Hubo una planta que sostuvo la economía de una ciudad entera, que se acuñó en sus monedas durante siglos y que hoy no puede fotografiarse porque no queda ningún ejemplar vivo. Se llamaba silfio, en griego silphion, y los romanos conocían su resina con el nombre de laser o laserpicium. Es el artículo más raro de esta sección, porque todo lo que sigue procede de textos antiguos, de monedas y de conjeturas botánicas, y no de una planta que se pueda mirar.

Monedas antiguas de Cirene con la representación del silfio

Cirene y su planta

Cirene fue una colonia griega fundada en el siglo VII antes de nuestra era en la Cirenaica, en la actual Libia, sobre una franja costera de clima mediterráneo situada entre el mar y el desierto. Su riqueza no vino del comercio de tránsito ni de la agricultura corriente, sino de un producto que solo se daba allí: el silfio.

El grado de dependencia se ve en la numismática. Las monedas cirenaicas representan la planta entera, su tallo aislado y, sobre todo, su fruto acorazonado, con una insistencia que ninguna otra ciudad antigua dedicó a un vegetal. Ese fruto en forma de corazón ha alimentado la propuesta popular de que el símbolo moderno del corazón derive de él; es una hipótesis atractiva y sin demostración, y así conviene tomarla.

Las fuentes escritas insisten en su precio. Plinio el Viejo cuenta que el laserpicium se guardaba en el erario público de Roma junto con el oro y la plata, y que Julio César retiró de allí una cantidad considerable. De ahí la comparación con el oro que suele acompañar a esta planta: es una imagen que las fuentes autorizan, siempre que se entienda que hablamos de un producto de lujo carísimo y no de una equivalencia literal de mercado.

Qué se sabe de su aspecto

La descripción de referencia es la de Teofrasto en su Historia de las plantas, escrita cuando la planta todavía existía, y es razonablemente concreta: raíz gruesa y carnosa; tallo robusto comparable al del narthex, la cañaheja; hojas divididas parecidas a las del apio, que recibían un nombre propio, maspeton; flores amarillo doradas dispuestas en umbela; y un fruto ancho, aplanado y foliáceo, el que aparece en las monedas.

Teofrasto añade dos datos determinantes. Que crecía silvestre en una franja delimitada del territorio cirenaico, con una distribución muy restringida. Y que los intentos de cultivarla no prosperaron. Esa segunda observación es la clave de todo lo que vino después.

Otros autores completan el cuadro: Heródoto la sitúa en Libia, Estrabón describe el territorio donde se recolectaba, Dioscórides y el corpus hipocrático recogen sus aplicaciones, y Plinio reúne casi todo lo anterior más lo que se contaba en su época.

Qué planta era, botánicamente

El consenso, dentro de lo que un consenso puede ser aquí, apunta a una umbelífera de la familia Apiaceae, probablemente del género Ferula. Encaja todo: el porte de cañaheja, la umbela amarilla, la raíz gruesa, el fruto aplanado y, sobre todo, el látex resinoso que se obtenía haciendo incisiones en raíz y tallo, que es exactamente el modo de explotar una Ferula.

Los candidatos propuestos a lo largo de dos siglos de discusión incluyen Ferula tingitana, Ferula marmarica, Ferula narthex, Thapsia garganica y Margotia gummifera. Ninguno satisface a la vez la morfología descrita, la química, el sabor referido y la localización. Sobre lo que no hay discusión es sobre lo que no era: no era el hinojo gigante ornamental de jardín ni ninguna de las plantas que hoy se venden con ese nombre.

Ferula tingitana, una de las umbelíferas propuestas como candidata al silfio

Condimento antes que remedio

Se explotaban varias partes. El tallo se comía como hortaliza, asado o cocido; la raíz se consumía preparada; y el producto de exportación era la resina obtenida por incisión, que se comercializaba en pequeñas cantidades y se disolvía para condimentar. La cocina romana lo empleaba en salsas, y el recetario atribuido a Apicio lo cita con frecuencia, aunque para cuando ese texto tomó la forma que conocemos el silfio cirenaico ya había desaparecido y lo que se usaba era un sustituto.

Hubo también un uso ganadero llamativo: las fuentes cuentan que el ganado que pastaba la planta engordaba y que su carne se apreciaba especialmente. Ese detalle importa para entender su desaparición.

Como remedio, la Antigüedad le atribuyó un repertorio amplio —trastornos digestivos, tos, fiebres, aplicaciones externas— y, muy señaladamente, un uso anticonceptivo y abortivo, recogido por Sorano de Éfeso y por Plinio. Ese es probablemente el motivo de que una resina de cocina alcanzara precios de metal precioso.

Conviene decir lo evidente antes de que a alguien se le ocurra: no hay forma de comprobar nada de esto. No existe la planta, no hay material que analizar y no hay ensayo posible. Todo lo anterior es historia de la medicina, no farmacología.

Cómo desapareció

El testimonio más citado es de nuevo de Plinio, en el siglo I: escribe que en su tiempo apenas se encontraba, y refiere que se halló un único tallo, que fue enviado al emperador Nerón. Sea o no exacta la anécdota, marca el momento en que un producto que había sostenido a toda una región se convirtió en rareza de coleccionista. A partir de ahí, el silfio desaparece de la circulación comercial.

Las hipótesis, y su solidez

No hay una explicación única aceptada, y lo honesto es exponer las que se manejan indicando qué las sostiene.

Sobreexplotación. Es la que tiene mejor apoyo en las fuentes. Una planta de área muy reducida, cuya explotación implicaba herir raíz y tallo, sometida a una demanda internacional sostenida durante siglos y con precios que hacían rentable buscar el último ejemplar. Ese es el patrón clásico de agotamiento de un recurso silvestre: cuanto más escaso, más caro, y cuanto más caro, más intensa la búsqueda.

