De un solo tubérculo de dalia enterrado en abril se pueden obtener quince plantas antes de que termine la primavera, y ninguna de ellas cuesta dinero. Los bulbos, cormos, rizomas y tubérculos de floración estival tienen una virtud que se aprovecha poco: se multiplican con facilidad y por vías muy distintas según el órgano de reserva de cada especie, y esa es la manera de pasar de tres plantas compradas a un macizo entero en dos temporadas.
El calendario de plantación, las profundidades y el arranque de otoño están en la guía de bulbos que se plantan en primavera. Lo que sigue es la parte de propagación: cuándo se divide cada cosa, cómo se hacen esquejes de dalia, qué se hace con los cormillos del gladiolo y por qué la higiene del cuchillo importa tanto.
La dalia se divide por el cuello, no por el tubérculo
Aquí se pierde cada año una cantidad enorme de material por un malentendido anatómico. El tubérculo de dalia es una raíz engrosada y no tiene yemas propias. Todas las yemas están en el cuello, en la corona de tejido que une los tubérculos con la base del tallo del año anterior. Un tubérculo separado limpiamente, por muy gordo y sano que sea, no brotará jamás si no lleva un fragmento de esa corona con al menos un ojo.
La división se puede hacer en dos momentos. En otoño, al arrancar la mata, con el tejido todavía turgente y los cortes fáciles; el inconveniente es que los ojos son diminutos y casi invisibles. En primavera, la mata guardada se pone dos semanas en un sitio templado y luminoso, a 15-18 °C, con el cuello ligeramente humedecido: los ojos se hinchan, se tiñen de rosa o de verde y entonces se ve exactamente por dónde cortar. Este segundo método da muchas menos divisiones fallidas.
El procedimiento es el mismo en los dos casos: cuchillo bien afilado y desinfectado, corte que reparta la corona en piezas con uno o dos ojos y su raíz tuberosa correspondiente, eliminación del tallo viejo y de cualquier tubérculo con el cuello roto, y secado de las heridas durante veinticuatro o cuarenta y ocho horas en sitio aireado y a la sombra antes de guardar o plantar. Una división recién cortada y enterrada en tierra húmeda se pudre con facilidad.
Una mata adulta rinde entre cinco y diez divisiones útiles. Guarda las que tengan el ojo más claro y descarta sin pena las dudosas: media caja de divisiones sanas produce más flor que una caja llena de piezas sin yema.
Esquejes de dalia, el multiplicador de la temporada
Es la técnica con la que los viveros producen miles de plantas de una variedad, y funciona igual de bien en una galería doméstica. A finales de febrero o principios de marzo se coloca la mata entera, sin dividir, en una bandeja o maceta con sustrato apenas húmedo, dejando el cuello descubierto, en un sitio a 16-20 °C y con mucha luz.
Cuando los brotes alcanzan entre siete y diez centímetros y tienen dos o tres pares de hojas, se cortan con una cuchilla justo por su punto de inserción, llevándose una pequeña porción de tejido del cuello, lo que en jardinería se llama esqueje con talón. Ese talón es lo que garantiza el enraizamiento y lo que además permite que la planta forme su propio tubérculo el primer año.
Los esquejes se plantan en alveolos con perlita y fibra de coco a partes iguales, o en un sustrato de propagación cualquiera que sea muy aireado, se mantienen a 18-21 °C con humedad ambiental alta —una campana, una bolsa transparente o un pequeño propagador— y con luz difusa. Enraízan en dos o tres semanas. La mata madre vuelve a emitir brotes y admite dos o tres cortes sucesivos, de modo que un solo cuello puede dar de cinco a diez plantas.
Las plantas obtenidas así florecen el mismo verano, algo más tarde que una división, y en otoño ya han formado un tubérculo pequeño pero perfectamente viable para el año siguiente.
