Seis familias botánicas distintas comparten en España el mismo nombre vulgar: jazmín. Solo una de ellas, las oleáceas, contiene el género Jasminum; las demás llegaron al nombre por parecido de flor y de olor. El resultado es que bajo la etiqueta de falso jazmín conviven una apocinácea que se agarra a los muros, dos solanáceas de baya venenosa, una rutácea emparentada con el naranjo y una liana norteamericana que figura entre las plantas más tóxicas del jardín ornamental. Conviene saber cuál se tiene delante, porque los cuidados no se parecen y el riesgo tampoco.
El catálogo de los que se llaman jazmín sin serlo
Trachelospermum jasminoides, el jazmín estrellado o estrella. Apocinácea de hoja perenne, coriácea y opuesta, que trepa por raíces adventicias y suelta látex blanco al cortarla. Su corola tiene cinco lóbulos torcidos en molinillo. Es el falso jazmín más plantado en jardinería urbana española y tiene artículo propio con su cultivo.
Stephanotis floribunda, también publicada como Marsdenia floribunda, el jazmín de Madagascar. Apocinácea de la subfamilia de las asclepiadeas, con flor cérea de tubo largo y corona interna, cultivada casi siempre en interior. Su nombre correcto sigue discutiéndose entre ambos géneros y las dos combinaciones circulan en viveros.
Cestrum nocturnum y Cestrum diurnum, el galán de noche y el galán o dama de día. Solanáceas arbustivas, de flor tubular estrecha, verdosa en la primera y blanca en la segunda, y baya carnosa al madurar. El perfume del galán de noche es tan intenso que en climas cálidos resulta agobiante a pocos metros.
Gelsemium sempervirens, el jazmín de Carolina o jazmín amarillo de Virginia. Gelsemiácea trepadora de flor amarilla en trompeta y floración a finales de invierno. Es la más peligrosa de la lista y merece párrafo aparte.
Solanum laxum, publicada durante décadas como Solanum jasminoides y el falso jazmín por antonomasia en los viveros. Solanácea sarmentosa de crecimiento rápido, con flores blancas o azuladas en estrella y un cono amarillo de anteras en el centro, muy distinto del tubo de un jazmín. Apenas huele.
Murraya paniculata, el azahar de la India o mirto naranja. Rutácea, o sea familia del naranjo, con hoja alterna imparipinnada llena de glándulas translúcidas que al estrujarse huelen a cítrico. La flor blanca sí recuerda al jazmín, y también al azahar; el fruto es una baya roja.
Plumeria rubra y sus parientes, la flor de mayo, franchipán o jazmín de leche. Apocinácea arbórea de ramas gruesas y suculentas que suelta abundante látex, con flores grandes de cinco lóbulos superpuestos. El apodo lechoso viene precisamente de ese látex, no del color de la flor.
Por qué se parecen: una convergencia por el polinizador
Que plantas de familias tan distantes hayan terminado con la misma flor no es casualidad ni error de los jardineros. Es convergencia evolutiva, y el agente que la produjo fue el mismo en todos los casos: los lepidópteros nocturnos de trompa larga, esfíngidos sobre todo.
Una flor que quiere ser encontrada de noche por una polilla no puede confiar en el color. Necesita ser blanca o muy pálida, porque el blanco es lo único que reflecta luz suficiente bajo la luna, y necesita emitir perfume al anochecer, que es la señal que realmente guía al insecto a distancia. Y como el visitante liba en vuelo estacionario sin posarse, la flor se abre en tubo estrecho y largo, con el néctar al fondo, donde solo alcanza una espiritrompa. Nada de guías de néctar de colores, que serían invisibles, y nada de plataforma de aterrizaje.
El perfume tampoco es casual. Los aromas de Jasminum, Trachelospermum, Cestrum y Stephanotis comparten buena parte de sus compuestos volátiles: acetato de bencilo, linalol, benzoato de metilo y trazas de indol, que en concentración alta huele francamente mal y en cantidad mínima da ese fondo animal que hace reconocible al jazmín. Familias distintas, misma receta química, porque el receptor al que iba dirigida era el mismo. A ese conjunto de rasgos los botánicos lo llaman síndrome de polinización esfingófilo, y explica por qué el ojo humano agrupa como jazmines cosas que la botánica separa por completo.
Cómo reconocer un Jasminum de verdad
El género Jasminum pertenece a las oleáceas, la familia del olivo, el aligustre y la lila. Cuatro comprobaciones bastan para salir de dudas, y ninguna requiere lupa:
Cuenta los estambres. Las oleáceas tienen siempre dos, insertos dentro del tubo y difíciles de ver sin abrir la flor, pero solo dos. Apocináceas, solanáceas y rutáceas tienen cinco. Este carácter no falla.
