Febrero y marzo tienen su propio jazmín, y no se parece al de julio: es amarillo, no huele, no trepa enroscándose y florece cuando el resto del jardín todavía está parado. El jazmín de primavera es casi siempre Jasminum mesnyi, y muy cerca de él, adelantándose incluso a la Navidad, está Jasminum nudiflorum, el de invierno. Se confunden constantemente y se podan igual de mal, así que conviene empezar por separarlos.
El ala amarilla del género
Dentro de Jasminum conviven dos mundos. Uno es el de las especies de flor blanca y tubo largo que perfuman al anochecer, polinizadas por mariposas nocturnas. El otro es el de las especies de flor amarilla, abierta de día y sin apenas aroma, que se anuncian por el color y no por el olor. A este segundo grupo pertenecen el jazmín de primavera, el de invierno, el jazmín silvestre ibérico y también Jasminum humile, un arbusto perenne de floración estival que conserva algo de perfume y es la excepción parcial de la familia.
Lo que hace interesantes a mesnyi y nudiflorum no es la flor en sí, que es sencilla, sino cuándo aparece: entre diciembre y abril, sobre ramas verdes y arqueadas, en el hueco del calendario donde casi nada más está en flor.
Mesnyi o nudiflorum: cinco diferencias
La hoja en invierno. Jasminum mesnyi es perennifolio o casi: llega a la floración con su follaje puesto y las flores salen entre las hojas. Jasminum nudiflorum es caducifolio, y su epíteto lo dice —nudiflorum, de flor desnuda—: florece sobre ramas completamente peladas, sin una sola hoja, y no las echa hasta que la flor ha terminado. Si en febrero se ve una maraña de varas verdes con flores amarillas y nada más, es nudiflorum.
El tamaño y la forma de la flor. La de mesnyi mide de tres a cuatro centímetros y medio, es grande para el género, suele ser semidoble, con seis a diez lóbulos superpuestos, y lleva unas marcas anaranjadas en la garganta. La de nudiflorum es sencilla, plana, de dos a dos centímetros y medio, con seis lóbulos en una sola serie.
Las fechas. Nudiflorum abre de noviembre o diciembre a marzo, con el grueso en enero y febrero, y es capaz de florecer con nieve encima. Mesnyi arranca en febrero o marzo y se prolonga hasta abril o mayo, con alguna flor suelta después.
El tamaño de los foliolos. Ambos tienen hoja opuesta y trifoliolada sobre tallo verde de sección cuadrangular, pero los foliolos de mesnyi miden de dos a ocho centímetros, lanceolados y lustrosos, y los de nudiflorum se quedan en uno a tres, mucho más menudos.
La resistencia al frío. Aquí la diferencia es grande y decide la elección. Nudiflorum aguanta -15 °C y algo más sin inmutarse: es planta de clima continental, válida en Burgos, Soria o Teruel. Mesnyi se queda en torno a -8 o -10 °C, y en zonas frías puede llegar a floración con los botones quemados. En el litoral, en Andalucía y en el Levante, mesnyi es la opción evidente por su flor mayor.
Flores que no huelen y casi nunca fructifican
La ausencia de perfume no es un defecto de estas especies, es coherencia. Una flor amarilla y diurna se comunica por la vista, y el aroma sería una inversión inútil; la lógica de esa división entre plantas nocturnas perfumadas y plantas diurnas coloreadas está explicada en el artículo sobre los falsos jazmines. Acercar la nariz a un jazmín de invierno no da nada, o da un olor vegetal tenue, y eso desconcierta a quien lo compra esperando otra cosa.
Tampoco es habitual verles fruto en España. El material de Jasminum nudiflorum cultivado en Europa procede en su mayor parte de un número muy reducido de introducciones, multiplicadas vegetativamente durante más de siglo y medio, y estas plantas son en la práctica autoincompatibles: sin polen de un individuo genéticamente distinto no cuajan baya. Además, en enero apenas hay insectos volando. El resultado es una floración copiosa que se cae entera sin dejar semilla, lo cual, dicho sea de paso, ahorra el trabajo de limpiar frutos.
Un porte que se descuelga y echa raíz al tocar el suelo
Ninguno de los dos es trepador en sentido estricto. No enroscan el tallo como el jazmín común ni se agarran con raicillas como el jazmín estrellado. Lo que hacen es emitir varas largas, verdes y flexibles, de hasta tres o cuatro metros, que crecen erguidas al principio y luego se arquean por su propio peso hasta caer.
De ese hábito se derivan dos consecuencias prácticas. La primera: para que cubran una pared hay que atarlos. Sujetos a una malla o a alambres horizontales cada cuarenta centímetros, tapan un muro con eficacia y con muy poco peso; sueltos, forman una mata desmadejada de un metro y medio de alto y dos de ancho. La segunda, y es la más útil: la punta de la vara arraiga donde toca la tierra. Es acodo natural, y ocurre solo.
