En un jardín sano la mayoría de los animales que se ven no son un problema, sino parte del sistema que lo mantiene funcionando. Insectos depredadores que se comen los pulgones, polinizadores que fecundan los frutales, lombrices que airean el suelo, pájaros que limpian de orugas los setos y anfibios y reptiles que se ocupan de babosas y roedores. Reconocerlos antes de coger un pulverizador es la diferencia entre un jardín que se regula solo y otro que depende de tratamientos cada temporada.
Todos estos animales son beneficiosos para el jardín. Arriba, un mirlo, un abejorro lleno de polen en el corazón de un hibisco, y una abeja libando una flor de lavanda. Abajo, una mariquita devorando pulgones, un petirrojo y unas mariposas en una budleia.
Los depredadores de pulgón
La mariquita (familia Coccinellidae) es el caso más conocido, y conviene saber que la fase útil no es solo el escarabajo adulto. La larva, alargada, gris azulada con manchas anaranjadas y sin nada del aspecto redondeado del adulto, es todavía más voraz. Mucha gente la aplasta por desconocimiento. Si al inspeccionar un rosal con pulgón aparecen esas larvas, la colonia ya está siendo controlada.
Junto a ella trabajan otros dos grupos que pasan más desapercibidos. Las crisopas (Chrysoperla y géneros próximos) son insectos adultos de alas verdes translúcidas y ojos dorados que revolotean cerca de las luces en verano; Los sírfidos (familia Syrphidae) son esas moscas con rayas amarillas y negras que se quedan suspendidas en el aire delante de una flor y que muchos confunden con avispas. El adulto liba néctar y poliniza; la larva, una especie de gusanito translúcido sin patas, vive dentro de las colonias de pulgón comiéndoselas.
A esto se suman las avispas parasitoides, diminutas y casi invisibles, que ponen un huevo dentro de cada pulgón. El resultado son las llamadas momias: pulgones hinchados, rígidos y de color pardo dorado, pegados a la hoja. Ver momias en una colonia es la mejor señal posible, porque significa que el control ya está en marcha y que cualquier tratamiento a partir de ahí solo estorbaría.
Polinizadores
Abejas, abejorros y muchas avispas pertenecen al orden Hymenoptera y hacen dos trabajos a la vez. La abeja doméstica (Apis mellifera) es la más visible, pero en España hay centenares de especies de abejas silvestres solitarias, que anidan en tallos huecos, en madera muerta o en el suelo desnudo y que polinizan igual o mejor. Los abejorros (Bombus) son especialmente eficaces porque trabajan con menos luz y a temperaturas más bajas, lo que en primavera adelantada importa mucho para los frutales.
Las mariposas y las polillas nocturnas (Lepidoptera) también polinizan. Sus orugas comen hojas, cierto, pero salvo en casos concretos el daño es cosmético y se compensa de sobra: esas mismas orugas son el alimento con el que muchas aves insectívoras sacan adelante sus pollos.
Mantener polinizadores no exige gran cosa. Flores escalonadas de febrero a noviembre, con preferencia por las aromáticas mediterráneas (lavanda, romero, tomillo, salvia, orégano), que aquí florecen bien y aguantan el verano sin riego constante. Un rincón de suelo desnudo y soleado, sin acolchado, para las abejas que nidifican en tierra. Y agua poco profunda con piedras donde posarse, sobre todo en julio y agosto.
Depredadores generalistas
Las arañas son, por número de presas capturadas, seguramente el grupo depredador más importante del jardín: las de tela capturan lo que vuela y las cazadoras patrullan el suelo y la vegetación baja. Retirar telarañas por estética tiene un coste real en control de plagas.
La mantis religiosa (Mantis religiosa) arrastra una fama de animal venenoso que no tiene ningún fundamento: no lo es, y no supone riesgo alguno para las personas. Caza al acecho moscas, saltamontes, orugas y coleópteros. En otoño deja sobre tallos y muros la ooteca, una estructura esponjosa de color pardo claro donde pasan el invierno los huevos. Si aparece al podar, se corta la rama entera y se deja apoyada en un arbusto en lugar de tirarla.
El suelo: lombrices y descomponedores
Las lombrices de tierra (familia Lumbricidae) hacen tres cosas a la vez: descomponen materia orgánica, mezclan el horizonte superficial y abren galerías por las que entran aire y agua. En suelos compactados de obra nueva, que es lo que hay debajo de la mayoría de los jardines de urbanización, esa función es la que decide si el terreno acaba drenando o encharcándose.
Su población depende sobre todo de dos cosas: materia orgánica disponible y ausencia de labores agresivas. Un acolchado de restos vegetales o compost sobre el suelo hace más por las lombrices que cualquier producto. Voltear la tierra a fondo cada año hace lo contrario. Junto a ellas trabaja toda la fauna del mantillo, cochinillas de la humedad, colémbolos, ácaros del suelo y hongos, que es la que convierte la hojarasca en algo que las raíces pueden usar.
