La gerbera se muere casi siempre por el mismo sitio: el cuello. Es esa corona apretada de la que salen todas las hojas, justo en la superficie del sustrato, y basta con que quede enterrada un par de centímetros o con que se moje al regar por encima para que aparezca una podredumbre blanda que en una semana se lleva la planta entera. Si tienes que quedarte con una sola indicación de este artículo, que sea esta: el cuello de la gerbera va por encima de la tierra y se mantiene seco.

El resto es una planta sorprendentemente longeva. Gerbera es un género africano y asiático de una treintena de especies, y la que se cultiva es Gerbera × hybrida, un híbrido derivado sobre todo de G. jamesonii, originaria de la zona de Barberton, en Sudáfrica. El nombre del género se lo puso Linneo en recuerdo de Traugott Gerber, médico y naturalista alemán del siglo XVIII. Bien tratada, una mata dura cinco o seis años y florece de marzo a noviembre.

Gerberas de colores con el disco central y las liguladas radiales bien visibles

Tres clases de flores en el mismo capítulo

La cabeza de la gerbera parece una margarita grande y en realidad tiene una organización más complicada que la de cualquier otra compuesta de jardín. Donde el girasol se conforma con dos tipos de flor, la gerbera tiene tres, dispuestas en anillos concéntricos.

En el borde están las flores radiales, con la lígula larga y llamativa que todo el mundo toma por pétalos. Son femeninas: tienen pistilo funcional y estambres abortados.

Justo por dentro, en una banda que suele pasar desapercibida, están las flores intermedias, con lígulas mucho más cortas, a veces de apenas unos milímetros, y también femeninas. Son las responsables de ese aro afelpado y de tono distinto que se ve entre los pétalos y el disco. En las variedades llamadas dobles o de doble corona, son precisamente estas flores las que se han alargado hasta parecer una segunda fila de pétalos.

Y en el centro están las flores del disco, tubulares y hermafroditas, que son las que producen polen y semilla. La mecánica del tubo de anteras que empuja el polen hacia fuera funciona aquí igual que en el resto de la familia, y está descrita en detalle en la ficha del girasol.

Ese tercer tipo de flor convierte a la gerbera en una planta de referencia en los laboratorios que investigan cómo se decide la identidad de cada flor dentro de un capítulo. Para el jardinero tiene una traducción sencilla: cuando compres una gerbera de aspecto peludo en el centro, no estás comprando una anomalía, estás comprando una selección de flores intermedias desarrolladas.

El cuello por encima de la tierra

La gerbera crece en roseta: todas las hojas nacen de un punto único, comprimido, situado a ras de suelo. Ese punto es el meristemo que produce hojas y flores, y no tiene protección frente a hongos ni bacterias.

Cuando la planta se trasplanta, la corona debe quedar uno o dos centímetros por encima del nivel del sustrato, con las bases de los pecíolos al aire. Si queda enterrada, la humedad permanente alrededor abre la puerta a Phytophthora y a Sclerotinia, y el cuadro es reconocible: las hojas exteriores se marchitan aunque el sustrato esté húmedo, la base se vuelve parda y blanda, y al tirar de la roseta se desprende del cepellón.

Por el mismo motivo, la gerbera no se riega por encima. El agua se aplica en el borde de la maceta, o mejor por inmersión: se pone el tiesto en un barreño con tres dedos de agua diez minutos y se saca a escurrir. Los platos con agua estancada son incompatibles con esta planta.

Cuánta luz necesita y cómo saber si le falta

Necesita mucha claridad y algo de sol directo suave. La posición correcta en interior es a menos de un metro de una ventana orientada al este, o detrás de un visillo en una al sur. En exterior, sol de mañana y sombra a partir del mediodía en verano.

Los síntomas de falta de luz son inconfundibles y aparecen antes que ningún otro problema. Los pecíolos se alargan y la roseta se abre en horizontal en lugar de mantenerse compacta. Las hojas nuevas salen más grandes, más finas y de un verde más claro. Y los tallos florales se estiran hasta doblarse por su propio peso, con flores más pequeñas y de color desvaído. Si una gerbera de interior deja de florecer y no ha cambiado nada más, la luz es la primera sospechosa.

