La flor que perfuma el té de jazmín se corta cerrada, a media tarde, y no se abre hasta que se ha puesto el sol. Ese detalle de horario gobierna todo lo que se hace con Jasminum sambac —el jazmín de Arabia, la damiela, la sampaguita filipina— desde hace siglos: cuándo se recoge, cómo se aromatiza el té, por qué las guirnaldas se ensartan por la tarde y se llevan por la noche. Es un jazmín cultivado como si fuera un cultivo agrícola, porque en buena parte de Asia lo es.

Mata de Jasminum sambac en flor

Un jazmín con la hoja entera

Lo primero que llama la atención al tenerlo delante es que la hoja no está dividida. Frente a los foliolos apareados del jazmín común, Jasminum sambac presenta hojas simples, opuestas, ovadas, de cuatro a doce centímetros, gruesas, brillantes, con la nervadura hundida y el margen algo ondulado. Es perennifolio, no pierde el follaje en ningún momento del año.

El porte queda a medio camino entre arbusto y trepadora: una mata de medio metro a dos metros y medio, con ramas largas, flexibles y débilmente volubles que si encuentran soporte se enredan y suben, y si no, se arquean y forman un montón. En maceta se conduce perfectamente como arbusto compacto a base de pinzados, que es como se cultiva aquí.

Su origen está en el sur y el este de la India y las estribaciones del Himalaya oriental, aunque lleva tanto tiempo en cultivo por todo el trópico que su área silvestre original es discutible. Es flor nacional de Filipinas y de Indonesia, y en la India se vende a peso todos los días del año.

Doce horas de flor

La flor de sambac tiene una vida corta y un guion fijo, y merece la pena conocerlo porque explica todo lo demás.

Durante la mañana el botón está cerrado, blanco, turgente, con forma de husillo. Entre las seis y las nueve de la tarde, según la estación y la temperatura, los lóbulos se separan y la flor se abre por completo en cuestión de un par de horas. La emisión de perfume arranca justo entonces y alcanza su máximo durante la primera mitad de la noche. Hacia el amanecer la intensidad decae; a lo largo de la mañana siguiente los pétalos se ablandan, viran a un tono rosado o púrpura sucio, y a las veinticuatro horas de haberse abierto la flor cae.

El perfume, analizado, comparte el esqueleto de los demás jazmines —acetato de bencilo, linalol— pero se distingue por una proporción alta de antranilato de metilo y de indol. El primero aporta el matiz que recuerda al azahar; el segundo, en la concentración mínima en que aparece, da el fondo cálido y algo animal que hace inconfundible al sambac frente al jazmín europeo. En cantidad alta el indol huele francamente desagradable, lo que da idea de lo precisa que es la mezcla.

Por qué se recolecta en botón

Una flor ya abierta ha empezado a gastar su carga aromática y le quedan pocas horas de vida útil. Un botón a punto, en cambio, la conserva entera y la liberará donde uno decida ponerlo. De ahí la práctica constante en todos los países donde se cultiva: la recolección se hace por la tarde, a mano, botón a botón, eligiendo los que están hinchados y blancos y descartando los verdes y los que ya asoman lóbulo.

Un recolector experimentado distingue a simple vista el botón que abrirá esa misma noche del que tardará dos días. Los botones recogidos se mantienen frescos y sombreados unas horas y se emplean antes de la medianoche. Después de eso ya no sirven.

En las guirnaldas —la sampaguita filipina, la gajra india que se prende al pelo, el phuang malai tailandés— los botones se ensartan cerrados con aguja e hilo de algodón a última hora de la tarde. Se venden así, blancos y compactos, y se abren ya puestos, de manera que quien la lleva recibe la floración completa a lo largo de la velada. La guirnalda no es un adorno que huela: es un dispositivo para que la flor se abra encima de una persona.

El té de jazmín: la flor como ingrediente industrial

Aquí la mecánica nocturna se vuelve proceso de fábrica. El té de jazmín chino no lleva flores dentro —las que aparecen en algunas presentaciones son decorativas y se añaden al final—, sino hoja de té verde que ha absorbido el aroma por contacto.

El procedimiento, en esencia: se cosechan los botones a media tarde y se llevan a la sala de aromatización. Allí se alternan capas de botones y de té seco y se dejan juntos toda la noche. Al abrirse, las flores liberan sus volátiles y la hoja de té, higroscópica y porosa, los fija. Por la mañana se separan las flores agotadas, se vuelve a secar el té para eliminar la humedad que ha tomado, y la operación se repite con flores nuevas.

El número de rondas define la calidad: un té corriente recibe dos o tres, y los grados finos pueden pasar por siete o más noches consecutivas, cada una con su tanda de flores frescas y su secado intermedio. De ahí la diferencia de precio, y de ahí que un buen jazmín de té sepa a jazmín sin necesidad de que se vea un solo pétalo.

La perfumería fina, en cambio, se abastece sobre todo de otra especie del género; el proceso industrial de extracción está contado en el artículo del jazmín real.