Aves
El petirrojo (Erithacus rubecula), el mirlo (Turdus merula) y los carboneros y herrerillos (Parus major, Cyanistes caeruleus) son las especies que más se dejan ver en jardines urbanos y periurbanos. Consumen gusanos, lombrices, orugas, pulgones y, en el caso del mirlo, también caracoles. Los páridos son especialmente útiles porque durante la época de cría necesitan un volumen enorme de orugas para alimentar a la nidada.
Atraerlos es cuestión de tres cosas: agua todo el año, sitio donde esconderse (un seto mixto de arbustos vale más que un ejemplar aislado) y cavidades donde criar. Colocar cajas nido de entrada pequeña, del orden de 28 a 32 milímetros de diámetro, funciona bien para páridos, que tienen dificultad para encontrar huecos naturales en jardines con árboles jóvenes. La orientación habitual es entre el este y el sureste, evitando el sol de tarde de poniente.
Erizos, murciélagos y otros mamíferos
El erizo (familia Erinaceidae) es crepuscular y nocturno, y su dieta se compone de lombrices, escarabajos, babosas, caracoles y otros invertebrados. Necesita poder moverse entre parcelas: un hueco de unos 13 por 13 centímetros en la base de un vallado le basta y no deja pasar a un perro.
Los murciélagos insectívoros consumen cada noche una cantidad notable de mosquitos y polillas nocturnas, algunas de ellas plaga. Todas las especies de murciélago presentes en España están protegidas por la legislación estatal, dentro del Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial regulado por el Real Decreto 139/2011. En la práctica esto significa que no se pueden capturar, molestar en sus refugios ni tapiar sus accesos.
Anfibios y reptiles
Los sapos comen escarabajos, babosas, caracoles y polillas, y son excelentes indicadores de que el jardín no está sobrecargado de productos: la piel de los anfibios es permeable y absorben con facilidad lo que hay en el agua y en el suelo. Un pequeño punto de agua sin peces, con orillas en pendiente suave, es lo que más rápido los atrae. Conviene saber que las glándulas de los sapos segregan sustancias irritantes: un perro que los muerda puede tener una reacción, y en ese caso lo que corresponde es acudir al veterinario, no probar remedios.
Las lagartijas (familia Lacertidae) y la salamanquesa común (Tarentola mauritanica) se ocupan de hormigas, moscas, arañas y polillas. La salamanquesa, que caza de noche en las paredes iluminadas de las casas del área mediterránea, es especialmente rentable y absolutamente inofensiva. Un montón de piedras al sol, un muro de piedra seca o unas tejas viejas apiladas dan refugio suficiente.
Las culebras son el mejor control de roedores que puede tener una finca. Numerosas especies de anfibios y reptiles están incluidas en el mismo régimen de protección especial estatal citado antes, además de en los catálogos autonómicos, de modo que matarlas no solo es innecesario: puede ser ilegal. Ante un ejemplar que no se identifique, lo sensato es dejarlo marchar y no manipularlo.
Lo que espanta a la fauna útil
El error más caro es tratar por costumbre. Un insecticida de amplio espectro elimina el pulgón y también las mariquitas, las crisopas y los sírfidos que lo controlaban, con lo que la siguiente colonia crece sin freno. El marco legal español, el Real Decreto 1311/2012 sobre uso sostenible de productos fitosanitarios, ordena la respuesta en ese mismo sentido: primero prevención y medios físicos y biológicos, y el tratamiento químico solo cuando lo anterior no basta.
Tres reglas concretas. Ningún tratamiento sobre planta en floración ni en horas de vuelo de los polinizadores: se aplica al final del día, cuando la actividad ha cesado. Los cebos molusquicidas contra babosas y caracoles pueden envenenar por vía indirecta a erizos y aves que consumen los gasterópodos afectados, así que las barreras físicas y la retirada manual nocturna son la primera opción. Y la dosis, cuando se llegue a tratar, es exactamente la de la etiqueta del envase; los productos autorizados para uso doméstico en jardinería exterior se consultan en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio, que es la fuente que se mantiene al día.
Descartadas quedan dos supuestas soluciones que circulan mucho: la sal contra las babosas, que saliniza y degrada el suelo sin resolver el problema, y los aparatos de ultrasonidos contra topos e insectos, que no tienen respaldo experimental.
En resumen
El jardín ya tiene un equipo de control de plagas trabajando gratis: mariquitas, crisopas, sírfidos y avispas parasitoides sobre el pulgón, arañas y mantis sobre todo lo que se mueve, lombrices en el suelo, páridos sobre las orugas, erizos y sapos sobre babosas y caracoles, murciélagos sobre los mosquitos y culebras sobre los roedores. Casi todo lo que hace falta para tenerlos es estructura y agua: setos mixtos en vez de ejemplares sueltos, flores escalonadas a lo largo del año, un punto de agua accesible, refugios de piedra o madera muerta y pasos en los vallados.
Y, sobre todo, contención con los tratamientos. Cada aplicación de amplio espectro reinicia el reloj y deja el jardín dependiendo de la siguiente. Prevención y medios físicos antes que química, nunca en floración ni en horas de vuelo, y la etiqueta del producto como única referencia de dosis. Con eso, la fauna útil se instala sola en un par de temporadas.