El rosal de pitiminí que llega envuelto en celofán, con treinta flores abiertas a la vez en una maceta de nueve centímetros, viene de un invernadero donde ha vivido tres meses con luz artificial, calefacción y riego automático. Colocado sobre la mesa del salón, aguanta un par de semanas de flor y luego empieza a perder hoja, se llena de telarañas finísimas y se muere. No es mala suerte ni falta de riego: es una planta de exterior, y el salón es el peor sitio de la casa para ella.

Rosal de pitiminí en maceta con muchas flores pequeñas

Por qué el interior lo mata

Un rosal miniatura es un rosal completo a escala reducida. Tiene la misma fisiología que un híbrido de té de metro y medio, y eso implica tres exigencias que una vivienda no cubre.

Luz. Necesita sol directo, varias horas al día. Junto a una ventana orientada al sur, en pleno invierno, la luz que recibe es una fracción minúscula de la que hay fuera: el cristal filtra, la orientación limita y el interior de una habitación cae en intensidad muy deprisa según se aleja uno del vidrio. Con esa carencia el rosal alarga los entrenudos, produce hojas pálidas y finas, deja de formar capullos y se debilita.

Frío invernal. El rosal es una planta caducifolia de clima templado y necesita un reposo con temperaturas bajas. En invierno pierde la hoja, detiene el metabolismo y acumula reservas en la raíz y en la madera. Sin ese parón, mantenido a veintiún grados constantes en un piso, no descansa nunca: sigue brotando de forma raquítica todo el año, gasta las reservas y se agota en una o dos temporadas. La brotación fuerte de primavera y la floración abundante dependen justamente de haber pasado frío.

Humedad y aire. El aire seco y quieto de una casa con calefacción es el escenario ideal para la araña roja (Tetranychus urticae), que se multiplica a toda velocidad entre 25 y 30 °C con humedad baja. Es lo que produce ese punteado amarillento y esa telilla fina en el envés de las hojas de casi todos los pitiminís de interior. Que aparezca es señal de que el ambiente no es el adecuado, más que un problema aislado.

La solución: al balcón

Sacarlo fuera y dejarlo fuera todo el año. Un balcón, una terraza, un alféizar exterior, un patio. En España el clima le va bien de norte a sur, porque el rosal miniatura resiste hasta unos –15 °C y no le hace falta ninguna protección salvo en zonas de montaña, donde basta con arrimar la maceta a la pared.

El traslado no se hace de golpe si la planta viene de invernadero. Un rosal criado bajo plástico tiene el tejido tierno y se quema con el sol directo. Se aclimata durante una o dos semanas: primero en sombra luminosa del exterior, después dos o tres horas de sol de mañana, y finalmente su sitio definitivo, que en el norte y centro puede ser pleno sol y en el sur conviene que sea sol de mañana con sombra en las horas centrales del verano.

El primer invierno fuera desconcierta: la planta pierde toda la hoja y queda hecha unos palos secos. Es lo correcto. Sigue viva, se riega muy poco y en marzo brota de nuevo con fuerza.

Recuperar uno comprado en flor

Un pitiminí de floristería llega en flor forzada y con un detalle que pasa inadvertido: dentro de esa maceta pequeña no hay una planta, sino tres, cuatro o cinco esquejes enraizados plantados juntos para que el conjunto parezca frondoso. Compiten entre sí por un volumen de sustrato ridículo, y ese es el motivo de que se debiliten tan rápido.

El proceso de rescate, por orden:

Quitar el envoltorio. El celofán y la funda decorativa retienen el agua de riego en el fondo y pudren la raíz. Fuera desde el primer día, y con platillo que se vacía.

Dejar que termine la flor. No se poda una planta en plena floración. Se van cortando las flores marchitas justo por encima de una hoja sana.

Trasplantar en cuanto acabe la flor. Se saca el cepellón, se separan con cuidado los pies deshaciendo la tierra con los dedos y se planta cada uno en su maceta, de dos a tres litros y con agujeros de drenaje amplios. Si separarlos parece arriesgado, se pasa el bloque entero a una maceta de cinco o seis litros, que ya les da margen.

Podar a finales de invierno. En febrero, dejando de tres a cinco ramas cortadas a unos diez o quince centímetros, siempre sobre una yema mirando hacia fuera, y quitando la madera seca y los tallos finos del interior. Suena drástico y es lo que hace que la planta rebrote compacta.

