«Limoncillo» no es el nombre de una planta: es la descripción de un olor, y ese olor se ha ido pegando a especies sin parentesco alguno entre sí a lo largo de todo el ámbito hispanohablante. Pedir limoncillo en un vivero de Valencia, en un mercado de Bogotá y en una frutería de Santo Domingo puede acabar en tres plantas de tres familias botánicas distintas, y una de ellas ni siquiera es una hierba aromática.
Vale la pena desenredarlo, porque de la identificación depende cómo se cultiva, cómo se usa en la cocina y qué precauciones tiene sentido tomar.
Por qué tantas plantas huelen a limón
El aroma que llamamos «a limón» no procede de una familia de plantas concreta ni de un antepasado común. Depende de un puñado de moléculas volátiles —el citral, que en realidad es una mezcla de geranial y neral, más el limoneno, el citronelal y el citronelol— que aparecen una y otra vez en linajes completamente separados.
La explicación es química antes que botánica. Todas esas moléculas son monoterpenos, y las plantas los fabrican mediante rutas metabólicas muy conservadas, presentes en casi todo el reino vegetal. Cambiar una enzima terminal basta para que una especie empiece a acumular citral donde antes acumulaba otro terpeno. Es un ejemplo de convergencia química: gramíneas tropicales, verbenáceas sudamericanas, labiadas mediterráneas y cítricos han llegado por caminos independientes al mismo perfume.
Y como el olfato humano clasifica por parecido y no por filogenia, el resultado en el habla popular es previsible: todo lo que huela así acaba llamándose limoncillo, hierba limón, hierbaluisa o té de limón según la región.
Los tres candidatos que se cultivan en España
En un vivero peninsular, tres plantas responden habitualmente al mismo apodo.
Cymbopogon citratus, la gramínea de cocina asiática
Es una gramínea tropical que forma una mata densa de hojas acintadas de hasta metro y medio, sin tallo leñoso, con la base de los brotes blanca, engrosada y tierna. Es la que se usa en la cocina tailandesa, vietnamita e indonesia, y la que en España se etiqueta con frecuencia como citronela, con la confusión que eso arrastra.
Su cultivo en España, su multiplicación por división de mata, la recolección del tallo, sus problemas y la diferencia respecto a las citronelas auténticas del mismo género están desarrollados en el artículo de la hierba limón. Aquí basta con dos claves de reconocimiento: es una hierba, no un arbusto, y sus hojas nacen de la base sin tallo intermedio.
Aloysia citrodora, la hierbaluisa de toda la vida
Esta es la aromática de patio más arraigada en España, aunque circule con otros nombres: hierbaluisa, María Luisa o cedrón, este último en el Cono Sur.
Su nombre científico actual es Aloysia citrodora, y arrastra una lista de sinónimos considerable: Lippia citriodora, Aloysia triphylla, Verbena triphylla. Pertenece a las Verbenaceae, nada que ver con las gramíneas. Es originaria del noroeste de Argentina, Chile y Perú, y llegó a España a finales del siglo XVIII con las expediciones botánicas de Ruiz y Pavón; el nombre honra a María Luisa de Parma, entonces princesa de Asturias.
Se reconoce sin margen de error: arbusto leñoso caducifolio de 1,5 a 3 metros, con hojas lanceoladas, ásperas al tacto y de nervadura marcada, dispuestas en verticilos de tres o cuatro alrededor del tallo, no de dos en dos. Frotar una hoja libera un olor a limón limpio, penetrante y sin fondo mentolado, el más intenso de las tres. En verano produce espigas terminales de florecillas blancas o lilas, discretas.
Su cultivo tiene tres particularidades que conviene conocer.
Es caducifolia. Pierde toda la hoja en otoño y pasa el invierno como un esqueleto de ramas grises que parece muerto. No lo está. Rebrota tarde, a menudo hasta mayo, y quien la da por perdida en marzo la arranca por error.
