Las únicas plantas con flor que viven sumergidas en el mar son las fanerógamas marinas, un grupo pequeñísimo dentro de las angiospermas: apenas unas decenas de especies en todo el planeta. En las costas españolas verás cuatro con facilidad, y la más conocida es la posidonia (Posidonia oceanica), endémica del Mediterráneo. Tienen raíz, rizoma, hojas de verdad, flores, frutos y semillas, igual que un roble o una lechuga. Son plantas terrestres que volvieron al agua salada hace millones de años.
Lo que casi todo el mundo llama planta marina no lo es. El quelpo, el sargazo, las algas rojas y las verdes son algas, y esa distinción no es una pedantería de manual: cambia cómo viven, cómo se reproducen y qué hacen en el ecosistema. Una alga no tiene raíces, ni flores, ni semillas, ni vasos conductores, y ni siquiera pertenece toda ella al mismo linaje. Este artículo va justo de esa frontera, de las cuatro fanerógamas que puedes ver aquí y de por qué a las praderas de posidonia se les tiene tanto respeto.
Qué es una fanerógama marina
Una fanerógama marina es una planta con flor que completa todo su ciclo bajo el agua del mar, arraigada en el fondo blando. Tiene las mismas piezas que cualquier otra angiosperma:
- Raíces de verdad, que fijan la planta y absorben nutrientes del sedimento.
- Rizoma, un tallo subterráneo que se extiende horizontalmente y va formando la mata. Es el órgano que construye la pradera.
- Hojas acintadas, con nervios paralelos y una vaina en la base.
- Flores, frutos y semillas, poco vistosos pero completos.
Están agrupadas en unas pocas familias, y todas descienden de plantas de agua dulce que fueron tolerando cada vez más sal. Es uno de los pocos casos en los que un linaje terrestre regresó del todo al mar, como hicieron los cetáceos entre los mamíferos. Encontrarás su encaje dentro del conjunto de la vegetación acuática en la ficha sobre qué son las plantas macrófitas.
Una pradera de fanerógama marina. Las hojas acintadas salen de un rizoma enterrado en el sedimento.
Por qué las algas no son plantas marinas
Las algas resuelven el mismo problema (vivir en el mar y hacer fotosíntesis) con una arquitectura completamente distinta. Su cuerpo se llama talo y no está dividido en raíz, tallo y hoja. Lo que parece una raíz en un quelpo es un rizoide o disco de fijación: agarra la planta a la roca, pero no absorbe nada. El alga toma agua, gases y sales por toda su superficie, y por eso no necesita vasos conductores ni fondo blando donde enterrarse.
Tampoco florecen. Se reproducen por esporas y gametos, con ciclos que alternan generaciones, y no producen semillas. Y no forman un grupo natural único: las algas verdes y las rojas están emparentadas con las plantas, pero las pardas (el quelpo y el sargazo) pertenecen a un linaje completamente aparte, más cercano a las diatomeas que a un rosal.
Resumido en una frase: si florece bajo el agua del mar, es una fanerógama marina. Si no, es un alga.
Alga roja sobre roca. No tiene raíces ni flores: se sujeta con un disco de fijación y absorbe por todo el talo.
Algas verdes en la rompiente. Este tapiz aguanta la desecación entre mareas, algo que ninguna fanerógama marina soporta.
Sargazo. Las bolitas son vesículas llenas de gas que lo mantienen a flote. Es un alga parda, no una planta.
Las cuatro que puedes ver en las costas españolas
Posidonia (Posidonia oceanica). Endémica del Mediterráneo. Es la grande: hojas acintadas de varios palmos, en haces de unas pocas por brote, que salen de un rizoma grueso. Sus praderas cubren fondos de arena y roca desde la superficie hasta varias decenas de metros, según lo limpia que esté el agua. La encuentras en Baleares, en el litoral levantino y en el andaluz mediterráneo.
Seba o algueró (Cymodocea nodosa). Hojas más estrechas y cortas que las de la posidonia, y mata menos densa. Es más tolerante: aguanta aguas algo más turbias y remueve mejor la arena, y aparece tanto en el Mediterráneo como en Canarias y en el golfo de Cádiz. Con frecuencia coloniza fondos antes que la posidonia.
Zosteras (Zostera marina y Zostera noltei). Son las de aguas frías y salobres. Zostera marina vive en fondos algo más profundos y Zostera noltei en llanos intermareales, donde queda al descubierto con la bajamar. Las rías gallegas y algunas bahías cantábricas y atlánticas son su terreno.
