Damasco es el nombre que reciben en buena parte de América del Sur los frutos del albaricoquero, Prunus armeniaca. Es exactamente la misma fruta que en España se llama albaricoque y en México chabacano: un rosáceo de hueso, pariente del melocotón, la ciruela y la cereza, de piel lisa y mate y color entre amarillo y anaranjado. Si has llegado aquí buscando qué es el damasco, la respuesta corta es esa, y a partir de ahí lo interesante es el lío de nombres, porque en castellano hay bastantes plantas que llevan damasco, damascena o damasquina y ninguna tiene que ver con esta fruta.

Antes del nombre, un aviso que conviene tener claro: lo que se come del damasco es la pulpa. Dentro del hueso hay una semilla que contiene amigdalina, un compuesto cianogénico, y en algunas variedades esa semilla es amarga y la concentración es mayor. Los huesos no se machacan, no se muelen y no se mastican, y las semillas amargas que se venden por internet como si fueran un fruto seco o un remedio no son ninguna de las dos cosas. Ante una ingestión, al médico, y si ha sido un animal, al veterinario, o al Instituto Nacional de Toxicología.

damascos o albaricoques en una fuente

Damascos o albaricoques con la chapa rojiza en la cara que daba al sol y el surco marcado que recorre el fruto de punta a punta.

Dónde se dice damasco y dónde albaricoque

El reparto de nombres para Prunus armeniaca en el mundo hispanohablante es de los más claros que hay, y aun así despista a diario en las recetas y en las tiendas de semillas:

  • Damasco: Chile, Argentina, Uruguay y Perú, entre otros.
  • Albaricoque: España, con la variante albercoc en catalán y valenciano.
  • Chabacano: México.
  • Apricot: es el nombre inglés, y lo verás en catálogos de vivero y en etiquetas de fruta de importación.

La consecuencia práctica aparece al cocinar y al comprar. Una receta de mermelada de damasco es una mermelada de albaricoque, y un árbol anunciado como damasco en una web sudamericana es un albaricoquero. Si lo que quieres es plantar, el nombre no te dice nada útil por sí solo: lo que decide es la variedad y las horas de frío que pide, y eso lo tienes en variedades de albaricoque.

De dónde sale la palabra

El nombre remite a la ciudad de Damasco. En castellano damasco nombra también un tejido de seda labrada asociado históricamente a esa ciudad, y el adjetivo damasceno o damascena se ha aplicado desde antiguo a plantas llegadas o atribuidas a esa parte del Mediterráneo oriental. Que la fruta tomara el nombre por esa vía es lo que se suele contar, pero no lo damos aquí por cerrado.

Lo que sí está documentado es el otro nombre, el español. Albaricoque viene del árabe al-barqūq, y este del latín praecoquum, el que madura temprano, que es justo lo que hace este frutal: florece y da fruta antes que casi todos sus parientes. El epíteto científico, armeniaca, engaña: la especie no procede de Armenia, sino de Asia, y el nombre quedó fijado por la ruta de entrada a Europa. Tienes ese detalle y la temporada española en albaricoque: variedades, temporada y cómo elegirlo.

Los otros damascos, que no son frutas

Aquí es donde la búsqueda se tuerce. Estas son las plantas de jardín que llevan el mismo apellido y que no tienen ningún parentesco con el albaricoquero:

  • Rosa de Damasco, Rosa damascena: la rosa cultivada para aceite esencial y agua de rosas. Es un rosal, o sea de la misma familia botánica que el albaricoquero, pero de otro género y sin fruto comestible. La tienes en rosa damascena.
  • Arañuela, Nigella damascena: una anual de flores azules y follaje muy fino que se siembra por su fruto seco, muy usado en ramos secos. Ranunculácea, nada que ver. Ficha en Nigella damascena.
  • Damasquina: nombre que en España se usa para Tagetes patula, la de las flores amarillas y anaranjadas del huerto, que además carga con los nombres de clavel turco y clavel moro sin ser un clavel. Lo desenreda damasquina o clavel turco.
  • Ciruela damascena: en este caso sí es un Prunus, pero un ciruelo, no un albaricoquero. Es la ciruela pequeña y oscura del grupo del bruño, tratada en bruño: qué ciruela es.

Damasco, damasquillo y damasquino

El corpus de nombres se complica un poco más con los derivados. Damasquino es el adjetivo que se usa sobre todo para el trabajo de metal damasquinado, no para plantas. Damasquillo aparece como nombre local de fruta, y no siempre de la misma: en unos sitios se aplica a un albaricoque pequeño y en otros al melocotón, que es otra especie, Prunus persica. Como esa confusión es frecuente y tiene solución fácil mirando el fruto, la hemos tratado aparte.

La regla que sirve para salir del paso es sencilla y no falla: el albaricoque, o damasco, tiene la piel lisa y mate, y el melocotón la tiene aterciopelada. Si al pasar el dedo notas pelusa, no es un damasco.

Qué es el damasco como alimento

Aquí solo cabe decir lo que la fruta es, no lo que promete. El damasco es una fruta de verano con mucha agua, azúcares y fibra, y con muy poca grasa. Su color anaranjado corresponde a carotenoides, los mismos pigmentos que dan color a la zanahoria o al níspero. Deshidratado, en forma de orejón, pierde el agua y concentra el azúcar, así que a igualdad de peso el orejón aporta bastante más energía que la fruta fresca. Eso es composición, y hasta ahí llega lo que se puede afirmar.

Es fruta delicada y de temporada corta. Se estropea con facilidad, viaja mal y se recolecta a menudo antes de tiempo, motivo por el cual muchos damascos de tienda no llegan a saber a nada: cogidos verdes ablandan, pero ya no ganan azúcar.

Si lo que buscas es plantar el árbol

El albaricoquero es un frutal agradecido en clima mediterráneo y problemático en zonas de primaveras frías, porque florece muy pronto y una helada tardía se lleva la cosecha entera. Esa es la decisión importante antes de comprar, más que el nombre con que te lo vendan. Lo tienes desarrollado en albaricoquero: floración temprana y heladas tardías y, para el cultivo completo, en albaricoquero: plantación, poda, riego y plagas.

Un apunte que sorprende a quien viene del manzano: este árbol no se poda en pleno invierno como otros frutales, por el riesgo de que las heridas se infecten. El momento y el motivo están explicados en esas mismas fichas.

Sobre los beneficios que prometía esta página

La versión anterior de este artículo era una lista de diez beneficios del damasco que afirmaba, entre otras cosas, que la fruta protege la vista, reduce el colesterol, protege contra el cáncer, adelgaza y fortalece los huesos, y que sus semillas destruyen células cancerosas. Se ha retirado entera. Lo último es además peligroso, porque empuja a comer justo la parte del fruto que no se come.

En la Unión Europea las declaraciones de propiedades saludables están reguladas por el Reglamento (CE) 1924/2006 y las autoriza la Comisión, no una página de internet. Una fruta es un alimento, no un tratamiento, y ninguna dieta sustituye a una consulta médica.

En resumen

Damasco es el nombre sudamericano del albaricoque, el fruto de Prunus armeniaca, que en México se llama chabacano. Una misma fruta con tres nombres y ningún misterio detrás, más allá de que el apellido damasceno se reparte por medio jardín: la rosa de Damasco, la arañuela, la damasquina y la ciruela damascena son plantas distintas y sin parentesco con este frutal.

Lo que sí conviene retener de la fruta en sí son dos cosas: que se distingue del melocotón por la piel lisa y mate, y que el hueso no se toca. La pulpa es el alimento, y todo lo demás que se ha escrito sobre sus propiedades curativas se queda fuera.


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