Imposibilidad de cultivarla. Teofrasto ya lo constata. Muchas Ferula son monocárpicas: tardan años en acumular reservas, florecen una sola vez y mueren, y sus semillas tienen requisitos de germinación exigentes, con latencia y necesidad de frío. Una especie así no se domestica sobre la marcha. Sin cultivo no hay reposición posible, y toda la presión recae sobre la población silvestre.

Sobrepastoreo. Si el ganado la buscaba y engordaba con ella, el pastoreo creciente en la Cirenaica romana pudo impedir que las plantas jóvenes llegaran a florecer, cortando la regeneración por semilla mientras la recolección eliminaba los adultos.

Cambio del clima local y del uso del suelo. Se ha propuesto una desecación progresiva de la franja cirenaica y una expansión del cultivo cerealista que redujo el hábitat disponible. Es plausible y difícil de demostrar con la resolución paleoambiental disponible.

Lo más probable es que no compitan entre sí, sino que actuaran a la vez sobre una especie que ya partía de un área minúscula y de una biología poco resiliente.

Ferula drudeana: una hipótesis reciente

En los últimos años ha circulado con fuerza la propuesta del investigador turco Mahmut Miski, que sitúa un candidato inesperado lejos de Libia: Ferula drudeana, una umbelífera rarísima localizada en Capadocia, en el entorno del monte Hasan, en Turquía, en enclaves relacionados con antiguos asentamientos griegos.

Los argumentos a favor son de varios tipos: la morfología coincide en varios puntos con la descripción de Teofrasto, incluida la forma del fruto; su resina presenta un perfil de compuestos de interés; su distribución es extremadamente localizada, como se decía del silfio; y la presencia en un paraje de antigua ocupación griega admite la lectura de que fuera introducida allí.

Y ahora el matiz, que es lo que suele perderse al contarlo: esto es una hipótesis, no un hecho establecido. No hay material antiguo de silfio con el que comparar, no existe ADN de referencia, y la propuesta no cuenta con aceptación general entre botánicos e historiadores. Que una planta actual encaje razonablemente con una descripción de hace veintitrés siglos es un indicio interesante; identificarla es otra cosa. Merece seguimiento, no titulares.

Qué se vende hoy con el nombre de silfio

Nada auténtico, porque no existe. El sustituto histórico del silfio cirenaico fue la asafétida, resina de Ferula assa-foetida, procedente de Persia y de Asia central, que los romanos consideraban de calidad inferior y que hoy sigue siendo un condimento habitual en la cocina india. Es una planta real, con su química y sus precauciones propias, pero no es silfio.

Existe además una fuente de confusión en el vocabulario: en botánica americana, Silphium es un género válido y vivo de asteráceas norteamericanas, sin ninguna relación con la planta de Cirene. Coincidencia de nombre, nada más.

La lección, que sigue en pie

El silfio es el caso documentado más antiguo de una especie útil extinguida por su propio valor comercial, y el mecanismo no ha cambiado: área reducida, demanda alta, recolección de la parte que impide la regeneración y ausencia de cultivo. Basta cambiar los nombres para reconocerlo en el presente.

El tejo del Pacífico, Taxus brevifolia, estuvo sometido a una presión insostenible cuando se descubrió el paclitaxel en su corteza, porque descortezar mata al árbol; el problema se resolvió cuando se pasó a la semisíntesis a partir de hoja de tejo cultivado —hay más sobre ese caso en el artículo del tejo del Pacífico—. La corteza de Prunus africana y las raíces de ginseng americano están reguladas por CITES por el mismo motivo. Y sin salir de España, la genciana amarilla (Gentiana lutea) y el árnica (Arnica montana) figuran en catálogos autonómicos de especies protegidas y su recolección está restringida, precisamente porque se aprovecha la raíz o la planta entera.

De ahí se sigue una regla práctica para quien recolecte plantas silvestres: conocer la norma de su comunidad autónoma, no arrancar raíces ni plantas enteras cuando basta con una parte, no agotar una población, dejar siempre ejemplares en fructificación y preferir el cultivo propio a la recolección cuando la especie lo permita.

Antes de terminar

Nada de lo dicho aquí es aplicable a un tratamiento. El silfio no existe, y su sustituto y sus parientes —asafétida y otras Ferula— tampoco están exentos de precauciones: no hay datos que avalen su uso terapéutico en embarazo, lactancia o niños, y quien tome anticoagulantes, antidiabéticos, antihipertensivos, sedantes o inmunosupresores debe contar con que las plantas interaccionan con los medicamentos. Ninguna planta sustituye ni permite reducir un tratamiento prescrito. Antes de tomar cualquiera de forma regular conviene consultarlo con el médico o el farmacéutico, y sobre todo decirle qué planta se está tomando, porque esa información es la que permite anticipar una interacción.

En resumen

El silfio fue el producto que enriqueció a Cirene, se acuñó en sus monedas y se usó como condimento y como remedio en toda la Antigüedad, con un valor que llevó a guardarlo en el erario romano. Era casi con seguridad una umbelífera del género Ferula, de área muy restringida, que no se pudo cultivar, y desapareció en el siglo I: Plinio narra el envío a Nerón del último tallo hallado. Su extinción se explica por la combinación de sobreexplotación, imposibilidad de domesticarla, pastoreo y cambios en el clima y el uso del suelo. La propuesta de que Ferula drudeana, en Capadocia, sea un superviviente es una hipótesis abierta y no un hecho probado. Y su historia describe con exactitud el riesgo que sigue amenazando hoy a las plantas medicinales de recolección silvestre.


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