Resistencia al frío. Aguanta hasta unos −8 o −10 °C con la base acolchada y bien drenada, lo que la hace viable en casi toda España salvo en zonas de invierno continental duro, donde conviene cultivarla en maceta y resguardarla. Lo que no perdona es el suelo encharcado en invierno.
Poda anual. Al final del invierno se rebaja a un tercio o a la mitad, sobre madera de dos años. Sin poda se desmadeja, se queda con la hoja en las puntas y produce poco. Con poda regular es una planta longeva, de veinte años o más.
La hoja se recoge en verano, y el momento de máximo aroma es justo antes de que abran las flores. Se seca a la sombra, en capa fina y con buena ventilación, y aquí está su mayor virtud práctica: conserva el aroma en seco excepcionalmente bien, durante uno o dos años en tarro cerrado y opaco. Ninguna de las otras dos lo hace igual.
Melissa officinalis, la melisa o toronjil
La tercera candidata pertenece a las Lamiaceae, la familia de la menta y el orégano, y su distribución natural incluye el sur de Europa, así que en España es prácticamente una planta de casa. Se llama melisa, toronjil, cidronela, hoja de limón y, en algunas comarcas, también limoncillo.
Es una mata herbácea perenne de 40 a 80 cm, con tallo de sección cuadrangular —carácter de la familia, comprobable con los dedos— y hojas opuestas, aovadas, dentadas, rugosas y de un verde claro. El aroma al frotarla es a limón pero con un fondo herbáceo y algo mentolado, bastante más suave que el de la hierbaluisa.
Su cultivo es el opuesto al de la Aloysia en varios puntos. Prefiere media sombra y suelo fresco, y en pleno sol de secano se agosta. Es rústica hasta bien por debajo de −15 °C, desaparece en invierno bajo tierra y rebrota de la cepa. Se extiende por rizoma y además se resiembra sola con facilidad, hasta el punto de resultar invasiva en un bancal de aromáticas; lo prudente es plantarla en maceta enterrada o en un rincón donde se le permita expandirse.
El corte se hace antes de la floración, porque en cuanto florece la hoja pierde aroma de forma notable, y admite dos o tres cortes por temporada. Lo que hay que asumir es que la melisa seca conserva muy poco: su rendimiento en aceite esencial es bajísimo, del orden de una décima parte de un uno por ciento del peso fresco, y esos volátiles se van con el secado. Es una planta para usar en fresco.
Ese rendimiento tan bajo tiene una consecuencia comercial que conviene conocer: el aceite esencial auténtico de melisa es de los más caros del mercado, y buena parte de lo que se vende con ese nombre a precio corriente es en realidad una mezcla de citral obtenido de Cymbopogon o de Litsea cubeba. La etiqueta que importa es la que declara la especie botánica y el método de obtención.
Otras plantas que también se llaman así
Fuera de esas tres, el apodo se aplica a más candidatos, algunos con presencia en viveros españoles:
Thymus × citriodorus, el tomillo limonero, híbrido de jardín con hoja diminuta y aroma cítrico sobre fondo de tomillo.
Ocimum × citriodorum, la albahaca limón, anual de huerto muy productiva en verano.
Mentha × piperita 'Citrata', la menta bergamota o menta limón, con el vigor rizomatoso de cualquier menta.
Varios Pelargonium de hoja aromática, como P. crispum, que se venden a menudo con reclamo antimosquitos y cuya eficacia real como repelente en planta viva es despreciable.
Al otro lado del Atlántico el panorama se amplía. En México y Centroamérica, «limoncillo» designa habitualmente al Cymbopogon citratus, llamado también té limón o zacate limón, pero además se aplica a árboles del género Trichilia, de la familia de las caobas, sin aroma cítrico y sin ningún uso culinario. En Colombia y Perú alterna entre el Cymbopogon y la Aloysia.
