Cuando la flor de tu suculenta se marchita, lo que toca es esperar a que la vara se seque y cortarla entonces por la base, con un corte limpio y sin dejar tocón, salvo que quieras recoger semilla o que esa vara esté sacando hijuelos. Si cortas antes, en verde, dejas una herida jugosa que es una puerta de entrada para hongos. Y si la dejas indefinidamente, la planta sigue gastando en algo que ya no va a ningún sitio.

Lo segundo que hay que saber es que la planta va a pasar unas semanas de bajón, y es normal: florecer cuesta caro. La suculenta ha volcado reservas en esa inflorescencia, así que verás hojas bajas que se consumen, la roseta algo más pequeña y el crecimiento parado. No es el momento de forzarla con abono ni de regar más de la cuenta para animarla, que es justo lo que hace todo el mundo. Es el momento de dejarla en paz con buena luz y el riego de siempre.

Cuándo cortar la vara floral y cuándo no

La regla general: se corta cuando ha secado, porque mientras siga verde la planta puede estar reabsorbiendo parte de lo que le queda dentro. Un corte a ras, con tijera o cuchilla limpia, y la cicatriz se seca sola en unos días si el ambiente está seco.

Hay tres excepciones que conviene tener claras:

  • Si quieres semilla, hay que dejar la vara hasta que las cápsulas estén completamente secas y empiecen a abrirse solas. Cortar antes te deja semilla inmadura que no germina.
  • Si la vara está produciendo hijuelos, y ocurre más de lo que parece en Echeveria y Graptopetalum, se deja hasta que esas plantitas tengan raíces visibles.
  • Si la planta está claramente débil, recién comprada, recién trasplantada o con poca raíz, se corta la vara en verde y se acepta la herida. Es preferible perder la flor a perder la planta.

Por qué la planta se queda pequeña después de florecer

Una inflorescencia es la estructura más cara que fabrica una suculenta. Sale a costa de las reservas de agua y azúcares almacenadas en las hojas, y por eso después de la floración es habitual ver las hojas más bajas arrugadas o secas y el conjunto algo desmejorado.

La recuperación llega sola, con tiempo. Lo que la acelera es luz suficiente para que la planta vuelva a fotosintetizar a pleno rendimiento, no fertilizante. Un abono fuerte sobre una planta agotada, con raíz posiblemente resentida, quema más que ayuda. Si acaso, un abono de crasas muy diluido cuando veas que ya está echando hojas nuevas.

Un caso distinto: si la flor salió del centro de la roseta

Aquí el destino de la planta ya está decidido antes de que empieces a cuidarla. En las suculentas monocárpicas, el ápice de la roseta se transforma en inflorescencia, de modo que esa roseta no puede producir hojas nuevas nunca más y muere tras fructificar. Es lo que pasa en la mayoría de los agaves, en los Sempervivum, en muchos Aeonium y en Kalanchoe luciae.

La comprobación es sencilla y muy fiable: si la vara nace del centro exacto de la roseta, empujando hacia arriba, esa roseta se ha terminado; si nace de un lado, de la axila de una hoja, no pasa absolutamente nada. Las Echeveria, que son las que más sustos dan, florecen siempre de lado y siguen creciendo años después. Lo tienes desarrollado en suculentas que florecen una sola vez, incluida la parte de qué hacer con los hijuelos.

Suculentas florecidas

Recoger semilla, y por qué muchas veces no hay

Es la decepción clásica: la planta ha florecido espléndidamente, dejas la vara hasta el final y las cápsulas están vacías. La razón habitual es que muchas suculentas son autoincompatibles, es decir, necesitan polen de otro ejemplar genéticamente distinto para cuajar. Un solo ejemplar, o dos que sean esquejes del mismo clon, pueden florecer todo lo que quieran y no producir una sola semilla viable.

Si tienes dos plantas de la misma especie y florecen a la vez, puedes pasar polen de una a otra con un pincel fino. Las cápsulas, cuando cuajan, tardan semanas en madurar y hay que recogerlas justo cuando empiezan a abrirse, porque la semilla es diminuta y se pierde en cuanto se vuelca. Se guarda en sobre de papel, en sitio seco y fresco.

