En España crecen suculentas silvestres, y bastantes. No hace falta irse a México ni al Karoo: hay Sedum en cualquier tapia soleada, Sempervivum en la roca de alta montaña, ombligo de Venus en los muros húmedos del norte y, en Canarias, uno de los focos de crasas más singulares del mundo, el de los bejeques o Aeonium, que son endemismos y no crecen de forma natural en ningún otro sitio.

Lo interesante es que estas plantas cuentan de primera mano lo que ninguna etiqueta de vivero explica: cuáles son las crasas que de verdad aguantan el clima de aquí, cuáles crecen en invierno y por qué las que se cultivan en maceta se pudren con la lluvia atlántica. Y también hay una cara fea, la de las suculentas introducidas que se han comido la costa.

Los Sedum, que están en todas partes

Son las suculentas silvestres más abundantes de la Península y las más fáciles de ver sin salir de un pueblo. Crecen en tejados de teja, coronaciones de muro, taludes pedregosos, roquedos y cunetas, en sitios donde el sustrato es un dedo de tierra sobre piedra y donde en verano no queda nada de humedad.

Los que más te vas a encontrar son Sedum album, de hojitas cilíndricas pequeñas que se ponen rojizas con el sol y el frío y que florece en blanco a principios de verano; Sedum acre, más pequeño aún, de flor amarilla y sabor acre, que no se come; y Sedum sediforme, más robusto y con flores amarillo pálido, típico del matorral mediterráneo. Muchos de ellos comparten el nombre popular de uña de gato, que en la costa se usa además para una planta completamente distinta y de la que hablamos más abajo.

Estos Sedum son la prueba de lo que aguanta una crasa rústica: hielo, calor, sequía y suelo pobre. Lo que no aguantan es el agua parada. En un tejado no se pudren nunca porque el agua escurre en segundos, y ese es exactamente el modelo que hay que imitar en maceta.

¿QUÉ SON LAS PLANTAS SUCULENTAS Y DE DÓNDE SON?

Sempervivum: las rosetas de montaña

Los Sempervivum son las siemprevivas de roca, rosetas apretadas de hojas carnosas con la punta a menudo rojiza, que viven en repisas y grietas de la alta montaña. En España se encuentran sobre todo en el Pirineo, la Cordillera Cantábrica y el Sistema Central, en sitios donde pasan el invierno bajo nieve y el verano a pleno sol.

Tienen dos particularidades que conviene conocer si cultivas alguno. La primera es que cada roseta es monocárpica: florece una sola vez, alargando un tallo grueso con flores estrelladas, y después esa roseta muere. No has hecho nada mal, es su ciclo, y para entonces ya ha soltado alrededor un anillo de rosetas hijas que continúan. La segunda es que Sempervivum tectorum se llama así por la costumbre antigua de plantarlo en los tejados, donde se le atribuía protección contra el rayo. Vale como tradición, no como pararrayos.

Son, junto con los Sedum, las únicas crasas que puedes dejar fuera todo el año en casi cualquier punto de España, incluido el interior peninsular con sus heladas. Necesitan sol, sustrato muy drenante y que nadie las riegue en invierno.

Ombligo de Venus, la crasa de los muros del norte

Umbilicus rupestris es probablemente la suculenta silvestre más reconocible de la mitad norte y del oeste peninsular. La hoja es redonda, carnosa y peltada, con el rabillo insertado en el centro y un hoyuelo encima, de ahí lo del ombligo. Se llama también sombrerillo u oreja de abad, y tapiza muros de piedra viejos, taludes sombreados y paredones húmedos de Galicia, Asturias, el País Vasco, el norte de Portugal y buena parte de Extremadura.

Su calendario va al revés del que la gente espera de una crasa: brota en otoño con las primeras lluvias, está verde y lustrosa todo el invierno, levanta en primavera una espiga alta de florecillas tubulares colgantes y en verano se seca del todo, quedando solo el tubérculo bajo tierra hasta el otoño siguiente. Es el mismo patrón de crecimiento invernal que siguen los Aeonium y buena parte de las crasas sudafricanas de lluvia de invierno.