De temperatura, prefiere entre 18 y 24 grados de día y entre 12 y 16 de noche. Ese descenso nocturno es real y ayuda: en una habitación con calefacción constante a 22 grados día y noche, la planta se agota y florece menos.

El agua de tu grifo y las hojas nuevas amarillas

La gerbera quiere un sustrato ligeramente ácido, con el pH entre 5,5 y 6,5. En buena parte de España el agua del grifo es dura y alcalina, y regar meses con ella sube el pH del sustrato hasta un punto en que el hierro, aunque esté presente, deja de ser asimilable.

El síntoma tiene una firma muy concreta: amarillean las hojas nuevas, no las viejas, y lo hacen conservando los nervios verdes sobre un fondo amarillo, como una red. Eso es clorosis férrica, y no se corrige abonando más ni regando más. Se corrige con quelato de hierro y, sobre todo, cambiando a agua de lluvia o a agua embotellada de baja mineralización. Si el amarilleo es al revés, en hojas viejas y de forma uniforme, entonces sí es falta de nitrógeno o sustrato agotado.

La mezcla adecuada lleva fibra de coco o turba rubia con un tercio de perlita, y se agradece un trasplante anual en primavera a un tiesto solo un poco mayor: la gerbera florece mejor con las raíces algo justas que en una maceta enorme donde el sustrato se mantiene mojado.

Las flores pasadas se arrancan, no se cortan

Este es el segundo detalle de manejo que separa una gerbera sana de una que se pudre. Al cortar un tallo floral con tijera queda un tocón hueco de varios centímetros clavado en la corona. Ese tocón se llena de agua, se pudre y transmite la podredumbre al cuello.

La forma correcta es sujetar el tallo por la base, junto a la corona, y tirar de él con un giro seco. Sale entero, desde el punto de inserción, y deja una cicatriz limpia que seca en unas horas. Lo mismo vale para las hojas viejas amarillas: se arrancan de un tirón, no se recortan.

Retirar las flores gastadas con esta técnica, cada semana, es lo que mantiene la producción de capullos nuevos durante toda la temporada.

Por qué la gerbera comprada en flor no vuelve a florecer

Una gerbera de maceta de las que se venden en floristería o en supermercado llega cargada de flores porque ha crecido en invernadero con luz controlada, fertirrigación y, casi siempre, reguladores de crecimiento que la mantienen compacta. Esa planta va a agotar su tanda de flores en tres o cuatro semanas y después va a parecer muerta. No lo está.

Lo que necesita es esto: trasplantarla en cuanto termine la floración a una maceta un par de tallas mayor, con sustrato nuevo y la corona bien alta; llevarla a la posición más luminosa disponible; reducir el riego a lo justo; y esperar entre cuatro y ocho semanas sin abonar. Pasado ese periodo empieza a sacar hojas nuevas, y ahí se reanuda el abono, con un fertilizante de floración cada dos semanas. La segunda tanda de flores llega más tarde y más escalonada que la del invernadero, pero llega, y a partir de ahí la planta entra en un ritmo estable.

Puedes completar con nuestra guía de cuidados de la gerbera y con cómo cultivar gerberas.

Fuera todo el año: dónde se puede

La gerbera es vivaz y no anual, aunque se venda como planta de temporada. Al aire libre soporta bajadas puntuales a 5 grados, se daña por debajo de 3 y una helada la mata. Eso la deja como planta permanente de jardín en el litoral mediterráneo, en Andalucía occidental, en Canarias y en zonas costeras resguardadas de Galicia.

En esos sitios se planta en arriate elevado o en rocalla, nunca en hondonada, para asegurar que el agua nunca se acumule en la corona. En el resto del país se cultiva en maceta y se entra a cubierto de noviembre a marzo, a una habitación fresca y luminosa: en invierno reduce mucho su actividad y el riego debe bajar en la misma proporción.

