«Anona blanca» es un apellido que se le pone a varias anonas de pulpa clara, no el nombre de una especie. En El Salvador y Guatemala suele referirse a la ilama, Annona diversifolia, un frutal de la vertiente pacífica centroamericana que tiene formas de pulpa blanca y formas de pulpa rosada. En otros países se usa simplemente para distinguir un anón o una chirimoya de pulpa clara frente a la anona colorada, Annona reticulata, que se tiñe de rojizo al madurar. Todas son del género Annona.
Si has llegado hasta aquí es probable que tengas una fruta en la mano y te estés preguntando si esas semillas negras sirven para plantar un árbol. La respuesta corta es que sí germinan, y que aun así casi nunca es lo que te conviene hacer. Este artículo va de eso: cómo se multiplican las anonas, por qué la fruta buena viene siempre de árbol injertado y qué falla en cada método. Y el aviso previo, que aquí importa el doble porque vas a manipular semillas: las semillas de las anonas son tóxicas y no se comen, ni enteras ni molidas. Lávate las manos después de manejarlas y no te toques los ojos, porque el polvo de semilla molida es muy irritante.

Por siembra: lo fácil y lo que no te dicen
La semilla de anona germina sin grandes complicaciones. Se limpia bien de restos de pulpa, porque los azúcares que quedan pegados enmohecen el sustrato, se seca a la sombra y se siembra en un sustrato suelto y drenante, a poca profundidad, con calor constante. Es un proceso que pide paciencia: la germinación de este grupo es lenta e irregular, y no es raro que unas nazcan bastante antes que otras del mismo lote.
Dos cosas conviene saber antes de empezar. La primera es que la semilla pierde poder germinativo con el tiempo, así que la fresca funciona mucho mejor que la que lleva meses en un cajón. La segunda, y es la importante, es que una anona nacida de semilla no repite la fruta de la que salió. Estos frutales no son fieles al sembrarlos: la descendencia sale variable, y lo habitual es que dé fruta más pequeña, menos dulce o de peor textura que la madre. Esa es la razón de fondo por la que no se propagan así en cultivo.
A eso se suma el tiempo. Un árbol de semilla tarda bastantes años en entrar en producción, más que uno injertado, y hasta entonces no sabrás qué fruta te va a dar. Puedes invertir seis o siete años en descubrir que te ha tocado un ejemplar mediocre.
Sembrar tiene sentido con un objetivo concreto: obtener patrones, es decir, plantas jóvenes destinadas a ser injertadas después. Ahí la variabilidad no molesta, porque lo que se busca es un sistema radicular sano sobre el que colocar la variedad elegida.
Por injerto: lo que se hace de verdad
Prácticamente todos los chirimoyos, anones y atemoyas de plantación son árboles injertados, y por eso la fruta es uniforme dentro de cada variedad. El injerto permite dos cosas a la vez: reproducir exactamente una variedad concreta, y adelantar la entrada en producción varios años respecto a una planta de semilla.
El esquema es siempre el mismo. Se cría un patrón de semilla hasta que alcanza el grosor de un lápiz, y entonces se le injerta una púa o una yema tomada de un árbol de la variedad que se quiere multiplicar. Se hace en primavera, con la planta en actividad, que es cuando la corteza se separa bien y la unión suelda.
Las técnicas habituales son las de cualquier frutal: el injerto de púa en la parte alta del patrón, y el de yema o escudete cuando el patrón es joven y de corteza fina. Nada exclusivo de las anonáceas.
Lo que sí tiene esta familia es una lista propia de fallos:
- Frío en el momento de injertar. Es el error más frecuente. Estos árboles no sueldan bien con temperaturas bajas, y un injerto hecho demasiado pronto se seca sin prender.
- Púa mal conservada. El material de injerto se deshidrata muy deprisa. Si no va a usarse en el momento, se guarda envuelto en un paño húmedo y en frío, y aun así conviene no alargarlo.
