Las suculentas colgantes se multiplican por esqueje de tallo, y el gesto que las diferencia del resto es que el esqueje se tumba sobre el sustrato en lugar de clavarse. Sus tallos son largos, flexibles y con nudos repartidos por toda su longitud, y de cada nudo en contacto con tierra húmeda puede salir una raíz. Si clavas un extremo, enraízas por un punto. Si apoyas el tallo entero, enraízas por diez.

Eso vale para el collar de perlas (Curio rowleyanus, el que se vendía como Senecio), para la cola de burro (Sedum morganianum) y para Othonna capensis. El resto del procedimiento es el habitual en crasas: corte limpio, secado hasta que cicatrice, sustrato mineral y riego contenido. Y nada de vaso de agua, que con las colgantes es especialmente tentador y especialmente inútil.

Suculenta colgante con tallos largos cayendo de la maceta

Qué plantas entran en este grupo

Hablamos de crasas de tallo colgante, no de rosetas. Las más habituales en casa son cuatro.

Collar de perlas, Curio rowleyanus. Tallos finísimos con hojas esféricas, cada una con una línea translúcida que le sirve de ventana para la luz. Desde hace unos años el género correcto es Curio, aunque en los viveros sigue apareciendo como Senecio rowleyanus. Su pariente el collar de plátanos, Curio radicans, se propaga exactamente igual y es bastante más resistente.

Cola de burro, Sedum morganianum. Tallos gruesos cubiertos de hojas apretadas en espiral que pueden alcanzar bastante longitud. Ojo con el nombre: la versión de hoja corta, redondeada y compacta que se vende con la misma etiqueta suele ser Sedum burrito, que es otra planta y se propaga igual.

Othonna capensis, el collar de rubíes. Hojitas alargadas y cilíndricas sobre tallos rojizos que se tiñen más cuanto más sol y más sequía. Es de las colgantes más fáciles de enraizar.

Cola de rata, Disocactus flagelliformis, antes conocido como Aporocactus. Este es un cactus epífito, no una crasa de hoja, pero es colgante y se propaga por esqueje de tallo igual que los demás. Sus espinas son cortas y finas, lo suficiente para molestar, así que conviene manejarlo con guantes.

Cactus colgante cola de rata con tallos largos

Aparte queda Ceropegia woodii, el rosario o cadena de corazones. También es colgante, pero tiene un mecanismo propio: forma tubérculos a lo largo del tallo y se multiplica por acodo, apoyando un tubérculo sobre otra maceta sin cortar nada. Tiene su propia explicación en cómo reproducir suculentas colgantes.

Por qué se tumba y no se clava

En una crasa de roseta, la única zona capaz de emitir raíces está en el cuello, debajo de las hojas. Por eso un esqueje de Echeveria se apoya con el tallo tocando el sustrato y ya está.

En las colgantes, cada nudo del tallo, el punto donde se inserta una hoja, es un lugar potencial de enraizamiento. Un tramo de collar de perlas tumbado sobre sustrato húmedo saca raíces por varios nudos a la vez y, desde cada uno, brotes nuevos hacia arriba. Eso es exactamente lo que hace que una maceta quede llena y tupida en vez de tener tres hilos colgando de un punto.

Clavar el extremo de un tallo largo tiene además un inconveniente práctico: la parte enterrada es la más vieja y la más fina, tarda más en reaccionar y se pudre con facilidad cuando se riega.

Cómo se hace, paso a paso

Corta tramos de tallo con unas tijeras limpias. Con el collar de perlas o con Othonna, tramos de un palmo o poco más funcionan bien; con la cola de burro, algo más cortos, porque el tallo pesa y las hojas se desprenden al manipularlo.

Retira las hojas de los primeros centímetros de la base si vas a dejar esa parte en contacto directo con el sustrato. En el collar de perlas basta con pellizcar unas cuantas esferas; en la cola de burro se caen solas.

Deja secar los cortes uno o dos días a la sombra, en un sitio ventilado, hasta que la herida quede mate y seca. Con tallos gruesos como los de la cola de rata, dale más tiempo.

Prepara una maceta ancha y poco profunda con sustrato para crasas, mineral y suelto. Las raíces de estas plantas son superficiales y agradecen más superficie que fondo.

