Atraer pájaros al jardín en invierno se consigue con tres cosas: comida constante, agua líquida y sitio donde refugiarse. De las tres, el agua es la que menos se ofrece y la que más rápido funciona, porque en las semanas de heladas y en las de sequía invernal encontrar agua bebible es más difícil para un ave pequeña que encontrar comida.
Hay además dos reglas que conviene tener claras antes de empezar. La primera es la regularidad: una vez que las aves incorporan un comedero a su ruta diaria, dependen de él, y dejar de llenarlo en pleno enero las obliga a gastar energía buscando otro sitio en el peor momento. Si se empieza, se mantiene hasta la primavera. La segunda es la higiene: un comedero sucio concentra aves y patógenos y puede hacer más daño que bien.
Un petirrojo ha acudido a alimentarse a una clásica casita de madera llena de semillas en pleno invierno.
Quién viene a un jardín español en invierno
Conviene saber a quién se espera, porque cada especie come de una manera y en un sitio distinto. Los habituales son el petirrojo (Erithacus rubecula), muy territorial y confiado, que come sobre todo en el suelo o en plataformas bajas; el carbonero común (Parus major) y el herrerillo común (Cyanistes caeruleus), acróbatas que se cuelgan de cualquier comedero suspendido; el mirlo (Turdus merula) y los zorzales, que rebuscan en la hojarasca y en la fruta caída; el gorrión común (Passer domesticus), el verderón (Chloris chloris), el jilguero (Carduelis carduelis) y el lúgano (Spinus spinus), granívoros de pico fuerte; el pinzón vulgar (Fringilla coelebs), que prefiere comer en el suelo bajo el comedero; la curruca capirotada (Sylvia atricapilla) y el colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros), que en invierno bajan a jardines y huertas.
Muchas de estas especies están presentes todo el año en la península, pero en invierno se hacen mucho más visibles porque los árboles están desnudos y porque se suman efectivos llegados del norte de Europa.
Plantas que alimentan y refugian
Antes que un comedero, lo que fija aves a un jardín es la estructura vegetal. Un seto mixto de varias especies vale más que un ejemplar aislado espectacular, porque proporciona a la vez comida, escondite frente a rapaces y gatos, y lugar de dormidero.
Especies que dan fruto en otoño e invierno y funcionan bien en España: el madroño (Arbutus unedo), el durillo (Viburnum tinus), el lentisco (Pistacia lentiscus), el majuelo (Crataegus monogyna), el endrino (Prunus spinosa), el serbal (Sorbus), la piracanta (Pyracantha), los cotoneaster, el aligustre (Ligustrum), los rosales silvestres por sus escaramujos y la hiedra (Hedera helix), que tiene un valor doble poco conocido: florece a finales de otoño, cuando casi nada más lo hace y alimenta a los últimos insectos, y sus frutos maduran a finales del invierno, justo en el momento de mayor escasez.
Igual de importante es no limpiar demasiado. Dejar sin cortar las inflorescencias secas de gramíneas ornamentales, cardos, equináceas y Sedum hasta el final del invierno aporta semilla; amontonar la hojarasca bajo los arbustos en vez de retirarla mantiene los invertebrados de los que viven mirlos, petirrojos y chochines. Un jardín impecable en enero es un jardín vacío de pájaros.
Comederos: cuáles y dónde
Conviene tener más de un tipo, porque cada especie come de forma distinta. Los tubos colgantes con perchas cortas favorecen a páridos y fringílidos y dificultan el acceso a especies grandes. Las plataformas o bandejas, elevadas o a ras del suelo, sirven a mirlos, petirrojos y pinzones. Los soportes para bloques de grasa son especialmente valiosos con frío intenso.
La colocación importa tanto como el modelo:
- A una altura de aproximadamente metro y medio o dos metros, fuera del alcance de un salto de gato.
- Cerca de vegetación donde el ave pueda posarse y vigilar antes de bajar, pero no pegado a un matorral denso desde el que un gato pueda emboscarse. Un par de metros de separación es el equilibrio.
- Respecto a las ventanas, o muy cerca (a menos de un metro, para que el ave no alcance velocidad si se lanza) o bien lejos, a más de cinco o seis metros. La distancia intermedia es la que produce choques contra el cristal.
- Al abrigo del viento y de la lluvia, para que el alimento no se moje.
Con gatos en casa, un cascabel en el collar y mantenerlos dentro al amanecer y al atardecer reduce mucho la predación, que sobre aves de jardín no es un asunto menor.
