De la platanera casi siempre se habla del fruto, y la hoja se queda en el decorado. Es un desperdicio, porque la hoja de plátano es uno de los envoltorios de cocina más usados del mundo y funciona por razones concretas que se pueden explicar. Esta página afirmaba antes que las hojas servían contra la diabetes, el cáncer y el alzhéimer. Eso se ha retirado entero: en la Unión Europea no hay declaraciones de propiedades saludables autorizadas para la platanera, y las que existen están en el Reglamento (CE) 1924/2006 y las concede la Comisión, no un artículo de internet.

La hoja de plátano no se come. Es un recipiente: envuelve, aísla del fuego directo, retiene el vapor del propio alimento y le deja un aroma vegetal ligero, entre té y hierba cortada. Eso es todo lo que hace, y es bastante. El resto de esta página va de cómo se prepara para que no se te raje en las manos, que es el paso que casi nadie cuenta.

racimo de plátanos verdes en la platanera

Racimo formándose en la platanera. A la izquierda se ven el pseudotallo y las vainas foliares secas de las que salen las hojas.

Qué planta es, y por qué la hoja es así

La platanera (género Musa) no es un árbol. Es una hierba gigante, la mayor que existe, y lo que parece un tronco es un pseudotallo formado por las vainas de las hojas apretadas unas dentro de otras. Cada hoja sale enrollada por el centro del pseudotallo y se despliega arriba.

Su estructura explica el comportamiento en la cocina. Tiene un nervio central grueso y leñoso, del que salen nervaduras paralelas muy juntas y perpendiculares. Esas nervaduras son líneas de rotura: la hoja es flexible a lo ancho y se parte con facilidad a lo largo, siguiendo cualquiera de ellas. Por eso una hoja cruda se raja en cuanto intentas doblarla.

Si quieres el detalle de qué es exactamente una platanera y en qué se diferencia una banana de un plátano de Canarias, está en plátano o banana: en qué se diferencian realmente.

El paso que nadie cuenta: pasarla por el fuego

Una hoja de plátano recién cortada es rígida y quebradiza. Hay que ablandarla antes de usarla, y se hace con calor breve. Se pasa la hoja por encima de una llama, o sobre una plancha o el quemador de la cocina, moviéndola sin parar y unos segundos por cada lado, hasta que el verde mate se vuelve verde brillante y la hoja se relaja entre los dedos.

Ese cambio de color es la señal. A partir de ahí la hoja se dobla, se pliega y se ata sin partirse. Si te pasas, se quema y deja un sabor amargo y un envoltorio inútil; el punto está justo cuando brilla.

La alternativa, si no quieres manejar llama, es sumergirla unos segundos en agua hirviendo o pasarla por vapor. Funciona igual y es lo que se hace cuando se preparan muchas hojas a la vez. La hoja congelada, que es como se vende aquí, ya viene bastante dócil y a veces solo necesita descongelarse y un golpe de calor rápido.

Cómo cortarla y prepararla

El orden es siempre el mismo. Primero se lava la hoja por las dos caras con agua y un paño, porque viene de la calle y del campo. Luego se corta a lo largo del nervio central con un cuchillo o unas tijeras, y se descarta ese nervio, que no sirve para envolver. Quedan dos medias hojas.

Después se cortan los rectángulos del tamaño que pida la receta, procurando que las nervaduras queden perpendiculares al pliegue principal: la hoja dobla bien en contra de las nervaduras y se raja a favor. Se secan, se pasan por el fuego, y ya están listas.

Un truco de cocina doméstica: si la hoja se ha roto, no se tira. Se solapan dos trozos en cruz y el paquete queda igual de estanco. En muchas cocinas tradicionales se envuelve siempre con dos capas por ese mismo motivo.

Envolver, asar y cocer al vapor

El paquete de hoja de plátano hace tres cosas a la vez. Retiene la humedad, de modo que el alimento se cuece en su propio vapor y no se seca. Protege del calor directo, y por eso permite poner una masa delicada sobre brasas o dentro de un horno de tierra sin que se carbonice. Y aromatiza, porque el calor libera compuestos volátiles de la hoja que pasan al alimento.

Con eso se entiende el repertorio. Tamales mexicanos y centroamericanos, hallacas venezolanas, pasteles caribeños, el pescado envuelto y asado del sureste asiático, el arroz servido sobre hoja del sur de la India, el cerdo cocinado en horno de tierra en el Pacífico. En todos, la hoja entra al fuego y sale a la mesa, y se abre en el plato como si fuera el papel de un regalo.

La hoja también se usa sin cocinar, como plato y como mantel. Ahí no aporta aroma, aporta una superficie limpia, impermeable y desechable.

Qué otras hojas hacen lo mismo

La hoja de plátano no es la única. En América tropical se usa mucho el bijao (Calathea lutea), que da una hoja más estrecha, con una capa cerosa en el envés y un aroma propio bastante marcado; tienes su ficha en bijao: la hoja para envolver tamales. Las hojas de maíz, secas y rehidratadas, son el envoltorio de los tamales del centro y norte de México, y dan un resultado distinto: menos vapor y más textura.

Entre plátano y bijao, la elección suele ser de aroma y de disponibilidad, y cada cocina defiende la suya. No son intercambiables en sabor, aunque lo sean en función.

Dónde conseguirla en España

Lo más fácil es comprarla congelada, en rectángulos ya limpios, en tiendas de alimentación latinoamericana y asiática. Es como se vende en casi toda Europa y funciona perfectamente.

En Canarias hay plataneras de cultivo y la hoja fresca se consigue sin problema. En la península hay plataneras ornamentales en jardines de la costa mediterránea y del sur, y especies rústicas como Musa basjoo aguantan bastante frío en jardín, aunque su hoja se destroza con el viento. Si vas a cortar hoja de una planta de jardín para cocinar, asegúrate primero de que no ha recibido ningún tratamiento fitosanitario: los productos autorizados para ornamentales no lo están para uso alimentario, y ahí no hay margen de interpretación.

Otros usos de la hoja

Fuera de la cocina, la hoja de platanera se ha usado siempre como cubierta de tejados y cobertizos, como envoltorio de mercado, como paraguas improvisado y como material de artesanía. Las fibras del pseudotallo, que es otra parte distinta, dan un textil resistente con tradición propia.

Y en el huerto, las hojas viejas que la planta va soltando son un material excelente para el acolchado y para el montón de compost, porque se descomponen rápido y aportan bastante volumen.

En resumen

La hoja de plátano es un envoltorio de cocina, no un remedio. Se prepara en tres pasos: lavar, quitar el nervio central y cortar en rectángulos, y pasarla por el fuego unos segundos hasta que el verde se vuelva brillante y la hoja se deje doblar. Sin ese paso se raja siguiendo las nervaduras y no hay paquete que valga.

Envolviendo con ella se cocina al vapor del propio alimento, se protege del fuego directo y se gana un aroma vegetal suave. En España la opción práctica es la hoja congelada de tienda latinoamericana o asiática, y la de jardín solo si sabes que no lleva tratamientos encima. Todo lo que esta página decía antes sobre diabetes, cáncer y alzhéimer a partir de las hojas se ha retirado, porque no hay nada que lo sostenga.


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