Con el nombre de violeta se venden en España tres plantas que no tienen parentesco entre sí. La violeta de olor (Viola odorata) es la auténtica, una vivaz de jardín que florece en febrero y perfuma. La violeta africana es Streptocarpus ionanthus (hasta hace poco Saintpaulia), una gesneriácea de interior emparentada con la gloxinia. Y la violeta de los Alpes es un ciclamen, de la familia de las prímulas. Solo la primera pertenece a las violáceas, y los cuidados de las tres no se parecen en nada.

De la de verdad hay dos cosas que explican su comportamiento: su olor desaparece a los pocos segundos de olerla y luego vuelve, por un efecto químico muy concreto; y la mayor parte de sus semillas no sale de las flores moradas de primavera, sino de unas flores diminutas que nunca llegan a abrirse y que produce en verano a ras de suelo.

Violetas de olor moradas floreciendo entre hojas acorazonadas

Tres plantas distintas llamadas violeta

Nombre popularEspecieFamiliaDónde vive
Violeta de olorViola odorataViolaceaeJardín, sombra fresca; florece de febrero a abril
PensamientoViola × wittrockianaViolaceaePlanta de temporada de otoño-invierno
Trinitaria, pensamiento silvestreViola tricolorViolaceaeSilvestre y de jardín
Violeta africanaStreptocarpus ionanthusGesneriaceaeInterior, luz filtrada, riego por abajo
Violeta de los AlpesCyclamen persicumPrimulaceaeInterior fresco o terraza, invierno

La confusión viene del color de la flor y de nada más. Si lo que se busca es la de interior con hojas peludas y roseta compacta, corresponde a los cuidados de la violeta africana; si es la de tubérculo y flores con los pétalos hacia atrás, a la violeta de los Alpes. El resto de este artículo va de las violáceas verdaderas.

Por qué el olor desaparece y vuelve

Es un fenómeno conocido desde antiguo y con una explicación bien establecida. El aroma de Viola odorata se debe sobre todo a las iononas, en particular a la beta-ionona y a la alfa-ionona.

Estas moléculas se unen a los receptores olfativos con mucha afinidad y los saturan y desensibilizan en cuestión de segundos. El resultado es que, al oler un ramillete de violetas, el perfume llega intenso durante dos o tres inspiraciones y luego desaparece por completo, aunque la flor siga emitiendo lo mismo. Basta con apartar la nariz medio minuto para que los receptores se recuperen y el olor vuelva a aparecer entero.

No hay ninguna otra flor común con este comportamiento tan marcado, y de ahí la vieja idea literaria de que la violeta es una flor esquiva que se esconde cuando se la busca. Es química de receptores, no timidez.

Las iononas se sintetizaron por primera vez en 1893 y su disponibilidad industrial cambió la perfumería: la nota de violeta que llevan innumerables perfumes y jabones no procede de la flor, que rinde muy poco, sino de esas moléculas. Lo que sí se produce de forma natural, y en cantidad, es el absoluto de hoja de violeta, extraído de las hojas de Viola odorata cultivadas en el sur de Francia: huele a verde, a pepino y a tierra húmeda, y no se parece en nada a la flor.

Las flores que no se abren nunca

Las violetas practican la cleistogamia, y lo hacen con una claridad que las ha convertido en el ejemplo de manual.

Producen dos tipos de flores completamente distintos a lo largo del año:

  • Flores casmógamas, en primavera. Son las clásicas: moradas o blancas, perfumadas, con cinco pétalos y un espolón lleno de néctar en el inferior. Se abren, se ofrecen a los insectos y buscan polinización cruzada. Producen relativamente poca semilla, y en algunos años casi ninguna.
  • Flores cleistógamas, en verano. Diminutas, verdosas, sin pétalos desarrollados y escondidas entre las hojas o incluso bajo la hojarasca. No se abren jamás: se autopolinizan dentro del capullo cerrado y producen cápsulas repletas de semilla viable. Son las responsables de la mayor parte de la descendencia.

La ventaja evolutiva es evidente: las primeras cuestan mucho (néctar, perfume, pétalos) y ofrecen variabilidad genética; las segundas cuestan poquísimo y garantizan la reproducción aunque no haya pasado ni un insecto. Una violeta juega a las dos cartas en la misma temporada.

Para el jardinero esto explica algo cotidiano: aparecen plántulas de violeta por todas partes sin que nadie haya visto flores desde marzo.

Hormigas de reparto

La dispersión de la semilla ocurre en dos etapas, y las dos son notables.

La cápsula madura se abre en tres valvas que, al secarse al sol, se contraen en forma de barquilla y aprietan las semillas hasta expulsarlas por presión, como pipas entre los dedos. Pueden salir despedidas a más de un metro.

