Este artículo está clasificado en la sección de plantas medicinales, pero trata de plantas de interior, y lo primero que hay que aclarar es lo que esas plantas no hacen. Dos afirmaciones acompañan siempre a cualquier lista de plantas para casa o para el despacho: que purifican el aire y que curan el estrés. La primera no se sostiene fuera de una cámara sellada. La segunda mezcla dos cosas distintas, y solo una de ellas tiene estudios detrás. Aclarado eso, queda la parte útil, que es saber qué plantas sobreviven de verdad a un aire acondicionado, a una luz artificial y a tres semanas sin riego en agosto.
El reclamo de la purificación del aire
Todas las listas de plantas purificadoras descienden del mismo trabajo: un estudio de la NASA publicado a finales de los años ochenta, dirigido por B. C. Wolverton, que buscaba sistemas de soporte vital para hábitats espaciales cerrados. En él se metieron plantas en cámaras selladas de menos de un metro cúbico, se inyectaron concentraciones altas de benceno, tricloroetileno o formaldehído y se midió cómo bajaban. Bajaron. En el sitio hay un artículo que recoge esa lista de plantas de la NASA, que es exactamente el origen de la idea.
El problema es el salto de la cámara a la habitación. Un cuarto real no está sellado: tiene rendijas, puertas, ventanas y, en un edificio de oficinas, un sistema de ventilación que renueva el aire varias veces por hora. Cuando se hicieron los cálculos para trasladar aquellos resultados a un espacio con ventilación normal, la tasa de aire limpio aportada por una planta en maceta resultó ser insignificante frente a la renovación del propio edificio: haría falta una densidad de plantas del orden de decenas o centenares por metro cuadrado de suelo para igualar lo que hace la ventilación por sí sola. Con esa densidad no cabría el escritorio.
Hay otro matiz que suele omitirse: en aquellos experimentos, una parte importante de la degradación de compuestos orgánicos volátiles no se debía a la hoja, sino a los microorganismos del sustrato y al propio sustrato. La planta era el envase.
Y el aire interior también recibe algo a cambio. Una maceta aporta humedad, esporas de hongos del sustrato y, con riego excesivo, mosquitas del sustrato. En una vivienda con problemas de condensación o con un ocupante alérgico a mohos, un exceso de macetas no es neutral.
La conclusión práctica es sencilla y no quita mérito a nadie: para mejorar el aire de un local se ventila y se elimina la fuente de contaminación. Las plantas se ponen por otras razones, que son perfectamente buenas.
El otro reclamo: que curan el estrés
Aquí conviene separar dos enunciados que suenan parecidos. Uno es que las plantas tratan la ansiedad, la depresión o el estrés crónico. El otro es que las plantas mejoran el bienestar percibido de quien trabaja o vive rodeado de ellas. El primero no tiene ningún respaldo. El segundo sí tiene estudios, y son razonables dentro de sus límites.
Lo que se ha medido, en trabajos de psicología ambiental que arrancan en los años ochenta con la observación de que la vista de vegetación desde una ventana se asociaba a mejor evolución en pacientes hospitalizados, y siguen con ensayos hechos en oficinas y en aulas, es un conjunto de resultados modestos: mejora de la satisfacción con el puesto de trabajo, algo más de capacidad de atención sostenida en tareas monótonas, menor sensación autorreportada de fatiga y, en algún estudio, ligeros descensos de tensión arterial durante tareas de manipulación de plantas.
Y las limitaciones, que son serias y hay que decirlas. Las muestras suelen ser pequeñas. Muchas medidas son autoinformadas, es decir, la persona dice cómo se siente. Y hay un problema metodológico insalvable: no se puede cegar a nadie sobre si tiene una planta en la mesa, con lo que la expectativa forma parte del efecto. Los tamaños de efecto son pequeños y heterogéneos entre estudios.
Traducido: poner plantas en una oficina es una intervención barata que probablemente mejora cómo se percibe el espacio, y no es un tratamiento. Nadie debe dejar ni reducir una medicación ni una terapia porque haya comprado un poto. Si hay ansiedad o estrés que interfiere con la vida diaria, eso se consulta con un profesional sanitario. El sitio tiene además un artículo sobre plantas para la oficina desde ese enfoque.
Las tres condiciones que matan a una planta de oficina
Antes de la lista, el diagnóstico, porque explica por qué unas especies aguantan y otras no.
La luz. Es el factor determinante y el peor entendido. La iluminación de una oficina está diseñada para leer, no para fotosintetizar: proporciona del orden de unos cientos de lux sobre la mesa, mientras que un exterior nublado supera con holgura los diez mil. A dos o tres metros de la ventana, y con la persiana medio bajada, una planta recibe muy poca radiación aprovechable. Sobreviven las especies con punto de compensación lumínica bajo, es decir, las que necesitan poca luz para que la fotosíntesis compense su propia respiración: en la práctica, plantas de sotobosque tropical o de umbría.
