Lippia alba es un arbusto aromático de la familia de las verbenáceas, originario de la América tropical y subtropical, y tiene una particularidad que explica casi todo lo demás: no huele igual en todas partes. La misma especie, con la misma flor y la misma hoja, puede oler a limón en una población, a alcaravea o hierbabuena en otra y a alcanfor en una tercera. Esas variantes se llaman quimiotipos, y son la razón de que la planta tenga una docena de nombres distintos y de que no puedas fiarte del aroma para identificarla.

Antes de seguir, tres aclaraciones que el texto anterior mezclaba sin distinguir. Lippia alba no es la lippia tapizante que se usa como alternativa al césped, que es Phyla nodiflora. No es la hierba luisa ni el cedrón, que son Aloysia citriodora, otro género. Y no es la hierba mora, Solanum nigrum, una solanácea con la que aquel texto la confundía en un pie de foto y que sí tiene partes tóxicas: sus bayas verdes y sus hojas contienen glicoalcaloides y no se comen. Si alguien te da una planta llamándola por nombres cruzados, mira la hoja y la flor, no el nombre.

Inflorescencias en cabezuela de Lippia alba, con flores rosadas de garganta amarilla Las flores se agrupan en cabezuelas apretadas que salen en la axila de las hojas. Cada florecilla tiene cuatro lóbulos desiguales y la garganta amarilla.

Los quimiotipos: el mismo arbusto con olores distintos

Un quimiotipo es una población de una misma especie que se distingue no por su aspecto sino por la composición de sus compuestos químicos, en este caso el aceite esencial de las hojas. En Lippia alba el fenómeno está bien estudiado y es de los más claros que hay en una planta aromática cultivada.

Los grupos que aparecen una y otra vez en los análisis son, a grandes rasgos, tres. Uno tiene el aceite dominado por citral, que son dos compuestos emparentados, el geranial y el neral, acompañados de limoneno: huele a limón, y es el que más se parece a la hierba luisa. Otro está dominado por carvona con limoneno, y huele a hierbabuena o a alcaravea, muy distinto. Y un tercero lleva alcanfor o linalol y da un olor más medicinal y menos comestible. Hay más variantes descritas, y las proporciones cambian además con la estación, la hora de recolección y el manejo de la planta.

La consecuencia práctica es doble. Primera: si compras un esqueje de "lippia alba", no sabes a qué va a oler hasta que frotes una hoja. Segunda, y más importante para un jardín: si has encontrado un ejemplar cuyo aroma te gusta, multiplícalo por esqueje y no por semilla, porque el esqueje conserva el perfil químico de la planta madre y la semilla no tiene por qué.

Se ha relacionado esta variación con diferencias en el nivel de ploidía entre poblaciones, es decir, con el número de juegos de cromosomas, aunque la correspondencia no es sencilla ni cerrada. Lo que sí está claro es que hablar de "el olor de la Lippia alba" en singular no tiene sentido.

Cómo reconocerla

Es un arbusto de ramas largas, delgadas y arqueadas, que forma una mata abierta y desordenada y que tiende a echarse sobre el suelo y enraizar donde las ramas tocan tierra. En buenas condiciones pasa del metro de altura sin llegar a hacerse un arbusto denso.

Las hojas son lo primero que hay que mirar: opuestas o reunidas de tres en tres en cada nudo, ovales o lanceoladas, con el borde claramente dentado, la superficie rugosa y hundida por los nervios, y ásperas al tacto. Al frotarlas sueltan el aroma, sea cual sea el que le haya tocado a esa planta.

Las flores se agrupan en cabezuelas compactas, casi hemisféricas, sobre un pedúnculo que sale de la axila de la hoja. Cada flor es pequeña, con la corola abierta en lóbulos desiguales, de color blanco, rosa o lila claro, y con la garganta amarilla. Florece durante buena parte de la temporada cálida y atrae a abejas y mariposas.

Cómo se llama según el país

Aquí es donde los quimiotipos se notan fuera del laboratorio. En Colombia y Venezuela se la conoce sobre todo como pronto alivio. En Costa Rica y otros países centroamericanos, como juanilama. En Argentina y Uruguay circula como salvia morada. En Brasil se la llama erva-cidreira y falsa melissa, justamente por el quimiotipo que huele a limón. Y en Oaxaca, en México, la variante de uso culinario se llama pitiona.

