El ejemplar de metro y medio que se vende en el centro de jardinería casi nunca ha crecido en esa maceta. Se ha producido cortando una rama grande de una planta madre, dejándola cicatrizar y plantándola: es un esqueje enraizado, con un sistema radicular pequeño en relación con la masa que sostiene. De ahí vienen los dos problemas que se repiten con la Euphorbia ingens en casa, y ninguno es de riego ni de luz: se vuelca y se pudre por la base.

La comprobación se hace en el momento de comprar y tarda cinco segundos: agarra el tallo por la mitad y muévelo con suavidad. Si el tallo gira dentro del sustrato o se balancea como un palo clavado en arena, no está enraizado y necesita otros seis meses de cuidados muy concretos antes de comportarse como una planta normal.

Euphorbia ingens, tallo suculento verde oscuro con costillas y estrangulamientos

Qué hacer los primeros seis meses si no está enraizada

Un esqueje grande que aún no ha hecho raíz vive de sus reservas. Regarlo como a una planta establecida es la forma más rápida de perderlo, porque el agua se queda en el sustrato sin que nada la absorba y ataca el corte cicatrizado de la base.

  1. No lo trasplantes. Déjalo en su maceta original al menos un año, aunque se vea desproporcionada.
  2. Riega muy poco. Un riego ligero cada tres o cuatro semanas en primavera y verano, y nada en absoluto de noviembre a marzo, hasta que compruebes que ha agarrado.
  3. Sujétalo. Un tutor de madera o de metal atado con cinta ancha en dos puntos, sin apretar. Cada bamboleo rompe las raicillas nuevas.
  4. Dale luz y calor. El enraizamiento necesita temperatura: entre 22 y 28 °C es cuando ocurre. En invierno no pasa nada.
  5. Comprueba cada dos meses moviendo el tallo. Cuando deje de girar, está enraizado y pasa al régimen normal.

El árbol que hay detrás de la planta de maceta

Euphorbia ingens E.Mey. ex Boiss. es un árbol suculento del sur de África: Sudáfrica, Esuatini, Zimbabue, Mozambique, Botsuana y Angola, en laderas rocosas y sabana arbolada. Alcanza de 6 a 12 metros, con un tronco leñoso y una copa densa y redondeada formada por decenas de ramas verdes segmentadas. En su tierra es un árbol de paisaje, y su nombre de árbol candelabro se refiere a esa arquitectura.

Encerrada en una maceta y con luz suficiente, esa envergadura se reduce a 20 o 30 cm de altura ganados por temporada. No ramifica mientras el ápice esté intacto, así que durante los primeros años es una columna. Si te interesa su comportamiento como árbol de jardín en climas cálidos, está desarrollado en el árbol candelabro.

Cómo distinguirla de las otras columnas verdes de la tienda

En el mismo pasillo suele haber tres o cuatro euforbias columnares con etiquetas intercambiables. La ingens tiene un rasgo propio muy reconocible: los estrangulamientos. El tallo no es un cilindro continuo, sino una sucesión de segmentos separados por cinturas, como una serie de vainas encajadas. Cada segmento corresponde a un periodo de crecimiento.

  • Frente a la E. trigona: la trigona tiene tres aristas, hojitas verdaderas en los bordes y tallo más fino; la ingens tiene cuatro o cinco costillas, no tiene hojas visibles y es mucho más gruesa.
  • Frente a la E. lactea: la lactea lleva un jaspeado blanquecino característico en el centro de cada cara; la ingens es de un verde oscuro uniforme y brillante.
  • Frente a la llamada E. acrurensis: esa, que en realidad suele ser E. ammak, tiene el borde de la costilla muy ondulado y espinas evidentes en pares, y un tono grisáceo o azulado; la ingens apenas tiene espinas, de uno o dos milímetros, y el borde es más recto.

Y frente a cualquier cactus: no tiene areolas, esos cojinetes de fieltro de donde salen las espinas de los cactus, y suelta látex blanco al herirla. Son dos familias sin parentesco que han llegado a formas parecidas por separado.

