Una suculenta variegada es una planta con sectores de tejido que no producen clorofila, o que la producen en menor cantidad. Donde falta el verde asoman los pigmentos que estaban debajo, y de ahí las franjas blancas, crema, amarillas o rosadas que hacen que estas plantas se paguen a precios que no tienen nada que ver con los de la especie normal.
Conviene entender la contrapartida antes de comprar una: cada centímetro de tejido sin clorofila es tejido que no fotosintetiza y que vive a costa del resto de la planta. Una variegada crece más despacio, es más delicada, se quema con más facilidad y, si el sector blanco se hace demasiado grande, la planta no se sostiene. La belleza de una variegada es literalmente una discapacidad metabólica.
Variegación verdadera y variegación falsa
No todo lo que se ve con dos colores es una variegada, y esta distinción vale dinero.
La variegación verdadera es genética y estable. La planta tiene dos líneas celulares distintas conviviendo en el mismo individuo, una capaz de producir clorofila y otra no, lo que en botánica se llama una quimera. Según cómo estén repartidas esas líneas, el patrón sale en sectores (medias hojas, cuñas, rayas irregulares) o en capas ordenadas (bordes blancos regulares, franja central). Los aloes rayados, los agaves de borde amarillo y las Echeveria con cuñas crema son ejemplos claros.
Agave lophantha variegado, con la franja clara siguiendo el eje de la hoja.
La variegación falsa, o color de estrés, es otra cosa. Cuando una suculenta recibe mucha luz, frío nocturno o poca agua, produce pigmentos de protección y vira a rojo, morado, naranja o bronce. Es un color precioso y perfectamente sano, pero es reversible: en cuanto la planta vuelve a condiciones cómodas, recupera su verde en semanas. Muchas de las fotos espectaculares que circulan son plantas estresadas, y quien las compra esperando ese color en un salón se lleva una decepción.
Hay un tercer caso, menos frecuente, que son los patrones de origen vírico. Algunos moteados y mosaicos amarillentos los produce una infección, no una mutación. En horticultura ornamental se han seleccionado históricamente algunos de estos patrones, pero para una colección es una mala noticia: la planta está enferma y puede contagiar a otras a través de las herramientas.
Por qué son caras
Por dos razones muy concretas.
La primera es que la variegación no se transmite de forma fiable por semilla. Sembrando semilla de una planta variegada salen mayoritariamente plántulas verdes normales, y las pocas variegadas que aparecen lo hacen con patrones impredecibles. Así que la única manera de multiplicar un ejemplar concreto es la vía vegetativa: hijuelos, esquejes u hojas tomadas de un sector que lleve las dos líneas celulares.
La segunda es la lentitud. Con menos superficie fotosintética, la planta tarda mucho más en alcanzar un tamaño vendible, y el productor tiene ese material ocupando invernadero durante años. En géneros muy buscados, ese cuello de botella es lo que sostiene los precios.
Echeveria agavoides variegada. Los sectores claros se reparten de forma irregular entre las hojas.
De dónde salen los colores
Cuando falta la clorofila, lo que se ve es lo que había debajo.
Los carotenoides dan los amarillos, los naranjas y los cremas, y están presentes en prácticamente todas las plantas acompañando a la clorofila. Son los que quedan a la vista en la mayoría de las variegaciones claras.
Los rojos, morados y violetas dependen de la familia. En la mayoría de las plantas los producen las antocianinas, disueltas en la vacuola de la célula, y su tono cambia con el pH. Pero en el orden de las cariofilales, que incluye a los cactus, a las aizoáceas y a las portulacáceas, esas antocianinas están sustituidas por otro grupo de pigmentos, las betalaínas, los mismos que dan color a la remolacha y al higo chumbo. Los dos grupos son excluyentes: una planta tiene unos u otros, nunca los dos. Por eso los rojos intensos de un Gymnocalycium o de una flor de Lampranthus son químicamente distintos de los de una Echeveria.
Echinopsis eyriesii variegada, con sectores enteros sin clorofila.
Cultivo: lo que cambia respecto a la planta normal
Una variegada se cultiva como su especie, con tres ajustes.