Y en el Caribe hispano el término cambia por completo de categoría: en la República Dominicana y en Puerto Rico, limoncillo es Melicoccus bijugatus, un árbol de la familia de los sapindáceos, pariente del lichi, que produce racimos de frutos verdes del tamaño de una aceituna grande con pulpa anaranjada y agridulce. Se llama también mamoncillo o quenepa. No es una hierba aromática, es un frutal de veinte metros. Quien busque recetas de limoncillo en fuentes caribeñas se encontrará con esto.
Cuál plantar según lo que quieras hacer
Con la identificación resuelta, la elección se vuelve sencilla.
Para cocina asiática —currys, sopas, marinados de pescado, guisos con leche de coco— la única útil es Cymbopogon citratus, porque lo que se usa es la base carnosa del brote, machacada o picada, y ninguna de las otras la tiene.
Para infusiones y repostería, la hierbaluisa. Su aroma sobrevive al secado, aguanta el agua caliente sin volverse amargo y funciona bien en cremas, sorbetes y almíbares. Es la opción más rentable si se quiere una despensa aromática que dure todo el invierno.
Para consumo en fresco, de la mata al vaso, la melisa. Hojas recién cortadas en agua fría, en limonada, en ensalada o en un té. Su punto débil es la conservación, así que se planta cerca de la puerta de la cocina.
Para un balcón pequeño, melisa y albahaca limón caben en maceta sin problema; la hierbaluisa necesita un contenedor de 30 litros para llegar a algo, y el Cymbopogon exige protección invernal en casi toda la península.
Tradición, evidencia y lo que conviene saber
Las tres plantas arrastran usos populares antiguos y bien documentados como plantas de infusión digestiva y relajante, y las tres están recogidas en la tradición herbolaria europea o americana. Conviene distinguir eso de la eficacia demostrada.
La melisa es la que cuenta con más investigación clínica de las tres, con ensayos pequeños sobre ansiedad, calidad del sueño y agitación, en general de tamaño reducido y calidad metodológica desigual; la Agencia Europea del Medicamento reconoce su uso tradicional para el alivio de síntomas leves de estrés y para molestias digestivas, que es una categoría basada en el tiempo de empleo y en la seguridad, no en pruebas de eficacia. La hierbaluisa tiene bastante literatura de laboratorio sobre actividad antioxidante y muy poca investigación en personas. Del Cymbopogon se ha comentado ya lo pertinente en su propio artículo.
En cuanto a precauciones concretas, y sin entrar en dosis ni preparaciones, que no es asunto de esta página: hay datos de laboratorio que sugieren que los extractos de melisa pueden interferir con la función tiroidea, motivo suficiente para que quien siga tratamiento con hormona tiroidea consulte antes de usarla de forma habitual, y su efecto sedante puede sumarse al de medicamentos con ese perfil. La hierbaluisa se considera segura como alimento, pero no hay datos de seguridad suficientes en embarazo y lactancia para preparados concentrados. Y, en general, los aceites esenciales de cualquiera de estas plantas son productos concentrados que no se ingieren ni se aplican sin diluir. Cualquier duda con medicación de por medio, al médico o al farmacéutico.
En resumen
«Limoncillo» describe un olor, no una especie, y ese olor procede de un puñado de monoterpenos —citral, limoneno, citronelal— que familias vegetales muy alejadas entre sí han desarrollado por separado. En España el apodo señala habitualmente a tres plantas: Cymbopogon citratus, la gramínea de cocina asiática, tratada en el artículo de la hierba limón; Aloysia citrodora, la hierbaluisa, arbusto leñoso caducifolio de hojas en verticilos de tres, que aguanta hasta unos −8 °C, se poda cada invierno y es la única que conserva bien el aroma en seco; y Melissa officinalis, mata herbácea de tallo cuadrangular y hoja opuesta, muy rústica, invasiva por rizoma y buena solo en fresco. Al otro lado del Atlántico el término se ensancha hasta designar árboles sin aroma cítrico, incluido el frutal caribeño Melicoccus bijugatus. Identificada la planta, la elección se decide por el uso: la gramínea para guisar, la hierbaluisa para la despensa, la melisa para el vaso del día.