La cadena de corazones se multiplica de una forma que no sirve para ninguna otra colgante: sin cortar nada. Buscas uno de los bultitos que le salen en los nudos de los tallos, lo apoyas encima de otra maceta con sustrato, lo sujetas con una horquilla o una piedrecita, y lo dejas ahí unido a la planta madre. En unas semanas ese bulto ha echado raíces por su cuenta y ya puedes cortar el tallo que los une. Eso es un acodo, y es el método con mayor tasa de éxito que existe para esta planta.

El truco está en esos bultos. La Ceropegia woodii forma tubérculos a lo largo del tallo, unas perlas grises o pardas del tamaño de un guisante que son reservas de agua y almidón, y que ya vienen con todo lo necesario para convertirse en una planta independiente. Mientras están conectados a la madre no gastan nada suyo, así que el acodo no tiene el riesgo de deshidratación ni de podredumbre que sí tiene un esqueje separado.

Qué planta es exactamente

Se la conoce como cadena de corazones, collar de corazones o rosario, y el nombre común es ambiguo porque "rosario" se usa también para el collar de perlas y para alguna otra colgante de hojas redondeadas, que no tienen nada que ver. Lo que la identifica sin lugar a dudas son las hojas: pequeñas, acorazonadas, de un verde grisáceo jaspeado de plata por el haz y teñidas de púrpura por el envés, colgando de tallos finísimos como hilos.

El nombre científico más extendido es Ceropegia woodii, aunque una parte de la literatura botánica la trata como subespecie de otra, Ceropegia linearis subsp. woodii. Las dos formas se ven en catálogos serios y se refieren a la misma planta. Es de la familia Apocynaceae, la de las asclepiadáceas, y viene del sur de África, de Sudáfrica, Esuatini y Zimbabue, donde crece colgando de rocas y troncos.

Sus flores son una rareza que merece la pena esperar: pequeños tubos hinchados en la base, rematados en una especie de farolillo con pelos, que funcionan como trampa temporal para moscas diminutas que polinizan la planta y luego salen.

Dónde están los tubérculos

Recorre un tallo largo con los dedos y encontrarás, cada cierto trecho, un engrosamiento duro en el nudo donde nacen las hojas. En una planta joven pueden ser del tamaño de un grano de pimienta; en una adulta y bien alimentada llegan a varios centímetros. En la base de la maceta la planta forma además un tubérculo principal, un caudex del que salen todos los tallos.

No confundas el tubérculo con el nudo normal. Un nudo cualquiera también puede enraizar si lo mantienes en contacto con tierra húmeda, pero tarda más y falla más. El tubérculo lleva la despensa incorporada y arranca solo.

El acodo, paso a paso

Coloca una maceta pequeña con sustrato drenante al lado de la planta madre, a una altura que permita que el tallo llegue sin tirantez. Elige un tubérculo bien formado en un tallo sano, tumba el tallo sobre la superficie del sustrato y apoya el tubérculo encima, sin enterrarlo. Si lo hundes, con el primer riego se pudre. Sujétalo con un clip de alambre doblado en U, con una horquilla del pelo o con una piedra plana.

A partir de ahí, mantén el sustrato de esa maceta apenas humedecido, con un pulverizador cada pocos días, mientras el resto de la planta sigue con su riego normal. En tres o cuatro semanas notarás raíces blancas saliendo del tubérculo y agarrando la tierra. Cuando el tubérculo esté firmemente anclado y veas un brote nuevo asomando, corta el tallo que une las dos plantas y ya tienes un ejemplar independiente.

Puedes acodar varios tubérculos del mismo tallo en varias macetas a la vez, y también varios en una sola maceta, que es la forma de conseguir una planta tupida desde el principio en lugar de un hilo solitario.

Cuándo se hace

En primavera y a principios de otoño, que es cuando la planta está creciendo. En pleno verano de interior peninsular la Ceropegia frena, y en invierno el sustrato húmedo tarda demasiado en secarse y el riesgo de podredumbre sube. Un acodo puesto en abril o en septiembre suele estar listo para separar antes de que cambie la estación.

La variante sin madre: tubérculo suelto

Si te llega un trozo de tallo cortado, por ejemplo porque alguien te ha dado un pedazo, el mismo tubérculo se puede plantar por su cuenta. Deja que la herida del tallo cicatrice un día o dos, apoya el tubérculo sobre el sustrato con un par de nudos a cada lado y mantén el conjunto apenas húmedo y con luz abundante pero indirecta. Funciona, solo que con más margen de error que el acodo, porque aquí el tubérculo sí está gastando sus propias reservas.

Por qué las demás colgantes no van así

Las otras suculentas colgantes que se venden a su lado no tienen tubérculos, así que el acodo tal cual no se aplica, y se multiplican por esqueje de tallo tumbado sobre el sustrato. El collar de perlas, Curio rowleyanus (durante décadas Senecio rowleyanus, y así sigue etiquetado en muchos viveros), enraiza bien con un tallo enrollado encima de la tierra. La cola de burro hace lo mismo: conviene saber que la de hojas largas y puntiagudas es Sedum morganianum, mientras que la compacta de hojitas cortas y redondeadas que se vende con el mismo nombre suele ser Sedum burrito. Las Othonna siguen la misma pauta. Todo eso está desarrollado en cómo propagar suculentas colgantes.

En todas ellas vale la regla general de las crasas: el tallo se tumba sobre el sustrato, no se clava, y el corte se deja cicatrizar antes de tocar tierra. Y en ninguna de ellas se enraiza en un vaso de agua, por mucho que lo veas por ahí.

La planta nueva, una vez separada

Trátala como a la madre. Luz abundante pero sin sol directo del mediodía, porque esos tallos finos se queman con facilidad detrás de un cristal en verano. Riego escaso, esperando a que el sustrato se seque del todo, y muy espaciado en invierno. Sustrato drenante de cactáceas con un puñado de material mineral. Y una maceta pequeña: la Ceropegia está mejor un poco justa que nadando en tierra que no se seca.

Si los tallos salen largos y con las hojas muy separadas, le falta luz. Si las hojas pierden el jaspeado plateado y se ven verdes planas, también. Con buena luz la planta compacta el crecimiento y el envés púrpura se marca mucho más.

En cuanto a mascotas, la Ceropegia woodii no aparece en los listados de referencia de plantas tóxicas para perros y gatos, lo que no quiere decir que sea comida. Su vecina de estantería el collar de perlas sí está considerada tóxica, así que si tienes animales conviene no confundirlas y colgar ambas fuera de su alcance.

En resumen

La cadena de corazones se reproduce mejor que ninguna otra colgante porque no hace falta arriesgarse a cortar: se acoda. Apoyas uno de sus tubérculos sobre otra maceta sin enterrarlo, lo sujetas, riegas poco, y cuando ha enraizado separas el cordón umbilical. En primavera o a principios de otoño, el proceso es cuestión de tres o cuatro semanas y casi no tiene pérdida.

Si prefieres ir más rápido o solo tienes un trozo suelto, planta el tubérculo directamente con un par de nudos apoyados, dejando cicatrizar el corte primero. Y si lo que tienes entre manos es un collar de perlas o una cola de burro, cambia de método: esas no tienen tubérculos y van por esqueje de tallo tumbado, que es otra historia.


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