Empezar a abonar en primavera. En maceta, el rosal depende por completo del abono. Un fertilizante líquido para plantas de flor cada quince días de marzo a septiembre, o un granulado de liberación lenta al inicio de temporada. Se suspende en octubre.

Araña roja en el envés de una hoja, plaga habitual del pitiminí de interior

Sustrato, maceta y riego

El sustrato de venta de estas plantas es turba pura, que se compacta y se vuelve hidrófoba en cuanto se seca del todo. Conviene sustituirlo por una mezcla con parte mineral: dos partes de sustrato universal de calidad, una de compost o mantillo y una de perlita o arena gruesa de río lavada. Drena, no se apelmaza y aguanta mejor los ciclos de secado.

La maceta va de dos a cinco litros por planta y con altura suficiente, porque incluso un rosal miniatura hace raíz vertical. En verano, una maceta oscura al sol alcanza temperaturas que dañan la raíz; el barro cocido o una maceta clara funcionan mejor, y agruparlas hace que se den sombra entre sí. Este asunto del volumen y del recalentamiento está desarrollado en el artículo sobre cultivar rosas en maceta.

Se riega cuando los dos primeros centímetros de sustrato están secos, empapando hasta que salga agua por abajo, y se vacía el platillo. En verano en terraza puede ser a diario; en invierno, una vez cada diez o quince días. El agua va al sustrato, nunca por encima de la planta.

De dónde viene y qué es exactamente

El origen del grupo está en Rosa chinensis 'Minima', un rosal enano de origen chino introducido en Europa a comienzos del siglo XIX. Se cultivó en maceta durante décadas y casi desapareció, hasta que en 1917 un militar suizo, el mayor Roulet, encontró un ejemplar en una ventana de un pueblo del cantón de Vaud; ese clon se difundió con el nombre de 'Rouletii' y es el antepasado de casi todos los miniaturas modernos.

El desarrollo posterior tuvo un protagonista español. El obtentor catalán Pedro Dot, desde Sant Feliu de Llobregat, cruzó 'Rouletii' con híbridos de té y polianthas y creó en los años cuarenta la primera serie de miniaturas de calidad ornamental: 'Perla de Alcañada', 'Perla de Montserrat', 'Baby Gold Star'. El neerlandés Jan de Vink y el estadounidense Ralph Moore continuaron la línea hasta los cientos de variedades actuales.

Conviene distinguir dos categorías que se confunden en el punto de venta. El miniatura propiamente dicho mide de 20 a 40 cm, con flores de menos de cuatro centímetros y hojas proporcionalmente pequeñas. El rosal de patio, a veces llamado floribunda enana, es un escalón mayor: de 40 a 70 cm, con flores de cinco o seis centímetros y follaje de tamaño normal. El de patio da mejor efecto en una jardinera de terraza y aguanta más el descuido; el miniatura luce en maceta individual y en primer plano.

Plagas y enfermedades habituales

Además de la araña roja, el pulgón se acumula en los brotes tiernos de abril y mayo y se retira con un chorro de agua o con jabón potásico. El oídio aparece como polvo blanco sobre brotes y capullos con noches frescas y días templados, y la mancha negra con lluvia y humedad prolongada. En los tres casos, el manejo pesa más que el tratamiento: aireación, riego al pie, no amontonar macetas pegadas y retirar la hoja caída del sustrato.

Un pitiminí sano, fuera, con su maceta adecuada y su poda de invierno, vive muchos años y florece de abril a noviembre en oleadas. El mismo pitiminí en el salón dura una temporada.

En resumen

El rosal de pitiminí es un rosal de exterior en miniatura, no una planta de interior: dentro de casa le falta luz, no encuentra el frío invernal que necesita para descansar y el aire seco le trae araña roja. La salida es sacarlo al balcón con una aclimatación progresiva, separar los varios esquejes que suelen venir en la misma maceta, trasplantarlos a dos o tres litros con sustrato que lleve parte mineral, podar a finales de invierno y abonar en temporada. Desciende de Rosa chinensis 'Minima' a través del clon 'Rouletii', y se diferencia del rosal de patio en que este es bastante mayor y de flor más grande.


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