Después entra en juego la segunda etapa. Cada semilla lleva adherido un eleosoma, un apéndice carnoso rico en lípidos y aminoácidos. Las hormigas lo detectan, cargan la semilla hasta el hormiguero, se comen el eleosoma y descartan la semilla intacta en los vertederos de la colonia, un sustrato removido, húmedo y rico en nutrientes. Es una dispersión llamada mirmecocoria, y explica que las violetas aparezcan a diez metros de la planta madre, en la base de un muro o en una grieta.

Viola odorata en el jardín

Es una vivaz rizomatosa con estolones, de 10 a 15 centímetros de alto, hojas acorazonadas en roseta basal y floración de febrero a abril en la mayor parte de España, con adelantos a enero en el sur y retrasos a mayo en montaña.

Situación: sombra o media sombra. Es planta de linde de bosque, y el sol directo del verano español la achicharra. Bajo árboles de hoja caduca está en su sitio: luz en invierno y primavera, sombra en verano.

Suelo: fresco, profundo, con materia orgánica y algo de humedad retenida. Tolera bien la caliza. Un acolchado de mantillo u hojarasca en otoño le sienta muy bien.

Riego: regular en primavera y otoño; en verano entra en semirreposo, pierde parte de la hoja y necesita poco más que evitar que el suelo se convierta en polvo.

Multiplicación: por división de mata o separación de estolones enraizados, en septiembre u octubre. Es tan fácil que basta con levantar una roseta con su raíz y plantarla en otro sitio. También por semilla, aunque necesita frío invernal para germinar y es mucho más lento; hay una guía en cómo sembrar semillas de violetas.

Cuidado con su expansión: en un sitio que le convenga, entre estolones y semilla cleistógama, se apodera del macizo. En un jardín de sombra es un cubresuelos excelente; en un arriate delicado, conviene contenerla.

Hay más detalle en cultivar violetas de olor y en cómo cuidar las violetas.

Los pensamientos son planta de invierno en España

Este es el dato que más rendimiento da y que se contradice con lo que sugiere el instinto. Los pensamientos y las violas de temporada no son plantas de primavera aquí: son plantas de otoño e invierno.

Vienen de un cruce complejo realizado en Inglaterra en la década de 1830 a partir de Viola tricolor, Viola lutea y Viola altaica, y florecen bien con temperaturas de entre 5 y 18 grados. Por encima de 25 dejan de florecer, se estiran y se pudren. En el clima español eso significa:

  • Plantación de octubre a noviembre, cuando ya ha refrescado.
  • Floración de noviembre a mayo, con el pico en marzo y abril. En el sur y el litoral, prácticamente todo el invierno sin interrupción.
  • Retirada en junio, cuando el calor acaba con ellas. Plantarlos en mayo, como se ve tantas veces, es tirar el dinero.

Los pensamientos aguantan bien la helada: se congelan, quedan mustios y por la tarde vuelven a estar erguidos. Marco de plantación de 20 a 25 centímetros; sustrato universal con drenaje; sol pleno en invierno, que es cuando lo necesitan; y abonado quincenal, porque florecen mucho y agotan la maceta.

La operación que más multiplica la floración es retirar las flores marchitas con su pedúnculo entero, dos veces por semana. Si la planta forma cápsulas con semilla, reduce drásticamente la producción de flores nuevas. Hay fichas en pensamientos, flores de invierno y en Viola cornuta, esta última de flor más pequeña y planta más resistente al calor que el pensamiento clásico.

Plagas y el mal del pensamiento

Pulgón: en los brotes tiernos y en los botones, sobre todo al final del invierno. Jabón potásico.

Araña roja: aparece en cuanto suben las temperaturas y el ambiente se seca; es una de las señales de que la temporada del pensamiento ha terminado.

Oídio: polvillo blanco en el haz, favorecido por noches húmedas y días secos. Aclarar y ventilar.

Mal del pensamiento: es el problema serio del cultivo. Hongos de suelo (Thielaviopsis, Pythium, Fusarium) pudren el cuello y la raíz, y la planta se marchita de golpe pese a estar regada. Se previene no reutilizando sustrato, no plantando pensamientos dos años seguidos en el mismo sitio y evitando el encharcamiento. Una vez declarado no tiene arreglo doméstico.

Babosas y caracoles: adoran las hojas de violeta y de pensamiento, y en invierno húmedo hacen estragos.

Las violetas silvestres españolas

La familia Violaceae reúne unos 25 géneros y en torno a 800 especies, la mayoría en el género Viola, que por sí solo supera las 600. En la península crecen alrededor de treinta, casi todas en bosques, roquedos y pastos de montaña.

