Una planta de interior que ha pasado mal el verano no se arregla regándola. Lo primero es averiguar qué le ha pasado, porque los dos daños más frecuentes, la sed y el exceso de agua, dan síntomas que se parecen bastante (hojas caídas, lacias, amarillas) y piden tratamientos opuestos. Aplicar el equivocado remata la planta.
El diagnóstico se hace con dos gestos. Mete el dedo en el sustrato hasta el segundo nudillo y coge la maceta para notar el peso. Un tiesto seco pesa poco y suena hueco al golpearlo; uno encharcado pesa mucho, huele a cerrado y suele tener la superficie verdosa. Y si hay dudas, se saca el cepellón y se miran las raíces, que es donde está la respuesta definitiva.
Antes de aplicar el tratamiento adecuado a las plantas que han sufrido, debes hacer un buen diagnóstico.
Diagnóstico 1: ha pasado sed
Señales: sustrato seco y despegado de las paredes del tiesto, hojas mustias, arrugadas o colgando, puntas y bordes secos y quebradizos, hojas inferiores caídas al suelo. El agua de riego resbala por el hueco lateral y sale por el drenaje sin haber mojado el cepellón, lo que hace creer que se ha regado cuando no es así. Un sustrato de base turbosa que se ha secado del todo se vuelve hidrófobo y repele el agua.
Qué hacer:
- Retira flores secas y las hojas que ya estén completamente marchitas.
- Rehidrata por inmersión. Mete la maceta en un barreño con agua hasta cerca del borde del tiesto y déjala hasta que dejen de salir burbujas, normalmente entre veinte minutos y media hora. Es el único modo fiable de reempapar un cepellón hidrófobo.
- Sácala y deja escurrir del todo antes de devolverla a su sitio. Nada de plato con agua.
- Colócala unos días en un sitio luminoso pero sin sol directo, protegida de corrientes. Una planta deshidratada no puede sostener una insolación fuerte.
- Recorta las puntas secas siguiendo la forma de la hoja, dejando un filo de tejido seco sin llegar al verde.
- No abones todavía. Una raíz dañada no absorbe bien y el abono concentra sales. Espera a ver crecimiento nuevo.
Si al cabo de una semana rebrota, se salva. Si a las dos semanas no hay ni un brote y los tallos están secos y quebradizos hasta la base, no lo hará.
Diagnóstico 2: se ha ahogado
Es el desenlace clásico del encargo de vacaciones: el vecino riega con la mejor intención y todos los días. Señales: sustrato empapado y compacto, costra verdosa o musgo en superficie, hojas amarillas que caen sin llegar a secarse, manchas marrones con halo, tallos blandos en la base, mosquitas negras revoloteando alrededor y un olor agrio al acercar la nariz al tiesto.
Qué hacer:
- Saca la planta de la maceta. Es imprescindible, no basta con dejar de regar. Las raíces sanas son blancas o claras y firmes; las podridas son marrones u oscuras, blandas, y la piel se desprende dejando el hilo central.
- Retira el sustrato empapado con cuidado y corta las raíces podridas con tijeras limpias, hasta llegar a tejido sano.
- Replanta en sustrato nuevo y seco, en una maceta del mismo tamaño o incluso menor. Este es el error que más se comete: pasar una planta enferma a un tiesto mucho más grande deja un volumen de sustrato sin raíces que lo ocupen, que se mantiene húmedo y vuelve a pudrir.
- No riegues durante unos días y después hazlo poco y espaciado, comprobando el sustrato antes de cada riego.
- Como la raíz ha quedado reducida, aligera también la parte aérea: quita hojas dañadas para que la planta no tenga que sostener más follaje del que puede alimentar.
- Sitio luminoso, ventilado y sin sol directo. Y nada de abono hasta que rebrote.
Las mosquitas del sustrato (esciáridos) son consecuencia, no causa: sus larvas viven en el sustrato permanentemente húmedo. Se controlan dejando secar la capa superficial entre riegos y con trampas adhesivas amarillas para los adultos.
Diagnóstico 3: ha tomado demasiado sol o demasiado calor
Ocurre cuando la planta se sacó al balcón en verano, o cuando el sol de agosto entró por una ventana que en invierno no daba. Los síntomas son distintos de los anteriores: manchas pálidas, blanquecinas o parduzcas, secas y bien delimitadas, siempre en la cara expuesta a la luz, mientras el resto de la planta está bien. También un color general lavado o amarillento en las hojas más expuestas.