Luz intensa pero filtrada. El tejido sin clorofila no tiene la protección pigmentaria del verde y se quema con mucha facilidad. Al mismo tiempo, la planta necesita bastante luz precisamente porque le sobra poca capacidad fotosintética. El equilibrio está en luz muy brillante sin sol directo en las horas centrales, que en el verano del interior peninsular y del sur significa malla de sombreo o sombra de mediodía obligatoria.
Menos agua y menos abono, no más. La tentación de alimentar a una planta que crece despacio es fuerte y es un error: crece despacio porque no puede fotosintetizar más, no porque le falte nada. El exceso de abono le produce tejido blando y la pudre.
Paciencia con el tamaño. Una variegada nunca alcanzará el porte ni la velocidad de su versión verde, y esperar lo contrario lleva a forzarla.
La reversión, que es lo que casi siempre pasa
Las quimeras son inestables. Con el tiempo, una planta variegada tiende a hacer una de estas dos cosas, y las dos son un problema.
Puede volver al verde: emite brotes completamente verdes que, al tener toda su capacidad fotosintética, crecen mucho más deprisa que el resto y acaban dominando la planta. Si quieres conservar el patrón, hay que ir retirando esos brotes verdes en cuanto aparecen.
O puede irse al otro extremo y emitir brotes totalmente sin clorofila, blancos o rosados enteros. Esos brotes son preciosos y están condenados: no pueden alimentarse, viven un tiempo a costa de la planta madre y se secan. Un ejemplar en el que todo el crecimiento nuevo sale sin clorofila no tiene salvación por sí mismo.
Un aloe prácticamente sin clorofila. Estas plantas no pueden alimentarse por sí solas.
Los cactus de colores del supermercado
El caso extremo de planta sin clorofila es el cactus de bola roja, naranja o amarilla que se ve en cualquier centro de jardinería, encima de un tallo verde recto. Es un Gymnocalycium mihanovichii seleccionado por carecer por completo de clorofila, así que solo puede sobrevivir injertado sobre un patrón verde, normalmente un Hylocereus, que hace toda la fotosíntesis por él.
Es una planta legítima y bonita, pero conviene saber lo que se compra: su duración depende del patrón, que es sensible al frío y tiene su propio ciclo, y la unión acaba fallando con los años. Nunca se separa la bola de colores del patrón, porque no puede vivir sola.
Distinto es el cactus pintado, con la espina teñida de fucsia o con una flor de papel o de plástico pegada con silicona caliente en la corona. Ahí no hay ni variegación ni injerto, hay pintura y pegamento, y la flor pegada daña el ápice de crecimiento al arrancarla. Se distinguen a simple vista: el color pintado es plano, uniforme y cubre también las espinas, mientras que una variegación real sigue la estructura de la planta, con bordes que respetan las costillas o los nervios.
Cómo se propaga una variegada
Todo pasa por elegir bien el material. Un esqueje o un hijuelo que salga de un sector totalmente verde dará una planta verde; uno que salga de un sector totalmente blanco no prosperará. Hay que tomar material de una zona mixta, que lleve las dos líneas celulares.
En las suculentas de hoja, la hoja suelta puede enraizar y no dar planta variegada, porque el brote nuevo se forma a partir de un grupo pequeño de células que puede pertenecer a una sola línea. Para conservar el patrón es más fiable el esqueje de tallo con varias hojas o la separación de hijuelos ya formados, que arrastran la estructura completa. Con los cactus y los agaves, el hijuelo lateral que ya muestra el patrón es la apuesta segura.
En resumen
La variegación es la ausencia de clorofila en parte del tejido, casi siempre por una quimera genética, y no debe confundirse con el color de estrés, que es reversible, ni con los patrones de origen vírico, que son una enfermedad. No se hereda de forma fiable por semilla y por eso todas las variegadas se multiplican por vía vegetativa, tomando material de sectores mixtos.
En cultivo piden luz muy brillante pero filtrada, menos agua y menos abono que la especie normal, y aceptar que crecerán despacio. Hay que vigilar la reversión, retirando los brotes verdes si se quiere conservar el patrón, y desconfiar de los cactus de colores: los de bola roja sobre tallo verde son injertos sin clorofila que dependen del patrón, y los pintados con flor pegada no son variegados en absoluto.