- Madera equivocada. Se toman ramas del año, bien lignificadas, ni tiernas ni viejas.
- Injertar bajo. El punto de injerto debe quedar por encima del nivel del suelo, y ahí se mantiene al plantar. Si se entierra, la variedad acaba echando sus propias raíces y se pierde el efecto del patrón.
- Olvidar los chupones. El patrón rebrota por debajo del injerto con fuerza. Si no se le quitan esos brotes, roban savia y pueden ahogar la variedad injertada.
Por esqueje y por acodo
El esqueje es la vía que casi todo el mundo intenta primero y la que peor funciona. Las anonáceas enraízan con dificultad a partir de estaca leñosa, y aunque puntualmente se consiga algún enraizamiento, no es un método fiable para un aficionado ni se usa en producción. Si tu plan era cortar una rama y meterla en un vaso de agua, ahórrate el disgusto.
El acodo aéreo, en cambio, da algo más de juego. Consiste en provocar el enraizamiento en una rama sin separarla del árbol, anillando la corteza, envolviendo la zona con sustrato húmedo y esperando a que emita raíces antes de cortar. Es lento y tampoco es infalible, pero tiene la ventaja de mantener la rama alimentada por el árbol madre mientras tanto. Se hace en la época de crecimiento activo, nunca en reposo.
Antes de ponerte: ¿va a vivir donde tú estás?
Esta pregunta ahorra mucho trabajo. Las anonas de pulpa blanca del grupo centroamericano, como la ilama, son estrictamente tropicales y no toleran las heladas. En la España peninsular no prosperan al aire libre, por mucho esmero que se ponga en el injerto.
La única del género con cultivo consolidado aquí es el chirimoyo, Annona cherimola, y su sitio es la costa de Granada y Málaga, algún enclave resguardado del litoral mediterráneo cálido y Canarias. Tienes su ficha en chirimoya y el proceso completo de plantación en cómo plantar un chirimoyo. Si vives en el interior o en el norte, lo honesto es decirlo: no es un frutal para tu jardín.
Y aunque el árbol arraigue, queda el otro cuello de botella del género. La flor de las anonas madura primero en fase femenina y después en masculina, y fuera de su área de origen faltan los escarabajos que la polinizan, de modo que hay que hacer la polinización a mano con un pincel para obtener frutos bien formados. Multiplicar el árbol es solo la mitad del trabajo.
Lo que esta página ya no dice
La versión anterior de este artículo prometía nueve beneficios de la anona blanca: adelgazar, bajar el colesterol, reforzar las defensas, regular la tensión, tratar la depresión y actuar contra tumores. Se ha retirado entero.
En la Unión Europea, las declaraciones de propiedades saludables de los alimentos están reguladas por el Reglamento (CE) 1924/2006 y las autoriza la Comisión Europea tras una evaluación científica, no una página de internet, y para esta planta no hay ninguna autorizada. De la fruta se puede decir lo que es: dulce, de pulpa cremosa, con una parte importante de agua y de azúcares. Conviene añadir que las anonáceas contienen acetogeninas, compuestos asociados en la literatura científica a un síndrome neurológico atípico observado en poblaciones con consumo muy alto y continuado de hojas e infusiones, motivo suficiente para no tomar extractos ni tés de hoja de anona. Si te los han recomendado, háblalo con tu médico.
En resumen
La semilla de anona germina, pero no reproduce la fruta de la que salió y tarda años en dar algo, así que su papel real es servir de patrón. La multiplicación seria se hace por injerto de púa o de yema en primavera, sobre patrón de semilla, cuidando la conservación del material, dejando el punto de injerto por encima del suelo y quitando los chupones. El esqueje casi nunca funciona y el acodo aéreo es una alternativa lenta.
Y antes de todo eso, comprueba el clima. Las anonas blancas centroamericanas no aguantan heladas, y en España la única opción realista del género es el chirimoyo en la franja costera cálida y en Canarias. Las semillas, en cualquier caso, ni se comen ni se muelen: se tiran o se siembran.