Una cesta colgante es el contenedor más exigente del jardín. Tiene poco sustrato, está expuesta al aire por los cuatro costados y por abajo, y recibe el viento entera, de modo que se seca a una velocidad que no tiene ningún otro tiesto. Todo lo que se decide al montarla (el tamaño, el forro, la mezcla y las plantas) sirve en realidad para responder a una sola pregunta: cuántas veces al día habrá que regarla en julio.

Con eso claro, montar una es un trabajo de veinte minutos. Hace falta una cesta con su sistema de sujeción, un forro que retenga el sustrato, una mezcla ligera pero con capacidad de retención, entre tres y cinco plantas para un diámetro estándar de unos treinta centímetros y un punto de anclaje que aguante el peso mojado, que es bastante más de lo que la gente supone.

Las begonias péndulas, como la variedad Mandalay Mandarine, resultan muy atractivas en cestas colgantes. Deben colocarse fuera del sol directo.

Elegir la cesta y el forro

Hay dos familias. La cesta de alambre con forro es la clásica, la que permite plantar también por los laterales y la que da ese aspecto de esfera florida. La cesta cerrada de plástico, muchas veces con un pequeño depósito de reserva en la base, es bastante más práctica en clima español: pierde menos agua por evaporación lateral y el depósito da margen de un día en pleno verano. Si la cesta va a estar al sol en el interior peninsular, la segunda opción evita muchos disgustos.

Sobre el forro de las cestas de alambre, las opciones habituales son fibra de coco prensada, fieltro de fibra reciclada y musgo Sphagnum. Los dos primeros funcionan bien, se cortan a medida y permiten hacer aberturas para plantar de lado. El Sphagnum da un acabado más natural, pero su extracción procede de turberas, ecosistemas de formación muy lenta y alto valor, así que hay razones para prescindir de él habiendo alternativas equivalentes.

Un consejo de dimensionado que ahorra trabajo todo el verano: cuanto más grande, mejor. Una cesta de veinte centímetros de diámetro contiene tan poco sustrato que en agosto habrá que regarla dos veces al día. A partir de treinta y cinco o cuarenta centímetros, el volumen de tierra amortigua y una sola vez suele bastar.

El sustrato

Debe ser ligero, para no disparar el peso, y retener humedad, que es lo contrario. La mezcla que equilibra ambas cosas parte de un sustrato universal de calidad al que se añade compost bien maduro, que aporta capacidad de retención y nutrientes, y un porcentaje pequeño de perlita para mantener la aireación. La tierra de jardín queda descartada: pesa demasiado y compacta.

Los geles retenedores de agua que se venden para mezclar con el sustrato dan cierto margen, sobre todo en cestas pequeñas, pero conviene no esperar milagros: alargan el intervalo entre riegos, no lo eliminan. Y hay que respetar la cantidad indicada, porque en exceso se hinchan y desplazan el sustrato fuera del contenedor.

Montaje paso a paso

1. Colocar el forro dentro de la cesta de alambre, ajustándolo bien al fondo. Si la cesta es de plástico cerrado, comprobar que los orificios de drenaje están abiertos.

2. Poner una primera capa de sustrato, hasta un tercio de la altura, y mezclar en ella el abono sólido de liberación lenta si se va a usar.

3. Plantar por los laterales, que es lo que consigue el efecto de esfera. Se hacen cortes en cruz en el forro a la altura de esa primera capa, se envuelve el cepellón de cada planta en un cono de papel de periódico para poder pasarlo desde fuera hacia dentro sin destrozarlo, se coloca con las raíces hacia el centro y se retira el papel. Cuatro o cinco plantas repartidas por el contorno bastan.

4. Rellenar con sustrato hasta unos tres centímetros por debajo del borde, dejando ese hueco para poder regar sin que rebose.

5. Plantar la superficie. La composición que mejor funciona combina una planta de porte erguido en el centro, dos o tres de relleno alrededor y otras tantas colgantes en el perímetro. En un diámetro de treinta centímetros, entre tres y cinco plantas en total; apretarlas más da un efecto rápido y un verano de competencia por el agua.

6. Regar a fondo, preferiblemente por inmersión, sumergiendo la cesta en un barreño hasta que dejen de salir burbujas, y dejarla escurrir bien antes de colgarla. Un sustrato seco de fábrica es hidrófobo y con un riego por encima el agua se escurre por los bordes sin mojar el interior.

Peso y sujeción

Es la parte que más se descuida y la única que puede causar un accidente. Una cesta de treinta y cinco centímetros con el sustrato saturado pesa varios kilos, y con las plantas desarrolladas y empapadas puede acercarse a los diez o quince. Ese peso, además, oscila con el viento y trabaja a tirones.