Esa capacidad convierte a estas plantas en tapizantes de talud de primer orden. Colocadas en la coronación de un muro de contención o en lo alto de un desmonte, caen en cascada, van enraizando por abajo y en tres o cuatro años cosen la superficie completa. También significa que en un arriate pequeño se expanden más de lo previsto y hay que cortarles las puntas antes de que se instalen.
La poda, y el momento exacto en que se pierde la flor del año siguiente
Los dos florecen sobre la madera formada durante el verano anterior. Las varas que crecen de abril a septiembre pasan el otoño madurando y llevan los botones que abrirán en pleno invierno. Cualquier corte hecho de otoño en adelante retira precisamente ese material.
La consecuencia es una regla de una sola línea: se podan justo al terminar la floración, y no en otro momento. Para nudiflorum eso significa marzo o comienzos de abril; para mesnyi, finales de abril o mayo. La ventana es amplia por delante —cuanto antes se haga, más tiempo tiene la planta para producir varas nuevas— y se cierra hacia junio.
El trabajo tiene dos partes. Una, acortar: se recorta a un tercio de su longitud todo lo que ha florecido, cortando por encima de un par de hojas o de un nudo. Cada corte fuerza brotes laterales que serán la floración siguiente. Otra, renovar: se eliminan a ras de suelo entre un cuarto y un tercio de las varas más viejas y leñosas, las que ya florecen poco y se han quedado grises. Repitiendo esa proporción cada año la planta se renueva por completo cada tres o cuatro temporadas y nunca envejece.
Una mata que lleva años sin podarse se convierte en una maraña de varas muertas por dentro que florece solo en la superficie. Se rejuvenece cortándola entera a treinta centímetros del suelo en primavera; rebrota con fuerza, y se sacrifica una floración a cambio de recuperar la planta.
Dónde plantarlos y cómo cuidarlos
Situación. Los dos aceptan sol pleno y media sombra, y nudiflorum es de las pocas plantas de floración invernal que funciona de verdad en pared orientada al norte, lo que le da un papel difícil de sustituir; hay más opciones para esa exposición en la selección de trepadoras para sombra. Con sol florecen más, con sombra florecen menos pero aguantan. Un detalle a tener en cuenta con nudiflorum: si se planta en solana muy expuesta al levante frío, las flores abiertas se dañan con las heladas nocturnas; en umbría, al abrirse más despacio, duran más.
Suelo. Indiferentes. Toleran caliza, arcilla, suelo pobre y compactación urbana, siempre que no haya encharcamiento permanente. Nudiflorum resiste además la contaminación y la salinidad moderada, motivo por el que abunda en jardinería de vía pública.
Riego. Moderado. Los dos primeros años, un riego semanal en verano; después, casi nada en el interior peninsular y algún apoyo puntual en agosto. No son plantas de regadío y el exceso de agua les provoca crecimiento blando y pudrición de cuello.
Abonado. Un aporte de compost o de abono de liberación lenta en febrero es suficiente para todo el año. Insistir con nitrógeno produce varas larguísimas que florecen poco.
Multiplicación. Trivial por acodo, aprovechando la tendencia natural: se sujeta una vara al suelo con una horquilla en primavera y al otoño está enraizada. También por esqueje semileñoso de quince centímetros en verano, sin necesidad de hormona ni de calor de fondo, con un porcentaje de éxito alto. La división de una mata vieja con sus renuevos ya enraizados es igualmente viable en invierno.
Problemas. Pocos. Pulgón en los brotes tiernos de abril y algún ataque de cochinilla en plantas viejas y apelmazadas, que se resuelve podando y aclarando. La antracnosis o la mancha foliar aparecen en emplazamientos húmedos y sin ventilación, y también se corrigen abriendo la mata.
En resumen
El jazmín de primavera es Jasminum mesnyi, perennifolio, de flor amarilla grande y semidoble entre febrero y mayo, resistente hasta unos -8 o -10 °C. Su pariente Jasminum nudiflorum es caducifolio, florece de diciembre a marzo sobre ramas desnudas, con flor sencilla y menor, y aguanta -15 °C y una pared al norte. Ninguno de los dos perfuma, porque su flor amarilla y diurna se anuncia por el color, y rara vez fructifican en Europa. Tampoco trepan: emiten varas arqueadas de hasta tres o cuatro metros que hay que atar a un soporte y que enraízan solas donde tocan el suelo, lo que los hace excelentes para taludes y coronaciones de muro. Florecen sobre la madera del verano anterior, de modo que se podan inmediatamente después de florecer —marzo para nudiflorum, abril o mayo para mesnyi— acortando lo florecido y retirando cada año un tercio de las varas viejas.