En un patio de cinco metros no cabe una glicinia, y ahí es exactamente donde encaja Hardenbergia violacea. Da lo mismo que se busca en aquella —racimos colgantes de flor violeta a finales del invierno, sobre planta leñosa y trepadora— pero en un formato de dos o tres metros, de hoja perenne y sin madera capaz de retorcer un bajante. La llaman glicinia de coral, y en su Australia natal, purple coral pea o false sarsaparilla.
Qué planta es
Es una leguminosa (Fabaceae) del este de Australia, distribuida de forma natural desde Queensland hasta Tasmania, en bosque abierto de eucalipto y matorral costero sobre suelos arenosos. Trepa por enrollamiento del tallo —es voluble, no tiene zarcillos ni ventosas—, de modo que necesita algo delgado en torno a lo que girar: alambre, caña, malla de nudo, los barrotes de una verja. Contra una pared lisa no sube.
La hoja es perenne, simple, lanceolada, de cinco a diez centímetros, verde oscura, coriácea y con tres nervios marcados que salen de la base, un detalle que sirve para identificarla. Las flores son típicas de guisante, de menos de un centímetro, agrupadas en racimos axilares de diez a quince centímetros que la planta produce en cantidad enorme, hasta cubrirse. El color habitual es violeta intenso con una mancha amarilla o verdosa en la base del estandarte, que es la señal que guía a la abeja. Hay cultivares blancos ('Alba', 'White Out'), rosados ('Rosea', 'Pink Cascade'), el vigoroso 'Happy Wanderer' —que es el que se encuentra casi siempre en vivero— y formas enanas no trepadoras como 'Mini Haha', útiles como tapizante en talud.
Florece a finales de invierno: de febrero a abril en la mayor parte de España, y desde enero en el litoral cálido. Ese es su otro argumento, porque coincide con un momento del año en el que un jardín mediterráneo tiene poco que enseñar.
Frente a la glicinia verdadera
La diferencia de escala es de un orden de magnitud. Wisteria sinensis alcanza sin esfuerzo de diez a veinte metros de longitud, acumula cientos de kilos de madera y exige una estructura calculada; Hardenbergia violacea se queda en dos o tres metros —excepcionalmente cinco en condiciones muy favorables— y su tallo, aunque lignifica, no llega a diámetros capaces de deformar nada. Una malla de acero plastificado o un enrejado de listón la sostienen de por vida.
Hay otras dos diferencias prácticas. La Hardenbergia es perenne, así que el soporte no queda desnudo en invierno, y no rebrota de raíz ni emite chupones a distancia. A cambio, sus racimos son mucho más cortos, la flor es menor y no tiene el perfume de la glicinia japonesa. Es una alternativa por tamaño y por época, no una sustituta estética.
Distinguirla de Hardenbergia comptoniana
En vivero conviven las dos y se confunden. La regla es la hoja: H. violacea tiene la hoja simple, de una sola pieza; H. comptoniana, de Australia Occidental, la tiene trifoliolada, con tres foliolos estrechos sobre un peciolo común. La segunda es más vigorosa, llega a cuatro o cinco metros, produce racimos más largos y ramificados, y es más delicada: quiere suelo arenoso ácido y no soporta ni el frío ni la caliza que la primera tolera. Para un jardín español medio, H. violacea es la elección sensata; H. comptoniana, un capricho para Málaga, Canarias o litoral levantino.
El suelo, que es donde se pierde en España
Su exigencia es clara: suelo ácido a neutro, arenoso y muy drenado, con pH entre 5,5 y 6,8. En buena parte del país el suelo es calizo, con pH de 7,5 a 8,5, y ahí la planta desarrolla clorosis férrica: hoja amarilla con los nervios todavía verdes, primero en los brotes nuevos, porque el hierro está presente en el suelo pero precipitado y no disponible. No es una carencia que se arregle regando distinto.
Las salidas son dos. En suelo calizo, cultivarla en maceta o jardinera grande con sustrato para plantas acidófilas, regando con agua de lluvia o con agua de baja conductividad, y corrigiendo con quelato de hierro EDDHA —que es el que sigue siendo estable a pH alto— una o dos veces al año. O plantarla directamente en el suelo solo si este es silíceo, cosa que en España sucede en Galicia, buena parte del oeste peninsular, Sierra Morena, el Sistema Central y la mitad de Canarias.
