El mismo género que produce en agosto el mejor postre gratuito del campo español es el que se traga un bancal abandonado en cinco o seis años. Rubus tiene dos caras y merece la pena tratarlas por separado, porque las técnicas de cultivo y las de control son opuestas y quien las mezcla acaba con un frutal improductivo o con una zarza imposible.
La caña bienal, la clave de todo
Antes de hablar de variedades, de alambres o de herbicidas hay que entender el ciclo, porque de él se deduce absolutamente todo lo demás. En Rubus, la raíz y la corona son perennes; las cañas, no. Cada caña vive dos temporadas:
Primer año. Nace de la corona o de una yema radicular y crece, solo crece. Es lo que se llama caña primaria o primocaña. Alcanza dos, tres o cinco metros según la variedad y no da ni una flor. Acumula reservas y forma yemas.
Segundo año. Esa misma caña, ya endurecida, emite ramillas laterales cortas en las que aparecen las flores y luego los frutos. Se la llama caña fructífera o floricaña.
Después de fructificar, se seca. Sin excepción. Muere de pie y se queda ahí, leñosa y espinosa, estorbando.
De ahí que en una zarzamora bien llevada convivan siempre dos generaciones: las cañas que están dando fruto este año y las que lo darán el que viene. Toda la poda consiste en distinguirlas y en retirar a tiempo las agotadas. Existen variedades llamadas de fructificación en primocaña, del tipo Prime-Ark o 'Reuben', que dan una cosecha tardía sobre madera del mismo año y permiten simplificar el manejo, pero siguen siendo minoría en el mercado español.
Variedades: espinas, porte y sabor
La primera decisión es si se quieren espinas. Las variedades inermes han cambiado la vida del huerto doméstico: 'Thornfree', 'Loch Ness', 'Chester Thornless', 'Triple Crown', 'Navaho' o 'Apache' se recogen sin guantes y se podan sin sangrar. A cambio, muchas de ellas son algo menos rústicas y con frecuencia el fruto tiene menos aroma que el de las espinosas.
Entre las espinosas siguen a la cabeza 'Himalayan Giant' por productividad bruta y 'Karaka Black' por calibre y sabor. Y está la zarza local, la Rubus ulmifolius del ribazo, que sin ningún cuidado da moras pequeñas y muy aromáticas.
La segunda decisión es el porte. Las de porte erguido ('Navaho', 'Apache') se sostienen casi solas y necesitan menos alambre; se plantan a 1,2 o 1,5 metros entre plantas. Las rastreras o semirrastreras ('Thornfree', 'Loch Ness') emiten cañas larguísimas que hay que conducir, y piden 2,5 o 3 metros de separación.
En cuanto a clima, la zarzamora cultivada va bien en casi toda España. Requiere pocas horas de frío invernal, tolera el calor si tiene agua, prefiere suelo suelto, fresco y ligeramente ácido, entre pH 5,5 y 7, y sufre clorosis en calizas fuertes. Sol pleno para el azúcar del fruto, aunque acepta media sombra de tarde en el sur.
Entutorado: separar lo viejo de lo nuevo
El entutorado no es estético, es funcional: sirve para tener las dos generaciones en sitios distintos y poder podar sin equivocarse ni pelearse con las espinas.
El montaje habitual es una espaldera de postes cada cuatro o cinco metros con tres alambres tensos a unos 80, 120 y 170 centímetros del suelo. Sobre ella caben dos sistemas.
Sistema de lados alternos. Las cañas fructíferas se atan todas hacia la derecha; las nuevas del año, según van creciendo, se guían hacia la izquierda. Al terminar la cosecha se corta a ras todo el lado derecho y en invierno se pasan las jóvenes a ese lado, dejando libre el izquierdo para la siguiente tanda. Es el método más limpio y el más recomendable.
Sistema de abanico o de trenzado. Las fructíferas se abren en abanico sobre los alambres inferiores y las nuevas se conducen verticales por el centro y se dejan caer al alambre superior. Ocupa menos, pero exige más ojo al podar.
En cualquiera de los dos, se atan con rafia o cinta blanda, sin apretar. Los principios generales de sujeción y anclaje al muro están en consejos a la hora de colocar enredaderas y valen igual aquí.
Poda y recolección
Hay dos intervenciones al año y ninguna es complicada.
Nada más terminar la cosecha, entre finales de agosto y septiembre, se cortan a ras de suelo todas las cañas que han fructificado. Se reconocen porque tienen los pedúnculos secos del fruto, la corteza agrietada y color pardo. Se sacan enteras del alambre, se trocean y se retiran; dejarlas puestas es fuente de podredumbre gris y de antracnosis para las jóvenes.
Al final del invierno, en febrero, se seleccionan las primocañas que se van a conservar. Entre cuatro y seis por planta bastan; el resto se elimina. A las conservadas se les despunta la parte fina y mal madurada de la punta, y si tienen laterales largos se acortan a treinta o cuarenta centímetros. Menos cañas significa fruto más grueso y mejor ventilación.
La recolección va de julio a septiembre según variedad y zona. La mora está en punto cuando pierde el brillo, se vuelve mate y se desprende sola con un toque; si hay que tirar, aún no está. A diferencia de la frambuesa, en la zarzamora el receptáculo se lleva con el fruto, por eso la mora es maciza por dentro y la frambuesa hueca. No madura después de recogida, así que no tiene sentido cogerla verde. Aguanta dos o tres días en frío y poco más; se congela bien extendida en bandeja.
