Delante de una maceta de Codariocalyx motorius hay que quedarse quieto un minuto para creerse lo que se está viendo: dos hojitas pequeñas suben y bajan a saltos, sin que nadie las toque y sin que corra una brizna de aire. Es la llamada planta telégrafo, y su movimiento no responde a nada externo.
Nombre correcto y parentesco
La especie se describió como Hedysarum gyrans y durante mucho tiempo circuló como Desmodium gyrans, que sigue siendo el nombre con el que se vende la semilla. La denominación aceptada hoy es Codariocalyx motorius, dentro de las fabáceas, la familia de las leguminosas. El epíteto motorius no deja lugar a dudas sobre por qué llamó la atención.
Procede del sur y sudeste de Asia: India, Nepal, Bangladés, Birmania, Tailandia, Indochina y el sur de China, donde crece en claros y bordes de bosque de zonas cálidas y húmedas. Es un subarbusto de porte laxo que en su tierra alcanza uno o dos metros, con tallos leñosos en la base, y en maceta se queda bastante por debajo. Las flores son papilionadas, pequeñas, de color entre violeta y malva, y el fruto una legumbre articulada típica del grupo.
Qué hace exactamente
Cada hoja es trifoliada, pero con una proporción llamativa: un folíolo terminal grande, alargado, y dos folíolos laterales muy pequeños, de uno a dos centímetros, insertados en la base del raquis. Los que se mueven son los dos pequeños.
Describen una trayectoria elíptica, entre ascendente y giratoria, en ciclos que duran del orden de tres a cinco minutos según la temperatura y la luz. Cada folíolo va a su ritmo, sin sincronizarse con el de al lado, de modo que la planta entera parece hacer señales, de ahí el nombre de telégrafo. El desplazamiento es amplio para lo que uno espera de un vegetal: se ve a simple vista, sin cámara y sin acelerar la imagen.
El folíolo terminal, en cambio, tiene otro comportamiento. Se levanta durante el día y cae por la noche, un movimiento lento ligado al ciclo de luz y oscuridad que comparte con muchas leguminosas y que no debe confundirse con el baile de los laterales.
La diferencia clave frente a la sensitiva (Mimosa pudica) o frente a las trampas de Dionaea es esta: allí el movimiento es una respuesta a que algo toca la planta. Aquí no hay estímulo. Los folíolos giran solos, en marcha continua, mientras la planta esté activa.
Cómo se produce el movimiento
En la base de cada folíolo lateral hay una articulación engrosada llamada pulvínulo, una pieza de tejido flexible que funciona como bisagra hidráulica. Su interior alberga células motoras cuya rigidez depende exclusivamente de cuánta agua contienen.
Lo que ocurre allí es un vaivén de solutos. Las bombas y canales de la membrana desplazan potasio, cloruro y otros iones de un sector del pulvínulo al opuesto; el agua sigue a los iones por gradiente osmótico; el sector que se carga de agua se hincha y el que la pierde se afloja, y el folíolo se dobla hacia el lado flácido. Al invertirse el reparto, vuelve. Repetido sin descanso, el resultado es la trayectoria elíptica que se observa.
Lo peculiar de Codariocalyx es la frecuencia. Se trata de un ritmo ultradiano, es decir, un ciclo mucho más corto que las veinticuatro horas: se repite decenas de veces cada hora. Se ha registrado actividad eléctrica oscilante en el pulvínulo asociada a esos ciclos, con variaciones de potencial de membrana que acompañan al trasiego de iones, y se sabe que el ritmo depende de la temperatura y de la luz, de las que obtiene la energía metabólica que el proceso consume. El movimiento cuesta ATP y la planta lo paga.
La descripción del cómo es razonablemente sólida. Los detalles finos de qué oscilador marca el compás y cómo se coordinan las corrientes iónicas siguen abiertos en la literatura.
Para qué le sirve: lo que no se sabe
Aquí conviene ser honesto. No hay una explicación funcional demostrada. Circulan dos hipótesis principales y ninguna cuenta con respaldo experimental suficiente.
La primera propone que los folíolos pequeños actuarían como sensores móviles que rastrean la posición de la luz e informan a la hoja grande de hacia dónde orientarse, mejorando la captación. Es una idea elegante, pero explicar el gasto energético continuo de un rastreo tan rápido resulta difícil, y falta la evidencia que ligue el giro con una ganancia fotosintética medible.
La segunda apunta a la defensa: el parpadeo constante desconcertaría a insectos herbívoros a la hora de posarse o de poner huevos, o simularía la presencia de otros insectos ya instalados. También suena verosímil y también carece de una demostración de campo convincente.
