Las suculentas se abonan poco, muy diluido y solo mientras crecen. Esa frase resume casi todo, y el error que más ejemplares arruina no es quedarse corto sino pasarse: un exceso de nitrógeno produce tejido blando, hinchado y estirado, con las hojas separadas y la roseta deformada, y ese tejido blando es justo el que se pudre y el que atrae a la cochinilla. Una suculenta mal abonada crece más rápido y se muere antes.

La segunda parte, la que casi ninguna guía cuenta, es que el calendario de abonado depende de la especie, no de la estación. Repetir que se abona en primavera y verano es un consejo copiado del hemisferio norte templado que no sirve para media colección: los aeonios, muchos aloes y bastantes crasas de origen canario o sudafricano crecen en otoño e invierno y paran en verano. Abonarlas en julio, con la planta cerrada y sin actividad radicular, es tirar el abono y arriesgar una quemadura de raíz.

Por qué necesitan tan poco

Casi todas vienen de suelos minerales y pobres, donde la materia orgánica escasea. Su fisiología está montada sobre esa escasez: crecen despacio y acumulan reservas. Alimentarlas como a una planta de hoja las obliga a un ritmo para el que no están construidas.

Aun así, en maceta hace falta algo de abono, y por un motivo mecánico: cada riego que drena por el fondo se lleva sales disueltas. Un sustrato muy mineral, que es el que conviene a estas plantas, tiene poca capacidad de retener nutrientes, así que en dos o tres temporadas se agota. En el suelo del jardín ese problema casi no existe.

Cuándo abonar

La regla es una sola: solo durante el crecimiento activo, nunca en la parada. Reconocer el momento es fácil si se mira la planta en vez del calendario. Hay crecimiento activo cuando salen hojas nuevas en el centro de la roseta, cuando el ápice del cactus se ve verde claro y con espinas tiernas, cuando la planta bebe el agua en pocos días.

Como orientación por grupos, con el clima peninsular en la cabeza:

  • Crecimiento en primavera y verano. La mayoría de los cactus, Echeveria, Sedum, Crassula, Agave, Euphorbia suculentas, Opuntia. Se abonan desde que arrancan en marzo o abril hasta finales de verano. En el interior y el sur, con la ola de calor y las plantas semiparadas en agosto, conviene suspender.
  • Crecimiento en otoño e invierno. Aeonium, muchos Aloe, Senecio, Dudleya. Aquí el abonado va de octubre a marzo, y en verano no se toca nada.
  • Ciclo propio. Lithops y otras plantas piedra tienen un ritmo estricto de muda de hojas, y lo habitual es no abonarlas o hacerlo de forma testimonial en un solo momento del año.

Dos o tres aportes repartidos a lo largo de la temporada bastan para una planta en maceta con sustrato razonable. Aplicar muy diluido con más frecuencia no mejora el resultado y sube las probabilidades de excederse.

Qué abono usar

Lo que conviene es un abono bajo en nitrógeno respecto al fósforo y al potasio. Los abonos específicos para cactus y suculentas están formulados así, y son la opción cómoda y segura. Si se usa uno de uso general equilibrado, se rebaja la concentración.

El razonamiento detrás es este: el nitrógeno empuja crecimiento vegetativo blando, que es lo que no queremos; el fósforo interviene en el desarrollo radicular y en la floración; el potasio en la firmeza del tejido y en la tolerancia al estrés hídrico, que en estas plantas es exactamente lo que interesa reforzar. En un cactus que se quiere ver florecer, el potasio importa más que el nitrógeno.

Los micronutrientes cuentan más de lo que parece en el este y el sur peninsular. Con agua y sustratos calizos, el hierro y el manganeso quedan bloqueados por el pH alto y aparecen amarilleos entre los nervios en aloes y agaves. Ahí el abono con micronutrientes quelatados resuelve lo que no resuelve subir la dosis de NPK.

Sobre la forma de presentación, hay dos que funcionan bien:

  • Líquido diluido. Permite ajustar la concentración y suspender cuando se quiera. Es la opción para colecciones con especies de ciclos distintos.
  • Granulado de liberación lenta. Un aporte al inicio de la temporada de crecimiento, mezclado en el sustrato o repartido por la superficie. Cómodo para plantas de exterior y para macetas grandes. Su inconveniente es que sigue liberando aunque la planta pare, así que en especies de verano parado hay que colocarlo con cabeza.

A qué concentración

La dosis de referencia es la de la etiqueta del envase, y para suculentas se usa a la mitad o incluso a la cuarta parte de lo indicado. No hay una cifra universal que dar, porque las concentraciones comerciales varían mucho de un producto a otro, y por eso las cucharadas por galón que circulan traducidas de webs americanas no significan nada aquí.

