Si te han dicho que tu ciruelo es borde, no están insultando al árbol. En el lenguaje de la fruticultura, borde quiere decir nacido de hueso y sin injertar: un pie franco, un árbol silvestre o asilvestrado que da la fruta que le sale y no la de una variedad seleccionada. El mismo adjetivo se usa con el almendro, el olivo (acebuche) y el peral. No es una especie, es un estado del árbol.
En la práctica, cuando alguien en España señala un ciruelo borde suele estar señalando una de estas tres cosas: un Prunus cerasifera (el mirobolano, el ciruelo que se usa como patrón y que rebrota por todas partes), un ciruelo de huerta que nació de un hueso caído y nunca se injertó, o un pie de injerto que se ha comido al árbol que llevaba encima. Este artículo va de reconocer cuál de las tres tienes y de qué hacer con ella, porque la respuesta es distinta en cada caso.
Floración de un cultivar de hoja púrpura de Prunus cerasifera. La especie es la misma que se usa como patrón bajo muchos ciruelos de huerta.
Qué significa exactamente "borde"
Un frutal de variedad no se reproduce por semilla. Si plantas el hueso de una Claudia Reina Verde, no sale una Claudia Reina Verde: sale un ciruelo nuevo, hijo de esa flor y del polen que la fecundó, con fruta impredecible. Por eso los frutales de variedad se multiplican por injerto sobre un pie que aporta las raíces.
Borde es justo el árbol que se saltó ese paso. Nació de semilla y ahí se quedó. Suele ser más vigoroso, más rústico y más espinoso que un frutal injertado, tarda más en entrar en producción y da fruta pequeña, muy variable de un pie a otro, a veces buena y a veces sosa o áspera. No es fruta mala por definición, es fruta sin control varietal.
Conviene no confundir borde con bravío ni con silvestre. En muchas comarcas esos tres nombres se usan a la vez para plantas distintas, y a menudo detrás de ellos hay ciruelos de otra especie, como el ciruelo bravío, o directamente el endrino. El nombre popular no basta para saber qué tienes delante.
El mirobolano, el ciruelo borde más frecuente
La especie que más veces aparece bajo esta etiqueta es Prunus cerasifera, el mirobolano o ciruelo borde de patrón. Es un árbol pequeño o un arbolillo de varios pies, de ramas finas, hoja verde brillante y floración muy temprana, blanca, antes de que broten las hojas. Da ciruelas redondas, pequeñas, amarillas o rojas, de piel fina y hueso que suele quedarse pegado a la carne.
Es el patrón de toda la vida para ciruelo, y también se ha usado con albaricoquero y con almendro. Lo eligen los viveros porque enraíza bien, aguanta suelos pesados y compactos, y es fácil de obtener en cantidad sembrando huesos. Tiene un defecto conocido: rebrota muchísimo desde el pie y desde las raíces, y esos rebrotes son el origen de la mayor parte de los "ciruelos bordes" que aparecen solos en linderos, taludes y jardines.
De esta misma especie salen los ciruelos rojos de calle y jardín, los de hoja púrpura, que son cultivares ornamentales. Si lo que te interesa es ese árbol y no el pie de injerto, tienes su cultivo detallado en Prunus cerasifera y en ciruelo de hojas púrpuras.
Cómo saber si el tuyo es borde o va injertado
Se mira el tronco, a ras de suelo. Un frutal injertado tiene un punto de injerto visible en los primeros palmos: un cambio de grosor, un codo, una cicatriz o un anillo de corteza distinta. Por encima de esa marca está la variedad; por debajo, el patrón. Un pie franco no tiene ese escalón: el tronco sube uniforme desde el cuello.
Hay tres señales más que ayudan:
- Las espinas. Los pies francos y los rebrotes de patrón suelen tener ramillas terminadas en punta. Las variedades de huerta casi nunca pinchan.
- La hoja y el vigor. Si de la base del árbol salen ramas con hoja distinta (más pequeña, otro color, otro brillo) y crecen el doble de rápido que el resto de la copa, esas ramas son del patrón.
- La fruta. Ciruelas muy pequeñas, todas iguales, que caen enteras al suelo y que nadie recoge, son casi siempre de mirobolano.
