Con el nombre de Ipomoea violacea circulan en jardinería dos plantas distintas y una advertencia sanitaria seria. La advertencia va primero, porque afecta a la parte de la planta que se compra en sobre y se guarda en un cajón: las semillas de estas ipomeas contienen alcaloides de tipo ergolina y su ingestión ha causado intoxicaciones graves. Después, y ya con eso claro, viene lo que interesa al jardinero, que es una trepadora anual rápida y de floración fugaz.
La semilla no es comestible ni inocua
Las semillas de Ipomoea violacea, de Ipomoea tricolor y de Turbina corymbosa contienen alcaloides ergolínicos, principalmente amida del ácido lisérgico —ergina o LSA— y sus derivados, producidos en realidad por hongos endófitos que viven asociados a estas plantas. La ergina está sometida a fiscalización en varios países y figura como sustancia controlada, por ejemplo, en la legislación estadounidense; el ácido lisérgico y sus derivados están además sujetos a control como precursores.
Lo relevante en términos de salud es que la ingestión de esas semillas está documentada en la literatura clínica con cuadros de dos tipos. Por un lado, efectos vasculares: los ergolínicos son vasoconstrictores potentes, y se han descrito hipertensión, dolor torácico, palidez y frialdad de las extremidades e isquemia periférica, con el agravante de que ese efecto se prolonga durante horas. Por otro, cuadros psiquiátricos: ansiedad intensa, agitación, confusión, alucinaciones y episodios psicóticos que en algunos casos publicados se han prolongado días o semanas después de una sola exposición. Se suman náuseas y vómitos intensos casi siempre, porque el contenido de la semilla es fuertemente emético.
Hay un segundo riesgo, independiente del anterior y que a menudo se pasa por alto: la semilla comercial de jardinería suele ir tratada. Los sobres de vivero llevan con frecuencia fungicidas de recubrimiento —del grupo de los tiuram y similares—, y algunos proveedores añaden deliberadamente sustancias repelentes o eméticas para desalentar el consumo. Esos tratamientos no se eliminan lavando y añaden su propia toxicidad, con reacciones digestivas y cutáneas que nada tienen que ver con los alcaloides.
Este artículo no describe preparaciones, cantidades ni procedimientos de ningún tipo, y no hay lectura de la que se pueda extraer una. La semilla se siembra y no se manipula de otra manera. Ante una ingestión, propia o de un niño o un animal, se llama al Instituto Nacional de Toxicología: 91 562 04 20, servicio de veinticuatro horas, o al 112. Y quien tome medicación —de manera muy señalada triptanes, ergotamínicos para la migraña, antidepresivos serotoninérgicos o antihipertensivos— tiene motivos adicionales para no acercarse a estas semillas, por interacción directa con los mismos receptores; cualquier duda es para el médico o el farmacéutico, no para internet.
Como planta de jardín, la consecuencia práctica es sencilla: guardar los sobres fuera del alcance de los niños, recoger las cápsulas maduras si hay niños pequeños o gallinas en la parcela, y no aceptar semilla de origen desconocido.
Dos plantas con el mismo nombre
Resuelto lo anterior, conviene el detalle botánico, porque explica descripciones contradictorias.
Ipomoea violacea L. en sentido estricto es una especie pantropical de costa, presente en playas y dunas de América, África, Asia y Oceanía, de tallos perennes y algo suculentos, hoja acorazonada de aspecto céreo y flor grande y blanca que abre de noche y se marchita con la mañana, polinizada por esfíngidos. Se la conoce también como campanilla de playa o luna de mar.
La planta que se vende en España con ese nombre y con flor azul, violeta o celeste es en la mayoría de los casos Ipomoea tricolor —el tlitliltzin mexicano, cuyo cultivar más extendido es 'Heavenly Blue'—, una anual de crecimiento rápido con flor diurna. Buena parte de la bibliografía etnobotánica del siglo XX empleó el nombre Ipomoea violacea para referirse precisamente a I. tricolor, y de ahí viene la mezcla que aún arrastran catálogos y sobres de semillas. Ambas contienen los mismos alcaloides, de modo que la advertencia vale igual para las dos.
