelina.
Suelo: la planta de jardín que agradece la cal
Casi todas las plantas ornamentales que se recomiendan para maceta piden sustratos ácidos, y el clavel es la excepción útil. Prefiere un pH entre 6,5 y 7,5, tolera bien por encima de 7 y prospera en suelos calizos donde otras plantas se vuelven cloróticas. En muchas zonas de España, con aguas duras y suelos margosos, esto significa que el clavel se cultiva sin corregir nada.
Lo que sí es innegociable es el drenaje. El clavel es planta de ladera pedregosa: quiere que el agua pase y se vaya. En suelo pesado se planta en caballón o en arriate elevado, mezclando arena gruesa o grava fina en el tercio superior. En maceta, una parte de arena de río o de grava volcánica por cada dos de sustrato.
Un detalle que se pasa por alto: el acolchado orgánico, que a tantas plantas les viene bien, aquí perjudica si se arrima al cuello. Si quieres acolchar, hazlo con grava o con arena, que no retienen humedad contra la base de los tallos.
Sol, riego y por qué se pierden en agosto
Sol directo, seis horas mínimo. A la sombra los tallos se estiran, se doblan y la floración se reduce a la mitad.
El riego es moderado y espaciado: se deja secar bien la capa superficial entre riegos y se moja el suelo, no la planta. El follaje glauco del clavel se mancha con el agua de aspersión y las flores dobles se pudren si les entra agua entre los pétalos.
La combinación que se lleva los claveles en agosto es siempre la misma: calor alto de noche, humedad ambiental y riego frecuente. En esas condiciones la planta deja de crecer, se para, y los hongos del suelo aprovechan. La medida más eficaz es espaciar los riegos y garantizar circulación de aire, plantando a 25 o 30 centímetros unos de otros en lugar de amontonarlos.
Pinzado y desbotonado
Un clavel joven, cuando alcanza el quinto o sexto par de hojas, se pinza cortando la punta por encima de ese par. De ahí salen entre cuatro y seis tallos laterales, y la planta pasa de tener una flor a tener seis. En variedades de mata baja, un segundo pinzado sobre los laterales a las cuatro semanas todavía multiplica más.
El desbotonado se hace en sentido contrario y es lo que separa un clavel estándar de un clavel spray. Si en cada tallo dejas solo el botón terminal y eliminas los laterales cuando tienen el tamaño de un guisante, obtienes una única flor grande con tallo largo, que es el clavel de vara de floristería. Si eliminas el botón terminal y dejas los laterales, obtienes un ramillete de flores más pequeñas en el mismo tallo, que es el clavel spray o miniclavel.
Tras la floración principal de junio, un recorte general de un tercio de la mata, más un abono con potasio, provoca una segunda floración en septiembre en la mayor parte de España.
Esquejes: por qué se arrancan del nudo
Aquí es donde el rasgo familiar de los nudos hinchados se vuelve técnica. El esqueje de clavel no se corta con tijera por el entrenudo: se toma un brote lateral de 8 a 12 centímetros, se sujeta la planta madre con una mano y se tira del brote hacia abajo con la otra, de modo que se desprenda por el nudo llevándose un pequeño talón de tejido de la base.
Ese talón concentra tejido meristemático y enraíza mucho antes y con más raíces que un corte plano. Además evita dejar un tocón hueco en la planta madre. Si el talón queda con una lengüeta de corteza larga, se recorta a ras con una cuchilla limpia.
La época mejor va de finales de agosto a octubre, aprovechando brotes no floridos. Se plantan en arena o en una mezcla de arena y perlita, sin abono, a media sombra y con el sustrato apenas húmedo. Enraízan en tres o cuatro semanas. Las clavelinas de rocalla admiten además el acodo simple: se dobla un tallo contra el suelo, se sujeta con una horquilla y se cubre el nudo con arena. Puedes ampliar en cómo se reproducen los claveles.
La fusariosis, el problema de fondo del clavel
El hongo Fusarium oxysporum f. sp. dianthi es específico del clavel y ha condicionado la historia de su cultivo comercial en España, especialmente en las zonas productoras del litoral de Cádiz y en Canarias. Entra por las raíces, coloniza los vasos conductores y los taponan.
El síntoma es característico y permite un diagnóstico casero fiable: la planta amarillea y se marchita por un solo lado, a menudo con las hojas de una mitad del tallo secas y la otra mitad todavía verde. Al cortar el tallo por la base en sección transversal se ve un anillo de tejido pardo dentro del verde.
No hay curación. Se arranca y se destruye la planta con su cepellón, no se composta, y no se replantan claveles en ese punto durante años, porque el hongo persiste en el suelo en forma de clamidosporas. La prevención pasa por plantas certificadas, sustrato nuevo en maceta, buen drenaje y no regar en exceso. Tienes más sobre este género de hongos en el hongo Fusarium.
La otra enfermedad frecuente es la roya del clavel, Uromyces dianthi, que aparece como pústulas pardas pulverulentas en el envés y se favorece con hojas mojadas de noche; ver roya. Entre las plagas, pulgones en los brotes tiernos y trips en las flores, con el repaso completo en plagas y enfermedades de los claveles.
El clavel cortado y la trampa del frutero
El clavel es una de las flores cortadas que más duran: de catorce a veintiún días con el agua cambiada. Pero tiene una debilidad muy concreta y muy fácil de evitar, y es su hipersensibilidad al etileno.
El etileno es un gas que las plantas usan como hormona de maduración y senescencia, y que emiten en abundancia las frutas maduras, sobre todo manzanas, plátanos, peras, melocotones y tomates. Un jarrón de claveles junto a un frutero recibe una dosis continua de etileno y responde con un síntoma inconfundible: los pétalos se enrollan hacia dentro y la flor se cierra sin llegar a marchitarse, lo que en el sector se llama flor dormida. Puede ocurrir en cuarenta y ocho horas.
El remedio es trivial: los claveles lejos de la fruta, lejos del humo de tabaco y lejos de los escapes de motores, que también generan etileno. La flor recién comprada suele venir tratada en origen con inhibidores, pero ese tratamiento se agota.
Los claveles silvestres de España
Fuera del jardín, la Península tiene una nómina notable de Dianthus autóctonos, casi todos plantas de roquedo, pastizal seco y matorral calizo. Dianthus lusitanus forma matas leñosas colgantes en paredones del oeste peninsular. Dianthus hyssopifolius, el clavel de flecos, tiene los pétalos partidos en tiras finísimas y aparece en el norte y en zonas de montaña. Dianthus pungens y Dianthus brachyanthus forman almohadillas duras en pastos de altura.
Todos comparten un mismo mensaje de cultivo: sol brutal, suelo esquelético y nada de riego una vez establecidos. Si tu jardín está en la mitad seca del país y buscas plantas de bordura que aguanten sin agua, este grupo tiene bastante que ofrecer y se aprovecha poco.
En resumen
Dianthus es un género mediterráneo de sol, drenaje y suelo con cal, con nudos hinchados que se parten limpios, hojas opuestas y estrechas, y pétalos con uña larga y borde dentado. El aroma a clavo de especia se debe al eugenol y se ha perdido en buena parte de las variedades de floristería por selección de tallo y duración. Se pinza al quinto par de hojas para ramificar, se desbotona según se quiera vara única o spray, y se recorta tras la floración de junio para tener otra en septiembre. Los esquejes se arrancan del nudo con talón, no se cortan. Su enfermedad determinante es la fusariosis vascular, que marchita la planta por un solo lado y no tiene cura. Y en jarrón dura tres semanas, siempre que no esté cerca de un frutero: el etileno le cierra los pétalos en dos días.