Coloca los tramos tumbados en espiral sobre la superficie, cubriendo todo el diámetro de la maceta. Si tienden a levantarse, sujétalos con una horquilla del pelo, un clip abierto o un trozo de alambre doblado en U, sin apretar. No hace falta enterrarlos: basta con que el tallo toque.

No riegues el primer día. A partir de ahí, humedece ligeramente la superficie cada pocos días, lo justo para que los nudos encuentren humedad, y espera. Cuando tires suavemente de un tramo y notes resistencia, ya hay raíz. En ese momento pasas al riego normal de una crasa adulta, dejando secar el sustrato entre riego y riego.

Cómo conseguir una maceta tupida desde el principio

El error clásico es poner dos esquejes en el centro de una maceta y esperar a que cubran. No van a cubrir: van a colgar desde el centro y a dejar la tierra a la vista durante años.

La forma de que quede densa es meter muchos tramos desde el primer día, repartidos en espiral por toda la superficie y tocándose entre ellos. Da igual que parezca exagerado. Cada nudo enraizado emitirá su propio brote y la maceta se cierra desde el principio.

Hay una variante cómoda con las plantas que ya tienes: sin cortar nada, tumba un tallo largo de la planta madre sobre la superficie de la misma maceta o de una maceta vecina, sujétalo con una horquilla y espera a que enraíce por los nudos. Cuando haya agarrado, cortas la unión con la madre. Es un acodo y tiene la ventaja de que el tramo nunca deja de recibir agua de la planta original.

Particularidades de cada una

Collar de perlas. Es el más delicado de los cuatro con el exceso de agua y el que peor lleva el sustrato que retiene humedad. Enraíza bien pero se pudre con facilidad si se riega sobre las perlas en lugar de sobre el sustrato. Un apunte importante: se cita como tóxico para perros y gatos, y las bolitas resultan muy atractivas para un gato, así que mejor colgado fuera de su alcance.

Cola de burro. Sus hojas se desprenden con solo rozarla y eso, que parece un problema, es en realidad una ventaja: cada hoja caída con la base entera puede dar una planta nueva si la dejas encima del sustrato. Corta los tramos sujetando el tallo por el extremo y sin apoyarlo en la mano.

Othonna capensis. La más agradecida. Enraíza rápido, tolera bien el sol y responde al estrés luminoso volviéndose roja, que es su gracia ornamental. Si la tienes a media sombra, se queda verde y se estira.

Cola de rata. Al ser un cactus epífito de selva, no quiere el trato de un cactus de desierto: agradece algo más de materia orgánica en el sustrato y no tolera el sol directo abrasador del mediodía en verano. Los esquejes son tramos de tallo que se apoyan igual que los demás, con guantes por las espinas.

Cuándo hacerlo y qué suele fallar

La primavera es el mejor momento, con el principio del otoño como segunda opción en zonas de verano duro. En pleno agosto peninsular el esqueje se deshidrata antes de enraizar, y en invierno la planta está parada y el tallo se queda ahí sin hacer nada durante meses, con tiempo de sobra para pudrirse.

Los fallos habituales son tres. Regar demasiado, que convierte el tallo tumbado en una tira blanda y traslúcida. No dejar cicatrizar el corte, que produce lo mismo pero más rápido. Y poner el esqueje en un vaso de agua porque el tallo es fino y parece que va a ir bien: sale una raíz blanca y frágil, adaptada al agua, que al pasar a sustrato no sirve de nada y suele arrastrar a la planta entera.

En resumen

Con las colgantes, la técnica se resume en un cambio de postura: corta tramos, déjalos cicatrizar y túmbalos sobre el sustrato en espiral, sujetos con horquillas, en vez de clavarlos. Cada nudo que toque tierra húmeda puede dar raíz y brote, y por eso una maceta bien poblada desde el primer día queda tupida en una sola temporada.

Vale igual para Curio rowleyanus, Sedum morganianum, Othonna capensis y la cola de rata, con sus matices de riego y de luz. La única de este grupo que juega con otras reglas es Ceropegia woodii, que se multiplica por sus tubérculos y merece capítulo aparte.


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