Se sigue vendiendo como Aloe variegata, pero desde 2014 su nombre botánico correcto es Gonialoe variegata: los estudios moleculares sacaron del género Aloe a un puñado de especies de hojas dispuestas en tres filas y las agruparon aparte. El cambio no afecta a los cuidados, aunque sí explica por qué esta planta se comporta de manera distinta a un Aloe vera y por qué tantos jardineros la pierden aplicándole el mismo calendario de riego.

En España se conoce como aloe tigre, y en inglés lo llaman partridge breast aloe, pecho de perdiz, por el moteado blanco de las hojas. Se trata de una suculenta pequeña, tan atractiva sin flor como con ella, y muy agradecida para cultivar en maceta en un alféizar soleado.

Aloe variegata o Gonialoe variegata con sus hojas moteadas de blanco

Origen y descripción

Es originaria del sur de África: Namibia, la provincia del Cabo y el Estado Libre, donde crece en terrenos áridos, pedregosos, con frecuencia al abrigo de arbustos que le dan sombra parcial en las horas más duras. Ese detalle del hábitat vale más que cualquier consejo genérico: en la naturaleza no vive a pleno sol descubierto todo el día, sino protegida entre piedras y matorral.

La planta forma una roseta de 20 a 30 centímetros de altura con las hojas dispuestas en tres hileras muy marcadas, lo que le da un aspecto casi triangular visto desde arriba en los ejemplares jóvenes. Las hojas son gruesas, aquilladas, de un verde oscuro cruzado por bandas irregulares blanquecinas, con un borde fino, blanco y ligeramente dentado que no llega a pinchar. Con edad la roseta se redondea y pierde algo de la simetría en tres filas.

Florece de finales de invierno a mediados de primavera, entre febrero y mayo según la zona, con una vara de unos 30 centímetros que sostiene un racimo laxo de flores tubulares de color rosa salmón a rojo coral. Llega en un momento del año en que poca cosa más hay abierta en el balcón, y se repite todos los años en ejemplares adultos bien cultivados.

Una aclaración que hace falta: no es sustituto del Aloe vera. Su pulpa no tiene uso medicinal ni cosmético reconocido, y aplicarla sobre la piel es innecesario cuando menos. Se cultiva por ornamento y punto.

Su ciclo, la clave que se pasa por alto

Aquí está la diferencia real con otros aloes. Gonialoe variegata tiene su período de actividad en otoño, invierno y primavera, y ralentiza o detiene el crecimiento en pleno verano, cuando el calor aprieta. En su clima de origen ese es el momento de descanso, y la planta responde en nuestros veranos peninsulares exactamente igual: deja de crecer y sus raíces reducen su capacidad de absorber agua.

La consecuencia es directa: regar en julio y agosto con la misma frecuencia que en marzo es la primera causa de muerte de esta planta. El sustrato se mantiene húmedo con unas raíces que no lo están consumiendo, y a 30 °C la pudrición avanza en cuestión de días. El jardinero ve una planta que se ablanda y amarillea, deduce que le falta agua, riega más y remata la faena.

Lo mismo ocurre a la inversa: en octubre, cuando otras crasas se preparan para parar, esta arranca. Ahí sí agradece riego regular y es cuando engorda hojas y prepara la floración.

Ubicación y luz

Quiere mucha luz pero no sol abrasador de mediodía en verano. La ubicación ideal en la Península es una ventana o balcón orientado al este o al sureste, con sol directo de mañana y luz intensa el resto del día. Al oeste y al sur funciona bien de octubre a mayo, pero conviene un visillo o una malla de sombreo en los meses de calor, sobre todo en el interior y el sur, donde el sol de las dos de la tarde le provoca quemaduras que quedan como manchas secas permanentes.

Con luz insuficiente, en cambio, las hojas se separan, pierden el contraste del moteado, la roseta se estira y la planta deja de florecer. En un interior, la mesa del salón no le sirve: tiene que estar pegada al cristal.

En jardín solo es viable al aire libre todo el año en la costa mediterránea, el sur y Canarias, y siempre en rocalla o bancal elevado, nunca en un parterre llano regado con el resto de plantas.

Tierra y maceta

Sustrato mineral y muy drenante. Una mezcla que funciona bien: un tercio de sustrato para cactáceas o turba rubia, un tercio de arena gruesa lavada o gravilla de 2-4 mm, y un tercio de pómice, perlita o arlita triturada. La idea es que el agua atraviese la maceta y salga por el agujero en pocos segundos.

La maceta, mejor de barro cocido y ajustada al tamaño de la planta. Un tiesto grande contiene un volumen de sustrato que tarda mucho en secarse y eso es justo lo que hay que evitar. Un ejemplar adulto solitario vive perfectamente en una maceta de 12 a 15 centímetros de diámetro.

