Dos géneros de la familia de la vid, hojas parecidas, color de otoño espectacular en ambos, nombres comerciales intercambiables en los viveros y una diferencia que lo cambia todo: uno sube solo por una pared lisa y el otro no puede. Distinguir Ampelopsis de Parthenocissus antes de comprar evita el error clásico de plantar contra un muro desnudo algo que necesitaba una celosía, o de pegar a la fachada algo que después no se despega.

Ampelopsis brevipedunculata con sus frutos azules característicos

La diferencia decisiva: cómo termina el zarcillo

Los dos géneros trepan por zarcillo, y en ambos el zarcillo nace opuesto a la hoja, como corresponde a las vitáceas. La diferencia está en la punta.

En Parthenocissus tricuspidata y P. quinquefolia el zarcillo se ramifica y cada rama termina en un disco adhesivo, una almohadilla aplanada de tres a cinco milímetros que suele llamarse ventosa aunque no funcione por vacío. Al tocar una superficie, el disco se aplana contra ella, secreta un adhesivo rico en pectinas y polisacáridos que fragua en horas, y a continuación el zarcillo se contrae y se lignifica, tirando de la rama hacia el soporte. La adherencia resultante es enorme: cada disco resiste varios newtons, y en un tallo bien fijado el conjunto sostiene sin dificultad el peso de la planta y la carga de viento. No hay penetración en el material, a diferencia de las raíces adventicias del Ficus pumila; el disco se agarra sobre la superficie, y por eso funciona igual sobre vidrio, metal pintado u hormigón pulido.

En Ampelopsis el zarcillo no forma discos. Termina en punta simple o bífida y trepa enrollándose alrededor de lo que encuentra: una rama, un alambre, un barrote, la malla de una valla. Sin nada a lo que enroscarse, la planta se limita a apoyarse y a descolgarse, y en una pared lisa no sube. Es exactamente la misma mecánica de la vid.

La consecuencia práctica no admite matices. Parthenocissus cubre un muro liso por sí solo, sin estructura ninguna, y una vez cubierto es difícil de retirar sin dejar marcas de los discos. Ampelopsis exige soporte: alambre tensado, malla, celosía, pérgola, reja. Puesto contra un paramento desnudo se queda hecho un montón a los pies del muro.

Los otros caracteres que los separan

El fruto. Es lo más llamativo y lo más fácil de comprobar en otoño. Ampelopsis glandulosa var. brevipedunculata —la especie ornamental— da bayas de siete u ocho milímetros que pasan por una gama de colores en el mismo racimo: verde, crema, lila, rosa, turquesa y finalmente azul cobalto intenso, con un moteado oscuro. Ningún otro fruto europeo tiene ese azul de porcelana. Parthenocissus da bayas de un azul negruzco o negro azulado uniforme, mate, sobre pedúnculos que en quinquefolia se vuelven rojo coral y contrastan con el fruto. Los frutos de ambos son tóxicos por su contenido en oxalatos y no deben comerse.

La médula del tallo. Carácter de manual y decisivo: al cortar un tallo joven, la médula de Ampelopsis es blanca y el diafragma del nudo está presente; la de Parthenocissus es blanca también, pero el rasgo que separa a Ampelopsis de Vitis, con quien más se confunde, es que en la vid la médula es parda y la corteza se exfolia en tiras. En Ampelopsis la corteza no se desprende en tiras y presenta lenticelas visibles.

La hoja. P. tricuspidata tiene hoja simple con tres lóbulos, de aspecto parecido a una hoja de hiedra grande, aunque las hojas juveniles pueden ser trifolioladas. P. quinquefolia tiene hoja compuesta palmeada de cinco foliolos claramente separados, con peciólulo. P. henryana, más pequeña, con cinco foliolos y nervadura plateada sobre fondo verde oscuro. Ampelopsis brevipedunculata tiene hoja simple, cordiforme, con tres o cinco lóbulos poco profundos y borde tosco, áspera al tacto y de aspecto claramente aparrado; su variedad 'Elegans' lleva el follaje jaspeado de blanco y rosa, es mucho menos vigorosa y se usa en maceta. Ampelopsis aconitifolia, en cambio, tiene la hoja profundamente dividida en segmentos estrechos, muy fina.

La flor. Menor y sin valor ornamental en ambos, pero técnicamente los pétalos de Parthenocissus se abren y caen por separado, mientras que en Ampelopsis el disco nectarífero está bien desarrollado y fusionado al ovario. Es un carácter para clave botánica más que para el jardín.

Quién es quién: las especies que se venden

Parthenocissus tricuspidata (Siebold & Zucc.) Planch., la viña virgen japonesa o parra virgen de tres puntas. De Japón, Corea y China. La trepadora de fachada por excelencia, capaz de cubrir quince o veinte metros de altura. Hoja lustrosa que se aplasta contra el muro en un mosaico muy regular. Es la del rojo escarlata de octubre. Caduca, muy rústica, hasta -25 °C.

Parthenocissus quinquefolia (L.) Planch., la viña virgen americana. De Norteamérica. Más suelta, con follaje colgante en vez de aplastado, hoja de cinco foliolos y color otoñal de rojo carmesí a púrpura. Aguanta -30 °C. Ojo, porque se vende con frecuencia como P. inserta —o al revés—, y esa especie, Parthenocissus vitacea, es prácticamente idéntica pero carece de discos adhesivos: trepa como Ampelopsis, enrollando. Comprobar los discos en la planta antes de llevársela es la única garantía.

