Una bomba que anuncia 1.500 litros por hora no da 1.500 litros por hora en ninguna fuente real. Esa cifra es el caudal a altura cero, con la boca de salida al mismo nivel que el agua y sin un centímetro de tubo. En cuanto hay que subir el agua ochenta centímetros y pasar por dos codos, el caudal se queda en la mitad o menos, y el chorro que se había imaginado se convierte en un hilo. Elegir modelo es la parte fácil, y para eso está la guía de compra de fuentes de jardín; lo que sigue es la parte que decide si funciona: hidráulica, electricidad y mantenimiento.

Fuente de jardín con vaso de piedra y agua en circuito cerrado

La curva de la bomba, que es el dato que importa

Toda bomba tiene dos números en la caja: el caudal máximo (Q máx.) y la altura máxima de elevación (H máx.). Entre ambos hay una curva, y el caudal real es el punto de esa curva que corresponde a la altura de tu instalación. De forma aproximada, el caudal cae de manera casi lineal hasta anularse en la altura máxima.

Con una bomba de 1.500 l/h y 1,8 m de altura máxima, la estimación rápida es: a 0,6 m dará en torno a 1.000 l/h; a 1,2 m, unos 500; a 1,8 m, cero. La consecuencia práctica es que hay que elegir la bomba por el caudal que da a tu altura de trabajo, no por el titular, y que conviene comprar con holgura y luego regular a la baja, nunca al revés.

La altura de trabajo no es solo la diferencia de cotas entre la lámina del depósito y el punto de salida. Es esa altura geométrica más las pérdidas de carga del recorrido. Dos reglas suficientes para una fuente doméstica: usar tubo del mismo diámetro que la boca de la bomba o mayor —pasar de 13 a 19 mm reduce las pérdidas a menos de una cuarta parte para el mismo caudal— y contar cada codo cerrado como medio metro de tubo adicional. Un recorrido de 8 m de manguera fina con cuatro codos puede añadir tanta altura equivalente como el propio salto.

Cuánto caudal pide cada tipo de agua

Caño o gárgola de pared. Un hilo continuo y limpio se consigue con 300 a 600 l/h. Más caudal no mejora nada: rompe el hilo y salpica fuera del vaso.

Lámina de vertido. Es la que más agua consume. Para un velo fino y continuo hacen falta del orden de 1.000 a 1.500 l/h por cada 10 cm de anchura de vertedero, y para una lámina gruesa y ruidosa, el doble o el triple. Antes de encargar un vertedero de un metro, multiplica: son 10.000 a 15.000 l/h, otra categoría de bomba y de consumo.

Chorro vertical. Depende de la boquilla, y aquí manda una regla de proyecto más importante que el caudal: el radio del vaso receptor debe ser al menos igual a la altura del chorro. Un chorro de 80 cm en un pilón de 60 cm de radio moja el pavimento cada día, y con brisa moderada, mucho más. Si el sitio es ventoso, chorros bajos y anchos, o boquilla de borbotón.

Piedra perforada, esfera o monolito. El agua rezuma por la superficie y vuelve a un depósito enterrado bajo una rejilla. Entre 800 y 2.000 l/h según el tamaño de la pieza. Es la tipología más segura con niños pequeños porque no hay lámina de agua accesible.

El depósito y las pérdidas de agua

Una fuente doméstica funciona en circuito cerrado: el mismo agua sube y vuelve. Lo que se pierde es lo que se evapora y lo que el viento arrastra fuera del vaso.

La evaporación de una lámina expuesta en el interior peninsular en julio ronda los 5-8 mm diarios, pero en una fuente con agua en movimiento y gotas en el aire la pérdida real es mucho mayor, porque la superficie de intercambio se multiplica. El arrastre es todavía más significativo: un chorro alto en una tarde de viento puede sacar varios litros por hora del circuito.

De ahí dos criterios de dimensionado. El depósito debe tener volumen suficiente para que la bomba no quede descubierta entre rellenos: 40-60 litros es el mínimo razonable en una fuente pequeña, y cuanto más, mejor, porque también estabiliza la temperatura y frena las algas. Y conviene instalar un relleno automático con válvula de flotador, o al menos revisar el nivel dos veces por semana en verano. Las bombas de fuente se queman en seco en minutos; las que llevan protección térmica se paran, pero no todas la llevan.

Marcar con un rotulador indeleble el nivel mínimo dentro del depósito ahorra más averías que cualquier accesorio.

La electricidad en el exterior

Es la parte donde no caben apaños, porque combina agua, personas descalzas y corriente. Los puntos que hay que exigir:

Protección diferencial de alta sensibilidad, de 30 mA, en el circuito que alimenta la fuente. No es opcional y en muchas instalaciones antiguas no existe.

Grado de protección adecuado. Las bombas sumergibles llevan marcado IPX8. Todo lo que esté fuera del agua pero expuesto a salpicaduras o lluvia necesita al menos IP44, y las cajas de conexión de intemperie, IP65 o superior, con prensaestopas y cerradas de verdad. Una regleta doméstica dentro de una caja de plástico no cumple nada.