Las corrientes: Viola odorata, perfumada y con estolones; Viola alba, muy parecida pero de flor generalmente blanca; Viola riviniana y Viola reichenbachiana, sin olor y de bosque; Viola canina, en pastizales; Viola arborescens, leñosa y mediterránea, de matorral seco; y la trinitaria (Viola tricolor), de flor amarilla y violeta, en cultivos y ribazos.

Y dos endemismos que merecen mención. Viola cazorlensis vive exclusivamente en fisuras de paredes calizas verticales de las sierras de Cazorla, Segura y algunas sierras próximas de Jaén y Granada. Es una planta leñosa, en cojinete, con flores rosadas de espolón larguísimo polinizadas por esfinges, y está catalogada como amenazada. Viola crassiuscula es exclusiva de las cumbres de Sierra Nevada, por encima de los 2.600 metros, donde crece en los borreguiles y pedregales de cima.

Ninguna de estas dos se recolecta ni se trasplanta: son endemismos con poblaciones muy reducidas y protegidas.

Flores comestibles y lo que no se come

Las flores de Viola odorata, de los pensamientos y de las violas son comestibles y se usan en ensaladas, repostería y como flor cristalizada con azúcar, una técnica que dio fama a las violetas de Toulouse y de Parma. Las hojas tiernas también se comen, cocidas o en ensalada, y son mucilaginosas.

Lo que no se come es el rizoma ni las semillas. La raíz de Viola odorata contiene saponinas en cantidad y tiene un efecto emético enérgico; se usó precisamente para eso en la farmacia antigua. Una ingestión importante de raíz o de semillas provoca vómitos, dolor abdominal y diarrea, sobre todo en niños. Ante una ingestión con síntomas, el Instituto Nacional de Toxicología atiende en el 91 562 04 20.

Un dato de investigación que sitúa a esta familia en un lugar inesperado: las violetas son la principal fuente conocida de ciclótidos, unos péptidos cíclicos de estructura excepcionalmente estable que resisten el calor, los ácidos y las enzimas digestivas. Se estudian como plataforma para el diseño de fármacos y como insecticidas naturales. Es química de la que se sabía poco hasta hace treinta años.

En cuanto a la tradición medicinal, Viola tricolor cuenta con monografía de uso tradicional de la Agencia Europea del Medicamento para molestias cutáneas leves, y la violeta de olor tuvo empleo como pectoral en jarabes históricos. En ambos casos se trata de uso tradicional y no de eficacia demostrada en ensayos clínicos, y cualquier empleo con intención terapéutica debe consultarse con el médico o el farmacéutico. Aquí no se describen preparaciones ni cantidades.

Para las mascotas, las violetas y los pensamientos figuran como no tóxicos para perros y gatos en los catálogos veterinarios de referencia, lo que las convierte en una opción tranquila para un balcón o un jardín con animales.

Napoleón, la violetera y los caramelos de Madrid

Pocas flores tienen una carga histórica tan concreta. Al ser desterrado a Elba en 1814, Napoleón dijo que volvería con las violetas, en primavera; sus partidarios adoptaron la flor como señal clandestina de reconocimiento y le pusieron el sobrenombre de Caporal Violette. Llevar un ramillete de violetas en la solapa durante la Restauración borbónica era una declaración política, y su venta llegó a estar mal vista.

En España la flor tiene su propio capítulo urbano. El cuplé La Violetera, estrenado en 1914 con música de José Padilla, fijó en el imaginario la figura de las vendedoras de ramilletes de violetas por las calles de Madrid, y hay una estatua dedicada a ellas junto a la calle Mayor. En 1915 abrió en la Plaza de Canalejas la confitería La Violeta, especializada en caramelos violeta con forma de flor, que sigue abierta y es una de las tiendas históricas de la ciudad.

Más atrás, Atenas era llamada por los poetas griegos la ciudad coronada de violetas, y Safo las menciona en sus versos. Es, probablemente, la flor con la tradición simbólica continuada más larga de Europa junto con la rosa.

En resumen

Solo la violeta de olor, el pensamiento y la trinitaria son violáceas de verdad; la violeta africana es una gesneriácea de interior y la violeta de los Alpes es un ciclamen. Viola odorata es una vivaz de sombra fresca que florece de febrero a abril, se multiplica separando estolones en otoño y coloniza el terreno con facilidad. Su perfume desaparece a los pocos segundos porque las iononas saturan los receptores olfativos, y vuelve al apartar la nariz. La mayor parte de su semilla no sale de las flores moradas sino de flores cleistógamas de verano que nunca se abren, y las hormigas la reparten atraídas por el eleosoma. Los pensamientos, en el clima español, son planta de otoño e invierno: se plantan en octubre, florecen hasta mayo y se retiran en junio, y su producción depende de quitar las flores marchitas dos veces por semana. Las flores se comen; la raíz, no.


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