El plantón llevaba un código de laboratorio, 3-35-40, y creció en un campo de Tassin-la-Demi-Lune, a las afueras de Lyon, entre otros miles de hermanos destinados a la basura. Francis Meilland lo marcó en 1935 porque la flor era enorme, amarilla con el filo teñido de rosa, y porque la planta parecía sana. Diez años después esa misma rosa se llamaba 'Peace' en medio mundo y era, y sigue siendo, la más plantada de la historia. La historia de cómo salió de Francia merece contarse entera.

Flores grandes de color amarillo con el borde rosado de la rosa 'Madame A. Meilland'

Las yemas que salieron de Francia

Meilland presentó la variedad en 1939, en una exposición hortícola en Lyon, todavía sin nombre comercial. La guerra estalló en septiembre. En junio de 1940, con el ejército alemán entrando en Francia, envió paquetes de yemas a sus corresponsales de Italia, Alemania, Turquía y Estados Unidos. El que iba a Robert Pyle, su socio en Pensilvania, viajó según la versión más difundida en la valija del último avión diplomático estadounidense que dejó el país antes de la ocupación.

Aislados unos de otros durante cinco años, cada receptor multiplicó su material y le puso el nombre que le pareció. En Francia se registró como 'Madame A. Meilland', en homenaje a Claudia, la madre de Francis y esposa de Antoine Meilland, fallecida años antes. En Alemania se llamó 'Gloria Dei'. En Italia, 'Gioia'. Y en el mundo anglosajón, 'Peace'.

El bautizo americano se produjo el 29 de abril de 1945, en una presentación de la Pacific Rose Society en Pasadena. Ese mismo día las tropas soviéticas combatían ya en el centro de Berlín y la caída de la ciudad era cuestión de horas; la coincidencia se repitió tantas veces en la prensa que quedó fijada como parte de la variedad. Semanas después, en la conferencia fundacional de las Naciones Unidas en San Francisco, se entregó una flor a cada delegación con una nota que deseaba una paz duradera.

Con el correo restablecido, los cuatro nombres se descubrieron unos a otros y ya era tarde para unificarlos. Hoy conviven todos, y en catálogos serios aparece el nombre de registro con los sinónimos entre paréntesis. Ese caos es justamente lo que la normativa posterior de denominación de cultivares intentó impedir, algo que explicamos con detalle en el artículo del rosal 'Julio Iglesias'.

La planta

Es un híbrido de té de genealogía complicada, con 'Margaret McGredy' como progenitor materno y una combinación de 'George Dickson', 'Souvenir de Claudius Pernet', 'Joanna Hill' y 'Charles P. Kilham' por la otra rama, de donde le viene el amarillo.

La flor mide entre trece y quince centímetros abierta, con unos cuarenta o cuarenta y cinco pétalos gruesos, de un amarillo mantecoso que se degrada hacia el rosa carmín en el borde. La intensidad de ese borde varía con la temperatura: en primavera fresca el rosa es más marcado, y con calor la flor tiende a un amarillo casi liso. El capullo es grande, de forma clásica de punta alta, y abre despacio, lo que la hizo también buena flor cortada. El perfume es leve, afrutado, muy por debajo de lo que su aspecto promete.

La planta alcanza entre 1,2 y 1,5 m, con porte erguido y ramas gruesas, y tiene un follaje muy característico: hoja grande, coriácea y de un verde oscuro brillante que se reconoce sin ver la flor. Reflorece bien desde mayo hasta las primeras heladas, con pausas si el verano aprieta, y resiste el frío sin problema en toda la Península, incluidas zonas de invierno duro.

Por qué sigue plantándose ochenta años después

Su ventaja real fue el vigor y la sanidad en un momento en el que los híbridos de té amarillos, herederos de la línea Pernetiana, eran plantas endebles y muy propensas a la mancha negra. 'Madame A. Meilland' era más robusta que casi todo lo que había, aguantaba climas muy distintos y producía flores de tamaño espectacular sin cuidados especiales. Eso la convirtió en la variedad de referencia en jardines públicos, cementerios, rotondas y jardines particulares de todo el mundo.

