Un muro puede tener flor desde febrero hasta noviembre, pero nunca con una sola planta. Cada trepadora florecida tiene una ventana de tres a seis semanas —salvo dos o tres reflorecientes— y cubrir la temporada consiste en encadenar esas ventanas sin dejar huecos y sin que las plantas se estorben. Este artículo va de eso: de qué florece en cada mes en clima español, de cómo montar dos sobre el mismo soporte, y del dato del que depende todo lo anterior, que es en qué madera florece cada una, porque eso decide cuándo se poda y una poda a destiempo borra un año entero de flor.

Febrero y marzo: el arranque

La temporada empieza antes de lo que parece. Clematis cirrhosa, mediterránea y de las Baleares, hace justo lo contrario que sus parientes: pierde la hoja en verano y florece de noviembre a febrero, en campanillas color crema moteadas de granate. En Levante o Andalucía tiene el muro en flor en pleno invierno.

Sobre febrero entra Clematis armandii, perenne, de hoja lanceolada correosa y flores blancas estrelladas con aroma de almendra, muy vigorosa y algo exigente en abrigo. En marzo se le suman Jasminum polyanthum, que cubre el muro entero de botones rosas que abren en blanco con un perfume que llena una calle, y la Hardenbergia violacea, leguminosa australiana de racimos violetas y porte contenido, a la que dedicamos un artículo propio. Akebia quinata abre a finales de marzo unas flores color chocolate con olor a vainilla que hay que acercarse a oler.

Abril y mayo: el pico

Es el mes de la glicinia. Wisteria sinensis abre en abril, antes de echar la hoja, con racimos de veinte a treinta centímetros que se abren casi todos a la vez; Wisteria floribunda abre dos o tres semanas después, con la hoja ya salida, y sus racimos son más largos —de treinta a noventa centímetros según cultivar— pero se van abriendo progresivamente desde la base.

Racimos colgantes de glicinia en flor

Con ella coinciden Clematis alpina y C. macropetala, en campanillas azules colgantes; el rosal Rosa banksiae 'Lutea', que en abril se convierte en una cascada amarilla sin una sola espina; y desde finales de abril Clematis montana, que es probablemente la trepadora que más superficie de flor produce por euro invertido, con centenares de flores rosas o blancas de cuatro pétalos.

Mayo abre la primera floración de los rosales trepadores y la de Trachelospermum jasminoides, el falso jazmín, que empieza a finales de mayo y sostiene seis semanas —la confusión de nombres con los jazmines verdaderos la aclaramos en el artículo sobre el falso jazmín—. También en mayo entran las madreselvas, Lonicera periclymenum y L. caprifolium, cuyo perfume es nocturno porque las poliniza una mariposa crepuscular.

Junio y julio: las grandiflora y el arranque tropical

Junio es el mes de las clemátides híbridas de flor grande —'Nelly Moser', 'The President', 'Jackmanii'—, con flores de doce a veinte centímetros, y de la segunda ola de los rosales reflorecientes. También de Solanum laxum (el que se vende con el nombre de Solanum jasminoides), que empieza en junio y no para hasta las heladas.

Flor grande de clemátide híbrida

En julio entra lo que necesita calor acumulado: la pasionaria (Passiflora caerulea), con flor de un día pero producción continua hasta octubre —por qué a veces no florece se explica en el artículo dedicado a sus cuidados—; Campsis radicans y C. × tagliabuana 'Madame Galen', con trompetas naranjas que atraen a los abejarucos; el jazmín común (Jasminum officinale) en su plenitud; y las anuales de siembra primaveral, Ipomoea y Thunbergia alata.

De agosto a noviembre: el tramo que suele quedar vacío

Es el hueco que más cuesta rellenar en el interior peninsular, y para el que hay soluciones concretas. Clematis del grupo viticella —'Étoile Violette', 'Polish Spirit', 'Alba Luxurians'— florecen de julio a septiembre sobre la madera del año, con flores medianas y una resistencia al marchitamiento de la clemátide muy superior a la de las de flor grande. Clematis tangutica y C. orientalis abren campanillas amarillas de piel gruesa en agosto y septiembre y luego mantienen las plumas plateadas de sus frutos hasta noviembre, que valen tanto como la flor.

En litoral y sur, el otoño lo cubren la buganvilla, que en Málaga o Alicante tiene color de junio a noviembre —lo que se ve son brácteas, no pétalos, distinción que desarrollamos en el artículo sobre Bougainvillea spectabilis—; Podranea ricasoliana, con panículas rosadas de septiembre a noviembre; y Tecoma capensis, que es el último en irse y llega a diciembre en zonas sin helada. Con Clematis cirrhosa tomando el relevo en noviembre, el círculo se cierra.