La flor de una mañana
Lo característico de la ipomea azul de jardín es la duración de su flor: la corola, en embudo, con la garganta blanca o amarillenta, se abre de madrugada, alcanza su plenitud con el sol bajo de la mañana y hacia el mediodía se ha enrollado sobre sí misma, hecha un cucurucho arrugado, para caer al día siguiente. Cada flor dura, en la práctica, unas cinco o seis horas.
Eso, que parece un defecto, es lo que hace la planta: como abre en tandas sucesivas y muy numerosas, un ejemplar bien situado produce docenas de flores nuevas cada mañana desde julio hasta las primeras heladas. El color cambia además a lo largo de la vida de la flor, del rosado del botón al azul intenso, porque los pigmentos antociánicos viran con el pH del interior de la célula. Por su horario, es planta para colocar donde se la vea temprano: la ventana del desayuno, la puerta de entrada, la barandilla de un balcón orientado al este.
Cultivo
Siembra. La cubierta de la semilla es dura e impermeable, así que germina mal si se siembra tal cual. Se escarifica: un raspado suave con papel de lija en el lado opuesto al ombligo, o un remojo de doce a veinticuatro horas en agua templada dejándola enfriar sola. Con eso la germinación pasa de errática a uniforme en cinco o siete días a 20-22 ºC. Se siembra en marzo o abril en semillero protegido, o directamente en el sitio definitivo desde mediados de abril en el sur y desde mayo en el interior. Detesta el trasplante, así que lo mejor son macetas de turba o alvéolos individuales que se entierran enteros.
Ubicación y soporte. Sol pleno; en sombra hace tallo y no flor. Es voluble, se enrolla en el sentido de las agujas del reloj visto desde arriba y necesita algo delgado —cordel, alambre, malla— porque sobre un tubo grueso resbala. Alcanza de tres a cinco metros en una temporada.
Riego y abono. Riego regular sin encharcar. Y aquí un punto contraintuitivo: en suelo rico florece menos. El nitrógeno abundante la vuelve una masa de hojas acorazonadas sin apenas flor, y por eso funciona mejor en tierra pobre y con riego contenido. Si una ipomea está preciosa de hoja y no da flor, lo que sobra es abono.
Plagas. Pulgón en los ápices en primavera, araña roja en muro caliente y seco, y en el sur la oruga de Agrius convolvuli, la esfinge de la correhuela, que puede defoliar una planta en pocos días.
Por velocidad y por coste está entre las mejores soluciones para cubrir algo durante una sola temporada, según lo que planteamos en el artículo sobre trepadoras de crecimiento rápido, y su hueco en el año está en el calendario de trepadoras con flor.
Escapada de cultivo
En zonas cálidas del país estas ipomeas no se comportan como anuales dóciles: la cápsula suelta semillas que germinan al año siguiente por todas partes, y en litoral sin heladas la planta puede rebrotar de base y perpetuarse. En huertas y ribazos del Levante, de las Baleares y del valle del Guadalquivir es habitual encontrar ipomeas asilvestradas —sobre todo Ipomoea indica, de flor azul y hoja a menudo trilobulada— cubriendo cañaverales, cítricos y setos, con capacidad para sombrear y ahogar lo que tapan.
La medida sensata en clima cálido es cortar las cápsulas antes de que sequen y se abran, lo que además prolonga la floración, y no arrojar restos de poda ni de siembra a márgenes o cauces. En el interior peninsular el problema no se plantea: la primera helada acaba con la planta entera.
En resumen
Las semillas de estas ipomeas contienen alcaloides ergolínicos, su ingestión ha provocado intoxicaciones con vasoconstricción y cuadros psiquiátricos prolongados, y la semilla comercial suele ir tratada con fungicidas que la hacen peligrosa por sí mismos: no se consume, y ante una ingestión se llama al 91 562 04 20 o al 112. Dicho eso, con el nombre de Ipomoea violacea se venden dos plantas: la verdadera es una especie costera de flor blanca nocturna, y la de jardín, de flor azul diurna, es casi siempre Ipomoea tricolor. Como ornamental es una anual excelente: se escarifica la semilla, se siembra en abril, se le da sol, soporte fino y poco abono, y abre cada madrugada docenas de flores que se cierran al mediodía. En clima cálido conviene cortar las cápsulas antes de que suelten semilla, porque se asilvestra con facilidad.