Trachelospermum jasminoides se sujeta al muro con raíces que le nacen del tallo, no con zarcillos ni con tallos que se enroscan, y de ese detalle mecánico se derivan casi todas sus virtudes y sus dos o tres inconvenientes. El jazmín estrellado no es un Jasminum: es una apocinácea, pariente de la adelfa, con hoja perenne y látex blanco. Comparte con los jazmines la flor blanca perfumada y poco más, asunto tratado en el artículo sobre los falsos jazmines.

Trachelospermum jasminoides cubriendo un muro

La mecánica del agarre

A lo largo de los tallos, sobre todo en la cara que queda en contacto con una superficie, la planta emite raíces adventicias: raicillas cortas, pardas, que buscan grietas y rugosidades y se anclan en ellas. El sistema es el mismo de la hiedra, pero con dos diferencias importantes.

La primera es que el agarre es más débil. La hiedra desarrolla almohadillas adhesivas capaces de sostener el peso de una rama gruesa; el jazmín estrellado, no. Sus raicillas fijan el tallo joven contra la pared, y funcionan bien sobre revoco rugoso, ladrillo visto, piedra o madera, pero patinan sobre pintura lisa, aplacado pulido o mortero fratasado. La consecuencia práctica es que hay que atarlo los primeros años, o darle una malla o unos alambres horizontales, y no confiar en que suba solo por una fachada lisa.

La segunda es que penetra mucho menos. Las raíces del jazmín estrellado se limitan a agarrarse a la superficie, sin engrosar dentro de las juntas ni desconchar el revoco como hace una hiedra vieja. Deja marca —una retícula de restos pardos si se arranca—, pero no destroza el paramento. La cuestión general de separación del muro, anclajes y daño al revestimiento está desarrollada en el artículo de colocación de enredaderas, y aquí basta con retener que este es un caso benigno.

Además de esas raíces, los tallos jóvenes tienen cierta tendencia a enroscarse alrededor de lo que encuentran, de manera que sobre una reja o una malla combina los dos sistemas y se sujeta muy bien.

Por qué ha desplazado a la hiedra en la jardinería urbana

En cubrición de muros de contención, medianeras, cerramientos de aparcamiento y jardineras de acompañamiento viario, esta especie ha ido ocupando el espacio que antes tenía Hedera helix. Las razones son concretas:

Pesa menos y crece menos. Una hiedra adulta sobre una fachada acumula toneladas de biomasa y acaba levantando cornisas y colándose bajo las tejas. El jazmín estrellado forma una capa de veinte o treinta centímetros de espesor que se mantiene con un recorte anual.

No se hace invasor. No produce fruto carnoso en nuestro clima, así que no se dispersa por los pájaros, y su capacidad de colonizar por sí solo es baja.

Florece y huele. Tres o cuatro semanas de flor blanca muy perfumada en mayo, cosa que la hiedra no ofrece.

Aguanta la sombra parcial. Con tres o cuatro horas de sol vive bien y florece de forma aceptable; en sombra franca crece y florece poco, pero se mantiene verde y denso, lo que lo hace válido para patios de manzana y medianeras al norte. Otras opciones para esa situación en la lista de trepadoras para sombra.

Resiste el frío mejor de lo que sugiere su aspecto. Una planta establecida en suelo soporta -10 °C, y ejemplares viejos han pasado puntas de -12 °C perdiendo hoja y rebrotando. En invierno es normal que el follaje se broncee o enrojezca en las zonas expuestas: es una respuesta al frío y a la luz intensa, no una enfermedad, y desaparece con la brotación de primavera.

Se poda sin drama. Tolera el recorte con tijera de setos, incluso severo, y rebrota. Eso permite mantenerlo como un panel plano y limpio junto a una ventana o una puerta.

Los dos primeros años no hace nada

Conviene anticiparlo, porque desanima. Una planta recién colocada crece con desesperante lentitud durante la primera temporada y buena parte de la segunda: unos pocos centímetros, alguna hoja nueva y poco más. Da la impresión de estar estancada.

No lo está. Durante ese periodo está construyendo dos cosas: un sistema radicular profundo y una base leñosa desde la que emitirán después los tallos vigorosos. A partir del tercer año el ritmo cambia por completo y la planta pasa a producir varas de un metro o metro y medio por temporada, hasta alcanzar los seis u ocho metros en un emplazamiento favorable.

Lo que sí acelera ese arranque es cuidar los dos primeros veranos: riego regular sin encharcar, acolchado sobre el alcorque para mantener la raíz fresca, y ninguna poda salvo la eliminación de puntas secas. Lo que lo retrasa es plantar en hoyo pequeño en terreno compactado, dejarlo sin agua en agosto o abonar con nitrógeno para forzarlo, que solo produce brotes blandos.

La floración

Ocurre entre mayo y julio, con el máximo en mayo y junio en la mayor parte de España, y a veces una segunda tanda pequeña a finales de verano. Las flores se agrupan en cimas axilares y terminales; cada una mide unos dos centímetros y tiene cinco lóbulos blancos dispuestos en hélice, solapados como las aspas de un molinillo, sobre un tubo estrecho. El botón es cremoso o ligeramente amarillento antes de abrir.