Los cormillos del gladiolo: dos temporadas de espera
Al arrancar un gladiolo aparece, alrededor de la base del cormo nuevo, un racimo de cormillos del tamaño de un guisante o menores, a veces varias decenas. Son propágulos completos y son gratis, pero necesitan dos ciclos para alcanzar calibre de floración.
Se separan y se guardan secos, en sobre de papel, en las mismas condiciones que los cormos grandes. La primera dificultad es su cubierta, una túnica dura que retrasa mucho la brotación: se puede pelar a mano con paciencia en los más gordos, o remojar los cormillos en agua durante veinticuatro o cuarenta y ocho horas justo antes de plantar, lo que iguala bastante la nascencia.
En primavera se siembran en línea, como si fueran una hortaliza, a tres centímetros de profundidad y a cuatro o cinco entre ellos, en un bancal de crianza aparte del macizo ornamental. Se riegan y se abonan con normalidad y, si alguno emite espiga floral, se corta en cuanto asoma: interesa que toda la energía vaya al cormo. Al final del primer verano se arrancan y se guardan; al final del segundo, la mayoría tendrá circunferencia suficiente para dar espigas de tamaño comercial.
El escamado de los liliums
El bulbo de lirio no tiene túnica: está formado por escamas carnosas sueltas, y cada una es capaz de regenerar una planta entera. Esa es la base del escamado, la técnica de multiplicación más rentable del género.
Se desentierra el bulbo o se aprovecha uno recién comprado, y se desprenden con un movimiento hacia abajo las escamas exteriores, procurando que se lleven un trozo de la base o disco. Se puede tomar la mitad de las escamas sin comprometer al bulbo madre, que se replanta enseguida.
Las escamas se meten en una bolsa con vermiculita o fibra de coco apenas humedecida, sin agua libre, y se mantienen a 20-22 °C en oscuridad. En seis a diez semanas se forman bulbillos en la zona basal de cada escama, del tamaño de un grano de maíz. A partir de ahí necesitan un periodo de frío de seis a ocho semanas a 4-5 °C —el cajón de la verdura del frigorífico sirve— para romper la latencia, y luego se plantan en bandeja o en bancal de crianza. Florecen al tercer año, a veces al segundo en las variedades asiáticas.
Un aviso antes de manipularlos. Todo el género Lilium, y también Hemerocallis, es gravemente tóxico para los gatos: basta el polen, el agua del jarrón o un fragmento de bulbo o de hoja para provocar un fallo renal agudo, y no existe antídoto, de modo que la única medida útil es no tener lirios donde haya gatos y acudir de inmediato al veterinario ante cualquier sospecha. En perros el cuadro es digestivo y mucho menos grave. Los tubérculos de dalia y los cormos de gladiolo son irritantes por ingestión, bastante menos peligrosos, pero tampoco están para roerlos. Conviene además lavarse las manos después de escamar bulbos: la savia de varias de estas especies irrita la piel.
Hay atajos según especie: el lirio tigre (Lilium lancifolium) produce bulbillos aéreos negruzcos en las axilas de las hojas que se recogen en verano y se siembran directamente, y muchos híbridos forman bulbillos en el tramo de tallo enterrado, que se separan al arrancar.
Cannas, begonias y el resto del grupo
Canna. El rizoma se corta en primavera, cuando ya se aprecian los ojos, en trozos de ocho a diez centímetros con dos o tres yemas cada uno. Herramienta limpia, heridas secas veinticuatro horas y a plantar. Es de las multiplicaciones más agradecidas que existen: una mata de tres años llena un macizo.
Begonia tuberosa. El tubérculo se puede partir cuando los brotes miden un par de centímetros, dejando al menos un brote por porción, pero es una operación delicada y con bastante riesgo de podredumbre. Sale mejor tomar esquejes basales de siete u ocho centímetros cuando los brotes tienen un palmo, enraizándolos en las mismas condiciones que los de dalia.