Cabe una tercera posibilidad menos vistosa, que el movimiento sea un subproducto sin función adaptativa propia, heredado de la maquinaria pulvinar que la familia usa para otras cosas. Nadie lo ha descartado. Lo correcto, a día de hoy, es decir que se conoce el mecanismo y se desconoce el motivo.
La leyenda de la música
Se repite en vídeos y en descripciones de venta que la planta baila con la música, que reacciona al canto o que prefiere ciertos géneros. Esa afirmación no tiene respaldo.
El movimiento es autónomo y continuo: sucede en una habitación en silencio absoluto exactamente igual que con un altavoz encendido. Basta con hacer la prueba en casa durante media hora sin sonido para comprobarlo. Los experimentos que exponen plantas a sonido y miden respuestas fisiológicas existen y son un campo legítimo, pero de ahí a que esta especie module su ritmo con una melodía hay una distancia que nadie ha recorrido con datos.
El malentendido tiene una explicación sencilla: si alguien pone música y mira, la planta se mueve, porque se movía antes y seguirá haciéndolo después. La coincidencia se toma por causa.
Cultivo en casa
Es una tropical de interior cálido. Fuera del litoral más benigno y de Canarias, en España se cultiva bajo techo o en invernadero todo el año.
Temperatura. Este es el factor decisivo, y no solo para que sobreviva. Por debajo de unos 20 ºC los folíolos aminoran hasta casi detenerse; el movimiento se aprecia bien a partir de 22 ºC y es rápido y evidente entre 25 y 30 ºC. Por debajo de 12 ºC sufre y con heladas se pierde. Quien la compra en invierno y la deja en una habitación a 17 ºC concluye que le han vendido una planta averiada.
Luz. Claridad alta, con algo de sol directo suave de mañana. La sombra intensa alarga los entrenudos y frena la actividad. Detrás de un cristal a mediodía en verano se quema.
Humedad ambiental. Alta, por encima del 60 %. Un plato con grava y agua bajo la maceta, o compañía de otras plantas, ayuda en interiores con calefacción, que resecan el ambiente y favorecen la araña roja.
Sustrato y riego. Mezcla suelta y con materia orgánica: sustrato universal con perlita y algo de fibra de coco. Se mantiene fresca, sin encharcar y sin que llegue a secarse del todo, porque la falta de agua es de lo poco que interrumpe el movimiento de forma inmediata.
Abonado. Es leguminosa y fija nitrógeno con bacterias del suelo, así que no necesita mucho aporte nitrogenado. Un abono equilibrado a media dosis cada tres semanas en primavera y verano basta.
Ciclo. En su origen es perenne, pero cultivada en interior tiende a comportarse como planta de vida corta: dos o tres años, con pérdida de vigor y de vistosidad. Conviene ir sembrando de vez en cuando para tener relevo.
Siembra
La semilla es dura, con cubierta impermeable, y sin tratamiento previo germina de forma irregular. Se escarifica ligeramente frotándola entre dos papeles de lija finos y después se pone a remojo en agua templada de doce a veinticuatro horas; las que se hinchan son las que van a nacer.
Se siembran a medio centímetro de profundidad en semillero con turba y perlita, se cubre con plástico o tapa transparente para conservar humedad, y se mantiene el sustrato entre 25 y 30 ºC. Con esa temperatura la nascencia llega en una o tres semanas; por debajo de 20 ºC la germinación cae en picado. El momento ideal es primavera, con calor asegurado por delante.
Las plántulas se repican a maceta individual cuando tienen dos o tres hojas verdaderas. El movimiento de los folíolos laterales aparece pronto, en ejemplares aún de pocos centímetros, siempre que haga calor suficiente.
En resumen
Codariocalyx motorius, el antiguo Desmodium gyrans, mueve sus dos folíolos laterales pequeños en ciclos de tres a cinco minutos por su cuenta, sin estímulo que lo provoque. Detrás hay un pulvínulo que reparte agua entre células motoras siguiendo el trasiego de iones, con un ritmo ultradiano que depende del calor y consume energía. Se conoce el mecanismo; el propósito, no: la hipótesis de optimizar la luz y la de espantar herbívoros siguen sin demostrarse, y la idea de que baila con la música no se sostiene, porque se mueve igual en silencio. Como planta de interior necesita calor real, 22 ºC como mínimo y mejor cerca de 27 ºC para que el espectáculo se vea, humedad alta, luz abundante sin sol duro y semilla escarificada y germinada en caliente.