Un truco que ayuda: cubrir la superficie con una capa de un centímetro de grava o gravilla volcánica. Mantiene el cuello de la planta seco después de regar, que es por donde entran la mayoría de las pudriciones.

Riego

Riego a fondo cuando el sustrato esté completamente seco, nunca antes, y siempre por el borde de la maceta o por inmersión, evitando mojar la roseta. En otoño y primavera eso suele traducirse en un riego cada 7-10 días; en invierno, cada dos o tres semanas si la planta está en interior a temperatura cálida, y prácticamente nada si está en un porche fresco; en verano, un riego ligero cada tres semanas basta para que las raíces no se deshidraten del todo.

Nunca dejes agua en el plato. Y si dudas entre regar o no regar, no riegues: esta planta se recupera de la sed en dos días y no se recupera nunca de una raíz podrida.

Abonado

Poco y en el momento adecuado, que aquí no es el habitual. Un abono líquido para cactus y crasas, bajo en nitrógeno y con potasio, aplicado a media dosis una vez al mes de septiembre a mayo, coincidiendo con su período de crecimiento. Nada de abonar en julio y agosto: alimentar una planta parada solo sirve para acumular sales en el sustrato.

Abonos para plantas suculentas

Multiplicación

Por hijuelos, que la planta emite desde la base mediante pequeños estolones subterráneos, a veces apareciendo a varios centímetros del pie madre. Se separan en otoño o a principios de primavera, al trasplantar, procurando llevarse alguna raíz con cada uno. Si el hijuelo sale sin raíces, se deja secar el corte tres o cuatro días a la sombra y luego se planta en sustrato apenas humedecido, sin regar durante la primera semana.

Por semilla también es posible, sembrando en otoño a 18-22 °C en sustrato mineral y manteniendo humedad constante hasta la germinación, que tarda de dos a cuatro semanas. Es un camino lento: hacen falta tres o cuatro años para tener una planta de tamaño adulto.

El esqueje de hoja no funciona en este género, por mucho que se vea recomendado. Las hojas de aloe cortadas se pudren o se secan, no enraízan.

Trasplante

Cada dos o tres años, y el mejor momento es septiembre, justo cuando la planta va a arrancar su ciclo de crecimiento. Trasplantar en primavera avanzada la deja con las raíces recién manipuladas justo antes del parón estival, que es el peor escenario posible.

Al sacarla, aprovecha para revisar las raíces: retira el sustrato viejo, corta con tijera limpia lo que esté negro o blando y déjala secar un día antes de replantar. Después del trasplante, espera una semana antes del primer riego.

Plagas, enfermedades y rusticidad

La cochinilla algodonosa se aloja entre la base de las hojas y en las axilas; se limpia con un bastoncillo mojado en alcohol isopropílico o, si el ataque es grande, con jabón potásico aplicado al atardecer. Más peligrosa es la cochinilla de raíz, invisible hasta que desenmacetas y aparece un polvillo blanco algodonoso pegado a las raíces y a las paredes del tiesto; obliga a lavar el cepellón bajo el grifo, tirar todo el sustrato y replantar en maceta desinfectada. Los ácaros del género Eriophyes pueden provocar deformaciones verrugosas en la roseta y en la vara floral, sin tratamiento eficaz en jardinería doméstica más allá de eliminar las partes afectadas.

Las enfermedades son, en la práctica, una sola: pudrición de raíz y cuello por exceso de agua, favorecida por sustratos que retienen humedad y por temperaturas altas. No hay fungicida que arregle un problema de riego.

En cuanto a frío, tolera heladas cortas de hasta unos -4 °C siempre que el sustrato esté seco. Por debajo de eso hay daño en las hojas, y una helada con el sustrato húmedo la mata a temperaturas mucho menos exigentes. En zonas de interior con inviernos duros, lo sensato es tenerla en maceta y meterla en un porche o una galería fresca, con luz y sin riego, de diciembre a febrero.

En resumen

El aloe tigre, hoy Gonialoe variegata, se cultiva bien si se entiende una cosa: crece de otoño a primavera y descansa en verano. Riego y abono se concentran ahí, y en julio y agosto se reducen al mínimo. Necesita mucha luz sin sol directo de mediodía en verano, sustrato mineral que drene en segundos, maceta pequeña de barro y riegos espaciados sin mojar la roseta. Se multiplica sin dificultad por los hijuelos que emite desde la base, aguanta hasta unos -4 °C en seco y recompensa el trato correcto con una floración rosa salmón al final del invierno. Lo único que no perdona es el agua de más.


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