De ahí que el gancho no pueda ir en el falso techo, ni en una placa de escayola, ni sujeto con un taco pequeño en un ladrillo hueco. Tiene que anclarse a una viga, a una vigueta o a fábrica maciza con taco adecuado al material, y conviene que el gancho tenga cierre o sea de tipo giratorio, que además permite dar la vuelta a la cesta cada semana para que crezca por igual. Si cuelga de la rama de un árbol, se protege la corteza con un trozo de manguera para que la cuerda no la estrangule.

Un detalle legal que en balcón conviene comprobar: muchas ordenanzas municipales regulan la colocación de macetas y jardineras en la parte exterior de las barandillas cuando dan a la vía pública, y los estatutos de la comunidad de propietarios pueden añadir sus propias condiciones. Antes de colgar nada sobre la calle, esa consulta se hace primero.

Ubicación y riego

La exposición se elige según las plantas, pero hay una regla que vale para todas: al sol pleno del verano español, la cesta necesita riego diario y en las zonas más cálidas, dos. Si nadie va a estar en casa para hacerlo, más vale colocarla donde reciba sol de mañana y sombra desde el mediodía, o resolverlo con un gotero conectado al programador de riego, que es lo que hace que las cestas sobrevivan a las vacaciones de agosto.

Para saber si necesita agua, el método más fiable es levantarla ligeramente: el peso dice más que el aspecto de la superficie. Se riega por la mañana, despacio y hasta que salga agua por el drenaje, y una vez a la semana viene bien un riego por inmersión, que rehidrata el cepellón entero. Lo que no debe hacerse es forrar la cesta con plástico impermeable para que no gotee: eso convierte el fondo en una balsa y pudre las raíces.

Abonado y mantenimiento

Con tan poco sustrato, los nutrientes se agotan rápido y además se lavan con cada riego. Hay dos formas de resolverlo: mezclar un abono sólido de liberación lenta en el momento del montaje, que cubre buena parte de la temporada, o aplicar un abono líquido para plantas de flor cada una o dos semanas durante la floración, siempre a la dosis indicada en el envase y sobre sustrato ya húmedo, nunca sobre tierra seca.

El resto del mantenimiento es sencillo. Retirar las flores marchitas de forma continua, que en petunias, calibrachoas y verbenas es lo que mantiene la floración durante meses en lugar de semanas. Pinzar las puntas de los tallos al principio, cuando la planta es joven, para que ramifique y la cesta se cierre en vez de colgar cuatro tallos largos. Y girar la cesta cada semana para que no crezca solo hacia la luz.

Qué plantar

Al sol o media sombra, plantas de flor: petunia colgante y surfinias (Petunia), calibrachoa (Calibrachoa), gitanilla (Pelargonium peltatum), verbena (Verbena), Bidens ferulifolia, lobelia (Lobelia erinus), aliso marítimo (Lobularia maritima), Scaevola aemula, Sanvitalia, portulaca (Portulaca grandiflora) y capuchina (Tropaeolum majus), que además cuelga con fuerza. Para clima cálido y seco, la portulaca, la Scaevola y el bidens son los que menos sufren.

En sombra o media sombra: begonias péndulas (Begonia del grupo tuberhybrida), fucsias colgantes (Fuchsia), alegría de la casa (Impatiens) y Bacopa. Son las que mejor resuelven un porche orientado al norte.

Follaje y plantas de interior: cinta (Chlorophytum comosum), poto (Epipremnum aureum), hiedra (Hedera helix), Ficus pumila, saxífraga (Saxifraga stolonifera), amor de hombre (Tradescantia), esparraguera (Asparagus densiflorus) y suculentas colgantes como Sedum morganianum o el collar de perlas (Senecio rowleyanus), que piden mucha luz y muy poca agua y no deben mezclarse en la misma cesta con plantas de riego frecuente.

Una advertencia si hay niños pequeños o animales en casa: el poto, la hiedra y la Tradescantia son irritantes o tóxicos por ingestión, y la savia de algunos de ellos produce dermatitis por contacto. Colgadas en alto no suelen ser un problema, pero las hojas y los tallos que caen al suelo sí quedan al alcance.

En resumen

El éxito de una cesta colgante se decide en el montaje: cesta grande antes que pequeña, forro de coco o fieltro, sustrato ligero con compost y perlita, hueco de riego de tres centímetros bajo el borde, entre tres y cinco plantas y un primer riego por inmersión. Y un anclaje a viga o a fábrica maciza, porque el conjunto mojado pesa varios kilos y trabaja con el viento.

Después, todo depende del agua. Al sol de un verano español eso significa regar cada día, o cada doce horas en las zonas más cálidas, comprobando la necesidad por el peso de la cesta y no por el aspecto de la superficie. Quien no pueda garantizarlo tiene dos salidas razonables: colocarla donde el sol solo dé por la mañana, o conectarle un gotero al programador de riego.


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