El aire acondicionado. Baja la humedad relativa, a menudo por debajo del cuarenta por ciento, y genera corriente constante. El resultado son puntas de hoja secas y, sobre todo, un ambiente ideal para la araña roja (Tetranychus urticae), que se multiplica con calor y aire seco. Ninguna planta debe colocarse en la línea directa de salida de una rejilla.
Los huecos de riego. Puentes, vacaciones, cierres. Pero atención al dato que contradice a la intuición: en interior mueren más plantas por exceso de agua que por falta. Con poca luz la planta transpira poco, el sustrato tarda días en secarse, la raíz se asfixia y aparecen podredumbres radiculares y mosquitas del sustrato. Un sustrato permanentemente húmedo en penumbra es la combinación letal.
Las que aguantan de verdad
Zamioculca (Zamioculcas zamiifolia). La más resistente de todas para este escenario. Almacena agua en rizomas engrosados y en los peciolos, tolera penumbra prolongada y sobrevive a un mes sin riego sin inmutarse. Crece despacio, que es justo lo que se le pide. Tóxica, como el resto de aráceas.
Lengua de suegra (Dracaena trifasciata, antes Sansevieria trifasciata). El cambio de nombre es reciente y ya está asentado. Su ventaja fisiológica es real: practica metabolismo ácido de las crasuláceas, abre los estomas de noche y pierde muy poca agua, de modo que aguanta sequía y aire seco mejor que casi cualquier otra planta de interior. Solo pide no encharcarse. Ligeramente tóxica por saponinas.
Pilistra (Aspidistra elatior). La planta de salón de toda la vida en España, y hay un motivo para que llegara hasta aquí desde el siglo XIX: soporta sombra profunda, corrientes, aire seco, cambios de temperatura y desatención. Crece muy lentamente y hay que limpiarle el polvo de la hoja. No es tóxica, lo que la convierte en la mejor opción cuando hay perro, gato o niños.
Kentia (Howea forsteriana). La palmera de interior que mejor tolera la luz escasa y el ambiente seco, y tampoco es tóxica. Es cara y lenta, y agradece una ducha ocasional de la hoja para prevenir araña roja.
Palmera de salón (Chamaedorea elegans). Pequeña, barata, tolerante a la penumbra y no tóxica. Su punto débil es la araña roja bajo aire acondicionado.
Cinta o malamadre (Chlorophytum comosum). Acumula reservas en raíces tuberosas, perdona olvidos, se multiplica sola por estolones y no es tóxica para mascotas. Prefiere luz indirecta clara antes que penumbra.
Poto (Epipremnum aureum). Resiste condiciones malas con notable indiferencia y se propaga con un esqueje en agua. Es tóxico, y como es colgante queda al alcance de un gato; conviene colgarlo alto de verdad.
Drácenas (Dracaena fragrans, Dracaena marginata). Tolerantes y de porte vertical, útiles para separar espacios. Tóxicas para perros y gatos.
Las que decepcionan en una oficina
Cactus y suculentas. Su fama de indestructibles procede de que no necesitan agua, pero sí necesitan mucha luz. En un despacho interior se estiran, se ahílan, pierden color y acaban pudriéndose con el primer riego generoso. Son plantas de ventana muy soleada, no de escritorio.
Espatifilo (Spathiphyllum wallisii). Tolera la sombra, pero se desploma en cuanto le falta agua y no perdona una ausencia larga. Además es tóxico.
Helechos. El helecho de Boston y los adiantos exigen humedad ambiental alta y son lo primero que se seca bajo un aire acondicionado, por más que no sean tóxicos.
Ficus lira (Ficus lyrata) y calateas. Muy fotografiadas y muy exigentes: la primera quiere luz abundante y odia los cambios de sitio; las segundas piden humedad constante y agua de buena calidad.
Aromáticas y medicinales en interior
Como esta sección es la de plantas medicinales, conviene cerrar el círculo con una advertencia de jardinería. El romero, la lavanda, el tomillo y la salvia no son plantas de interior. Son mediterráneas de sol pleno y suelo seco, y en un despacho se ahílan, pierden aceite esencial y aroma, y terminan atacadas por oídio o por cochinilla. En casa solo funcionan en el alféizar de una ventana muy soleada, y aun así con dificultades en invierno. La menta y el perejil aguantan algo más de sombra, pero también necesitan luz de ventana.
Y otra: el árnica (Arnica montana) no es una planta de maceta de interior —es una planta de pastos de montaña, difícil de cultivar y protegida en buena parte de su área— y su uso es exclusivamente externo, porque por vía interna es tóxica. Tenerla en el balcón no es una alternativa a nada.
Cuáles son tóxicas si hay mascotas o niños
Este apartado importa más que cualquier ranking de resistencia.
