Deslizar la mano a lo largo de una hoja de hierba limón, de la punta hacia la base, deja un corte limpio y profundo en la palma. El borde del limbo está armado con cuerpos de sílice dispuestos como los dientes de una sierra, y funciona igual que una hoja de papel afilada, solo que más eficaz. Es el primer dato que conviene tener de esta planta, antes que el aroma, antes que la cocina y antes que el cultivo: se manipula con guantes y no se planta al borde de un paso.

Dicho eso, Cymbopogon citratus es una gramínea magnífica. Forma una mata densa de un metro largo, se maneja sola, no tiene prácticamente plagas y basta rozarla al pasar para que suelte un olor cítrico intenso que no se parece al de ningún limonero.

Una gramínea tropical sin flores

Pertenece a la familia Poaceae, tribu Andropogoneae, la misma del sorgo y de la caña de azúcar. Su origen se sitúa en el sur de la India y Sri Lanka, aunque no se conocen poblaciones silvestres claras: es una planta de cultivo antiguo, difundida por todo el trópico y hoy presente en la cocina y la agricultura del sudeste asiático, África occidental, el Caribe y Latinoamérica, donde recibe los nombres de limoncillo, zacate limón, té de limón, malojillo o citronela de cocina.

Forma macollas compactas de 1 a 1,5 m de altura y otro tanto de diámetro con los años, a partir de una base de tallos cortos y engrosados de color blanquecino o violáceo, envueltos en vainas apretadas. Las hojas son largas, arqueadas, de 1 a 2 cm de ancho y hasta 90 cm de largo, de un verde algo glauco, con el nervio central marcado y esos bordes serrados que ya se han mencionado. En cultivo florece rara vez y prácticamente no produce semilla viable, lo que significa que toda la propagación es vegetativa y que no hay riesgo alguno de que se escape del jardín.

El aroma procede del aceite esencial acumulado en las células de la hoja y del tallo, dominado por el citral, una mezcla de dos isómeros —geranial y neral— que suele suponer entre el 65 y el 85 % del total y que es el responsable directo del olor a limón. Le acompañan mirceno, limoneno, geraniol y linalol en proporciones menores. La concentración es máxima en la base tierna del tallo y en las hojas jóvenes, y aumenta con el calor y la insolación.

Mata de Cymbopogon con hojas largas y arqueadas

Hierba limón no es citronela

La confusión es constante en viveros y en etiquetas, y merece aclararse porque las plantas implicadas son distintas y sus aceites también.

Cymbopogon citratus es la hierba limón o limoncillo de cocina, la de tallo tierno comestible y aceite rico en citral.

Cymbopogon nardus y Cymbopogon winterianus son las citronelas propiamente dichas, la de Sri Lanka y la de Java. De ellas se destila el aceite de citronela que se emplea en velas, difusores y formulaciones repelentes de mosquitos. Su composición es diferente: dominan el citronelal, el citronelol y el geraniol, no el citral. Son plantas más altas y de hoja con la base rojiza, y no se usan en cocina.

Cymbopogon flexuosus, la hierba limón de las Indias Orientales o de Cochín, es la que se cultiva industrialmente para extraer citral con destino a la industria de aromas. Se parece mucho a citratus pero sí florece con normalidad.

Cymbopogon martinii es la palmarosa, de aceite rico en geraniol y olor a rosa, empleada en perfumería.

Existe además una planta que se vende en jardinería como «citronela» o «planta antimosquitos» y que no pertenece siquiera al género: es un geranio odorífero, un Pelargonium con aroma a limón. Huele bien y no hace mucho más que eso.

Cultivarla en España

Es viable, con dos condiciones: calor en verano y protección en invierno.

Clima. Vegeta bien por encima de 20 °C y se detiene por debajo de 10 °C. Una helada ligera quema el follaje entero; a partir de -3 °C muere también la corona. En la práctica, se cultiva al aire libre y sin protección en el litoral de Canarias, en la costa de Málaga, Granada y Almería, en el litoral levantino resguardado y en enclaves cálidos del valle del Guadalquivir. En el resto del país es planta de maceta que inverna a cubierto, y ese es el sistema que mejor funciona en la mayor parte de la Península.

Exposición y suelo. Pleno sol sin discusión; con sombra parcial la mata se ahíla y el aroma pierde intensidad. Suelo suelto, fértil, con materia orgánica y drenaje franco; le va bien un pH entre 6 y 7,5. No tolera el suelo compactado ni el encharcamiento prolongado, que le pudre la base de los tallos.

Agua y abonado. Riego generoso y regular desde abril hasta septiembre; es una planta tropical y no una mediterránea de secano. En maceta, en pleno agosto y al sol, puede pedir agua a diario. Responde bien al nitrógeno, así que un abonado de fondo con compost en primavera y aportes ligeros cada tres o cuatro semanas durante el crecimiento se traducen en tallos más gruesos.

Maceta. Recipiente amplio, de 35 a 40 cm de diámetro y otro tanto de fondo, porque la macolla crece rápido y llena el volumen en una temporada.

Invernada. A finales de octubre, o antes si se anuncian mínimas próximas a cero, se recortan las hojas a unos 20-25 cm, se reduce el riego a lo mínimo para que el sustrato no llegue a secarse del todo y se entra la maceta a un lugar luminoso y fresco, entre 8 y 15 °C: un invernadero frío, un porche cerrado, una galería. No necesita luz intensa en ese periodo, pero sí que el sustrato no permanezca húmedo, porque a baja temperatura la pudrición es el riesgo principal. Se saca al exterior en abril, cuando hayan pasado las heladas, y se abona para arrancar la temporada. En zonas de invierno suave pero con heladas puntuales, plantada en suelo, un acolchado grueso de paja de 15 cm sobre la corona puede salvarla, aunque rebrote tarde.