Muy baja tensión de seguridad donde se pueda. Los equipos de 12 o 24 V con transformador situado fuera de la zona de agua reducen el riesgo de forma sustancial, y hoy existen bombas de corriente continua de bajo consumo con buenas prestaciones.

Canalización enterrada en tubo corrugado, a profundidad suficiente y señalizada, con cable apto para exterior. Nada de alargadores tendidos por el césped ni empalmes con cinta aislante, que es como acaban muchas instalaciones improvisadas.

El reglamento electrotécnico de baja tensión dedica una instrucción específica a piscinas y fuentes, con volúmenes de protección definidos alrededor del agua. La instalación la debe ejecutar un instalador autorizado; el ahorro de hacerlo por cuenta propia no compensa.

En consumo, una bomba de fuente pequeña ronda los 20-60 W. Ocho horas diarias durante seis meses son del orden de 30 a 90 kWh: poco dinero, pero conviene ponerle un programador o un temporizador para que no funcione de madrugada.

Cal, algas y limpieza

Con agua dura —buena parte del país—, la evaporación deja la cal dentro del sistema y las concentraciones suben continuamente, porque el agua se va y las sales se quedan. En un mes aparece la costra blanca en el vertedero y en el rodete de la bomba. Rellenar con agua de lluvia recogida, o con agua descalcificada, retrasa mucho el problema.

Para retirar la cal de la piedra hay que tener cuidado con el material: los ácidos fuertes disuelven la caliza, el mármol y el travertino, y dejan la superficie mordida y mate para siempre. En esos materiales se trabaja mecánicamente, con cepillo de nailon, y con productos específicos para fuentes siguiendo la etiqueta. En resina, hormigón o granito hay más margen.

Las algas se controlan con tres medidas: el agua en movimiento el mayor tiempo posible, sombra sobre el depósito y limpieza del vaso dos o tres veces por temporada, cepillando y aclarando. Si en la fuente beben pájaros —y beben— no conviene usar algicidas; en ese caso, vaciado y cepillado, y punto. Además, un desmontaje anual de la bomba para limpiar el prefiltro y el rodete con un cepillo de dientes duplica su vida útil.

El invierno, que es lo que rompe la piedra

El agua que empapa un material poroso aumenta de volumen al congelarse y va disgregando la superficie desde dentro. Las areniscas, los hormigones porosos y las piezas moldeadas de baja calidad se descaman en dos o tres inviernos si se quedan llenas y expuestas a heladas repetidas.

En zonas con heladas —el interior peninsular, la meseta norte, la montaña— el protocolo de noviembre es: parar el circuito, vaciar el vaso y las conducciones, sacar la bomba y guardarla sumergida en un cubo de agua en un local sin heladas para que las juntas no se resequen, y cubrir el vaso para que no acumule agua de lluvia. En el litoral mediterráneo y en el sur bastan con dejarla funcionando, porque el agua en movimiento no se congela con facilidad, pero conviene vigilar los episodios de frío intenso.

El sonido: para qué sirve realmente

El agua enmascara ruido porque su espectro es amplio y continuo, con bastante energía entre 500 Hz y varios kilohercios, justo donde se sitúa la inteligibilidad de las conversaciones. Por eso funciona muy bien para dar privacidad a una terraza frente a los vecinos.

Frente al tráfico, en cambio, hay un límite físico. Para enmascarar un ruido de fondo continuo hace falta un sonido de nivel comparable en el punto de escucha, y el sonido de una fuente decae unos 6 dB cada vez que se duplica la distancia. En consecuencia, es mucho más eficaz una fuente pequeña a dos o tres metros del sitio donde uno se sienta que una grande al fondo del jardín. Una avenida con tráfico denso no se tapa con agua sin generar un ruido igualmente molesto.

El carácter del sonido depende de la superficie de impacto y de la altura de caída. El agua cayendo sobre agua da un sonido grave y redondo; sobre piedra, más agudo y percusivo; en velo continuo sobre superficie lisa, un siseo constante que cansa a la media hora. Como criterio, caídas cortas y varias, mejor que una alta; y probar el conjunto antes de fijar el vertedero, porque dos centímetros de altura cambian por completo el resultado.

En resumen

Elige la bomba por el caudal que da a tu altura de trabajo —altura geométrica más pérdidas—, no por el caudal máximo del envase. Tubo del diámetro de la boca o mayor, y cada codo cuenta como medio metro más.

Calcula el caudal por tipología: 300-600 l/h para un caño, 1.000-1.500 l/h por cada 10 cm de vertedero para una lámina fina, y vaso receptor con radio igual o mayor que la altura del chorro.

Depósito de 40-60 litros como mínimo, relleno automático o revisión dos veces por semana en verano, y nivel mínimo marcado: las bombas mueren en seco.

Diferencial de 30 mA, IPX8 en lo sumergido, IP65 en las cajas de conexión, muy baja tensión donde sea posible y ejecución por instalador autorizado.

Rellena con agua blanda para retrasar la cal, no uses ácidos fuertes sobre caliza o mármol, limpia el rodete una vez al año y, en zona de heladas, vacía y guarda la bomba en noviembre. Y coloca la fuente cerca de donde se sienta la gente: el sonido cae 6 dB al duplicar la distancia.


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