Cuando el pie se come al árbol
Es el caso más común y el que más disgustos da. Compras un ciruelo injertado, se hiela, se seca o se rompe la parte de arriba, y el patrón, que sigue vivo con todas sus raíces, brota con fuerza. En dos o tres años tienes un árbol frondoso, sano, lleno de flor y con una fruta que no se parece a la que compraste. No ha degenerado nada: lo que ves es el pie, que siempre estuvo ahí.
Los rebrotes del patrón se quitan en cuanto se ven, mientras están tiernos, arrancándolos de un tirón desde su inserción en lugar de cortarlos con tijera. Un corte deja yemas en la base y de cada corte salen dos o tres brotes nuevos. Si el rebrote ya está lignificado, se corta a ras, sin dejar tocón.
Injertarlo o arrancarlo
Un borde establecido es una raíz hecha y gratis, y eso vale mucho. Si el árbol está sano y en un sitio donde lo quieres, lo razonable es injertarle una variedad conocida en vez de arrancarlo y plantar uno de vivero, que tardará años en alcanzar ese porte.
Las dos vías habituales con ciruelo son el injerto de escudete a ojo dormido a finales de verano, cuando la corteza todavía se levanta bien, y el injerto de púa al final del invierno, antes de la brotación. En los dos casos hay que injertar sobre madera joven, usar púas o yemas de un árbol que hayas visto fructificar, y eliminar después todo lo que brote por debajo del injerto, que si no se lo come.
Merece la pena arrancarlo, en cambio, si está pegado a un muro o a una cimentación, si rebrota por raíz dentro de un seto o un césped, o si forma parte de una mata que ya has visto extenderse por su cuenta. Con el mirobolano eso pasa: en linderos y bordes de camino aparecen colonias enteras nacidas de un solo pie.
La fruta de un ciruelo borde
Se come. Las ciruelas de mirobolano son ciruelas: pequeñas, de piel fina, con más acidez y menos carne que las de huerta, y bastante desiguales de un árbol a otro. Hay pies con fruta dulce y agradable y pies con fruta insípida o astringente, y solo lo sabrás probándola. Es fruta acuosa y de poca pulpa, buena para mermelada y compota, donde la acidez juega a favor, y poco agradecida en fresco.
Antes de comerla, dos cautelas de sentido común. La primera, asegúrate de que es una ciruela y no otro fruto silvestre parecido: con lo que hay en un lindero se confunden endrinas, bayas de espino y frutos de arbustos que no se comen. La segunda:
El hueso no se come, no se machaca y no se muele. Como el de todos los Prunus (ciruelo, cerezo, albaricoquero, melocotonero, almendro amargo), la almendra que hay dentro del hueso contiene glucósidos cianogénicos. Tragarse un hueso entero sin querer no es lo mismo que romperlo y comer su interior, y eso último es lo que no se hace. Ante una ingestión que te preocupe, al médico, o al Servicio de Información Toxicológica del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses. Si el que se ha comido los huesos es un perro o un gato, al veterinario.
Lo que esta página decía antes
Esta dirección alojaba una lista de once "beneficios y propiedades del ciruelo borde" con indicaciones para el estreñimiento, para desintoxicar el organismo y para adelgazar, con cantidades de fruta y de hojas y una infusión que había que tomar en ayunas. Se ha retirado entera, igual que las fotos de archivo que ilustraban dolencias en vez de árboles.
El motivo es simple: las declaraciones de propiedades saludables en la Unión Europea están reguladas por el Reglamento (CE) 1924/2006 y las autoriza la Comisión Europea tras evaluación científica, no un artículo de internet. Para el ciruelo no hay nada de eso. Lo que sí se puede decir de una ciruela es lo que es: una fruta con mucha agua y fibra, poco más.
En resumen
Ciruelo borde es un árbol sin injertar, casi siempre un Prunus cerasifera nacido de hueso o rebrotado desde el pie de un frutal que murió por arriba. Se reconoce mirando el tronco a ras de suelo: si no hay punto de injerto, es franco; si hay ramas más vigorosas y espinosas saliendo por debajo de la cicatriz, es el patrón tomando el árbol.
Con un borde sano tienes dos opciones sensatas: injertarle una variedad que conozcas, aprovechando una raíz ya hecha, o arrancarlo si está donde no debe y rebrota por raíz. Su fruta se come y da buena mermelada, con la única regla firme de no romper ni moler los huesos.