Las suculentas no son plantas del desierto, o no principalmente. Los grandes focos del mundo son cuatro y ninguno es un desierto verdadero: el sur de África, con el Karoo suculento y Namaqualand a la cabeza, Madagascar, México con el suroeste de Norteamérica, y el occidente sudamericano desde el Atacama hasta los Andes. A eso se suma un foco pequeño pero muy peculiar, la Macaronesia, donde entran Canarias.
El matiz importa porque cambia los cuidados. En un desierto de verdad casi no vive nada: las suculentas abundan en semidesiertos, en zonas de niebla costera y en laderas de montaña, sitios secos pero con una estación de lluvia previsible y con noches frescas. Saber de dónde viene una especie te dice cuándo crece, cuándo descansa y cuánto frío aguanta, que es más de lo que te va a decir cualquier etiqueta de vivero.
Sudáfrica y el Karoo suculento
Es el territorio más rico en suculentas del planeta. El Karoo suculento y Namaqualand, en el oeste de Sudáfrica y el sur de Namibia, concentran una cantidad de especies carnosas que no tiene comparación en ningún otro sitio, y buena parte de ellas no crecen en ningún otro lugar del mundo.
De ahí salen las aizoáceas, que es la familia de los Lithops, los Conophytum y las plantas piedra; casi todas las Haworthia y las Gasteria; muchísimas Crassula; buena parte de los Aloe; y las euforbias suculentas con aspecto de cactus. El dato que hay que retener es que en esa zona llueve en invierno. Muchas de esas plantas crecen en nuestros meses fríos y paran en verano, justo al revés de lo que uno supone, y regarlas a fondo en agosto porque hace calor es una de las formas más habituales de matarlas.
Madagascar
La isla funciona como un mundo aparte, con un nivel de endemismo altísimo. Es la patria de casi todos los Kalanchoe, de los Pachypodium, de un montón de Aloe y de las didiereáceas, una familia de arbustos espinosos y carnosos que solo vive allí, en el bosque espinoso del suroeste.
Madagascar es también el recordatorio incómodo de este artículo. La pérdida de hábitat y la recolección para el comercio han puesto en apuros a muchas de estas especies, y buena parte de la flora suculenta está regulada por el CITES, el convenio sobre comercio internacional de especies amenazadas. Lo que se compra debe venir de cultivo, nunca de campo.
México y el suroeste de Norteamérica
Es el centro mundial de las cactáceas y de las crasuláceas americanas. México reúne más especies de cactus que ningún otro país, y además es la casa de los Agave, las Echeveria, los Graptopetalum, los Sedum americanos y las Dudleya del otro lado de la frontera, en California.
Aquí el régimen de lluvias es el contrario del sudafricano: llueve sobre todo en verano, con tormentas fuertes y espaciadas. Esas plantas crecen en nuestra primavera y verano y descansan en invierno, que es el ritmo que la mayoría de la gente da por supuesto para todas las crasas. Una Echeveria mexicana y un Conophytum sudafricano en la misma bandeja, con el mismo riego, no pueden ir bien los dos a la vez.
Los Andes, el Atacama y el bosque brasileño
Sudamérica aporta tres escenarios muy distintos. En los Andes y en las tierras altas de Bolivia, Argentina y Perú están los Echinopsis, los Parodia, los Rebutia y los Lobivia, cactus de montaña acostumbrados a noches muy frías y a una radiación durísima.
En la costa del Atacama pasa algo llamativo: hay cactus como los Copiapoa viviendo en uno de los desiertos más secos del mundo, donde prácticamente no llueve, y lo hacen a costa de la niebla costera, la camanchaca, que entra desde el Pacífico y condensa sobre la planta. Eso explica que muchas de estas especies pidan atmósfera húmeda y aire en movimiento, no el ambiente tórrido y seco que uno imagina.
Y en el bosque atlántico brasileño viven los cactus epífitos, que crecen sobre las ramas de los árboles y no en el suelo: Schlumbergera, el cactus de Navidad, Rhipsalis y Rhipsalidopsis, el de Pascua. Son cactus de selva, con sombra, humedad y materia orgánica alrededor de la raíz. Tratarlos como un cactus de desierto es el error de fondo que se repite cada diciembre en media España.
Canarias y la Macaronesia
El foco que nos toca de cerca. Las islas de la Macaronesia, y sobre todo Canarias, son el centro de dispersión de los Aeonium, con un buen número de especies endémicas, y de sus parientes Monanthes y Aichryson. Son crasuláceas adaptadas a un clima con lluvia repartida en los meses frescos y verano seco, de modo que crecen en invierno y en verano se cierran en un cogollo apretado, pierden hojas bajas y esperan.
Si tienes un Aeonium en la Península, ese es el calendario que sigue, y por eso no hay que alarmarse cuando en julio parece que se está muriendo. Del resto de suculentas silvestres que hay en España se habla en detalle en qué son las plantas suculentas y de dónde son.
Qué te dice el origen sobre los cuidados
El mapa se traduce en tres preguntas prácticas cada vez que compras una planta nueva.
- ¿Crece en invierno o en verano? Las del sur de África de lluvia invernal y las canarias crecen en frío; las mexicanas y muchas andinas, en calor. El riego fuerte va en la temporada de crecimiento y se reduce mucho en la de reposo.
- ¿Viene de sol pleno o de sombra? Una Haworthia vive bajo arbustos y entre piedras, y un Schlumbergera a media luz en el dosel del bosque. Ninguno de los dos quiere el sol de mediodía tras un cristal en julio.
- ¿Qué frío soporta? Aquí el original del que hablan muchos sitios exagera. Hay suculentas rústicas de verdad, como los Sempervivum y varios Sedum europeos, que pasan el invierno a la intemperie. La mayoría de las tropicales y subtropicales no aguantan bajo cero. Y en la cornisa cantábrica el problema no suele ser el frío sino la lluvia continua, que las pudre estando el termómetro en diez grados.
En resumen
Las suculentas no vienen de un sitio, vienen de varios focos repartidos por el mundo que no comparten ni clima ni calendario: el Karoo sudafricano con lluvia de invierno, Madagascar, México y el suroeste norteamericano con lluvia de verano, los Andes y el Atacama de nieblas, el bosque brasileño de los cactus epífitos y la Macaronesia canaria. Que se parezcan tanto entre sí es porque han resuelto el mismo problema por separado, no porque sean parientes.
Lo útil de todo esto es que el origen de una especie predice sus cuidados mejor que ninguna otra pista. En cuanto sepas si tu planta viene de un sitio de lluvia invernal o estival, de sol abierto o de sombra, y de un clima que hiela o que no, tendrás resuelta la mitad de las dudas sobre riego y ubicación. El resto es observar la maceta.