Quien busca una "suculenta piedra" casi siempre tiene delante un Lithops, pero ese nombre popular lo comparten cuatro o cinco géneros distintos que se parecen a un guijarro y que no se cuidan igual. Todos pertenecen a la familia de las aizoáceas, todos vienen del sur de África y todos imitan la grava entre la que crecen, pero su calendario de riego cambia de uno a otro, y ahí es donde se pierden casi todas las plantas compradas de segunda mano en un centro de jardinería.
Los que te vas a encontrar etiquetados como piedra viva, además de los lithops, son Conophytum, Pleiospilos, Argyroderma y, con menos frecuencia, Fenestraria y Titanopsis. Este artículo va justo de eso: cómo reconocer cuál tienes, en qué se diferencia de un lithops y qué implica esa diferencia cuando coges la regadera.
En qué te tienes que fijar para identificarla
Antes de mirar el nombre de la etiqueta, que en estas plantas falla mucho, fíjate en cuatro cosas concretas.
- La cara superior. Si es plana, mate y tiene un dibujo translúcido tipo mármol o red de venas, es un lithops. Esa zona es la ventana por la que entra la luz al interior de la hoja.
- El tamaño del cuerpo. Los conophytum son diminutos, del tamaño de un garbanzo o menos, y suelen formar corros densos. Los pleiospilos son grandes y gruesos, con aspecto de canto rodado de granito.
- La textura. Los puntos blancos elevados y la superficie rugosa apuntan a Pleiospilos o a Titanopsis. Una superficie lisa, cerosa y de un gris azulado plateado apunta a Argyroderma.
- Cuándo florece. Los conophytum y los lithops florecen en otoño. Los pleiospilos suelen hacerlo al final del invierno o en primavera. Si tu planta abre flor en marzo, no es un lithops.
Conophytum: el más pequeño y el que más se seca
Conophytum agrupa cientos de especies, muchas del oeste de Sudáfrica y de Namibia, en una zona de lluvias de invierno. Los cuerpos son minúsculos, con forma de corazón, de peonza o de cono partido por una hendidura, y la planta acaba formando una almohadilla de decenas de cabezas.
Lo que más desconcierta a quien compra uno es su descanso de verano. Al llegar el calor, el cuerpo se recubre de una piel seca y papirácea de color pardo, como si se hubiera muerto. No se ha muerto: está protegido dentro de esa funda y sale de ella en otoño. Si en pleno agosto ves eso y decides regar para "reanimarlo", lo pudres. Un conophytum en reposo no se riega, o como mucho se le da una nebulización muy ocasional si el tiesto es minúsculo y el ambiente es muy seco.
Muchas especies florecen de noche o al atardecer, y bastantes son perfumadas. Esa es otra diferencia con el lithops, cuya flor abre a media tarde con sol.
Pleiospilos: el bollo de piedra
Pleiospilos nelii es el que se vende en España como planta partida o bollo de piedra. Tiene un par de hojas muy gruesas, casi hemisféricas, de color gris verdoso con puntitos oscuros elevados que imitan el granito. Es bastante más grande que un lithops, lo que engaña: la gente lo trata como una crasa corriente y lo riega cada semana.
No aguanta ese trato. Tiene el mismo mecanismo de relevo de hojas que el lithops, el par nuevo se forma a costa del viejo, y el mismo reposo estival. En cambio, florece antes, entre el final del invierno y la primavera, con flores grandes amarillas o anaranjadas que casi tapan la planta entera. Existe la forma de cuerpo púrpura, Pleiospilos nelii 'Royal Flush', que es la misma planta con otro color.
Señal de que te estás pasando de agua: el cuerpo se hincha, se agrieta por un lado y se abre la hendidura más de la cuenta. Señal de que va bien: se mantiene compacto y las hojas viejas se van apergaminando poco a poco.
Argyroderma: el de la Knersvlakte
Argyroderma quiere decir piel de plata, y eso es exactamente lo que ves: un par de hojas lisas, sin dibujo, de un gris azulado claro con brillo metálico. La forma es de huevo partido en dos o de dedos cortos y gordos que salen del suelo.
Es un género muy localizado. Vive casi por completo en la Knersvlakte sudafricana, una llanura de cuarcita blanca donde las plantas son literalmente indistinguibles del suelo. Es de crecimiento invernal, como los conophytum, y de los cuatro es el que peor perdona los excesos de agua. Si vas a empezar con piedras vivas, no empieces por este.