Ese es el uso comestible que sí se puede contar sin salirse de lo verificable: en la cocina oaxaqueña la hoja se emplea como condimento, entre otras cosas en algunos moles, y funciona como una hierba aromática más. No es una promesa de nada, es un ingrediente.

Cultivo en España

Es una planta tropical y subtropical, sensible al frío. En la costa mediterránea cálida, en el sur peninsular sin heladas y en Canarias puede vivir en el suelo del jardín. En el resto de España es planta de maceta, que pasa el verano fuera y el invierno resguardada en un sitio luminoso y sin heladas. Una helada la daña y una helada fuerte la mata.

Quiere pleno sol, que es donde produce más aceite esencial y donde compacta la mata, y suelo con buen drenaje, sin exigencias de riqueza. El riego, moderado: tolera bastante bien la sequía una vez arraigada, y el exceso de agua le sienta mucho peor que la falta, sobre todo en maceta y en invierno, cuando prácticamente se para.

Se multiplica con mucha facilidad por esqueje de madera semimadura en primavera o verano, y también por acodo, que en la práctica hace ella sola cuando una rama larga se tumba y toca el suelo: basta con separar el trozo enraizado. La semilla es la opción menos recomendable por lo dicho de los quimiotipos.

Poda y recolección de la hoja

Sin poda se abre, se descuelga y se queda pelada por el centro, así que conviene un recorte anual al final del invierno o al empezar la primavera, bajando bastante las ramas del año anterior para que rebrote desde la base. Durante la temporada, cada vez que despuntes una rama estás ramificándola.

La hoja se recoge en la temporada cálida, y para conservar el aroma lo suyo es cortarla en un día seco, por la mañana, y secarla a la sombra, extendida y con ventilación, sin sol directo ni calor fuerte, que evaporan lo que te interesa. Guardada en tarro cerrado y al abrigo de la luz mantiene bien el olor. Frotar una hoja fresca entre los dedos antes de cortar la rama te dice, además, en qué momento está la planta.

Si buscas una aromática parecida pero que aguante mejor el invierno peninsular, lo que se planta aquí habitualmente es la hierba luisa, de otro género, con hoja estrecha y lisa y olor a limón estable.

Sobre las propiedades que prometía el texto anterior

La ficha previa atribuía a esta planta efectos calmantes, sedantes y antidepresivos, y describía infusiones para el aparato digestivo, el respiratorio, la fiebre y el ritmo cardiaco. Todo eso se ha retirado, y con ello la fotografía de una taza de té que no ilustraba la planta.

No hay declaraciones de propiedades saludables autorizadas en la Unión Europea para esta planta; las que existen están recogidas en el Reglamento (CE) 1924/2006 y las concede la Comisión Europea tras evaluación, no un artículo de internet. Que la hoja se tome en infusión en varios países americanos es un uso tradicional documentado, y así se cuenta: como tradición, sin dosis ni preparaciones, y sin que sustituya a un tratamiento ni a una consulta médica. Los aceites esenciales concentrados, además, no son la hoja, y su ingestión no es materia de un artículo de jardinería.

En resumen

Lippia alba es un arbusto aromático americano de la familia de las verbenáceas, de ramas arqueadas, hojas rugosas y dentadas opuestas o de tres en tres, y flores en cabezuelas con la garganta amarilla. Lo que lo distingue es que existe en quimiotipos: poblaciones que huelen a limón, a hierbabuena o a alcanfor según los compuestos que dominen su aceite esencial. De ahí salen su docena de nombres locales y la imposibilidad de dar por hecho a qué va a oler un ejemplar.

No hay que confundirla con la tapizante Phyla nodiflora, con la hierba luisa Aloysia citriodora ni con la hierba mora Solanum nigrum, que tiene partes tóxicas. En España necesita invierno sin heladas para estar en el suelo, y en el resto del país se lleva en maceta. Se multiplica por esqueje, que es la única forma de conservar el aroma de la planta que te ha gustado.


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