Los bejeques de Canarias

Canarias es el gran foco español de suculentas y uno de los centros mundiales del género Aeonium. Los bejeques, como se los llama allí, forman rosetas planas al final de tallos leñosos y viven en riscos, malpaíses y paredones de las islas. Son en su gran mayoría endemismos: no crecen de forma silvestre en ningún otro lugar del planeta.

Algunos que reconocerás: Aeonium arboreum, el de porte arbustivo que también se ha plantado por todo el Mediterráneo; Aeonium canariense, de rosetas anchas y aterciopeladas casi a ras de suelo; Aeonium urbicum, con la roseta sobre un tronco alto y sin ramificar; y Aeonium tabuliforme, que aplasta la roseta contra la roca formando un disco perfecto. Los acompañan otras dos crasuláceas canarias, Monanthes y Aichryson, mucho más discretas.

Varias de estas especies tienen áreas muy reducidas y figuran en catálogos de especies protegidas. Se compran cultivadas, en vivero, y no se arrancan del campo. Y en cultivo hay que respetarles el ciclo canario: crecen con el fresco y en verano se cierran, pierden hojas de abajo y parecen moribundas sin estarlo.

¿QUÉ SON LAS PLANTAS SUCULENTAS Y DE DÓNDE SON?

La duna: lechetrezna de mar

En las dunas costeras, atlánticas y mediterráneas, crece Euphorbia paralias, la lechetrezna de mar. No es una crasa de manual, pero tiene el tallo y las hojas engrosados y cerosos, apretadas contra el tallo como escamas, que es la respuesta de una planta a vivir sobre arena seca, sal y viento.

Como toda euforbia, suelta un látex blanco irritante para la piel y los ojos, y tóxico por ingestión. Es la misma advertencia que vale para la corona de Cristo o para las euforbias con pinta de cactus que se venden en maceta: guantes al manipularlas, lavarse después y, si el látex llega a un ojo, al médico sin esperar.

¿QUÉ SON LAS PLANTAS SUCULENTAS Y DE DÓNDE SON?

Las que no son de aquí y se han quedado

La suculenta introducida que más daño hace en España es Carpobrotus edulis, originaria de Sudáfrica, a la que se llama uña de gato, hierba del cuchillo o higo marino según la zona. Se plantó durante décadas para fijar taludes y adornar paseos marítimos y ha acabado formando mantos continuos sobre dunas y acantilados, donde ahoga a la flora autóctona y altera el suelo. Está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, regulado por el Real Decreto 630/2013, lo que significa que no se puede plantar ni comercializar. Un trozo de tallo tirado en un talud enraiza solo, así que los restos de poda no se dejan en el campo.

El otro caso conocido es la chumbera, Opuntia, traída de América hace siglos y naturalizada en todo el sureste y en Canarias hasta parecer parte del paisaje. En Canarias se cultivó además para criar la cochinilla del carmín, Dactylopius coccus, de la que se obtiene el colorante rojo. Desde hace años, sin embargo, las chumberas peninsulares están siendo arrasadas por otra cochinilla distinta, Dactylopius opuntiae, que es plaga y no negocio.

En resumen

Las suculentas de España son los Sedum de cualquier tapia, los Sempervivum de la alta montaña, el ombligo de Venus de los muros húmedos del norte y los bejeques de Canarias, que son endemismos y el grupo más valioso de todos. Entre las cuatro dan un retrato bastante fiel de lo que una crasa necesita aquí: sol, piedra, poco suelo y, sobre todo, que el agua se vaya deprisa.

Si quieres llevarte una lección al balcón, mira dónde viven. Las rústicas de verdad, los Sedum y los Sempervivum, pasan el invierno fuera en casi toda España siempre que no se encharquen; el ombligo de Venus y los Aeonium crecen en los meses frescos y descansan en verano. Y de las invasoras, ni un esqueje: Carpobrotus es bonito en una foto y un desastre en una duna.


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