Aráceas (Dieffenbachia, Philodendron, Epipremnum, Monstera, Spathiphyllum, Anthurium, Aglaonema, Alocasia, Zamioculcas): contienen rafidios de oxalato cálcico, cristales en forma de aguja que se clavan en la mucosa al morder la hoja y producen dolor intenso, salivación e hinchazón de labios y lengua. La difenbaquia es la más agresiva del grupo, hasta el punto de poder comprometer la vía aérea en un niño pequeño.
Cica (Cycas revoluta). Peligro serio y poco conocido: sus semillas y su tronco contienen cicasina, y la ingestión provoca fallo hepático grave en perros, con alta mortalidad.
Azucenas y lirios del género Lilium, y Hemerocallis. Son letales para los gatos por insuficiencia renal aguda, y basta con muy poca cantidad, incluso el polen lamido del pelaje. Un ramo en una casa con gato es un riesgo real.
Adelfa (Nerium oleander). Contiene glucósidos cardiotónicos y es gravemente tóxica para personas y animales, incluida el agua del plato del riego.
Drácenas: saponinas, con vómitos y decaimiento en perros y gatos. La flor de Pascua (Euphorbia pulcherrima) merece un matiz honesto en sentido contrario: su fama de mortal está muy exagerada, y lo que provoca su látex es irritación oral y digestiva, además de dermatitis de contacto.
Razonablemente seguras con niños y mascotas: pilistra, kentia, palmera de salón, cinta, peperomias, marantas y calateas, Pilea peperomioides y helechos.
Ante la sospecha de que un niño haya masticado o tragado parte de una planta, el Instituto Nacional de Toxicología atiende las 24 horas en el 91 562 04 20; conviene tener a mano un trozo de la planta o una foto para identificarla. Si es una mascota, hay que llamar al veterinario, y cuanto antes.
Riego, sustrato y las tres semanas de agosto
Unas cuantas decisiones resuelven casi todos los problemas de una planta de despacho.
El sustrato manda. Una mezcla aireada con perlita, corteza o arlita se seca de forma pareja y evita la asfixia radicular; la turba compactada de vivero, no. Trasplantar al llegar suele ser mejor idea que regar más.
Nada de agua estancada en el plato. Es la causa directa de la podredumbre de raíz y el criadero de las mosquitas del sustrato.
Regar por comprobación, no por calendario. Dedo dos o tres centímetros dentro del sustrato, o peso de la maceta: una maceta seca pesa mucho menos, y esa es la medida más fiable sin instrumentos.
Volumen de maceta. Para aguantar ausencias, más sustrato es más autonomía. En una zamioculca o una lengua de suegra ni siquiera hace falta preparar nada especial para unas vacaciones.
Antes de un cierre largo: riego a fondo con drenaje completo, la planta apartada de la ventana directa y del chorro del aire acondicionado, y agrupar las macetas, que elevan entre sí la humedad del entorno inmediato. Los sistemas de mecha y las macetas de autorriego funcionan bien para las especies que no toleran sequía; para las que sí la toleran, sobran.
Vigilar plagas al volver. Araña roja en el envés, con punteado fino y telilla; cochinilla algodonosa en las axilas; cochinilla de escudo en el nervio. Se detectan antes mirando el envés que el haz.
Antes de tomar cualquier planta
Una planta de interior es decoración y compañía, no un tratamiento, y ninguna de las de esta lista debe ingerirse. En el terreno de las plantas que sí se toman, conviene recordar la diferencia entre las dos etiquetas europeas: el uso tradicional reconoce un empleo prolongado con seguridad aceptable y no implica que se haya demostrado eficacia mediante ensayos clínicos, mientras que el uso bien establecido sí exige ensayos. Ninguna planta sustituye ni permite reducir un tratamiento prescrito.
Quien esté embarazada o dando el pecho, tenga niños pequeños, padezca insuficiencia renal o hepática o siga tratamiento con anticoagulantes, antidiabéticos, antihipertensivos, sedantes, inmunosupresores o anticonceptivos debe consultarlo con su médico o su farmacéutico antes de tomar cualquier preparado vegetal. Y el gesto que evita la mayoría de los problemas es decirle qué planta se está tomando: solo con esa información puede anticiparse una interacción.
En resumen
El reclamo de que las plantas de interior purifican el aire procede de experimentos en cámaras selladas y no se traslada a una habitación ventilada, donde su aportación es despreciable frente a la renovación del aire. La idea de que curan el estrés confunde tratamiento con bienestar percibido: para lo segundo hay estudios razonables aunque de efecto pequeño y difíciles de cegar, y para lo primero no hay nada. Lo que sí es cierto es que unas pocas especies aguantan de verdad una oficina: zamioculca, lengua de suegra, pilistra, kentia, palmera de salón, cinta, poto y drácenas, con la luz como factor limitante y el exceso de riego como causa principal de muerte. Y si hay mascotas o niños en casa, la lista corta segura es pilistra, kentia, palmera de salón y cinta. Ante una ingestión: 91 562 04 20.