Una trepadora que cubre un muro en dos veranos sigue creciendo igual de rápido al quinto año y al décimo. La velocidad no es una función que se apague cuando el jardinero da por buena la cobertura: es el carácter de la planta, y viene con una factura que se paga más tarde, en forma de peso sobre el soporte, madera que se parte, ramas dentro del canalón, brotes en la parcela del vecino y raíces que reaparecen a cinco metros del pie. Conviene mirar esa factura antes de elegir, y por eso este artículo empieza por ahí y solo después separa las rápidas anuales de las rápidas perennes y de las francamente problemáticas.
Lo que se paga por ir deprisa
Madera porosa y quebradiza. El crecimiento veloz se consigue con vasos conductores anchos y paredes celulares finas: mucha agua transportada, poca lignina depositada. Esa madera se rompe con el viento y con el peso de la nieve mucho antes que la de una planta lenta. En Campsis radicans es habitual que una rama de tres metros se desgaje de su inserción tras una tormenta de verano, arrastrando con ella el enrejado.
Peso. Es lo que menos se anticipa. Una glicinia adulta bien cubierta puede acumular varios cientos de kilos de madera y follaje, más el agua retenida por la masa foliar tras una lluvia. Un enrejado de madera de pino de treinta milímetros, atornillado al revoco con tacos de plástico, no está calculado para eso; se arranca de la pared llevándose el enfoscado. Para lo rápido, el soporte se dimensiona como estructura: perfiles metálicos o alambre de acero inoxidable de 3 o 4 mm sobre tensores y anclajes mecánicos en el ladrillo, no en el mortero. Los criterios de sujeción y el daño al revoco los tratamos aparte en los consejos a la hora de colocar enredaderas.
Lo que se cuela donde no debe. Las trepadoras rápidas buscan la luz por arriba y encuentran el alero. Los brotes entran bajo la teja, levantan la primera hilada, se meten en el canalón —donde la hoja acumulada acaba tapando la bajante— y se cuelan por la rejilla de ventilación del bajo cubierta. En glicinia y otras volubles hay un problema añadido: el tallo, que se enrolla, engorda dentro de un bajante o alrededor de un tubo de gas y lo aplasta por presión de crecimiento secundario. La regla práctica es dejar medio metro libre bajo el alero, recortado dos veces al año, y no dejar nunca que un tallo voluble rodee una tubería.
El vecino y el rebrote de raíz. Una rápida no reconoce la linde. Campsis radicans emite chupones desde raíces horizontales a tres, cuatro y cinco metros del pie, atravesando un césped o apareciendo al otro lado de un muro de bloque; una vez instalada es prácticamente imposible eliminarla, porque cada fragmento de raíz que queda rebrota. Lo mismo hace la pasionaria, cuyo rebrote comentamos en el artículo sobre sus cuidados. Si el sitio lo pide, se planta con barrera antirrizoma de HDPE de sesenta centímetros, la misma que se usa para el bambú.
Las rápidas anuales, que son la solución sensata
Cuando lo que hace falta es tapar algo durante una temporada —una obra, una valla nueva mientras crece el seto definitivo, un verano de sombra en una pérgola—, la respuesta correcta casi siempre es una anual. Cubre igual de rápido, cuesta el precio de un sobre de semillas, no acumula estructura leñosa, no daña nada y en noviembre se retira y el sitio queda libre para decidir otra vez.
Ipomoea (campanilla, don diego de día) sube de tres a cinco metros desde una siembra de abril y florece de julio a octubre; sobre las semillas de algunas especies hay una advertencia sanitaria que tratamos en el artículo sobre Ipomoea violacea. Cobaea scandens alcanza cinco o seis metros en un verano, con campanas que abren verdes y viran a violeta. Thunbergia alata se queda en dos metros y llena un balcón de flor naranja con centro negro. Lathyrus odoratus, el guisante de olor, se siembra en octubre en clima suave y florece de abril a junio, cubriendo el hueco anterior al de las otras. Phaseolus coccineus, la judía de España, hace cuatro metros y además da vaina comestible. Eccremocarpus scaber, chileno, es técnicamente perenne pero se cultiva como anual en la meseta y florece el primer año desde semilla.
La condición para que esto funcione es un arranque temprano: siembra en semillero protegido en marzo, trasplante en abril o mayo, suelo con compost y riego regular. Una anual rápida no admite una parada; si sufre sequía en junio, ya no recupera el ritmo.
