Un colgante de macramé es una red de cuerdas anudadas que sujeta una maceta por el fondo y la deja suspendida de un anillo. Hacerlo es fácil y sale bien a la primera con tres nudos, así que de eso hablaremos. Pero antes conviene decir lo que casi ningún tutorial menciona y es lo único que puede acabar mal: el problema no son los nudos, es el peso y el punto del que cuelgas todo eso.
Una maceta recién regada pesa muchísimo más que la misma maceta seca, y ese peso trabaja a tirones cada vez que la planta se balancea, la rozas al pasar o le da el viento en la terraza. El macramé aguanta de sobra. Lo que se arranca es el techo: un gancho atornillado a una placa de escayola o a un falso techo de pladur, o metido con un taco pequeño en un ladrillo hueco. Empecemos por ahí y luego montamos el colgante.
Dos colgantes de algodón natural con el patrón clásico: nudo de coronación bajo el anillo, tramos de nudo plano y una cesta de nudos alternos que abraza la maceta.
Cuánto pesa de verdad lo que vas a colgar
Haz la cuenta antes de taladrar. Una maceta de unos veinte centímetros de diámetro lleva del orden de tres o cuatro litros de sustrato. Un litro de agua pesa un kilo, y un sustrato con turba y fibra de coco retiene una parte muy alta de su volumen en agua cuando lo riegas a fondo. Entre el agua, la maceta, el platillo y la planta, es fácil que el conjunto pase de dos kilos en seco a seis o siete recién regado, y eso sin contar una maceta de barro, que pesa por sí sola más que todo lo demás.
Añade el efecto dinámico. Una carga colgada que se mueve ejerce sobre el anclaje bastante más que su propio peso en reposo. Por eso la regla práctica es sencilla: calcula el punto de anclaje para varias veces el peso mojado, no para lo que marca la báscula con la planta seca en el suelo.
El anclaje, que es lo que falla
Lo primero es averiguar qué tienes encima. Si el techo es de hormigón macizo, un taco metálico o químico adecuado al material y un gancho o cáncamo con la carga marcada por el fabricante resuelven el problema sin discusión. Si es un forjado con bovedillas, hay que buscar la vigueta. Y si lo que hay es un falso techo de placa de yeso laminado, ese techo no sujeta nada: hay que atravesarlo y anclar a la estructura de encima, o cambiar de idea.
Algunas decisiones más que ahorran disgustos:
- Gancho con cierre de seguridad, o mejor un cáncamo cerrado. Un gancho abierto se descuelga con un golpe lateral.
- Un eslabón giratorio entre el gancho y el anillo permite dar un cuarto de vuelta a la maceta cada semana para que la planta crezca pareja, y evita que la cuerda se retuerza.
- Nada de colgar de la escarpia de una lámpara, de una barra de cortina o del riel de un armario. No están calculados para eso.
- Si cuelgas de la rama de un árbol o de una pérgola, protege la corteza o la madera con un trozo de manguera vieja para que la cuerda no muerda.
- Piensa qué hay debajo. Un colgante no va sobre la cuna, el sofá donde te sientas ni la mesa donde comes.
Una comprobación más, si el sitio es un balcón que da a la calle: muchas ordenanzas municipales regulan la colocación de macetas en el exterior de las barandillas, y los estatutos de la comunidad de propietarios pueden añadir condiciones propias. Esa consulta se hace antes, no después.
Materiales del colgante
Cuerda de algodón trenzado o retorcido de tres a cinco milímetros. Más fino queda pobre y marca menos el nudo; más grueso es incómodo de anudar y necesita un anillo grande. El algodón natural es el material clásico y el que mejor aspecto tiene, y tiene un inconveniente que conviene conocer: a la intemperie se degrada. La humedad continua y el sol lo pudren y lo van dejando gris y quebradizo, y si además la maceta gotea encima, el tramo mojado permanente acaba con moho. Para exterior, o eliges cuerda sintética de poliéster o polipropileno, que aguanta el sol mucho mejor, o asumes revisar y renovar el colgante cada temporada.
El anillo, de metal, del tamaño que pida el grosor de tu cuerda. Los aros de plástico de bisutería no valen aquí. Y una cuerda corta aparte, del mismo material, para el nudo de coronación que envuelve el manojo bajo el anillo.
