La mayoría de las suculentas que se pierden en España se pierden entre noviembre y marzo, y casi nunca por frío. Se pierden por agua: sustrato húmedo, temperatura baja, poca luz y una planta parada que no consume nada. En esas condiciones la raíz se pudre en silencio y la planta se derrumba de un día para otro en febrero, con el dueño convencido de que la mató una helada.
El invierno con suculentas se resuelve entonces con tres decisiones: cuánta agua, cuánta luz y dónde ponerlas. Y con una advertencia previa, porque hay un error de partida muy extendido: no todas las suculentas descansan en invierno. Muchas de las que tenemos aquí vienen de climas de lluvias invernales y es justo ahora cuando crecen.
Quién descansa y quién crece
Las suculentas de origen americano y las de veranos lluviosos crecen con el calor y se paran con el frío. Es el caso de la mayoría de Echeveria, Sedum, Graptopetalum, Kalanchoe, Agave y de buena parte de los cactus. Con ellas el invierno es reposo puro y duro.
Pero hay un grupo grande que hace lo contrario. Los Aeonium canarios, los Lithops, los Conophytum y muchas aizoáceas y crasuláceas del Cabo y del norte de África vienen de sitios donde llueve en invierno y el verano es la estación dura. Aquí crecen de otoño a primavera, y en pleno agosto están replegadas y con las hojas cerradas. Para ellas el invierno es temporada activa, y tratarlas como si estuvieran dormidas las deshidrata.
Esa distinción explica por qué los consejos genéricos de invierno funcionan la mitad de las veces. Si tienes Aeonium en la terraza y los ves crecer y sacar hoja nueva en enero, no están haciendo nada raro: están en su estación.
Cuánto frío aguantan
La resistencia al frío depende de la especie y, sobre todo, de si la planta está seca o húmeda. Con el sustrato seco, casi todas soportan bastante más de lo que se dice; con el sustrato mojado, mucho menos, porque el agua en los tejidos y en la maceta congela y revienta las células.
Aguantan heladas sin problema, plantadas fuera en casi toda la Península, los Sempervivum y buena parte de los Sedum rústicos, que son de hecho plantas de montaña europea. También varias Opuntia y algunos cactus de altura, siempre que pasen el invierno secos y con buen drenaje.
En el otro extremo, las suculentas de hoja de origen tropical y subtropical (Kalanchoe, Adenium, Euphorbia suculentas, muchas Crassula y Echeveria de las que se venden como planta de interior) empiezan a sufrir por debajo de unos cinco grados y no toleran la helada. Los Aeonium resisten el fresco pero no el hielo, que es una de las razones por las que en Canarias y en el litoral mediterráneo se dan tan bien y en la meseta hay que protegerlos.
La consecuencia práctica: en el litoral mediterráneo, en Andalucía occidental y en Canarias casi todo puede quedarse fuera, resguardado de la lluvia. En el interior peninsular, en la meseta norte y en zonas de montaña, lo tierno entra bajo techo antes de las primeras heladas.
El riego, que es el punto crítico
Aquí no hay matices. Con la planta parada, temperatura baja y poca luz, el sustrato tarda semanas en secarse y la raíz no está bebiendo. Regar en esas condiciones es regar un tiesto, no una planta.
Para las especies que descansan en invierno, lo razonable es espaciar mucho y comprobar siempre antes: se riega solo cuando la maceta está seca del todo hasta el fondo, y en un interior fresco eso puede significar una vez al mes o menos. Los cactus de desierto invernados en frío se pueden dejar directamente sin agua de noviembre a marzo, y no pasa nada.
Para las de crecimiento invernal, en cambio, el riego se mantiene, pero con dos condiciones: que la planta esté en un sitio con luz y ventilación, y que se riegue por la mañana en un día templado, para que el sustrato tenga horas de secarse antes de la noche fría.
Regla que resuelve casi todo: si hace frío y el sustrato no está seco, no se riega. Y si dudas, tampoco. Una suculenta con sed en enero se arruga un poco y se recupera en marzo; una encharcada en enero no llega a marzo.
Luz
En invierno hay menos horas de sol y el sol está bajo, así que una planta que en verano estaba bien en semisombra puede quedarse corta ahora. La señal de que le falta luz es el estiramiento: entrenudos largos, hojas separadas y pálidas, rosetas que pierden la forma compacta y se inclinan hacia la ventana.
Con las que descansan, el estiramiento en invierno es menos frecuente porque no están creciendo, y basta con un sitio luminoso. Con las de crecimiento invernal sí importa, y merece la pena darles el mejor sitio de la casa o dejarlas fuera si el clima lo permite.