Parthenocissus henryana (Hemsl.) Graebn., china, la más decorativa de hoja y la más delicada, mejor en semisombra y en clima suave, hasta -12 °C.

Ampelopsis glandulosa var. brevipedunculata (Maxim.) Momiy., el nombre actualmente aceptado de lo que los catálogos siguen llamando Ampelopsis brevipedunculata. Del este de Asia. Vigorosa, hasta diez metros, muy rústica —hasta -25 °C—, cultivada casi exclusivamente por sus frutos azules.

Ampelopsis aconitifolia Bunge y Ampelopsis cordata Michx. son las otras dos que aparecen de vez en cuando, la primera por su hoja fina y la segunda de origen norteamericano.

El color de otoño

El espectáculo otoñal es el argumento principal de Parthenocissus, y responde a un mecanismo concreto. Al acortarse el día y bajar la temperatura, la planta reabsorbe el nitrógeno de la clorofila, que se degrada y deja ver los carotenoides amarillos que estaban ahí todo el año. Hasta ahí, como cualquier caducifolio. La particularidad del género es que además sintetiza antocianos nuevos en la hoja que va a perder, y son ellos los que producen el rojo y el púrpura.

Como esa síntesis depende de la acumulación de azúcares en la hoja y de la luz, el color sale mucho más intenso cuando el otoño trae días soleados y noches frías sin helada, y queda apagado y parduzco en otoños templados y nublados. En la España atlántica y en la meseta el efecto es notable; en el litoral mediterráneo cálido resulta más discreto. Sobre muro a mediodía o a poniente colorea antes y mejor que a la sombra.

Ampelopsis tiene un otoño más modesto: la hoja vira a amarillo y a tonos rojizos apagados, y su interés en esa estación son los racimos azules, que persisten después de la caída de la hoja y que atraen a las aves.

Ampelopsis brevipedunculata como invasora

Conviene saberlo antes de plantarla. Ampelopsis glandulosa var. brevipedunculata está considerada especie invasora en buena parte del este de Estados Unidos, donde figura en las listas de plantas nocivas de estados como Nueva York, Pensilvania, Massachusetts, New Hampshire, Connecticut y Virginia, y su venta está prohibida en varios de ellos. En Nueva Zelanda tiene también estatus de maleza declarada, y en distintos países europeos aparece en listados de alerta.

El mecanismo es el habitual: crecimiento muy rápido, fruto atractivo para las aves que dispersan la semilla a distancia, germinación fácil en suelos alterados y capacidad de cubrir la vegetación de un borde de bosque hasta ahogarla por falta de luz. Rebrota además con fuerza de la base y de fragmentos de raíz.

En España no figura hoy en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, pero el comportamiento en jardín ya da pistas: en clima húmedo se resiembra sola y aparecen plántulas a distancia del ejemplar madre. Recomendación sensata: no plantarla junto a un espacio natural, un cauce o un borde de bosque; retirar los racimos antes de que maduren si se quiere reducir la dispersión; y vigilar los rebrotes. Con la variedad 'Elegans', mucho menos vigorosa y que fructifica poco, el riesgo es bastante menor.

Parthenocissus quinquefolia no está libre de sospecha: se ha naturalizado en zonas húmedas del norte peninsular y figura como invasora en varios países centroeuropeos. Conviene la misma prudencia respecto a los espacios naturales.

Cultivo, en corto

Ambos géneros son de una rusticidad y una facilidad notables. Suelo casi indiferente con tal de que drene, tolerancia a la caliza, plantación en otoño o a finales de invierno, sol o media sombra —P. tricuspidata colorea mejor al sol, P. henryana se conserva mejor en semisombra—. Riego de apoyo los dos primeros veranos y luego solo en sequía prolongada.

La poda se hace en invierno, con la planta sin hoja, y consiste sobre todo en contener: despejar canalones, tejas, cajas de persiana, marcos de ventana y rejillas de ventilación, porque estas plantas se meten por cualquier holgura y bajo una teja levantan. En Parthenocissus hay que tener en cuenta que los discos, al retirarlos, dejan marcas y restos que suelen exigir repintado: en fachada pintada o revocada delicada, mejor emparrillado separado. Sobre hormigón, ladrillo sano o piedra el problema es menor.

Se multiplican con facilidad por esqueje leñoso en invierno, por esqueje semileñoso en verano y, en P. quinquefolia, por acodo natural donde los tallos tocan el suelo. Las plagas propias del grupo están tratadas en el artículo sobre plagas en las plantas trepadoras.

En resumen

Parthenocissus y Ampelopsis son vitáceas emparentadas y de aspecto similar, pero el zarcillo de Parthenocissus tricuspidata y P. quinquefolia acaba en discos adhesivos que le permiten subir por un muro liso, mientras que Ampelopsis solo se enrolla y necesita alambre, malla o celosía. El fruto los separa de un vistazo: azul cobalto abigarrado en Ampelopsis, azul negruzco uniforme en Parthenocissus. El color rojo de otoño, debido a antocianos de síntesis nueva, es cosa de Parthenocissus y luce más con días soleados y noches frías. Y antes de plantar Ampelopsis brevipedunculata conviene saber que está catalogada como invasora en varios países y que no debería acercarse a un espacio natural.


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