El perfume es intenso, algo más dulce y empalagoso que el de un jazmín verdadero, y también sube al atardecer. En un patio cerrado y en una noche calurosa puede resultar excesivo, así que conviene pensarlo antes de plantarlo pegado a la ventana de un dormitorio.

La floración es superficial: sale de los brotes del año que están expuestos a la luz. Una planta muy densa florece solo en la capa exterior, y una recortada a fondo en el momento equivocado no florece en absoluto.

Flores blancas en molinillo del jazmín estrellado

El látex: podar con guantes

Conviene decirlo antes de hablar de tijeras. Como todas las apocináceas, esta planta contiene látex blanco y pegajoso que mana en cuanto se corta un tallo o se arranca una hoja. Ese látex irrita la piel y sobre todo las mucosas; en personas sensibles produce enrojecimiento y picor, y el contacto con los ojos es doloroso y puede causar conjuntivitis química.

No es una planta peligrosa ni hay que renunciar a ella, pero el recorte anual de una superficie grande implica horas de contacto con savia fresca, así que:

Guantes siempre, y de puño largo si se poda por encima de la cabeza. Gafas de protección cuando se recorta con tijera de setos, porque saltan fragmentos con savia. No frotarse los ojos ni la cara durante el trabajo, que es la vía habitual del accidente. Lavarse con agua y jabón al terminar, y limpiar las hojas de la tijera, porque el látex seco es difícil de retirar después.

Los restos de poda no se dejan al alcance de animales que ramoneen. La toxicidad por ingestión es baja comparada con la de la adelfa, su pariente próxima, pero el látex resulta irritante también en la boca. Sin dramatizar: se maneja con guantes y no pasa nada.

Recorte y conducción

La ventana correcta es junio o julio, en cuanto termina la floración, y por la misma razón que en el resto del bloque: los brotes que crezcan a partir de ahí llevarán la flor del año próximo. Un recorte de invierno la elimina.

Conducción inicial. Los dos primeros años se seleccionan tres o cuatro varas principales y se atan en abanico sobre el soporte, separadas entre sí, con cinta blanda y sin apretar. Repartir la base es lo que evita que años después la planta tenga las piernas peladas y toda la masa arriba.

Mantenimiento anual. Recorte de la superficie con tijera de setos hasta dejar el espesor deseado, retirada de las varas que se separan del plano y se van hacia fuera, y limpieza de lo seco del interior. Si crece sobre una malla, conviene revisar que ningún tallo esté estrangulando el alambre.

Rejuvenecimiento. Una planta vieja y descarnada admite un corte severo, dejando la estructura leñosa a un metro del suelo, en primavera. Rebrota, aunque más despacio que una hiedra, y tarda dos temporadas en volver a estar presentable. Es preferible hacerlo por partes, un tercio cada año, y no de una vez.

Cultivo

Suelo. Se adapta a casi todo si drena. Prefiere ligeramente ácido o neutro; en suelos muy calizos y con riego de agua dura amarillea entre nervios, y se corrige con quelato de hierro y acolchado de materia orgánica. En jardinera o maceta, sustrato con un tercio de material drenante y contenedor amplio; aguanta el cultivo en balcón mejor que casi cualquier otra trepadora, situación tratada en el artículo de trepadoras para balcón.

Riego. Regular los dos primeros veranos, cada tres o cuatro días en suelo y a diario en maceta durante la ola de calor. Establecido en litoral resiste bastante sequía; en el interior, con veranos largos, agradece un riego profundo semanal. El acolchado reduce el consumo de forma notable.

Abonado. Un abono de liberación lenta en marzo y otro en junio bastan en suelo. En maceta, abono líquido de floración cada quince días entre abril y septiembre.

Plagas. Cochinilla algodonosa en el interior de la masa y araña roja en muros muy calientes y secos, que es la situación clásica del microclima de fachada; el diagnóstico y el manejo, en el artículo de plagas de trepadoras. Aclarar la planta ventila y previene ambas.

Multiplicación. Esqueje semileñoso de diez a quince centímetros en julio, con hormona y ambiente húmedo; enraíza en seis u ocho semanas. El acodo de una vara baja es todavía más sencillo.

Variedades y parientes

'Variegatum' y 'Tricolor', con hoja marginada de crema o teñida de rosa, tienen menos vigor y florecen menos; se plantan por el follaje y quedan bien en jardinera. 'Star of Toscana' abre flor amarilla en lugar de blanca, con perfume algo más suave. 'Pink Showers' tira a rosado.

Conviene conocer también a Trachelospermum asiaticum, muy parecido pero de hoja menor y más oscura, flor crema y algo más pequeña, y rusticidad mayor: aguanta unos grados más de frío, lo que lo hace preferible en zonas de invierno duro donde el jasminoides sufre.

En resumen

Trachelospermum jasminoides es una apocinácea perennifolia que trepa mediante raíces adventicias, con agarre más débil y menos agresivo que el de la hiedra: hay que atarlo al principio y no daña el revoco. Tolera media sombra, resiste unos -10 °C establecido y se recorta con tijera de setos, razones por las que ha sustituido a la hiedra en muchas fachadas urbanas. Crece muy despacio las dos primeras temporadas y se dispara a partir de la tercera hasta seis u ocho metros. Florece en mayo y junio sobre brote del año, así que el recorte se hace en junio o julio. Al podarlo suelta látex blanco irritante para piel y ojos: guantes, gafas y lavado al terminar.


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