Crocosmia, Eucomis, Tigridia, Hymenocallis. Todos se multiplican por separación de hijuelos al arrancar o en el trasplante de primavera. La crocosmia forma cadenas verticales de cormos apilados: se separan y se replantan solo los dos o tres superiores, que son los vivos.
Agapanto. División de la mata, mejor en primavera, con una pala o un cuchillo grande porque las raíces carnosas forman un bloque compacto. Cada porción debe llevar varios abanicos de hojas. Conviene saber que una división tarda una o dos temporadas en volver a florecer.
Semilla: cuándo tiene sentido
La semilla no reproduce las variedades. Un tubérculo de dalia ‘Café au Lait’ multiplicado por división da exactamente esa dalia; sembrada su semilla, sale un surtido de descendientes distintos. Eso es un inconveniente si se busca una variedad concreta y una ventaja si se quiere obtener plantas nuevas propias, que es un juego perfectamente al alcance de un aficionado: la dalia de semilla forma su tubérculo el primer año, así que cualquier ejemplar interesante se puede conservar y multiplicar después por vía vegetativa.
Por especies: la Tigridia pavonia germina bien y florece al segundo año, y es la más agradecida del grupo. La canna necesita escarificar la cubierta pétrea de la semilla —una lima o una lija en un punto del tegumento— y germina en dos o tres semanas a 22-25 °C. La begonia tuberosa tiene semilla pulverulenta que se siembra en superficie en enero, bajo cubierta y con luz, y exige mucha paciencia. Crocosmia y Eucomis tardan tres años en llegar a flor.
El virus, la razón por la que se descarta material
Multiplicar en casa tiene un riesgo que hay que asumir de frente: las virosis se propagan justamente por vía vegetativa, y no tienen cura. El virus del mosaico de la dalia, el del moteado amarillo de la canna y el complejo de virus de los lirios se transmiten por pulgón y por la savia que queda en el filo del cuchillo al pasar de una planta a otra.
Los síntomas que obligan a descartar: estrías o bandas claras paralelas a los nervios en la hoja nueva, moteado amarillo difuso, hoja deformada o abullonada, mata que se queda enana con entrenudos cortos, flor con rayas o sectores de color distinto que no corresponden a la variedad. Nada de eso se corrige con abono ni con hierro.
Las medidas prácticas son tres. Desinfectar la hoja de corte entre planta y planta, con alcohol de 70º, con lejía diluida o pasándola por la llama, que es lo más rápido cuando se dividen veinte matas seguidas. Controlar el pulgón durante el crecimiento, porque es el vector. Y no multiplicar nunca a partir de una planta sospechosa, por muy buena que sea la variedad: retirarla entera, con su cepa, y no compostarla junto al resto.
A esto se añade una regla de cuarentena sencilla: el material nuevo comprado se cultiva el primer año en una zona aparte, y solo se incorpora al banco de multiplicación si se comporta con normalidad.
En resumen
Cada órgano de reserva se multiplica a su manera. La dalia solo se divide por el cuello, con un ojo en cada porción, y admite además esquejes con talón tomados en marzo de una mata forzada, que dan de cinco a diez plantas por cepa y florecen ese mismo verano. El gladiolo se propaga con los cormillos de la base, sembrados en bancal de crianza y sin dejarles florecer, con dos temporadas de espera. El lirio se multiplica por escamado, con bulbillos formados en vermiculita a 20-22 °C y un pase posterior de frío. Canna y agapanto, por división de rizoma y de mata; la begonia, mejor por esqueje basal que partiendo el tubérculo.
La semilla no reproduce las variedades, pero sirve para obtener plantas propias y es la vía fácil en Tigridia. Y la precaución que sostiene todo el sistema es sanitaria: cuchillo desinfectado entre plantas, control del pulgón y descarte inmediato del material con estrías, moteado o deformaciones, porque las virosis viajan precisamente en el mismo tubérculo que se está regalando al vecino.