División de mata

Al no dar semilla utilizable, la multiplicación es siempre por separación de macollas, y se hace en primavera, con la planta ya en crecimiento activo y el suelo templado.

Se extrae la mata entera y se separa con un cuchillo firme o con las manos en porciones, cada una con dos o tres tallos y su porción de raíces. Las divisiones se recortan de follaje a unos 20 cm para reducir la transpiración y se replantan enseguida, a la misma profundidad que estaban, con riego abundante los primeros días. Una mata adulta da con facilidad cinco o seis plantas nuevas.

Existe un segundo procedimiento que funciona con material de mercado: un tallo comprado fresco, siempre que conserve intacta la base con el disco de raíces, emite raíces nuevas colocado en un vaso con dos dedos de agua, en sitio cálido y luminoso, cambiando el agua cada dos días. Tarda de dos a tres semanas y no siempre sale. Enraiza de forma más segura clavado en perlita o en arena húmeda dentro de una bolsa transparente. Una vez con raíces de tres o cuatro centímetros, se pasa a maceta con sustrato.

Recolectar el tallo

La parte que interesa en cocina es el tramo basal blanquecino y tierno de los primeros 10 a 15 cm del tallo, donde las vainas están apretadas y todavía no se han lignificado.

Se recolecta a partir del segundo año, cuando la mata ya tiene volumen, y preferentemente en la mitad cálida del año, que es cuando el contenido en aceite esencial es mayor. Se eligen los tallos exteriores cuya base supere el centímetro de grosor y se cortan a ras de suelo con un cuchillo afilado, tirando ligeramente hacia fuera; nunca se arranca de un tirón, porque se descalza la mata. Retirar los tallos periféricos estimula además la emisión de brotes nuevos en el centro, así que la recolección regular mantiene la planta joven.

Del tallo cortado se descarta o se reserva la parte alta, fibrosa y correosa; las hojas largas no sirven para trocear, pero conservan aroma y se usan enteras para aromatizar y luego retirar. La base tierna se guarda una o dos semanas en el frigorífico envuelta en papel, y aguanta varios meses congelada en trozos. Secada a la sombra y en sitio ventilado pierde parte de los compuestos volátiles, aunque sigue siendo aprovechable.

Cocina, tradición y precauciones

En la cocina del sudeste asiático es un ingrediente estructural: la base machacada o finamente picada aromatiza sopas, currys, marinados y guisos de pescado, y las hojas se emplean como aromatizante de infusiones. Su perfil cítrico no aporta acidez, solo aroma, y por eso no sustituye al limón.

Al margen de la cocina, la planta tiene una fama tradicional amplia en los países donde se cultiva, donde la infusión de hojas se ha empleado como digestiva, relajante y para bajar la fiebre. Conviene separar los planos: existen estudios de laboratorio sobre la actividad antimicrobiana y antioxidante del aceite esencial y de sus componentes, pero la evidencia clínica en personas es escasa y no permite atribuir a la planta eficacia terapéutica demostrada para ninguna indicación concreta. La infusión ocasional de hojas es un uso alimentario común y sin problemas conocidos; el aceite esencial, en cambio, es un producto concentrado e irritante para piel y mucosas que no debe ingerirse ni aplicarse sin diluir.

Algunas precauciones reales: se recomienda prudencia en el embarazo y la lactancia por falta de datos de seguridad; se han descrito reacciones de sensibilización cutánea al citral en personas susceptibles y en manipuladores del aceite; y quien siga tratamiento crónico —en particular sedantes, anticoagulantes o antidiabéticos— debe consultar antes de incorporar preparados concentrados, porque no se puede descartar interacción. Nada de esto sustituye al criterio profesional: la consulta corresponde al médico o al farmacéutico. Y un apunte doméstico que se pasa por alto: los aceites esenciales ricos en terpenos resultan tóxicos para los gatos, que carecen de las enzimas hepáticas necesarias para metabolizarlos, de modo que difusores y aceites deben quedar fuera de su alcance.

Problemas del cultivo

Pocos, y casi todos derivados de condiciones equivocadas. En ambiente seco y caluroso, especialmente bajo cubierta, puede aparecer araña roja en el envés; se controla subiendo la humedad ambiental y con jabón potásico. En invernada, cochinilla algodonosa entre las vainas. La única enfermedad de cierta importancia es la roya (Puccinia spp.), que mancha las hojas de pústulas anaranjadas en veranos húmedos y se combate aclarando la mata para ventilar y retirando el follaje afectado. Y la causa de muerte más frecuente en España no es una plaga sino el sustrato encharcado en invierno.

En resumen

Cymbopogon citratus, la hierba limón o limoncillo, es una gramínea tropical de macolla densa cuyo aroma cítrico procede del citral, que representa hasta cuatro quintas partes de su aceite esencial. El borde de la hoja lleva sílice y corta la piel con facilidad, así que se maneja con guantes y se ubica lejos de pasos y de zonas de juego. No es la citronela: esa es C. nardus o C. winterianus, con aceite de citronelal y sin uso culinario. En España se cultiva al aire libre en el litoral cálido y en Canarias, y en el resto del país en maceta grande, con riego abundante en verano, sol pleno y una invernada a cubierto entre 8 y 15 °C con el riego reducido y el follaje recortado. Se multiplica dividiendo la macolla en primavera, y se cosechan a ras de suelo los tallos exteriores de más de un centímetro, aprovechando solo la base tierna. En cocina aporta aroma, no acidez; su fama medicinal supera con mucho a la evidencia disponible, el aceite esencial no es para uso interno y cualquier duda de salud corresponde al médico o al farmacéutico.


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