Cuánta cuerda cortar
Es la pregunta que más gente falla. Los nudos consumen mucho más hilo del que parece: un tramo de nudos planos se come alrededor de un tercio de la longitud de los cordones que trabajan. La regla de partida es cortar cada cordón unas cuatro veces la longitud final que quieres que tenga el colgante, y como todos se doblan por la mitad al pasarlos por el anillo, eso significa multiplicar por ocho la altura final.
Para un colgante normal de interior, el patrón más usado son ocho cordones, que doblados dan dieciséis hilos repartidos en cuatro grupos de cuatro. Con cuatro grupos, la maceta se apoya en cuatro puntos y queda estable. Con tres grupos se hace igual y sale más ligero de aspecto, pero baila más.
Los tres nudos y el montaje
Solo hacen falta tres nudos:
- Nudo de coronación o nudo envuelto: con la cuerda corta aparte, se enrolla apretando el manojo justo debajo del anillo, dejando un bucle por el que se remete el final para que quede oculto. Es el que soporta el conjunto, así que se aprieta bien.
- Nudo plano o cuadrado: cuatro hilos, los dos centrales quedan quietos y los dos exteriores se cruzan alternando el lado. Encadenado hace una cinta plana.
- Medio nudo plano: igual pero cruzando siempre por el mismo lado. La tira gira sola y produce la espiral.
El montaje es este. Dobla los ocho cordones por el anillo, haz el nudo de coronación por debajo y cuelga el conjunto de un pomo o de un gancho a la altura de la cara, que trabajar en el aire es mucho más cómodo que en la mesa. Separa cuatro grupos de cuatro hilos y anuda en cada uno un tramo de nudo plano o de espiral, todos de la misma longitud. Deja después un espacio libre y forma la cesta: coge dos hilos de un grupo y dos del grupo vecino y haz un nudo plano; repite alrededor y tendrás una red de rombos que es la que abraza la maceta. Con dos alturas de nudos alternos basta para una maceta mediana. Por último, reúne todos los hilos, remátalos con otro nudo de coronación y recorta las puntas a la misma medida para hacer la borla.
Truco que vale por diez tutoriales: haz los nudos con la maceta puesta dentro, o al menos prueba la red con ella antes de rematar. Ajustar la altura de la cesta al fondo de tu maceta concreta es lo que evita que la planta quede torcida o se escurra por abajo.
Detalle del anillo y del nudo de coronación que envuelve el manojo. Ese nudo es el que sostiene todo el peso.
La maceta y el riego
Elige una maceta rígida y con un reborde marcado en la boca: la red se agarra mejor y no se escurre. Las macetas de barro son bonitas y pesan mucho, así que para colgar tiene más sentido el plástico o la resina, que además retienen mejor la humedad.
El riego de una planta colgada tiene dos particularidades. La primera es que se seca antes que una del suelo, porque está en la zona más cálida y ventilada de la habitación, así que acabarás regando más a menudo de lo que esperabas. La segunda es que gotea. Lo razonable es bajarla al fregadero o a la bañera, regarla a fondo hasta que drene y volver a colgarla cuando haya escurrido; el platillo pegado al fondo funciona, pero suma peso y, si se queda con agua, pudre las raíces. Antes de descolgar nada, comprueba que el gancho no esté tan alto que tengas que hacer equilibrios: la mayoría de accidentes domésticos con plantas colgadas ocurren con la silla, no con la planta.
Si lo que quieres montar es una cesta colgante plantada directamente, con su forro y su sustrato, eso se prepara de otra manera y está explicado en cómo hacer una cesta colgante.
En resumen
Un colgante de macramé se hace con ocho cordones de algodón de tres a cinco milímetros cortados a unas ocho veces la altura final, un anillo metálico y tres nudos: coronación, plano y medio plano. Trabajando en vertical y probando la red con la maceta puesta, el primero sale en una tarde.
Lo que decide si aguanta no es el macramé, es el techo. Calcula el peso con la maceta empapada, multiplícalo por prudencia, ancla a hormigón, viga o vigueta con el taco adecuado, usa gancho con cierre y no cuelgues nunca de una placa de falso techo. Y si va a estar a la intemperie, cuenta con revisar la cuerda de algodón cada temporada o cambiarla por una sintética.