Cuando se rompe una rama: aquí el látex sale por litros

La advertencia de seguridad de esta especie tiene un componente de escala. Un tallo de ingens de ocho centímetros de diámetro contiene un volumen enorme de látex a presión, y una rotura accidental (una caída, un golpe con la aspiradora, una rama que se parte por su peso) libera un chorro que sigue manando durante minutos y que salpica lejos.

Los ésteres de diterpenos responsables de esa agresividad son los mismos que en cualquier euforbia, pero aquí van disueltos en un volumen de savia que ninguna suculenta de mesa maneja. La piel enrojece y escuece, y a las pocas horas pueden brotar ampollas; el ojo alcanzado duele, lagrimea y ve turbio, con antecedentes publicados de queratoconjuntivitis por savia de euforbias arborescentes que hubo que tratar en el hospital.

Qué hacer:

  • Antes: guantes de nitrilo, gafas de protección y manga larga siempre que vayas a cortar, trasplantar o mover un ejemplar grande. Cubre el suelo con plástico, porque la savia mancha lo que toca.
  • Sobre la piel: arrástrala primero con papel de cocina en seco; solo después, agua abundante y jabón.
  • Dentro del ojo: irrigación de 15 a 20 minutos con suero fisiológico o con el grifo, y urgencias de oftalmología ese mismo día aunque la molestia haya remitido.
  • Tragada: teléfono del Servicio de Información Toxicológica, y en ningún caso hacer vomitar.
  • Para taponar la herida de la planta: pulveriza el corte con agua fría; el látex coagula y deja de manar en un par de minutos.

La base marrón: distinguir corcho de podredumbre

Es la consulta más repetida sobre esta especie y tiene dos respuestas opuestas.

Suberificación. Con los años, la parte baja del tallo pierde el verde y se convierte en una corteza parda, rugosa y dura y seca al tacto. Es el proceso normal por el que la planta forma tronco, empieza por la base y sube despacio. No se puede revertir y no hay que hacer nada.

Podredumbre. La zona parda está blanda, hundida, húmeda y a veces huele. Suele empezar en el cuello o en una herida y avanza hacia arriba en semanas. Es el resultado de regar en frío, de agua estancada en el plato o de un esqueje mal cicatrizado.

Si es podredumbre, la única salida es cirugía: se corta el tallo bastante por encima del límite del tejido dañado, se comprueba que el corte sale de un verde limpio y no jaspeado de marrón, se pulveriza con agua para detener el látex, se deja el trozo sano de tres a cinco semanas de pie, a la sombra y con aire corriendo, hasta que forme callo, y se replanta en sustrato mineral seco. La parte de abajo se descarta.

Riego: dos regímenes distintos

Planta ya enraizada y asentada. Sustrato completamente seco entre riegos, siempre.

  • De mayo a septiembre: riego a fondo cada 12-20 días.
  • Abril y octubre: cada 4 semanas, ligero.
  • De noviembre a marzo: nada, o un vaso de agua cada 6-8 semanas si la habitación está por encima de 18 °C y la planta se arruga mucho.

Planta recién comprada o no enraizada. La mitad de eso, y nada en invierno.

La regla que evita la mayoría de los desastres: con una previsión de menos de 12 °C por delante, no se riega. Frío y humedad juntos son lo que pudre. El plato, siempre vacío.

Sustrato, maceta y estabilidad

Sustrato de dominio mineral: la mitad, gravilla silícea de 3 a 6 mm; una cuarta parte de perlita, o bien de pómice; el cuarto restante, sustrato para cactus. Rematado con dos centímetros de grava en superficie, que mantienen seco el cuello.

La maceta es una cuestión de física, no de botánica. Una columna de dos metros con toda la masa arriba y una raíz superficial tiene el centro de gravedad muy alto:

  • Barro cocido, nunca plástico ligero.
  • Ancha antes que profunda, aunque sobre sustrato.
  • Lastre de grava gruesa o de piedras en el fondo.
  • Tutor mientras no esté bien enraizada, y también después si el ejemplar es alto.
  • Lejos de puertas, pasillos estrechos y sitios donde jueguen niños. Una caída rompe la planta, mancha de látex y puede herir a alguien.