El dato que decide la poda: en qué madera florece cada una

Una trepadora florece sobre madera del año anterior —la yema floral se formó el verano pasado y pasó el invierno hecha— o sobre madera del año en curso —la yema se forma en primavera sobre el brote nuevo—. La consecuencia es directa:

Madera vieja: se poda inmediatamente después de florecer. Podar en invierno equivale a cortar la flor. Están aquí Clematis montana, C. armandii, C. alpina, C. macropetala, C. cirrhosa (el grupo 1 de las clemátides), Jasminum polyanthum, Akebia, la hortensia trepadora, Rosa banksiae, la madreselva y los rosales sarmentosos de una sola floración.

Madera nueva: se poda en reposo, a fondo, y cuanto más se acorta más vigoroso sale el brote florífero. Están aquí las Clematis viticella, tangutica y 'Jackmanii' (grupo 3), Campsis, buganvilla, Passiflora, Solanum laxum, Podranea, Tecoma y el jazmín común.

Caso mixto: las Clematis híbridas de flor grande (grupo 2) dan una primera floración en junio sobre madera vieja y una segunda, menor, en septiembre sobre madera nueva; se limitan a un despunte ligero en febrero y a un aclareo tras la primera flor. Y la glicinia tiene su propio régimen: florece sobre espolones cortos de madera vieja, y se poda dos veces, en julio dejando los brotes largos del año a unos cinco pares de hojas, y en enero rebajando esos mismos a dos o tres yemas. Ese doble corte es lo que fuerza la formación de espolones florales y lo que separa una glicinia que florece de una que solo hace metros.

Los rosales trepadores reflorecientes se rigen por otra lógica: se atan las varas principales lo más horizontales que se pueda, porque al perder la dominancia apical brotan yemas florales a lo largo de toda la vara en lugar de solo en la punta. Una vara vertical florece arriba; la misma vara doblada en arco florece entera.

Dos plantas sobre el mismo soporte

Combinar es la manera de tener flor en dos épocas sobre el mismo enrejado, y funciona si se respetan tres reglas.

Vigores compatibles. Se emparejan plantas del mismo orden de magnitud. Una glicinia, una Clematis montana adulta o una buganvilla no comparten nada con nadie: en tres años lo han cubierto todo. La pareja clásica y solvente es rosal trepador más Clematis del grupo 3, porque la clemátide se corta a treinta centímetros cada febrero y nunca acumula masa sobre el rosal, y florece en julio y agosto cuando el rosal ya ha pasado su primera ola.

Sistemas de trepado distintos. Dos volubles —dos madreselvas, una glicinia y una Akebia— se enrollan la una sobre la otra y acaban estrangulándose, con el agravante de que la glicinia genera presión suficiente para matar el tallo del vecino. Una planta que se sujeta por peciolo o zarcillo (clemátide, pasionaria) sobre otra que se ata a alambres (rosal) convive sin problema.

Plantación separada y calendarios de poda que no choquen. Metro y medio entre pies, para que compitan menos por agua y para poder acceder a cada una. Y comprobar que la poda de una no obligue a cortar la otra en su mes malo: emparejar una de madera vieja con una de madera nueva es lo más manejable, porque se poda cada una en su momento y en zonas distintas del soporte.

Cuando no florece

Cuatro causas cubren casi todos los casos. La juventud: una glicinia de semilla puede tardar de siete a quince años en florecer, y por eso se compran siempre injertadas o de esqueje, con flor vista. El exceso de nitrógeno, que produce vegetación exuberante sin una flor; se corrige pasando a un abono rico en potasio y fósforo. La poda a destiempo, ya explicada. Y la falta de luz: la mayoría de estas plantas necesita cuatro o más horas de sol directo para formar yema floral, y ese es el motivo por el que las listas de trepadoras de sombra son listas de follaje.

En resumen

La flor continua en un muro se planifica por meses, no por gustos. Clematis cirrhosa cubre el invierno; C. armandii, Jasminum polyanthum y Hardenbergia, el final del invierno; glicinia, C. montana y Rosa banksiae, abril; rosales, madreselva y Trachelospermum, mayo; clemátides de flor grande, junio; Campsis y pasionaria, julio; Clematis viticella y tangutica, agosto y septiembre; Podranea, Tecoma y buganvilla, el otoño en zona cálida. Antes de comprar hay que saber si cada una florece sobre madera vieja —poda tras la flor— o sobre madera nueva —poda en reposo—, porque ahí se pierden más floraciones que por cualquier otra causa. Y si se ponen dos en el mismo soporte, que tengan vigor parecido, sistemas de agarre distintos y podas que no coincidan.


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