Una planta adulta bien llevada rinde entre cinco y diez kilos, cifra que explica por qué dos o tres plantas cubren de sobra el consumo de una familia.
La otra cara: por qué la zarza silvestre gana
La misma biología que hace productivo al frutal convierte al silvestre en un problema serio de finca. Cuatro mecanismos actúan a la vez.
Acodo natural de la punta. Cuando una caña larga se arquea y su extremo toca el suelo, esa punta enraíza y forma una planta hija independiente y ya provista de raíz propia. La zarza no se extiende poco a poco desde el centro: avanza a saltos de dos o tres metros, colonizando por delante. Cada punta enraizada es un pie nuevo que al año siguiente repite la operación.
Banco de semillas. Zorros, tejones, mirlos y currucas comen moras y dispersan la semilla a distancia con abono incluido. Esa semilla es longeva y permanece viable en el suelo durante muchos años, de modo que una parcela desbrozada a fondo germina de nuevo en cuanto se abre la luz.
Rebrote desde la raíz y la corona. Cortar la parte aérea no mata nada. La corona conserva yemas y las raíces también, y responden al corte con un rebrote más vigoroso y más ramificado que lo que había antes.
Apomixis y poliploidía. Buena parte de las zarzas europeas producen semilla viable sin fecundación, clonando a la madre, y además son poliploides y se hibridan entre sí con facilidad. El resultado es que cada linaje estable se perpetúa idéntico y el género se ha fragmentado en centenares de microespecies descritas, un campo tan endiablado que tiene nombre propio, la batología. En la práctica de campo importa poco cuál se tenga delante, pero explica por qué dos zarzales vecinos pueden comportarse de forma distinta.
Qué funciona para controlarla
Lo que no funciona es un desbroce único. La zarza rebrota con reservas intactas y en dos temporadas está peor que al principio. Lo que sí funciona es agotar la reserva subterránea por repetición, y eso lleva de dos a tres años.
Un plan realista, en orden:
Corte inicial a ras a final de invierno, retirando y sacando la biomasa para poder ver el terreno y localizar las coronas.
Extracción de coronas con azada de peto, laya o, en superficies grandes, con desbrozadora de cadenas y posterior arrancado. Cada corona sacada es una planta menos, y es el trabajo que más rinde por hora empleada.
Corte repetido del rebrote cada seis u ocho semanas durante toda la temporada de crecimiento. Cada vez que la planta reconstruye hoja gasta reservas; si nunca se le deja completar el ciclo, se rinde.
Vigilancia de las puntas. Cualquier caña que quede debe despuntarse antes de que llegue al suelo, o se habrá creado una planta nueva a tres metros.
Pastoreo, donde sea posible. Las cabras son extraordinariamente eficaces con la zarza y resuelven en dos campañas lo que a mano cuesta un par de años.
Cobertura y competencia. Sobre el terreno ya limpio, sembrar pradera densa o cubrir con lámina opaca impide la germinación del banco de semillas, que es lo que devuelve el zarzal cuando ya parecía vencido.
Si se recurre a herbicida sistémico, la eficacia depende del momento: aplicado sobre rebrote joven y activo a final de verano o principio de otoño, cuando la planta transloca hacia la raíz. Fuera de esa ventana se quema la hoja y poco más. Conviene respetar la normativa vigente sobre uso y sobre zonas sensibles, y no aplicarlo cerca de cauces ni de plantas comestibles.
Antes de arrasarlo, una consideración
El zarzal es, ecológicamente, una de las estructuras más productivas del paisaje agrario español. Su flor da néctar y polen durante semanas a abejas, abejorros y sírfidos en un momento del verano en que hay poco más. Su fruto alimenta a mirlos, currucas, zorzales, zorros y tejones justo antes de la migración y del invierno. Y su espinosidad crea un refugio impenetrable donde nidifican paseriformes y donde germinan, protegidos del diente del ganado, los plantones de encina, roble o fresno que en un pasto abierto no llegarían a nada. La zarza es, literalmente, la nodriza del bosque.
Lo sensato en una finca no suele ser eliminarla del todo sino decidir dónde está: fuera de los frutales, de los caminos y de las lindes que hay que transitar; conservada en el ribazo, en la esquina improductiva y en el perímetro. Un zarzal delimitado y mantenido a raya es un activo, no una plaga.
En resumen
El manejo de Rubus gira alrededor de la caña bienal: crece un año, fructifica el siguiente y se seca, y de ahí sale toda la poda y todo el entutorado. Como frutal conviene elegir variedad inerme si se quiere comodidad, montar una espaldera de tres alambres, separar las cañas nuevas de las viejas y cortar a ras las agotadas nada más cosechar. Como maleza, la zarza gana por acodo de punta, banco de semillas persistente, rebrote de corona y apomixis, y solo cede ante la repetición sostenida durante dos o tres temporadas, con extracción de coronas y control de las puntas. Y antes de limpiarlo todo, conviene recordar que un zarzal alimenta y refugia media fauna del entorno, así que la decisión razonable es acotarlo, no borrarlo.