Qué darles y qué no
Lo que mejor funciona, con diferencia, son las pipas de girasol negro, que casi todas las especies aceptan y que tienen alto contenido graso. Para jilgueros y lúganos, la semilla de nyjer en comedero específico de orificios pequeños. Los cacahuetes sin sal y sin tostar, siempre en comedero de rejilla que obligue a picotearlos y no permita llevarse la pieza entera. Los bloques de grasa son el aporte energético más eficiente en días de helada. Y fruta pasada, manzana o pera partida en el suelo, que agradecen mirlos y zorzales.
La lista de lo que no se debe dar es igual de importante:
- Nada salado. Ni frutos secos con sal, ni patatas fritas, ni embutido, ni queso curado. Las aves pequeñas no gestionan bien el exceso de sal.
- Pan. Llena sin alimentar, y si es lo único disponible desplaza comida de verdad. Se puede dar migas en cantidad testimonial, pero no como base.
- Leche. Las aves no digieren la lactosa.
- Comida enmohecida o restos de aceite y grasas de cocinar, que se enrancian y ensucian el plumaje, arruinando su aislamiento térmico.
- Las redes de plástico en que vienen algunas bolas de grasa: se retiran siempre, porque las aves se enganchan las patas.
Sobre la higiene, que es donde más se falla: los comederos se limpian con regularidad, retirando restos húmedos y cáscaras acumuladas, y conviene cambiarlos de sitio de vez en cuando para que no se acumulen deyecciones bajo el mismo punto. Las concentraciones de aves en comederos sucios favorecen la transmisión de enfermedades, y si se observan ejemplares apáticos, esponjados o con dificultad para tragar, lo prudente es retirar el comedero unas semanas y limpiar a fondo.
El agua
Un bebedero sencillo atrae más especies que cualquier mezcla de semillas, y sirve tanto para beber como para bañarse, algo que las aves necesitan también en invierno para mantener el plumaje en condiciones.
Lo que hace falta es un recipiente ancho y poco profundo, de dos o tres centímetros de agua, con fondo rugoso para que no resbalen y alguna piedra dentro que permita posarse a las más pequeñas. Se coloca despejado, con visibilidad alrededor, y se limpia y renueva el agua con frecuencia.
Con heladas, el hielo se rompe a mano o se renueva el agua cada mañana. Nunca se añade sal, azúcar, glicerina ni anticongelante: son perjudiciales y en el caso del anticongelante, letales. Un recipiente de color oscuro colocado al sol tarda más en congelarse, y una pelota flotando reduce la formación de una capa continua de hielo.
De cara a la primavera
El invierno es también el momento de colocar cajas nido, para que las aves las localicen antes de la época de cría. Para carboneros y herrerillos, la entrada circular de entre 28 y 32 milímetros es la medida habitual, y deja fuera a especies mayores. Se sitúan a dos o cuatro metros de altura, orientadas entre el este y el sureste para evitar el sol fuerte de la tarde y la lluvia dominante, y sin percha exterior en la entrada, que solo facilita el trabajo a los depredadores. Se limpian una vez al año, al final del verano, cuando ya no hay nidada.
Hay un beneficio práctico en todo esto que va más allá de la observación. Una pareja de carboneros criando consume una cantidad enorme de orugas para sacar adelante la nidada, de modo que un jardín con aves instaladas tiene bastante menos problema de defoliadores en primavera. Es una de las razones por las que conviene contener los tratamientos insecticidas de amplio espectro, que eliminan a la vez la plaga y el alimento de quien la controla. Sobre este equilibrio hay más detalle en el artículo dedicado a los animales más útiles del jardín.
Conviene recordar, por último, que las aves silvestres están protegidas por la legislación estatal de patrimonio natural: alimentarlas y ofrecerles refugio es perfectamente legal, pero capturarlas, tenerlas en cautividad o destruir sus nidos, no.
En resumen
Lo que atrae pájaros a un jardín en invierno es, por este orden, agua líquida y limpia en un recipiente poco profundo, estructura vegetal donde refugiarse y frutos que aguanten en la planta, y comida complementaria en comederos de varios tipos. Pipas de girasol negro, cacahuetes sin sal en rejilla, bloques de grasa y fruta pasada cubren las necesidades de casi todas las especies de jardín.
Y tres normas que marcan la diferencia entre ayudar y perjudicar: constancia hasta el final del invierno una vez empezado, limpieza periódica de comederos y bebederos para no concentrar enfermedades, y nada de sal, pan como base, leche ni anticongelante en el agua. Dejar el jardín algo desordenado en otoño, con hojarasca bajo los arbustos y las inflorescencias secas sin cortar, hace el resto.