Esas quemaduras no se curan. Se retiran las hojas más estropeadas si afean, se devuelve la planta a una posición con luz indirecta y se deja que las hojas nuevas salgan ya adaptadas. Y para el año siguiente, la lección: una planta de interior que se saca fuera necesita aclimatación gradual, primero a la sombra y aumentando la exposición poco a poco.
Diagnóstico 4: se ha llenado de bichos
El calor seco del verano, con la casa cerrada y sin nadie que las mire, es la mejor situación posible para las plagas de interior. Revisa el envés de las hojas y las axilas con luz buena.
- Araña roja: punteado fino decolorado en el haz y telarañas muy tenues en el envés. Aparece con calor y aire seco.
- Cochinilla algodonosa: masas blancas algodonosas en axilas y nervios, con melaza pegajosa y negrilla después.
- Cochinilla de escudo: bultitos pardos e inmóviles adheridos al nervio principal y a los tallos.
- Pulgón: en los brotes tiernos, sobre todo si la planta estuvo fuera.
Aísla la planta afectada del resto antes de nada. En interior, lo que funciona es el control mecánico: ducha con agua templada insistiendo en el envés, limpieza hoja por hoja con paño húmedo, retirada de las partes más infestadas y eliminación de las cochinillas una a una con un bastoncillo empapado en alcohol. El agua con unas gotas de jabón resuelve bien el pulgón. Si se llega a plantear un producto, ten en cuenta que la mayoría de los fitosanitarios domésticos están autorizados para jardinería exterior y no para uso en interiores: lo que se puede emplear y en qué condiciones figura en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio y en la etiqueta del envase.
El otoño y el invierno, que es cuando se consolida la recuperación
Salvado el problema agudo, viene la parte que decide si la planta se recupera de verdad. En otoño e invierno cambia todo: hay menos luz y menos horas de luz, la planta reduce su actividad y necesita bastante menos agua. Mantener la pauta de riego del verano en octubre es la causa número uno de las plantas que se pierden después de haberlas salvado.
- Acerca las plantas a las ventanas. La luz de interior en invierno cae mucho, y un sitio que en junio era perfecto en diciembre es penumbra.
- Espacia los riegos y guíate por el sustrato, no por el calendario. Vacía siempre el plato.
- Suspende el abonado desde mediados de otoño hasta que arranque el crecimiento en primavera.
- Limpia las hojas cada dos o tres semanas con un paño húmedo. El polvo reduce la luz que llega a la hoja, y en invierno eso importa. Las hojas vellosas (Saintpaulia, Begonia rex) se limpian con un pincel suave, nunca con agua.
- Aleja las plantas de los radiadores y de las corrientes de aire frío de puertas y ventanas. La calefacción reseca el ambiente: agrupar las macetas o usar una bandeja con grava y agua ayuda más que pulverizar.
- No trasplantes en otoño salvo urgencia por podredumbre. El trasplante de rutina se hace en primavera, cuando la planta puede rehacer raíz deprisa.
- Deja la poda de formación para la primavera. En otoño solo se retira lo muerto.
Y para el verano que viene
La mayoría de estos rescates se evitan resolviendo el riego antes de irse. Las opciones van desde agrupar las macetas en el suelo de la habitación más fresca y sombreada, sobre una superficie húmeda, hasta conos porosos, botellas invertidas, mechas de capilaridad o un programador con goteo en la terraza. Es un tema que da para su propio artículo, y lo tienes en el riego en vacaciones.
En resumen
Diagnostica antes de actuar: dedo en el sustrato, peso de la maceta y, si hace falta, cepellón fuera para mirar la raíz. La sed se corrige rehidratando por inmersión hasta que dejen de salir burbujas y escurriendo después; el ahogamiento exige sacar la planta, cortar raíz podrida, replantar en sustrato nuevo y seco en maceta igual o menor, y no regar durante unos días. Las quemaduras de sol no se curan y las plagas de interior se resuelven casi siempre a mano.
Después, nada de abono hasta que haya crecimiento nuevo, nada de trasplantes de rutina hasta la primavera y, sobre todo, ajusta el riego a la nueva estación: con menos luz y menos temperatura la planta bebe mucho menos, y seguir regando como en agosto deshace todo el trabajo de recuperación.