Las formas dobles

La especie silvestre tiene corola sencilla, con cinco a nueve lóbulos en una sola serie. El cultivo ha seleccionado formas con muchos más pétalos, y las tres que se encuentran en vivero español son bien distintas entre sí:

'Maid of Orleans'. Semidoble, de dos series de pétalos, flor redondeada de dos centímetros. Es la más productiva con diferencia: florece en tandas continuas, aguanta mejor el manejo y es la que se planta cuando lo que se quiere es cantidad de flor y perfume.

'Belle of India'. Doble, con pétalos alargados y estrechos que le dan un aspecto desmelenado, casi de crisantemo pequeño. Muy perfumada y de crecimiento vigoroso.

'Grand Duke of Tuscany'. La forma más llamativa: flores dobles y apretadas de tres o cuatro centímetros que parecen camelias en miniatura y duran dos o tres días en la planta en lugar de una noche. A cambio, la mata crece despacio, florece con menos abundancia y el perfume, aunque está, se difunde peor porque los pétalos apiñados dificultan la evaporación. Es planta de colección y de maceta grande, no de producción.

Todas las formas dobles son estériles o casi, de modo que no dan fruto y toda su energía va a la flor siguiente.

Flores blancas de Jasminum sambac

Floración en oleadas: cómo provocar la siguiente

Este es el punto donde el sambac se aparta de sus parientes y donde más se equivoca quien lo trata como a un jazmín europeo. Jasminum sambac florece sobre madera del año, sobre el brote nuevo, no sobre la del año anterior. Cada rama tierna que emite termina en una cima de tres a doce botones, se abre, se agota y se para.

El resultado es una floración por tandas: en cuanto la temperatura nocturna se estabiliza por encima de los 18 °C, la mata produce una oleada cada tres a seis semanas, y sigue así mientras dure el calor. En clima tropical no para en todo el año; en la costa española, de mayo a octubre, con tres o cuatro tandas por temporada.

Y como la flor sale del brote nuevo, el pinzado provoca floración. En cuanto una tanda se ha marchitado, se despuntan las ramas que han florecido cortando por encima de un par de hojas sanas. Cada corte fuerza dos brotes laterales, y cada brote traerá su ramillete. Una planta pinzada después de cada oleada da bastante más flor que una dejada a su aire, y además se mantiene compacta. Es exactamente lo contrario de lo que hay que hacer con el jazmín común, y la razón de que existan calendarios de poda distintos por especie, resumidos en el artículo sobre por qué un jazmín no florece.

Cultivo en España

El frío es el factor limitante. De todo el género es el menos resistente: por debajo de 10 °C detiene el crecimiento y empieza a soltar hoja, hacia los 5 °C sufre daños serios, y una helada de cualquier intensidad lo mata. Al aire libre y sin protección solo prospera en Canarias y en enclaves muy abrigados del litoral de Málaga, Almería, Murcia y Alicante. En el resto del país es planta de maceta que sale al exterior de mayo a octubre y pasa el invierno bajo techo.

La invernada. Interior luminoso, cerca de una ventana bien orientada, con la temperatura entre 12 y 16 °C y el riego reducido a la mitad, lo justo para que el sustrato no llegue a secarse. No es reposo total: mantiene la hoja y hay que seguir vigilándolo. Una habitación caldeada a 22 °C con aire seco es peor que una fresca, porque le trae araña roja y no le da la floración a cambio.

Luz. Cuanta más, mejor, con sol directo de mañana. En sombra crece y no florece.

Sustrato y agua. Prefiere pH ligeramente ácido, entre 5,5 y 6,5. En sustrato calizo o regado con agua dura amarillea entre los nervios por bloqueo del hierro; se corrige con quelato de hierro y, mejor aún, evitando el problema con una mezcla de turba, compost y perlita y agua de lluvia o filtrada. Riego generoso en pleno crecimiento, manteniendo el cepellón húmedo sin llegar al plato encharcado. Agradece humedad ambiental alta: bandeja de arcilla expandida con agua debajo de la maceta.

Abonado. Cada quince días de abril a septiembre, con fórmula rica en potasio. Después de cada tanda de flor conviene reforzar, porque la siguiente sale de brote nuevo y el brote nuevo cuesta energía.

Multiplicación. Esqueje semileñoso de dos o tres nudos en junio o julio, con hormona y calor de fondo en el sustrato, que aquí marca la diferencia entre enraizar y pudrirse. El acodo aéreo también funciona bien.

Plagas. Cochinilla algodonosa en las axilas, araña roja con aire seco y mosca blanca en invernadero. Revisión del envés al entrar y al sacar la planta cada temporada; el detalle del manejo está en el artículo sobre plagas de trepadoras.

En resumen

Jasminum sambac es el jazmín de Arabia o damiela: arbusto perennifolio semitrepador de hoja simple y opuesta, con flor blanca que se abre al atardecer, perfuma durante la noche y cae a las veinticuatro horas. Esa cronología explica que se recolecte en botón y a última hora de la tarde, tanto para las guirnaldas asiáticas como para aromatizar el té verde por capas y en varias noches sucesivas. Florece en oleadas cada tres a seis semanas sobre madera del año, de modo que pinzar tras cada tanda multiplica la flor. Cultivarlo en España exige clima cálido o invernada protegida entre 12 y 16 °C, sustrato algo ácido, agua blanda y mucha luz: por debajo de 5 °C sufre y con helada se pierde.


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