Trasplante cada tres o cuatro años, en mayo, subiendo un solo tamaño, y con todas las protecciones puestas.

Luz, quemaduras y aclimatación

Quiere el sitio más luminoso disponible: ventana al sur o al oeste, con sol directo. Con luz escasa el tallo se estrecha hacia arriba y esa parte fina no vuelve a engordar nunca.

El error a evitar es el contrario: sacarla de golpe a la terraza en abril. Una planta que ha pasado el invierno tras un cristal se quema con el primer sol pleno, y la quemadura aparece como una gran mancha decolorada, amarillenta o parda, en la cara expuesta. Se aclimata en dos o tres semanas, empezando por sombra clara y aumentando la exposición cada pocos días. Gírala también, para que no siempre sea la misma cara la que reciba.

Frío: hasta dónde aguanta y dónde puede vivir fuera

Aguanta 5 °C de mínima si la maceta está seca, y a partir de 3 °C se daña: brotan manchas acuosas que luego se secan y se hunden. En España eso significa:

  • Canarias y microclimas cálidos del sureste peninsular: puede quedarse fuera todo el año, resguardada del viento.
  • Litoral mediterráneo y sur: fuera de mayo a octubre, dentro el resto.
  • Interior y norte: planta de interior, con salida a la terraza solo en pleno verano.

Poda, ramificación y esquejes

Mientras el ápice esté sano, la planta invierte todo en crecer hacia arriba. Al despuntarla, brota en varios puntos por debajo del corte y forma la copa de candelabro, que es lo que muchos buscan. Se hace en mayo o junio, con la planta en pleno crecimiento.

Los trozos cortados se enraízan sin dificultad si se respeta el tiempo de callo: pulverizar el corte con agua fría, dejar secar de tres a cinco semanas en vertical, a la sombra y con ventilación, y después apoyar sobre sustrato mineral apenas humedecido, sujeto con un tutor. Enraíza en dos o tres meses de calor. Cualquier prisa en este paso acaba en podredumbre.

Plagas

Es una planta poco atacada, y cuando lo es la culpable casi siempre es la cochinilla algodonosa, que se instala en el fondo de los surcos entre costillas, donde no se ve, y en la unión de los segmentos. Se retira con un bastoncillo empapado en alcohol isopropílico diluido y se revisa a las dos semanas.

La otra plaga a vigilar es la cochinilla de raíz, que solo se ve en el trasplante, como un polvillo blanco pegado a las raíces y a la pared interior de la maceta. Provoca detención del crecimiento sin ningún síntoma en la parte aérea.

Mascotas y niños

Ningún mamífero está a salvo de esa savia. El perro o el gato que muerda un tallo se lleva dolor de boca y babeo, y detrás suelen ir vómito y diarrea; una salpicadura en sus ojos es urgencia veterinaria. Añade el riesgo mecánico de un ejemplar alto e inestable: un gato que salta sobre él lo vuelca.

La medida sensata es sencilla: en una habitación de paso restringido, apoyada en pared, con maceta pesada y lejos del alcance. Puedes ampliar en suculentas tóxicas y peligrosas.

En resumen

La Euphorbia ingens que se vende ya grande es un esqueje de un árbol africano de hasta doce metros, y con frecuencia todavía no ha enraizado: compruébalo moviendo el tallo, y si gira, dale un año de riego mínimo, tutor y sin trasplantar. Se reconoce entre las euforbias columnares por sus estrangulamientos periódicos, su verde oscuro y sus espinas mínimas. La base parda y dura es corteza normal; la base parda y blanda es podredumbre y obliga a cortar y a recuperar la parte alta como esqueje, con tres a cinco semanas de callo. En invierno no se riega. Y cualquier rotura libera látex a presión en cantidad: guantes, gafas, y veinte minutos de agua más urgencias oftalmológicas si alcanza un ojo.


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