Un detalle contraintuitivo: la planta que ha pasado el invierno dentro, con poca luz, es la candidata número uno a quemarse en cuanto vuelva a salir en marzo o abril. La salida de invierno se hace de forma gradual, aumentando la exposición a lo largo de dos o tres semanas.
Dónde ponerlas
Lo ideal para las especies que descansan es un sitio fresco, luminoso, seco y ventilado: un porche cerrado, una galería sin calefacción, un invernadero frío, una habitación poco usada. El frescor invernal, entre unos ocho y unos quince grados, es bueno para ellas y además es lo que induce la floración en muchos cactus a la primavera siguiente.
Lo peor es un salón con calefacción y poca luz: la temperatura alta les dice que crezcan, la luz escasa no se lo permite, y el resultado son brotes largos, pálidos y blandos que después no se recuperan. Si no hay otro sitio, al menos que sea junto a la ventana más luminosa y lejos del radiador, y con riego mínimo.
Para las que se quedan fuera, lo que hay que resolver es la lluvia. Un alero, una repisa cubierta o un plástico sobre unos arcos bastan. En el norte y en el noroeste peninsular, con inviernos húmedos y suaves, proteger de la lluvia importa más que proteger del frío. Y las macetas de barro llenas de agua que hielan por la noche se rompen, así que conviene levantarlas del suelo sobre unos tacos para que el agua escurra y no queden encharcadas.
En el jardín, las suculentas plantadas en el suelo dependen sobre todo del drenaje. Un montículo elevado, una rocalla o una pendiente son mucho mejor que una zona llana donde el agua se para en invierno.
Abonado
Se deja de abonar cuando la planta deja de crecer. Para las de crecimiento estival eso significa el último aporte a finales de verano o principios de otoño, y nada más hasta la primavera siguiente. Abonar una planta parada acumula sales en el sustrato y produce brotes blandos, que es precisamente lo que después se pudre.
Con las de crecimiento invernal se puede mantener un abonado muy suave y espaciado mientras crecen, y se corta en cuanto empieza el calor.
Plagas de invierno
La plaga típica del invierno con suculentas es la cochinilla algodonosa, que aparece como pequeñas masas blancas y algodonosas en las axilas de las hojas, en el centro de las rosetas y en los pliegues. Las condiciones de interior en invierno (aire seco, calefacción, sin depredadores y sin lluvia que lave las hojas) son las que más le gustan. También hay una variante que vive en las raíces y solo se descubre al sacar la planta de la maceta, con el cepellón cubierto de un polvo blanquecino.
Lo primero es la revisión periódica y el aislamiento: una planta afectada se separa de las demás, y lo mismo se hace con cualquier planta recién comprada durante unas semanas. En una colección pequeña, la retirada manual funciona: alcohol de farmacia aplicado punto por punto con un bastoncillo sobre cada foco, repitiendo cada pocos días hasta que no aparezcan más. Conviene probar antes en una hoja, porque el alcohol disuelve la pruina y deja marca permanente en las especies cerosas.
Ese orden no es casual: es el que establece el Real Decreto 1311/2012, marco del uso sostenible de los productos fitosanitarios en España, que fija la gestión integrada de plagas como principio, con la prevención y los medios físicos y biológicos por delante del tratamiento químico. Si hiciera falta llegar a un producto, en jardinería doméstica solo cabe usar los autorizados para ese uso, que se consultan en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio, y siempre con la dosis y las condiciones que figuran en la etiqueta del envase, que es la única dosis legal.
Errores frecuentes
- Regar por calendario. El calendario no sabe si tu maceta está seca. La maceta sí.
- Meterlas dentro y dejarlas en cualquier rincón. Un sitio oscuro y caliente es peor que la terraza fría.
- Pulverizar agua sobre las hojas. No las hidrata y sí favorece la podredumbre en frío.
- Trasplantar en pleno invierno. La raíz cortada no cicatriza con la planta parada. El trasplante va a la salida del invierno o a principios de otoño.
- Sacarlas de golpe al primer día de sol de marzo. Es la receta de las quemaduras de primavera.
En resumen
En invierno lo que mata a las suculentas es el agua, no el frío. Con el sustrato seco muchas especies aguantan temperaturas que sorprenderían, y con el sustrato húmedo se pudren a diez grados. Riego solo cuando la maceta está seca hasta el fondo, y en las especies de reposo invernal prácticamente nada de noviembre a marzo.
Antes de aplicar cualquier consejo conviene saber qué tienes: las de crecimiento estival descansan ahora y quieren un sitio fresco, luminoso, seco y ventilado, mientras que los Aeonium, los Lithops y compañía están en plena temporada y siguen bebiendo. Nada de abono con la planta parada, revisión periódica en busca de cochinilla, protección frente a la lluvia más que frente al frío en el norte, y salida gradual al sol cuando llegue la primavera.