Un segundo requisito, menos conocido: como muchas plantas australianas, es sensible al exceso de fósforo. Los abonos universales concentrados le producen ennegrecimiento y muerte de raíces finas. Se abona poco, con fertilizante para acidófilas o específico de plantas australianas, de bajo contenido en fósforo, y en primavera.
Rusticidad y ubicación
Una planta establecida aguanta entre −5 y −7 ºC sin daño serio; por debajo pierde parte de la hoja y de la madera fina, y a partir de −8 o −9 ºC se pierde entera. Un ejemplar joven, en su primer invierno, sufre ya a −3 ºC. Eso la sitúa en zonas USDA 9 y 10: todo el litoral mediterráneo y atlántico sur, Baleares, Canarias, valle del Guadalquivir y zonas resguardadas del interior si van contra un muro al sur. En Burgos o en Teruel es planta de maceta con invernada bajo cubierta.
Quiere sol pleno o sombra ligera. En el sur agradece que la tarde le dé algo de sombra, sobre todo si está en tiesto. Y odia el encharcamiento: un cepellón que se mantiene saturado varios días termina en podredumbre radicular por Phytophthora, y esa es, junto con la caliza, la causa más habitual de que se muera.
Riego, poda y multiplicación
Riego. Tolerante a la sequía una vez arraigada, lo que en la práctica significa después de dos veranos completos con riego regular. A partir de ahí, en tierra, un riego profundo cada diez o quince días en verano basta; en maceta hay que regar bastante más y no dejar que el sustrato llegue a secarse del todo.
Poda. Se hace justo después de la floración, en abril o mayo, y consiste en acortar en torno a un tercio los brotes que han florecido. Hay una precaución importante: la planta rebrota mal desde madera vieja y desnuda. Si se deja envejecer y luego se corta a ras esperando que vuelva, lo más probable es que no vuelva. Se poda ligero y todos los años, no fuerte y de vez en cuando. La flor se forma sobre madera del año anterior, así que podar en invierno equivale a quedarse sin la temporada.
Multiplicación. Por semilla, que como toda leguminosa tiene una cubierta impermeable y necesita escarificación: un remojo en agua caliente —no hirviendo— dejándola enfriar durante veinticuatro horas, o un raspado suave con papel de lija. Sin ese tratamiento la germinación es errática. También por esqueje semileñoso a finales de verano, con hormona de enraizamiento y calor de fondo; los cultivares se multiplican así porque de semilla no salen idénticos.
Que fije nitrógeno tiene consecuencias prácticas
Como el resto de las Fabáceas, establece simbiosis en las raíces con bacterias del grupo de los rizobios, que alojan en nódulos y que transforman el nitrógeno atmosférico en formas asimilables. Para el jardinero eso se traduce en algo concreto: no hay que abonarla con nitrógeno. Un abono rico en N le sobra, y además tiene el efecto habitual de producir vegetación en detrimento de la flor. Si una Hardenbergia hace ramas largas y no florece, la causa suele ser exceso de fertilizante o falta de sol, no falta de comida.
El otro efecto es que aporta nitrógeno a su entorno inmediato al descomponerse sus raíces finas y su hojarasca, lo que la hace útil en taludes pobres —sin soporte se comporta como tapizante— y en asociación con arbustos acidófilos. Sobre plagas, es planta sana: solo hay que vigilar araña roja en muro caliente y seco, según lo que se explica en el artículo sobre plagas en trepadoras. Y si lo que se buscaba era llenar un muro con flor durante toda la temporada, conviene ver dónde encaja esta en el calendario de trepadoras con flor.
En resumen
Hardenbergia violacea resuelve el sitio donde apetece una glicinia y no cabe: leguminosa perenne, voluble, de dos o tres metros, con racimos violetas de febrero a abril sobre madera del año anterior. Necesita suelo ácido y muy drenado y sufre clorosis en la caliza española, así que fuera de suelos silíceos se cultiva en maceta con sustrato para acidófilas y quelato EDDHA. Aguanta hasta unos −6 ºC establecida, no soporta el encharcamiento y detesta el exceso de fósforo. Se poda ligero justo después de florecer, nunca sobre madera desnuda, y se multiplica por semilla escarificada o por esqueje semileñoso. Fija su propio nitrógeno, de modo que abonarla con N solo consigue ramas sin flor.