Si dudas entre dos diluciones, quédate siempre con la más floja. Una suculenta subalimentada se detecta y se corrige en una semana; una raíz quemada por exceso de sales no se recupera.

Cómo se aplica

Con el abono líquido hay tres detalles que marcan la diferencia:

  • Nunca sobre sustrato seco. Se riega antes con agua sola, se espera un rato y después se aplica la solución. Una raíz deshidratada en contacto directo con una solución salina se quema. Es el fallo más frecuente.
  • Al sustrato, no a la planta. El abono sobre las hojas mancha, y en las especies con pruina (esa capa cerosa blanquecina de muchas Echeveria) la estropea de forma permanente. Además, el líquido que se queda en el centro de la roseta es una entrada de podredumbre.
  • Que drene. Se moja hasta que salga algo por el agujero de drenaje y se retira el plato. El agua estancada debajo concentra sales conforme se evapora.

El problema del agua dura

En buena parte de España el agua de red es dura y calcárea, y eso interactúa con el abonado de una forma que conviene tener presente. Las sales del agua se suman a las del fertilizante y se van acumulando en el sustrato, porque el riego escaso propio de estas plantas apenas lava nada. El resultado es visible: costra blanquecina en la superficie y en el borde de la maceta, puntas de hoja secas y amarronadas, y un sustrato que va subiendo de pH.

La solución práctica es un riego de lavado una o dos veces al año, con agua sola y abundante, dejando que atraviese todo el cepellón y salga por abajo hasta arrastrar el exceso. Se hace en plena temporada de crecimiento, con la planta activa y con tiempo por delante para que el sustrato se seque. El agua de lluvia recogida, si se dispone de ella, es mejor que la de red tanto para regar como para diluir el abono.

Cuándo no se abona

Hay cinco situaciones en las que el abono hace daño en lugar de ayudar:

  • Recién trasplantada. El sustrato nuevo ya trae nutrientes y las raíces vienen manipuladas. Se esperan varias semanas antes del primer aporte.
  • En parada. Sin actividad radicular no hay absorción, y las sales se quedan en el sustrato.
  • Planta enferma o con podredumbre. Abonar no es reconstituyente. Primero se quita la parte podrida, se seca y se recupera.
  • Esquejes y hojas enraizando. Viven de sus reservas hasta que emiten raíz. El abono en esa fase favorece la putrefacción del corte.
  • En pleno golpe de calor. Con la planta cerrada y el sustrato caliente, la solución concentra y agrede la raíz. Se espera a que baje la temperatura.

Señales de que algo va mal

Los síntomas del exceso son bastante característicos: crecimiento estirado y blando con las hojas separadas entre sí, pérdida del color rojizo o del tono grisáceo (la planta se pone de un verde plano), costra de sales en el sustrato y bordes o puntas de hoja quemados. Si aparecen, se suspende el abono, se hace un riego de lavado y, si la cosa ha ido lejos, se cambia el sustrato.

La carencia es más rara y más discreta: la planta se queda parada durante toda su temporada de crecimiento, el color se apaga hacia un verde pálido uniforme, las hojas nuevas salen más pequeñas que las anteriores y las de la base se van consumiendo. Antes de dar por hecho que le falta abono conviene descartar lo obvio, que es falta de luz o un cepellón agotado que en realidad pide trasplante y no comida.

En maceta y en el suelo

En maceta el abonado es necesario, aunque sea mínimo, porque el sustrato mineral se agota y se lava. En un jardín seco, con las plantas en tierra, lo normal es no abonar en absoluto: las raíces exploran un volumen grande, el suelo aporta lo que necesitan y un aporte de nutrientes solo consigue crecimiento blando y matas que se abren.

Si en el suelo hay un problema evidente de pobreza, un granulado de liberación lenta a media dosis al empezar la temporada resuelve el año entero. Lo que no conviene es aportar estiércol fresco ni compost muy nitrogenado alrededor de una crasa: además del exceso de nitrógeno, mantiene humedad junto al cuello de la planta, que es por donde entra la podredumbre. Para el sustrato en sí, en cómo preparar tierra de macetas para cactus está la mezcla desarrollada.

En resumen

Abonar suculentas consiste en dar poco, muy diluido y solo cuando la planta está creciendo de verdad. Un abono bajo en nitrógeno, a la mitad o a la cuarta parte de la dosis de la etiqueta, dos o tres veces por temporada, sobre sustrato ya húmedo y sin mojar la roseta, cubre lo que necesita cualquier colección normal. Nada de recetas de cucharadas por galón traducidas del inglés.

Lo que de verdad distingue una colección bien llevada es el calendario por especie, saber que los aeonios y muchos aloes crecen en invierno y paran en verano, y el mantenimiento de las sales: con agua dura, un riego de lavado al año evita la costra blanca y las puntas quemadas. Y ante la duda, menos. En estas plantas el exceso de abono mata bastante más que la carencia.


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