Las perennes rápidas y manejables
Rápidas, pero con un tope de tamaño previsible y sin manías de raíz. Trachelospermum jasminoides tarda dos años en arrancar y luego hace un metro largo al año hasta unos seis o siete, con hoja perenne densa y sin invadir nada; es la elección más segura para un muro doméstico. Solanum laxum cubre tres o cuatro metros en dos temporadas y florece de junio a las heladas, aunque su madera es blanda y necesita atarse. Jasminum polyanthum hace lo mismo con floración de marzo y un perfume desproporcionado para su tamaño. Clematis armandii alcanza cinco o seis metros de hoja perenne en tres años.
En zona cálida, Podranea ricasoliana y Tecoma capensis crecen deprisa y florecen en otoño, con la ventaja de que se recortan a discreción. Y Parthenocissus tricuspidata, aunque cubre fachadas enteras, es de las rápidas más civilizadas: no rebrota de raíz, se sujeta con ventosas que no penetran en el material y en invierno se ve la pared, lo que permite revisarla; la diferencia con Ampelopsis, que carece de esas ventosas, está explicada en el artículo que compara ambos géneros.
Las que dan problemas de verdad
Fallopia baldschuanica, la enredadera del Turquestán, hace de tres a seis metros por temporada y llega a quince o veinte de longitud total. Cubre lo que sea en dos años, y después no hay poda que la contenga: rebrota con más fuerza cada vez que se corta. Solo tiene sentido sobre una estructura metálica en una parcela grande, y jamás sobre una casa.
Lonicera japonica 'Halliana' es preciosa y huele muy bien, pero enraíza por cualquier tallo que toque el suelo y se comporta como maleza en clima húmedo; en zonas del norte peninsular ya se la encuentra asilvestrada estrangulando setos.
Campsis radicans, por el rebrote de raíz descrito arriba. Su híbrido Campsis × tagliabuana 'Madame Galen' es algo más contenido, pero solo algo.
Glicinia, cuando se planta contra una casa sin haber previsto ni el soporte ni las dos podas anuales. Bien conducida sobre una pérgola metálica es magnífica; sobre un enrejado de listones, es una demolición lenta.
Araujia sericifera, el miraguano, merece mención aparte porque está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras (Real Decreto 630/2013), lo que hace ilegal su cultivo, comercio y posesión en España. Aparece sola en huertos y setos del Levante y del valle del Guadalquivir, y ahí lo que procede es eliminarla, no plantarla.
Cómo se domestica una planta rápida
Tres decisiones lo resuelven casi todo. La primera es el soporte dimensionado y separado: anclado a elemento resistente, con cinco centímetros de cámara entre el enrejado y la pared para que se pueda pintar detrás y no se acumule humedad.
La segunda es una rutina de poda de dos pasadas al año —una fuerte en reposo, otra de despeje a mediados de verano— anotada en el calendario. Una rápida sin poda no se estabiliza sola; una rápida podada dos veces al año es una planta perfectamente domesticada. Y la poda de verano tiene un efecto añadido útil: al retirar hoja en plena actividad se reduce la reserva que la planta acumula, y con ella el vigor del año siguiente.
La tercera es no abonar. Estas plantas no necesitan ayuda; el nitrógeno solo empeora todo lo descrito. En un muro caluroso, además, ese exceso de brotes tiernos multiplica la araña roja y el pulgón, como se detalla en el artículo sobre plagas en trepadoras.
En resumen
La rapidez es una característica permanente, no una fase: la planta que tapó el muro en dos veranos seguirá empujando contra el canalón, contra el soporte y contra la linde del vecino durante veinte años. Si el objetivo es cubrir una temporada, lo sensato es una anual —Ipomoea, Cobaea, Thunbergia, guisante de olor, judía de España—, que hace el trabajo y desaparece. Si el objetivo es permanente, hay rápidas manejables —Trachelospermum, Solanum laxum, Jasminum polyanthum, Clematis armandii, Parthenocissus tricuspidata— y hay otras que exigen estructura metálica y poda seria, como la glicinia, o que directamente no compensan en un jardín doméstico: Fallopia baldschuanica, Lonicera japonica, Campsis radicans. Y una, Araujia sericifera, cuyo cultivo está prohibido en España por figurar en el catálogo de especies invasoras.