Fue además un progenitor extraordinario. Buena parte de los híbridos de té modernos desciende de ella, y su descendencia directa incluye 'Chicago Peace', un deporte de flor más rosada, 'Pink Peace', 'Love and Peace' o la trepadora 'Climbing Peace'. En 1976 la Federación Mundial de Sociedades de la Rosa la incorporó como primera integrante de su Salón de la Fama.

No es perfecta. Con los estándares actuales de resistencia coge mancha negra en clima húmedo y litoral, y el perfume decepciona a quien la compra por la foto. Pero en sitio soleado, aireado y con poda de invierno correcta, sigue siendo una planta agradecida y de una longevidad notable: hay ejemplares con cuarenta años en el mismo hoyo.

Capullos cerrados y flores abiertas en un rosal híbrido de té

Cuidados básicos

Ubicación. Pleno sol, mínimo seis horas, y aire circulando alrededor. Plantada contra un muro sin ventilación coge hongos con mucha más facilidad.

Suelo. Profundo, fértil, con materia orgánica y buen drenaje. Prefiere pH ligeramente ácido a neutro, entre 6 y 7. En suelo calizo puede clorosarse, con las hojas amarillas y los nervios verdes, y responde a quelato de hierro.

Riego. Abundante y espaciado, empapando bien el cepellón y dejando secar la superficie entre riegos. Siempre al pie: mojar el follaje al atardecer es la vía rápida hacia la mancha negra.

Poda. De invierno, entre enero y febrero según zona, dejando tres o cuatro ramas principales cortadas a unos 30 o 40 cm, siempre por encima de una yema orientada hacia fuera. Se eliminan chupones del patrón, ramas cruzadas y madera vieja. Durante la temporada, corte de flores marchitas por encima de la primera hoja completa de cinco foliolos.

Abonado. Materia orgánica en otoño y abono específico de rosal en marzo, repitiendo tras la primera oleada de flor. Sin nitrógeno a partir de agosto, para que la madera endurezca antes del frío.

Parásitos y enfermedades

La mancha negra (Diplocarpon rosae) es su punto débil: manchas circulares negras de borde deshilachado sobre la hoja, que amarillea y cae. Aparece con humedad y temperaturas suaves, sobre todo en primavera y otoño en la cornisa cantábrica y el litoral. Se combate recogiendo y retirando la hoja caída, no mojando el follaje y aireando el centro de la mata.

El oídio (Podosphaera pannosa) cubre brotes tiernos y capullos de un polvo blanco harinoso, y prospera con noches frescas y días cálidos. La roya deja pústulas naranjas en el envés. Entre los animales, el pulgón se concentra en los brotes nuevos en abril y mayo y suele controlarse solo si hay mariquitas; la araña roja (Tetranychus urticae) aparece en verano seco y caluroso, con punteado amarillento y telilla fina en el envés, y se frena aumentando la humedad ambiental.

Una rosa y el derecho de obtentor

El éxito descomunal de la variedad tuvo una consecuencia jurídica. Antes de la guerra, un obtentor que sacaba una variedad nueva no tenía forma de cobrar por ella más allá de la primera venta: cualquier vivero podía injertar y multiplicar sin pagar nada. Meilland vio con 'Peace' que millones de plantas se vendían en Estados Unidos sin que a él le llegara casi nada.

La rosa quedó protegida en Estados Unidos con una patente de planta, figura que existía allí desde 1930, pero Europa no tenía nada equivalente. Francis Meilland presionó durante años a las administraciones y a las asociaciones profesionales para conseguir un régimen internacional que reconociera al creador de una variedad vegetal. Ese trabajo desembocó en el Convenio de la UPOV, firmado en París en 1961, el marco que hoy regula los derechos de obtentor en gran parte del mundo y que hace que multiplicar un cultivar protegido sin licencia no sea legal.

En resumen

'Madame A. Meilland' nació como el plantón 3-35-40 en el vivero de Francis Meilland cerca de Lyon, salió de Francia en yemas enviadas justo antes de la ocupación y acabó con cuatro nombres distintos según el país: 'Gloria Dei', 'Gioia' y 'Peace' además del francés. Se presentó en Pasadena el 29 de abril de 1945, con Berlín cayendo. Es un híbrido de té de flor grande amarilla con borde rosado, poco perfume, mucho vigor y una salud que en su momento no tenía rival, y su explotación comercial impulsó el nacimiento de los derechos de obtentor.


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