La vara floral también sirve para multiplicar

Antes de tirar la vara seca, mírala de cerca. En muchas crasuláceas la inflorescencia lleva bractéolas, unas hojitas pequeñas repartidas a lo largo del tallo, y esas hojitas enraízan igual que una hoja normal si las pones sobre sustrato apenas húmedo. Es una forma habitual de sacar plantas nuevas de una Echeveria o un Graptopetalum.

En los Sempervivum y en los Kalanchoe de roseta el material está abajo, no en la vara: la roseta que ha florecido se seca, pero deja alrededor una tanda de hijuelos que se separan cuando tengan raíz propia y un tamaño razonable. Se plantan en sustrato mineral y se riegan poco las primeras semanas.

Plagas y podredumbres que llegan con la floración

Las varas florales son tejido tierno y atraen problemas que la planta no tiene el resto del año.

  • Pulgón. Es casi inevitable en las varas de Echeveria y de Aeonium en primavera. Se ven acumulados en los botones y en el extremo del tallo. Con pocos, un chorro de agua a presión o retirarlos a mano basta. Si hay que tratar, jabón potásico aplicado sin sol directo encima, y ojo con que no encharque el corazón de la roseta.
  • Hormigas. No comen la planta, pero si suben por la vara es la señal de que hay pulgón o cochinilla arriba, porque van detrás de la melaza.
  • Pétalos secos pegados. Los pétalos marchitos que caen y se quedan atrapados entre las hojas retienen humedad y son el punto de arranque de la botritis, sobre todo en otoño y en climas húmedos. Se retiran con unas pinzas o soplando.

suculentas con flores

El kalanchoe y el cactus de Navidad comprados en flor

Son el caso más frecuente y merecen párrafo aparte, porque casi todo el mundo los trata como un ramo y los tira cuando se pasan.

El Kalanchoe blossfeldiana llega del vivero forzado a florecer con manipulación de la luz. Cuando acaba, se retiran las inflorescencias secas, se despunta ligeramente para que ramifique y se cultiva con luz abundante y riego moderado. Para que vuelva a florecer necesita noches largas y completamente a oscuras durante unas semanas, así que hay que aislarlo de la luz artificial del salón. Conviene recordar que el género Kalanchoe contiene bufadienólidos, glucósidos cardiotónicos tóxicos para personas y animales, y que el bulo de que cura el cáncer, que circula sobre todo con Kalanchoe daigremontiana, es falso y peligroso: estas plantas no se toman.

El cactus de Navidad (Schlumbergera) es más agradecido. Tras la floración conviene darle unas semanas de descanso con riego reducido, y ese es el momento de trasplantarlo si le hace falta y de sacar esquejes, que se hacen separando dos o tres segmentos de tallo y dejándolos secar un par de días antes de plantarlos. Recuerda que es un cactus epífito de selva brasileña, no de desierto: quiere luz filtrada y sustrato que no se quede como una piedra.

Riego y abono en los meses siguientes

Nada especial, y eso es lo importante. Se mantiene el riego de empapar y dejar secar del todo, sin plato con agua debajo. Si la floración ha sido de primavera, la planta tiene por delante toda la temporada de crecimiento para reponerse y un abono de crasas muy diluido una vez al mes durante ese periodo es suficiente.

Si la floración ha sido de final de verano o de otoño, no abones: lo que viene es el reposo invernal, y meter nutrientes en ese momento solo produce crecimiento blando que se pudre o se hiela. Entra directamente en el régimen de invierno, con riego mínimo y el sitio más fresco y luminoso que puedas darle.

En resumen

Después de florecer, lo correcto es dejar secar la vara y cortarla a ras, salvo que busques semilla o que esté produciendo hijuelos, y aceptar unas semanas de bajón en las que la planta consume hojas bajas y no crece. La recuperación se consigue con luz y con el riego de siempre, no con abono, y menos aún si la floración llega al final de la temporada.

Antes de dar nada por perdido, mira de dónde salió la flor: si nació del centro de la roseta, la planta es monocárpica y lo que hay que recoger son los hijuelos; si nació de un lado, no ocurre nada y la planta seguirá creciendo. Y aprovecha el material que deja la floración, que es gratis: hojitas de la vara que enraízan, hijuelos de la base y, con dos ejemplares distintos, semilla.


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