Corta un trozo de tallo. Si sale látex blanco, no es un jazmín: es apocinácea, es decir Trachelospermum, Stephanotis o Plumeria. Ningún Jasminum tiene látex.
Mira la disposición de la hoja. En la mayoría de los jazmines verdaderos las hojas nacen opuestas, dos por nudo y enfrentadas, y muchas son compuestas, con foliolos apareados y uno terminal. Hay excepciones dentro del propio género: el jazmín silvestre ibérico las tiene alternas y trifolioladas, y aun así es un Jasminum legítimo.
Cuenta los lóbulos de la corola. Un jazmín abre de cuatro a nueve lóbulos según la especie, sobre un tubo cilíndrico. Las apocináceas abren cinco, siempre cinco, y con frecuencia solapados en hélice como las aspas de un ventilador.
El fruto remata la identificación cuando llega: los jazmines dan una baya negra brillante, casi siempre doble, con los dos lóbulos soldados por la base. Trachelospermum y Stephanotis dan folículos secos que se abren y liberan semillas con vilano; las solanáceas, bayas jugosas.
El aviso: varios falsos jazmines son tóxicos
Esto importa antes que cualquier consideración estética, y particularmente si hay niños o animales en la casa.
Gelsemium sempervirens es tóxica en todas sus partes y en dosis muy bajas. Contiene alcaloides indólicos que actúan sobre el sistema nervioso; la intoxicación es grave y se han descrito casos también por su miel. No es planta para plantar junto a una zona de juego ni para tener al alcance de un animal que ramonee. Si se cultiva, se cultiva sabiendo esto.
Los Cestrum tienen bayas venenosas. Además, Cestrum diurnum contiene glucósidos que actúan como análogos de la vitamina D y provocan calcificación de tejidos blandos en herbívoros que lo pastan de forma continuada, un cuadro bien documentado en ganado.
Solanum laxum comparte con el resto de solanáceas ornamentales los glicoalcaloides; sus frutos verdes no se comen. Plumeria y Trachelospermum no son venenosas por ingestión en sentido estricto, pero su látex irrita piel y mucosas, y conviene podarlas con guantes y no frotarse los ojos después.
Frente a todo esto, el Jasminum verdadero es una planta inocua, sin toxicidad relevante descrita, cuyas flores incluso se emplean para aromatizar té. La distinción, por tanto, no es un capricho de nomenclatura.
Sobre la fama medicinal que arrastran varios de estos nombres —desde el aceite de jazmín hasta los preparados tradicionales con Gelsemium— conviene separar tradición de evidencia: el uso histórico está documentado, la eficacia clínica no, y en el caso del Gelsemium el margen entre una cantidad activa y una peligrosa es estrechísimo. Cualquier planta de esta lista puede interferir con medicación, especialmente sedantes y anticoagulantes. La consulta es del médico o del farmacéutico, no del jardinero.
Qué hacer con esta información en el vivero
La etiqueta de un vivero rara vez basta. Ante una planta rotulada como jazmín, y sin flor abierta que examinar, tres preguntas resuelven casi todo el problema práctico.
¿Es perenne o pierde la hoja? Perenne y coriácea apunta a Trachelospermum; perenne y blanda, a Solanum laxum o a Cestrum; caduca o semiperenne con hoja compuesta y fina, a Jasminum officinale.
¿Se agarra sola? Trachelospermum sí, mediante raicillas. Los jazmines verdaderos no: son volubles y necesitan alambre, celosía o tutor, cuestión tratada en el artículo sobre colocación de enredaderas. Solanum laxum tampoco se agarra, se apoya y se enreda.
¿De qué color es la flor y cuándo sale? Amarilla en pleno invierno señala a Gelsemium o a los jazmines amarillos de floración temprana; blanca en verano y con perfume que arranca al caer el sol, a un Jasminum auténtico.
En resumen
La palabra jazmín cubre en español al menos siete plantas ajenas al género Jasminum, repartidas entre apocináceas, solanáceas, rutáceas y gelsemiáceas. Se parecen porque la selección natural las moldeó para el mismo polinizador nocturno: flor blanca, tubo largo, perfume al anochecer. Se distinguen con cuatro comprobaciones —dos estambres, ausencia de látex, hoja habitualmente opuesta y corola de cuatro a nueve lóbulos— y la distinción tiene consecuencias, porque entre los falsos hay especies con bayas venenosas, látex irritante y, en el caso del Gelsemium sempervirens, toxicidad seria en cantidades pequeñas. El jazmín verdadero, en cambio, es inofensivo.