Trips, mosca blanca y oídio

Los trips son la plaga específica de esta planta y actúan sobre la flor: producen manchas plateadas, pétalos deformados que abren torcidos y un punteado oscuro de deyecciones. Se detectan sacudiendo una flor abierta sobre un papel blanco. Tienes el detalle en los trips.

La mosca blanca coloniza el envés de las hojas, que en la gerbera es velloso y le viene perfecto; deja melaza y negrilla y debilita la mata. Se combate con trampas cromáticas amarillas y tratamientos repetidos, porque las generaciones se solapan. Más información en mosca blanca.

El oídio aparece como polvillo blanco en el haz de las hojas cuando hay mucha humedad ambiental y poca ventilación, situación típica de una gerbera metida en casa en otoño. Ventilar y separar las plantas resuelve la mayoría de los casos; el resto está en el oídio.

Por qué se dobla el tallo en el jarrón

El tallo de la gerbera es hueco, sin hojas y sin lignificar, y sostiene una flor pesada en el extremo. Cuando se dobla justo debajo de la cabeza, la causa no es falta de agua sino un tapón bacteriano en la base del tallo que impide que suba.

Las medidas que funcionan son cuatro. Poner poca agua en el jarrón, entre 5 y 8 centímetros, porque el tallo sumergido se descompone. Cambiarla cada día, no cada tres. Recortar un centímetro de la base con un corte recto y limpio en cada cambio. Y usar los tubitos rígidos transparentes que venden para gerberas, o un tramo de alambre fino introducido por el tallo hueco, si la variedad tiende a vencerse.

Con eso, una gerbera cortada dura entre siete y catorce días. Se corta o se compra con el disco central todavía cerrado en el centro, no con el polen ya visible en todo el disco, porque eso significa que lleva días abierta.

Colores: todos menos el azul

El género cubre el blanco, el crema, todos los amarillos y naranjas, el rosa en toda su gama, el rojo, el granate y el bicolor. Lo que no existe es una gerbera azul: la especie carece de la ruta biosintética que produce delfinidina, el pigmento responsable de los azules verdaderos en las flores.

Las gerberas azules o turquesa que se ven en floristería están teñidas, normalmente absorbiendo colorante alimentario por el tallo hueco, que para esto es ideal. El color se queda en las lígulas y no se transmite a la planta: si esa gerbera enraizara, daría flores del color original. Lo mismo vale para las multicolores con degradados imposibles.

División y semilla

Cada dos o tres años, en primavera, una mata adulta se puede dividir. Se saca del tiesto, se separa con un cuchillo limpio en porciones que tengan cada una su corona con varias hojas y raíces propias, y se replantan con la corona alta. Es la manera de conservar exactamente la variedad.

La semilla se puede sembrar, pero tiene una particularidad que arruina muchos intentos: pierde poder germinativo muy rápido, en cuestión de meses. Un sobre de semilla de gerbera de dos años no germina. Con semilla fresca, sembrada en superficie sin cubrir, a 20-22 grados y con luz, nacen en dos o tres semanas y florecen a los seis u ocho meses. Las plantas obtenidas no serán idénticas a la madre. Puedes ampliar en cómo sembrar gerbera.

En resumen

Gerbera × hybrida es una vivaz sudafricana de roseta que puede vivir años si se respeta una regla: la corona por encima del sustrato y seca, con riego por el borde o por inmersión y sin platos con agua. Quiere luz abundante con sol suave, sustrato ácido y ligero, y agua de lluvia allí donde el grifo sea duro, porque la clorosis férrica se manifiesta en las hojas nuevas con los nervios verdes. Las flores pasadas se arrancan de un tirón, nunca se cortan, para no dejar tocones que pudran el cuello. Su capítulo es el único de la familia con tres tipos de flor, y en las variedades dobles lo que se ha alargado son las intermedias. No hay gerberas azules: las que se venden están teñidas por el tallo hueco.


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