Ninguna de las cuatro es un alga, y ninguna de las cuatro se cultiva. Son ecosistema, no jardinería.
Cómo se poliniza una flor bajo el agua
Aquí no hay abejas ni viento. Las fanerógamas marinas practican la hidrofilia: sueltan el polen al agua y la corriente lo lleva hasta los estigmas de otras matas. El polen no es esférico ni seco como el de una gramínea, sino filamentoso, alargado como un hilo, lo que multiplica la probabilidad de engancharse a un estigma al pasar. Es una estrategia rarísima, limitada a un puñado de plantas acuáticas, y la tienes explicada en contexto en en qué consiste la polinización.
El fruto de la posidonia flota y se parece a una aceituna verde, y por eso aparece a veces varado en la orilla. Ahí dentro va la semilla, que germina sin pasar por ningún periodo de reposo. Ahora bien, la mayor parte del crecimiento de una pradera no viene de semillas: viene del rizoma, que avanza clonándose año tras año.
El rizoma, y por qué una pradera tarda siglos en hacerse
El rizoma de la posidonia crece unos pocos centímetros al año. No es una cifra llamativa hasta que haces la cuenta: una mata de unos metros de diámetro lleva siglos ahí, y las praderas grandes del Mediterráneo son formaciones milenarias. Además, los rizomas se van superponiendo y atrapando sedimento entre ellos, de modo que el fondo sube poco a poco y se forma una estructura elevada llamada mata, que puede tener metros de espesor acumulado.
Ese ritmo tiene una consecuencia práctica dura: lo que se destruye no vuelve en una temporada. La cicatriz que deja un ancla arrastrada sobre la mata sigue visible durante décadas.
Las hojas secas de la playa no son basura
En otoño e invierno, la posidonia pierde hojas y el oleaje las amontona en la orilla formando taludes pardos que huelen a mar. Se llaman banquetas, y muchos bañistas creen que son suciedad o alga podrida. No lo son: ese colchón amortigua el temporal y frena la pérdida de arena, de modo que la playa que se limpia a fondo cada invierno es también la playa que retrocede.
Con las hojas aparecen a veces unas bolas pardas y fibrosas del tamaño de una pelota, las egagrópilas marinas o bolas de mar. Son fibras de las vainas de las hojas que el oleaje ha ido enrollando, no huevos ni excrementos de nada. Son inocuas.
Protección y amenazas
Las praderas de Posidonia oceanica figuran como hábitat prioritario en el anexo I de la Directiva 92/43/CEE, la llamada Directiva Hábitats, bajo el tipo 1120*. Esa condición de prioritario es el nivel más alto de exigencia de conservación de la norma europea y está detrás de buena parte de los espacios de la Red Natura 2000 declarados en el litoral mediterráneo español. Varias comunidades autónomas han aprobado además normas propias sobre fondeo y seguimiento de praderas, así que antes de fondear conviene mirar la regulación concreta de la zona.
Lo que las daña, en orden de importancia práctica:
- El fondeo sobre la pradera. El ancla y, sobre todo, la cadena barriendo el fondo arrancan rizomas. Se fondea sobre arena limpia, se usan los campos de boyas ecológicas donde existan, y en muchos espacios protegidos el fondeo libre está directamente prohibido.
- La turbidez. Son plantas que necesitan luz. Cualquier cosa que enturbie el agua de forma permanente (vertidos, obras costeras, regeneraciones de playa con arena fina) las va matando por sombra, sin que se vea el daño desde fuera.
- Los vertidos de salmuera de desaladoras mal diseñadas, por exceso local de salinidad.
- Las algas introducidas del género Caulerpa, que tapizan el fondo y compiten con las matas debilitadas.
En resumen
En el mar hay plantas con flor, pero muy pocas: son las fanerógamas marinas, y en España se resumen en la posidonia, la seba y las dos zosteras. Todo lo demás que ves verde, rojo o pardo bajo el agua son algas, organismos sin raíces, sin flores y sin semillas, con un modo de vida distinto y un parentesco a veces lejanísimo con las plantas.
La diferencia importa porque la fanerógama es la que construye ecosistema: enraíza el sedimento, fija el fondo, cría peces jóvenes y tarda siglos en formar lo que un ancla estropea en un minuto. Si vas a fondear en el Mediterráneo, mira el fondo antes de soltar. Y si te encuentras la playa llena de hojas pardas en invierno, déjalas donde están, que están trabajando.