Fenestraria y Titanopsis, las dos que se cuelan en la misma bandeja
Fenestraria rhopalophylla, conocida como planta ventana o dedos de bebé, no imita a una piedra sino a un manojo de deditos verdes cortados en plano, cada uno con una ventana translúcida en la punta. En la naturaleza se entierra casi entera en la arena y deja fuera solo esas ventanas. En maceta se cultiva por encima del sustrato, porque enterrada en tierra de jardín se pudre sin remedio.
Titanopsis tiene hojas en roseta con la punta ensanchada y cubierta de tubérculos calcáreos, con aspecto de trozo de caliza erosionada. Es de las más tolerantes del grupo y una buena puerta de entrada si te gusta el mimetismo pero no te fías de tu mano con el riego.
Tabla rápida de diferencias
| Género | Aspecto | Época de flor | Reposo |
|---|---|---|---|
| Lithops | Par de hojas planas por arriba, con ventana dibujada | Otoño | Verano y pleno invierno |
| Conophytum | Cuerpos diminutos en corro, con funda seca en verano | Otoño | Verano, muy marcado |
| Pleiospilos | Dos hojas gruesas tipo granito con puntos | Final de invierno y primavera | Verano |
| Argyroderma | Liso, gris plateado, sin dibujo | Invierno | Verano |
| Titanopsis | Roseta con puntas calcáreas rugosas | Invierno | Verano |
Qué tienen en común, que es lo que las mata
Aunque el calendario cambie de un género a otro, el fallo que acaba con todas es el mismo: agua fuera de temporada. Estas plantas no almacenan agua para gastarla en el momento que tú decidas, sino para pasar un verano entero sin ninguna. Cuando están en reposo, la raíz reduce su actividad y el agua que llega al sustrato se queda ahí, con la tierra caliente, que es la receta de la podredumbre.
El sustrato hace la mitad del trabajo. Sirve una mezcla muy mineral, con mucha más grava, arena gruesa lavada o picón que materia orgánica, en maceta con agujero y a poder ser de barro, que se seca antes que la de plástico. El acolchado superficial de gravilla no es decoración: evita que el cuello de la planta esté en contacto con tierra húmeda.
Con la luz pasa algo parecido. Piden mucha, pero el sol de julio de las dos de la tarde detrás de un cristal cerrado las cuece. En España lo razonable es un alféizar muy luminoso con sol directo de mañana, o exterior con algo de sombra en las horas centrales del verano. Si la planta se estira hacia arriba y pierde el dibujo, le falta luz; si aparecen manchas pardas secas y hundidas, le sobra sol directo sin aclimatar.
En cuanto al frío, estas aizoáceas toleran bien el fresco y el seco, pero no la helada con sustrato húmedo. En el interior peninsular y en el norte lluvioso lo seguro es pasarlas el invierno a cubierto, en un sitio fresco, luminoso y sin regar. Si quieres ir a fondo con el género más habitual, tienes la ficha de lithops o cactus piedra.
Antes de comprar una
En el vivero, mira la maceta antes que la planta. Si el tiesto es de tierra negra de turba y está húmedo, esa planta lleva semanas o meses en condiciones equivocadas y puede estar ya podrida por dentro aunque arriba se vea perfecta. Toca el cuerpo con suavidad: firme es buena señal, blando o con tacto de globo medio deshinchado no lo es.
Desconfía también de las bandejas de mezclas surtidas, donde meten lithops, conophytum y alguna crasa corriente en el mismo tiesto compartiendo riego. Ahí es imposible acertar, porque lo que le conviene a una está matando a la otra. Si te regalan una, lo primero es separarlas en macetas individuales, cada una con su calendario.
En resumen
Suculenta piedra no es una especie, es un parecido. Debajo de ese nombre hay géneros que florecen en meses distintos, que descansan en momentos distintos y que aguantan cantidades muy distintas de agua, así que lo primero que hay que hacer con una planta nueva es identificar de cuál se trata. La cara superior, el tamaño del cuerpo, la textura y el mes de floración bastan casi siempre para salir de dudas.
A partir de ahí el cultivo es sencillo y monótono, que es justo lo que estas plantas piden: sustrato mineral, maceta pequeña con drenaje, mucha luz sin sol abrasador de mediodía en verano, y ninguna agua durante el reposo. Una piedra viva bien llevada crece despacio, aguanta décadas y acaba formando un corro de cuerpos que es lo más parecido a un trozo de desierto sudafricano que vas a tener en casa.